
El Dinero y el Flujo de Dar y Recibir
Escrito por Gerrit Gielen Gerrit Gielen nos propone ver el dinero desde otra perspectiva: no como un fin en sí mismo, sino como parte del flujo natural de dar y recibir. Este mensaje nos recuerda que la abundancia nace cuando dejamos atrás la lucha y nos abrimos al equilibrio entre entregar nuestros dones y permitirnos recibir con gratitud.
Transcripción
El dinero tiene mucha importancia en este mundo.
No solo resulta necesario para adquirir los bienes que necesitamos,
Sino que además simboliza estatus y riqueza exterior.
Por desgracia,
La riqueza exterior suele considerarse más relevante que la interior,
Lo que indica claramente que el dinero no se ve como parte natural del flujo de dar y recibir,
Sino como algo de lo que conviene acumular todo lo posible.
Es evidente que algo ha fallado en nuestro mundo y ha interrumpido ese flujo de dar y recibir.
El dinero muchas veces deja de fluir.
Unos pocos amasan grandes fortunas mientras que otros viven en la escasez de forma crónica.
La brecha entre ricos y pobres se va ensanchando.
La riqueza de los ricos crece al tiempo que la de los pobres mengua.
Oxfam Novib calculó recientemente que las 26 personas más ricas del planeta poseen más dinero que la mitad más pobre de la población mundial,
Es decir,
4.
000 millones de personas.
En este artículo abordaremos qué salió mal,
Qué papel desempeña el dinero en todo ello y qué podemos hacer para remediarlo.
Para entender dónde está el problema,
Primero debemos fijarnos en cómo tendría que funcionar todo en su versión más natural.
El ciclo de dar y recibir es un ciclo de amor mutuo que promueve el crecimiento y la plenitud.
En el universo existe siempre un intercambio de energía entre un ser y su entorno.
Ese ser puede ser una estrella,
Una hormiga,
Un planeta o un ser humano.
Las posibilidades son infinitas.
El ciclo empieza en el núcleo interno,
Que desea irradiar.
Irradiar implica tanto dar como crear.
La energía del universo actúa de un modo que impulsa a cada ser a alcanzar su máximo potencial,
Por ejemplo,
Hace que una estrella brille.
Ese brillo de la estrella es lo que la estrella devuelve al universo.
Podríamos compararlo con la relación entre una madre y un hijo.
El hijo quiere florecer y la madre ansía ayudarlo a florecer,
Sintiéndose feliz al hacerlo.
Este es el ciclo natural de dar y recibir en el universo.
El universo impulsa a cada ser a desplegarse por completo.
Una vez que eso ocurre,
Ese ser manifiesta su esencia interior a través del flujo de energía que emana hacia el exterior.
Así pues,
Todo desea florecer y expresar hacia afuera su núcleo interno,
Mientras que el universo anhela justamente que todo florezca.
No es un ciclo estático,
Sino dinámico,
Parecido a una danza que conduce a los participantes a nuevos lugares una y otra vez.
Eso significa que dentro de cada uno de nosotros conviven dos fuerzas.
Por un lado,
Somos como un niño que quiere florecer dentro del universo y por otro,
Formamos parte de ese mismo universo que desea que todos los seres florezcan.
A la primera fuerza podríamos llamarla masculina y a la segunda femenina.
La fuerza masculina nos hace únicos.
La fuerza femenina nos integra en el universo.
Individualidad y unión.
Somos tanto hombres como mujeres en lo profundo.
Somos hijos del universo y al mismo tiempo,
Somos el propio universo.
Ser hijos del universo significa que queremos florecer nosotros mismos.
Ser el universo implica que queremos cuidar,
Proteger y embellecer el mundo que nos rodea.
Cuando abrazamos por completo esos dos aspectos,
Participamos en el ciclo de dar y recibir.
Esa es la base de la creación,
La danza de todos los seres vivos.
Los seres humanos también tendríamos que formar parte de ese ciclo natural de dar y recibir.
En términos abstractos,
Una persona irradia su luz interior y recibe del universo lo que necesita para hacerlo.
En la práctica,
Eso significa que está en contacto con su alma,
Consigo misma,
Y se siente inspirada.
Sigue el flujo de esa inspiración,
La expresa en el mundo y recibe a cambio lo que necesita para continuar en esa senda interior.
Lo cual,
Sin embargo,
Casi nunca ocurre así,
Porque el ciclo natural está interrumpido.
¿Y por qué?
Bien,
Empecemos por la base.
