
Meditacuento: Hacerse Bolita
En este episodio nos adentramos en el jardín para conocer a Bali, un pequeño bicho bola que se siente abrumado cuando el mundo exterior hace demasiado ruido y todo va muy rápido. A través de su historia, exploramos el superpoder de "hacerse bolita": una hermosa herramienta de autocuidado para cuando experimentamos sobreestimulación y necesitamos crear un escudo de calma, silencio y seguridad.
Transcripción
Hola a todos y bienvenidos al nuevo capítulo de Los Medita Cuentos,
Donde un cuento y una meditación arrullan tu imaginación.
Pónganse cómodos y cómodas que vamos a comenzar.
Ubícate en una postura cómoda,
En la que puedas tener la espaldita derecha.
Alejar tus hombros de las orejas.
Permitir que los brazos estén sueltos y relajados a los costados igual que las piernas y en el que puedas cerrar tus ojitos muy despacio.
Respira profundo tomando el aire por la nariz.
Y dejándolo salir por la nariz.
Empieza a imaginar.
Como desde el cielo va bajando una lucecita.
Una locisita que te va acariciando la cabeza y la va relajando por completo que te acaricia la frente y los ojos y deja que se vaya cualquier tensión.
Te acaricia todo el rostro,
Los cachetes,
La nariz y la boca Y a medida que la lucecita va iluminando cada parte de tu cuerpo,
Tú la vas relajando por completo.
La luz continúa por tu cuello y garganta por los hombros,
Los brazos.
Baja hasta las muñecas,
Las manos y cada uno de los dedos de las manos.
La luz va por tu pecho Porta abdomen por toda la espalda y la columna vertebral.
La luz continúa por tus caderas y tu vientre.
Por las piernas,
Las rodillas.
Baja por las panturrillas,
A los tobillos y talones.
A la planta del pie,
Al empeine,
Y cada uno de los deditos de los pies.
Tu cuerpo está completamente iluminado.
Completamente relajado.
En calma,
En tranquilidad.
Respira despacito,
Conservando esta sensación de calma y tranquilidad que te ha dado la luz desde el cielo.
Siente tu corazón feliz.
Mantén los ojos cerrados activa tus oídos y deja que vuele tu imaginación.
Este meditat cuento se llama hacer cebollita.
Seguramente tú alguna vez has experimentado el deseo de hacerte bolita.
Pues yo también.
Y hoy te quiero contar una historia de una cochinilla que tenía ese superpoder.
Resulta que debajo de una maceta de barro muy fresca y húmeda vivía una cochinilla llamada Bali.
Era pequeñita,
De color gris brillante y llevaba puesto un traje que parecía una armadura de placas redondeadas.
Como si fuera un diminuto caballero medieval.
A Vale le encantaba el silencio.
La soledad y caminar despacio por la tierra húmeda,
Sintiendo la frescura en su pancita.
Sin embargo,
Bali tenía un secreto,
Le daba mucha pena su superpoder.
Cuando veía a las mariposas volar con las alas grandes de colores o a los saltamontes dar brincos gigantescos por el aire,
Vale,
Agachábala a mirar.
De qué sirve hacerme bolita.
Las demás vuelan,
Pican,
Brillan y yo,
Yo solo me convierto en una bolita.
Es un superpoder un poco bobo.
Por eso nunca lo usaba cuando vi otros insectos.
Si alguien pasaba,
Él prefería esconderse detrás de una hoja o correr a un rincón oscuro antes que mostrar su caparazón redondo por miedo a que se burlaran de él.
Resulta que un día de verano,
El jardín se volvió un lugar muy caótico.
De repente se levantó un fuerte viento que hacía volar las hojas secas por todos lados.
Los grillos empezaron a cantar fuertísimo.
Crecrecrecrecrecre Las hormigas corrían a toda velocidad,
Se chocaban unas con otras,
Había una locura.
Incluso el pájaro carpintero empezó a golpear un tronco como loco.
Era demasiado para el pequeño Bali.
El ruido lo ponía nervioso.
El viento lo empujaba y lo peor de todo,
El aire caliente estaba secando su piel.
