
Meditación Para El Parto : Preparar El Encuentro
Una meditación para acompañarte a cultivar calma, confianza y presencia en las ultimas semanas del embarazo y durante el parto. Un espacio para volver al cuerpo, a la respiración y al encuentro con tu bebé.
Transcripción
Busca una postura cómoda.
Queda sentada.
Quizás tumbada de lado.
Y apoyadas sobre cojines.
Permite que tu cuerpo encuentre la forma en la que se siente más sostenido en este momento.
Y si te apetece cierra suavemente los ojos.
Siente el contacto de tu cuerpo con la superficie que te sostiene.
El peso de las piernas.
El apoyo de la pelvis.
La espalda.
Los hombros.
No necesitas hacer nada especial.
No necesitas prepararte para nada.
Simplemente llegar aquí.
A este momento.
A este cuerpo.
A esta respiración.
Inhala lentamente.
Exhala despacio de nuevo inhala Excel Permite que cada exhalación sea una pequeña invitación.
A suavizar.
Ablandando la mandíbula.
Invitando a descender los hombros.
Ofreciendo este descanso a tus manos.
Suavizando el vientre no porque tengas que relajarte perfectamente.
Sino porque tu cuerpo entiende este lenguaje.
El lenguaje de la seguridad.
El lenguaje del descanso.
El lenguaje de la confianza.
Lleva ahora tu atención a tu bebé Quizás puedas sentir su presencia a través del peso.
Del movimiento.
O simplemente de la imaginación.
No necesitas visualizar nada concreto.
Simplemente reconocer.
Aquí estamos.
Dos cuerpos.
2 corazones Dos sistemas nerviosos aprendiendo a danzar juntos.
Durante meses tu cuerpo se ha convertido en un hogar.
Un pequeño universo de agua,
Calor.
Nutrición,
Amor.
Y ahora os acercáis poco a poco al momento del encuentro.
Quizás en algún lugar aparezca la pregunta ¿Cuándo será?
Y quizás puedas permitir que esa pregunta descanse por un instante.
La ciencia ha avanzado muchísimo.
Y aún así sigue existiendo un misterio precioso.
El momento exacto en el que dos cuerpos se pondrán de acuerdo para comenzar.
Esta danza.
Y mientras ese momento llega.
.
.
No hay nada que forzar.
Nada que perseguir.
Nada que acelerar.
Solo.
Acompañar.
Solo escuchar.
Sol confiar.
Y nada.
Y exhala.
Imagina ahora que tu respiración es como una ola.
La inhalación recoge energía.
La exhalación la libera.
La inhalación asciende.
La exhalación desciende.
Y cuando llegue cada ola del parto,
¿podrás encontrarte con ella?
De la misma manera.
No luchando contra la ola.
No intentando detenerla.
Sino permitiendo que te atraviese.
Sobe.
Llega a su punto más alto y después inevitablemente de cien.
Todas las olas pasan.
Y entre una y otra siempre existe una orilla a la que regresar.
Quizás puedas imaginar ahora el mar.
A veces tranquilo a veces agitado tan impredecible.
No podemos elegir el estado del mar.
¿Pero sí podemos aprender a regresar al lugar seguro?
Desde el que observar.
Tu respiración puede ser ese lugar.
La sensación de tus pies.
En contacto con la tierra.
La mano de quien te acompaña.
Una exhalación larga.
Siempre existe un camino de vuelta.
Incluso en mitad de la tormenta.
Lleva ahora una mano al corazón y otra al vientre si te resulta agradable.
Y permite que aparezcan estas palabras.
Mi cuerpo sabe.
Cómo hacer es.
Mi bebé sabe cómo hacer esto.
No necesito controlar cada momento.
Para poder atravesar.
Puedo descansar entre una ola y la siguiente.
Puedo apoyarme.
Mi cuerpo no está trabajando en mi contra.
Mi cuerpo y mi bebé trabajan juntos.
Y se aparece en el miedo,
La duda o la incertidumbre.
También pueden tener un lugar aquí.
No es necesario expulsarlos.
No es necesario pelearse con ellos.
Pueden estar presentes.
Porque debajo del miedo sigue estando la respiración.
Debajo del pensamiento sigue estando el cuerpo.
Debajo de todo ruido sigue estando la sabiduría profunda.
De la vida abriéndose camino.
Tu tarea no es hacerlo perfecto.
Tu tarea es volver.
Volver al cuerpo.
Volverá la respiración.
Volver al momento presente.
Y otra vez.
Y quizás puedes imaginar ahora y le encuentras.
No hace falta ver imágenes claras.
Simplemente sentir la dirección hacia la que ambas.
Os dirijís.
Dos vidas acercándose.
Dos respiraciones que pronto compartirán el mismo aire.
Dos miradas que pronto se encontrarán.
Y mientras tanto todavía aquí,
Todavía juntos.
Todavía sostenidos por este tiempo de espera.
Permite ahora que aparezca internamente una frase sencilla.
Confío en la vida que se mueve a través de mí.
Confío en mi cuerpo.
Confío en mi bebé.
Confío en nuestra capacidad para encontrarnos.
Permanece unos instantes respirando con estas palabras.
Y poco a poco vuelve a sentir el peso del cuerpo.
El contacto con la superficie que te sostiene.
Los sonidos alrededor.
La temperatura del aire sobre la piel.
Quizás puedes mover lentamente los dedos de las manos.
Los pies.
Y cuando te apetezca.
Abre los ojos.
Llevándote contigo esta certeza.
El mar nunca está siempre en calma.
Pero siempre existe un lugar al que volver cuando pasa la tormenta.
Y en el nacimiento.
Como en la maternidad y como en la vida.
El camino.
No consiste en no perderse nunca.
Sino en aprender a encontrar una y otra vez.
El camino de vuelta.
El camino de vuelta hacia ti.
El camino de vuelta.
Hacia el otro.
Conoce a tu maestro
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