El universo busca que una estrella irradie.
¿Qué implica eso para una persona?
Pues que viva inspirada,
En contacto con su núcleo,
Con su alma.
Eso es lo que el universo procura que logremos,
Que estemos conectados con nuestra alma y pensemos y actuemos desde ahí,
Convirtiéndonos en seres humanos amorosos y radiantes.
Pero las cosas se tuercen.
Se nos educa de tal manera que oponemos resistencia al contacto con nuestra alma y también a ese impulso natural que el universo ejerce para acercarnos a ella.
Esto ocurre de varias maneras.
De entrada,
En la infancia,
Se pone todo el énfasis en el mundo exterior.
Aprendemos multitud de cosas sobre él,
Pero casi nada sobre nuestro interior.
Y así nos vemos obligados a centrar nuestra conciencia fuera de nosotros mismos,
Ya que nos enseñan que lo real es lo externo.
De ese modo,
Perdemos el contacto con el alma.
También nos inculcan que no estamos completos.
Por ejemplo,
A un niño se le dice que debe hacerse hombre.
Para ello tiene que reprimir su lado femenino,
Debe mostrarse duro,
Fuerte y triunfar en su carrera.
Al reprimir su parte femenina,
Reprime su totalidad interior y con ello el contacto con su alma.
Para una niña,
A menudo sucede lo contrario y se le pide que subordine o niegue su lado masculino y las cualidades que conlleva.
Otro problema es la visión del mundo.
Al perder el contacto con el alma,
La gente deja de ver el alma en todo lo que la rodea.
La tierra deja de ser la madre tierra que nos cuida y ayuda para convertirse en un objeto inerte que hay que someter y controlar.
El universo se percibe como algo frío e indiferente,
Incluso cruel,
Y en consecuencia se rompe el ciclo natural de dar y recibir,
Porque el ser humano pierde la conexión con el origen natural de ese ciclo,
Que es su propia alma.
Y en la práctica,
Esa falta de contacto con el alma se traduce en falta de amor por uno mismo.
El ciclo natural comienza con el amor a uno mismo y se paraliza con la autocrítica o el rechazo de uno mismo.
Del amor por uno mismo nace también el amor hacia los demás y hacia el mundo,
Porque el amor no es solo un sentimiento,
Es también una forma de ver.
El amor te permite contemplar el alma del otro,
Percibir la vida en todo lo que existe y honrarla.
Sin amor,
El ciclo natural de dar y recibir es inviable.
Al final,
Todo gira en torno al amor.
Cuando falta el amor aparece el miedo,
Y a raíz de ese miedo el afán de poder y de posesiones.
Concretamente,
De mucho dinero.
De muchísimo dinero.
Y ese dinero,
En esencia,
Es miedo congelado y actúa como un bloque que dificulta todavía más el flujo natural.
El dinero deja de ser lo que debería ser,
Una parte fluida del ciclo de dar y recibir.
Veamos algunos ejemplos.
En el terreno de la seguridad,
La persona miedosa suele anticipar el futuro imaginando escenarios negativos.
Tener dinero en el banco ofrece seguridad.
Si algo se estropea,
Se puede comprar nuevo.
Si aparece una enfermedad,
Se puede costear la atención médica.
Si uno se queda sin trabajo,
Puede aguantar,
Siempre y cuando tenga dinero.
En la práctica,
Esa necesidad de seguridad suele traducirse en una resistencia al cambio,
Lo que choca con el ciclo de dar y recibir,
Que precisamente impulsa la transformación y el florecimiento.
En el terreno del poder,
El dinero permite ejercer poder sobre quien no lo tiene.
Ofreciéndoles dinero,
Se puede hacer que otras personas realicen tareas que a uno no le gustan o que incluso rechaza internamente.
Ahí entran trabajos duros o insalubres,
La explotación infantil o la prostitución.
Y no es algo exclusivo del llamado tercer mundo,
Porque en Occidente también mucha gente trabaja en empleos que en realidad no les atraen,
Y lo hacen únicamente por dinero.
Es evidente que la energía del poder no encaja con el ciclo de dar y recibir,
Que se basa en el amor mutuo.
En el terreno de la libertad y la felicidad,
Como la falta de dinero se asocia a la sensación de estar atrapado y ser impotente,
Tenerlo se vincula con la libertad y la felicidad.
Si tienes suficiente dinero,
Puedes hacer lo que quieras.
Ante la pregunta,
¿seguirías trabajando si tuvieses suficiente dinero?
