
El bambú que quería ser un pino
Un bambú miraba con envidia a los pinos altos y robustos, deseando ser como ellos. Se sentía pequeño y frágil, hasta que una tormenta arrasó el bosque. La enseñanza de esta metáfora es clara: cada ser tiene su propia fortaleza.
Transcripción
La historia del bambú que quiso ser un pino.
En un valle escondido entre montañas,
Donde los ríos susurraban melodías antiguas y el viento llevaba el aroma de los cerezos,
Vivía un anciano jardinero.
Su mayor tesoro no eran sus pocas pertenencias,
Sino el bosque de bambúes que había cuidado desde joven.
Cada día caminaban lentamente por los senderos,
Regando las raíces,
Apartando piedras y observando cómo el sol jugaba entre los delgados tallos verdes.
Los bambúes crecían en armonía,
Meciéndose al ritmo de la brisa.
Su fortaleza residía en su flexibilidad,
Ninguno competía con otro por altura o fuerza.
Sin embargo,
Había un bambú joven que desde su primer brote miraba con envidia los pinos que crecían en la cima de la montaña cercana.
Los pinos parecían tocar el cielo,
Sus ramas fuertes y majestuosas resistían el peso de la nieve y se alzaban como guardianes eternos.
—Quiero ser como ellos —murmuraba el bambú cada día,
Sintiéndose débil y pequeño.
El jardinero,
Que había aprendido a escuchar el lenguaje de las plantas,
Se arrodilló junto al joven bambú y le dijo con suavidad— Tu fuerza no está en parecerte a otro,
Sino en aceptar lo que eres.
Los pinos son altos y firmes,
Pero no bailan con el viento.
Tú,
En cambio,
Te inclinas y sobrevives.
Esa es tu sabiduría.
El bambú,
Cerco en su deseo,
Decidió crecer rígido,
Imitando la postura de los pinos.
Se negó a mecerse,
Endureció su tallo y se estiró recto hacia el cielo,
Orgulloso de su cambio.
Los demás bambúes lo observaban con curiosidad,
Pero no lo juzgaban.
En el bosque de bambúes había espacio para todos los caminos.
Pasaron las estaciones y un año el cielo oscureció.
Se avecinó una tormenta que el valle no había visto en décadas.
El viento soplaba con furia,
La lluvia golpeaba como flechas y los truenos hacían temblar la tierra.
Los pinos,
Con toda su grandeza,
Resistieron,
Aunque varios perdieron ramas.
Los bambúes,
Flexibles como el agua,
Se inclinaron hasta tocar el suelo,
Dejando que la tormenta pasara sobre ellos.
Sólo uno no pudo danzar con el viento.
El bambú que había querido ser pino,
Su tallo rígido crujió y se partió en dos,
Cayendo al suelo con un sonido seco que hizo que todo el bosque guardara silencio.
Cuando la tormenta pasó,
El anciano jardinero recogió el tallo roto y susurró.
Cada ser tiene su propio camino.
Forzar a alguien a ser diferente es tan cruel como no permitirle elegir su destino.
Desde entonces,
El jardinero cuidó su bosque con más amor,
Recordando que incluso el bambú que quiso ser pino había seguido su propia elección.
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