Y a las cochinillas no les gusta nada nada sentirse secos.
Valie sentía que la paz de todo su cuerpo se estaba escapando.
Mira a su alrededor.
El camino de tierra estaba lleno de insectos alterados.
Sintió mucho miedo.
No quería usar su truco frente a todos,
Pero ya no aguantaba más.
Es demasiado rápido y ruidoso,
No puedo,
No puedo",
Dijo Bali cerrando sus ojos.
Entonces.
.
.
Sin importarle más,
Recordó que no necesitaba correr para escapar del ruido,
Solamente tenía que construir su casita para esconderse.
La casita que él ya tenía puesta.
Entonces se detuvo en medio del camino de tierra,
En medio del caos.
Metió sus antenitas,
Luego agachó su pequeña cabeza hacia su pancita,
Y como si fuera un pequeño reloj,
Las placas de su armadura gris comenzaron a deslizarse unas sobre otras.
Y en menos de un segundo,
Bally dejó de ser un insecto alargado y se transformó en una esfera perfecta.
Se había hecho polito.
Allí dentro de su caparazón redondo todo cambió.
Ya no sentía el viento caliente secando su piel.
Su forma de bolita guardaba toda la humedad y frescura.
El ruido de los grillos y del pájaro carpintero se escuchaba demasiado lejos como para molestarle.
Como si alguien le hubiera bajado todo el volumen al caos que había afuera.
Vale,
Estaba fresco y seguro.
Al verlo convertido en una pequeña piedra gris,
Los pájaros lo ignoraban,
Las hormigas le pasaron por un lado y las hojas secas simplemente rodaban por encima de él sin hacerle daño.
Bali se quedó ahí.
En ese abrazo que él mismo se había dado,
Respirando suavecito.
Escuchando el latido de su propio corazón,
Lento y tranquilo.
En ese momento.
Acurrucado en su propio silencio,
Comprendió algo hermoso.
Su poder no era bobo en absoluto.
De hecho,
En medio de aquel día tan caótico,
Era el mejor superpoder que podía desear en todo el mundo.
No necesitaba alas para huir,
Porque él tenía la magia de darse un abrazo a sí mismo y crear su paz en medio del caos.
No tenía ninguna prisa por salir.
Decidió esperar pacientemente dentro de su burbuja hasta que el sol se ocultó,
El viento se calmó y los grillos dejaron de cantar.
Cuando sintió la brisa fresca de la noche,
Bali se desdobló despacito.
Estiró sus patas,
Asomó sus antenas y sonrió.
Su escudo había funcionado a la perfección.
Ahora el jardín volvió a estar tranquilo.
Y él estaba descansando,
Muy orgulloso de ser una cochinilla y listo para disfrutar de la noche.
Y hasta aquí el Medita Cuento de hoy.
Deseo que te haya gustado tanto como a mí.
Y que hayas aprendido algo nuevo sobre las cochinillas.
Seguramente tú alguna vez has sentido ese deseo de hacerte bolita y esconderte y alejarte de todo lo que está sucediendo.
Pues hoy aprendimos de Bali que es totalmente permitido.
Nuestra energía es algo muy valioso que podemos conservar,
Pausar y tomarnos el momento para procesar cuando afuera se siente muy caótico.
Además,
Quiero contarte algo muy curioso.
En realidad,
Las cochinillas,
También llamadas insectobolas,
No son insectos,
Son crustáceos terrestres,
Familiares de los cangrejos,
Y es por eso que siempre necesitan espacios muy húmedos.
Quizás es que por eso las has encontrado debajo de la tierra,
Debajo de alguna maceta.
Te invito a que la próxima vez que las encuentres,
Las cuides,
Las respetes y aprendas de ellas.
Hacerte bolita en esos momentos y los que la vida afuera se pone muy difícil.
Porque siempre tienes derecho a parar y a conservar la calma en tu interior.
Y a salir cuando ya esté listo para afrontar lo que se tenga que afrontar.
Por hoy deseo que te vayas a dormir profundamente sintiendo esa calma,
Esa tranquilidad que hay en tu corazón y que tengas dulces y profundos sueños.
Conoce a tu maestro
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