,
Mucha gente responde,
No,
Porque se siente feliz en su empleo.
En el plano espiritual,
Están atascados en una situación donde su alma no puede brillar y por eso no participan en el ciclo natural de dar y recibir.
En una ocasión,
Leí un estudio sobre personas que habían ganado una gran suma en la lotería de forma inesperada.
Se investigó cuánto les duraba la felicidad tras recibir todo ese dinero.
El dato resultó impactante,
Solo 11 días de media.
A partir de ahí,
Se acababa la euforia.
Enseguida quedaba claro que el dinero no era la solución mágica.
Al final,
El dinero no proporciona libertad ni felicidad,
Que proceden del contacto interior con el alma.
Cuando ese contacto surge,
Se inicia de forma natural el flujo de dar y recibir,
Y a menudo eso conlleva también dinero.
Pero este es solo una consecuencia secundaria.
La fuente primordial de la abundancia,
Así como de la libertad y la felicidad,
Es la conexión con el alma.
En el terreno del prestigio y el reconocimiento,
La falta de amor por uno mismo genera una necesidad desmedida de reconocimiento por parte de los demás.
Se puede conseguir de un modo positivo logrando algo especial,
Sí,
Pero no todo el mundo encuentra cómo hacerlo.
Entonces,
Se ve en el dinero y la riqueza ostentosa una alternativa para llamar la atención.
Y no todo el mundo diferencia la envidia de la admiración.
Es evidente,
La ausencia de dinero,
La pobreza,
Es una de las principales causas de infelicidad.
Nadie quiere imaginarse la situación de no poder comprar comida para sus hijos.
Lo malo es que el dinero perpetúa el ciclo interrumpido de dar y recibir al desviar la atención de la auténtica solución que es el amor por uno mismo.
Como resultado,
Se buscan remedios falsos que suelen consistir en tratar de conseguir dinero al margen de ese ciclo natural.
En este contexto,
El dinero se convierte a menudo en miedo congelado.
Si ese dinero desaparece,
El miedo sale a la superficie,
Y como no queremos enfrentarnos a ese miedo,
Nos aferramos al dinero.
El núcleo del problema,
Aquello para lo que la gente ve el dinero como una solución,
No es la carencia de dinero,
Sino el hecho de no estar en contacto con su alma.
Eso provoca un vacío interior que se intenta llenar con bienes externos.
Naturalmente,
Esa táctica no funciona a largo plazo.
Sólo la riqueza del alma puede tapar ese vacío.
Cuando se restablece el contacto con el alma,
Reaparece el ciclo natural de dar y recibir,
Y el universo responde de inmediato,
Proveyendo lo que se necesita.
Entonces puede surgir una prosperidad exterior que refleje la riqueza interior.
Esa prosperidad externa normalmente no consiste en acumular grandes sumas de dinero,
Sino en disfrutar de un entorno hermoso,
Buenos amigos,
Experiencias vitales enriquecedoras,
Y tiempo para hacer lo que nos gusta.
Esa prosperidad externa hace que el entorno te ayude a ser feliz,
En vez de sobrecargarte de posesiones que te preocupen.
A menudo hay una gran diferencia entre lo que la gente cree que le hará feliz y lo que de verdad lo consigue.
La auténtica felicidad suele ocultarse detrás del miedo.
La clave para reconectar con el alma es aceptarte tal como eres,
Decir sí a ti mismo,
Tener compasión contigo y aprender a relativizarte.
Enfrentarte a tus miedos y dejar de permitir que te impidan vivir la vida que en el fondo deseas,
Esa vida que nutre tu alma.
Cuando te aceptas de manera incondicional y amorosa,
Recuperas el contacto con tu alma y lo notarás por el amor que sientes hacia ti.
El universo,
Por su parte,
Trata de reparar el ciclo haciendo que las personas reconecten con su alma.
Su manera habitual de lograrlo suele ser a través de crisis que nos obligan a mirar hacia adentro.
El problema está en que,
Con frecuencia,
No interpretamos esas crisis como lo que son,
Una invitación a volver la vista al interior.
La gente busca soluciones desesperadamente en el mundo exterior e intenta regresar a la situación anterior,
Una vida con dinero pero sin alma.
Esas soluciones no funcionan porque van en contra de la voluntad del universo y de la propia alma.
El resultado es que la crisis se agrava hasta desembocar en la llamada noche oscura del alma,
La cual se describe como la percepción de una oscuridad interior absoluta fruto de la desconexión total de la propia alma.
