
Habitar la calma.
Esta meditación te guía a encontrar tu centro y tu serenidad, suavizando la respiración y relajando el cuerpo. Es ideal para momentos de estrés o ansiedad, y te permite reconectar con la paz que ya habita en ti. Forma parte de una secuencia de meditaciones que iré publicando. Sígueme para que te lleguen!
Transcripción
Hola,
Mi nombre es Gisela y te doy las gracias por estar aquí,
Por darte este espacio para encontrarte contigo.
Busca una postura cómoda,
Puedes sentarte o puedes tumbarte si lo prefieres.
Cierra los ojos lentamente y lleva tu atención a la respiración.
No intentes cambiarla,
Solo observala.
Toma aire por la nariz y exhala por la boca suave con un suspiro.
Deja que el aire te acaricie por dentro,
Siente como la respiración entra,
Como se mueve el pecho y como sale sin esfuerzo.
Con cada exhalación permitís que el cuerpo se suelte un poco más,
Suelta tus hombros,
La mandíbula,
Suelta el entrecejo y sobre todo suelta la necesidad de hacer.
Estás llegando a este momento,
Solo eso,
Llegando,
Nada más que eso.
Y vas a llevar ahora tu atención al cuerpo,
Siente el peso de tu cuerpo sobre el lugar donde estás,
Siente la seguridad del suelo que te sostiene y permití que esa sensación de apoyo te recuerde que no tienes que sostenerlo todo tú sola.
La tierra te sostiene,
El aire te sostiene,
La vida te sostiene y vuelve a sentir el aire entrando por la nariz,
Descendiendo hacia el pecho,
Llegando al abdomen y luego saliendo lentamente llevándose consigo cualquier tensión que encuentre.
Lleva la atención a los pies,
Siente su contacto sobre el suelo o sobre la superficie en la que te encuentras,
Permite que se relajen,
Que descansen,
Sube la atención por las piernas,
Por las rodillas,
Los muslos y nota si hay alguna sensación de rigidez y si el aire respira hacia esa zona,
Dale espacio y sigue subiendo por el abdomen,
El pecho,
Los hombros,
Si hay peso,
Si hay carga,
Imagina que la respiración la ablanda como una brisa cálida que acaricia.
Tu cuerpo está aquí contigo y cuando lo escuchas él también se calma.
Habitar la calma no es forzar el silencio,
No es apagar los pensamientos,
Es aprender a quedarte contigo incluso cuando hay ruido.
Inhala profundo y permitite exhalar,
Permitir que el sonido de tu respiración sea tu ancla y cada vez que la mente se distraiga vuelve a ella con ternura,
Sin juicio.
Imagina que estás en un lago,
El agua está quieta,
El sol la ilumina suavemente,
Cada pensamiento que surge es una pequeña hoja que cae sobre el agua y la observas flotar,
Alejarse,
Sin necesidad de seguirla.
Así es tu mente ahora,
Un lago sereno,
Todo lo que llega también se va y debajo de la superficie hay un espacio profundo,
Silencioso,
Donde nada perturba.
Ese espacio eres tú,
Tu calma natural,
Tu esencia en reposo.
Siente como ese silencio interior se expande,
No necesitas alcanzarlo,
Ya está ahí debajo del ruido,
Solo respira y permite que emerja.
Lleva las manos al corazón y permitite sentir su ritmo,
Ese pulso constante te recuerda que la vida fluye aún cuando tú descansas.
Inhala profundamente por la nariz y al exhalar imagina que liberas cualquier inquietud,
Hazlo tres veces más.
Y ahora visualiza una luz suave dentro de tu pecho,
Puede ser dorada,
Rosada,
Blanca,
La que tu alma elija.
Con cada inhalación esa luz se expande y con cada exhalación se hace más tibia,
Más envolvente.
Permite que esa luz te recorra desde dentro,
Que ilumine tu garganta,
Tu rostro,
Tus manos,
Tus piernas,
Hasta que todo tu cuerpo brille en esa calma.
Siente cómo esa luz te abraza desde dentro,
No tienes que ser nada más,
Solo respirar y permitirte ser.
Lleva tu atención al centro del pecho,
Imagina que allí hay una puerta,
Una puerta hacia adentro,
Ábrela y entra.
Dentro hay un espacio lleno de calma,
No hay ruidos,
No hay exigencias,
Solo la suavidad de estar contigo.
Camina dentro de ese lugar con tu imaginación,
Quizás es un jardín o una habitación con luz cálida,
Quizás es un espacio sin forma,
Pero lleno de presencia.
Ese lugar es tu hogar interior,
Tu refugio,
Tu punto de regreso.
Aquí no hay máscaras,
No hay expectativas,
Solo tú en tu verdad más simple.
Siéntate en ese espacio imaginario y respira su calma.
Deja que te atraviese,
Que te recuerde que la paz no está fuera,
Sino dentro de ti.
Y poco a poco lleva la atención nuevamente al cuerpo,
A la respiración,
A este momento,
Y siente como la calma que encontraste dentro sigue viva en ti.
No desaparece al abrir los ojos,
Te acompaña si decides recordarla.
Inhala profundo,
Exhala suave,
Y siente gratitud por ti,
Por haberte regalado este momento,
Por haber elegido parar,
Y empieza a mover suavemente los dedos de las manos,
Los dedos de tus pies.
Permitite mover un poquito tus hombros,
Tu cabeza,
Y lleva las palmas de tus manos al corazón.
Siente el calor de tus manos sobre el pecho,
Y agradece este instante de presencia,
Agradece a tu cuerpo,
A tu respiración por acompañarte siempre.
Y cuando te sientas listo o lista,
Abre los ojos despacio,
Trayendo contigo la calma que has habitado.
Porque ya sabes,
La calma no está fuera,
La calma eres tú,
Y puedes volver a ella siempre que lo necesites.
Te doy las gracias por haberme acompañado,
Y recuerda seguirme para poder recibir las nuevas meditaciones.
Conoce a tu maestro
4.7 (18)