En ese punto,
La única salida es la rendición,
La entrega,
Dejar de luchar.
Y cuando se alcanza ese estado,
La luz del alma puede volver a penetrar poquito a poco.
A menudo,
Esa crisis va de la mano de la pérdida de dinero.
La razón es que el dinero que no fluye de forma natural está compuesto de miedo congelado,
Y mientras no descongelemos,
Ni afrontemos,
Ni vivamos ese miedo,
No habrá contacto con el alma.
Quien se aferra al dinero suele ser alguien con mucho miedo.
Para liberarlo,
El dinero tiene que desaparecer para que,
En plena confrontación con el miedo,
Pueda brillar la luz del alma.
Para quien vive el proceso de la noche oscura del alma,
Se convierte en un punto de inflexión vital.
Es darse cuenta de que todo lo que parecía tan importante en realidad no lo era tanto.
A menudo marca la diferencia entre vivir según te dictan las circunstancias y vivir desde ti mismo.
Es descubrir que una vida sin grandes certezas puede ser muy rica,
Nutrirte y resultar llena de aventuras.
No es casualidad que muchas personas,
Tras salir de una experiencia así,
Escriban libros sobre ese periodo.
La restauración del contacto con el alma va acompañada del hallazgo de que el universo que nos rodea nos cuida de manera asombrosa.
Durante la noche oscura del alma todo se ve terrible,
Pero a la larga muchos acaban sintiéndose agradecidos por haberla atravesado.
Una vez restablecido el ciclo natural,
Las personas empiezan a preocuparse mucho menos por el dinero.
Porque el miedo desaparece,
Igual que el dinero que se guardaba por temor.
Se vuelve a sentir el intercambio amoroso de energía como base y el dinero pasa a ser un mero efecto secundario.
Al ir dejando de centrar la conciencia en el dinero,
Éste se vuelve menos relevante.
Cuanto más conectada está la gente con su alma,
Mejor siente lo que de verdad necesita y los demás se lo dan por amor.
En el momento en que sólo pides lo que de verdad requieres y el dinero no tiene ningún valor añadido,
Los demás desean dártelo y pueden hacerlo.
Llegará un día,
En un futuro lejano,
En el que el dinero desaparecerá.
El ciclo natural de dar y recibir se fundamenta en el amor por uno mismo y en el amor por los demás.
Esa es la base de un buen ciclo.
Tanto el amor a uno mismo como el amor al prójimo nacen de una conexión profunda con el alma.
Desde el miedo,
Te crees que necesitas de todo.
Desde el amor,
Comprendes lo que en realidad necesitas y lo que de verdad hace falta a los demás.
El ciclo natural se asienta también en el equilibrio entre lo masculino y lo femenino.
El ser humano es simultáneamente un individuo y parte del cosmos.
En el alma se fusionan ambos aspectos.
Lo masculino aporta la conciencia de las propias necesidades y el impulso de expresarse,
Mientras que lo femenino aporta la conciencia de las necesidades ajenas y el sentimiento de formar parte de un todo.
En un mundo de amor,
La importancia recae en la abundancia interior,
No en la riqueza externa.
Exteriormente,
La gente llevaría una vida mucho más sencilla.
Se habría recuperado la armonía con la naturaleza y con los demás.
Las grandes urbes habrían desaparecido,
Sustituidas por pequeñas comunidades que forman un todo orgánico con el paisaje.
La naturaleza estaría de nuevo plenamente presente y gracias a la relación amorosa con las personas,
Más hermosa que nunca.
La tierra,
Por fin,
Estaría sanada.
Durante mucho tiempo,
La tierra fue la madre de la humanidad.
Pero cuando el ser humano restablece el contacto con su alma,
Nace la humanidad cósmica.
Y es entonces cuando el propio ser humano lleva a la tierra a florecer como nunca antes.
Por dentro,
Cada persona se hace más grande que nunca,
Consciente de su lugar en el cosmos y capaz de establecer contacto intuitivo con mundos lejanos y otras dimensiones.
Un mundo de amor es un mundo lleno de aventura.
La aventura de la exploración sin fin a lo largo y ancho del cosmos,
Del encuentro con otras civilizaciones,
De la indagación en nuestro universo interior,
De la creación,
De la amistad.
Y en última instancia,
La aventura del amor.
Descubrir el amor en todas sus formas y facetas.
Por lo tanto,
Démosle la bienvenida a ese mundo.
Ha llegado la hora.
Conoce a tu maestro
4.8 (10)
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