
Tu Mente Sigue en Alerta Aunque Estás Cansado
¿Tu cuerpo está cansado pero tu mente sigue en alerta? Esta meditación guiada para dormir te ayudará a soltar los pensamientos repetitivos, calmar la sensación de estrés y relajar el sistema nervioso para entrar suavemente en un sueño profundo. Apaga el ruido mental, suelta el día y permite que tu cuerpo descanse durante toda la noche.
Transcripción
Buenas noches.
Y bienvenido.
Bienvenida.
A esta meditación para esas noches.
En las que el cuerpo está agotado.
Pero la mente continúa encendida.
Vamos a apagar el corte sol y la alerta constante.
Y es que cuando una parte de ti sigue repasando conversaciones.
.
.
Anticipando problemas.
O intentando controlar lo que ocurrirá mañana.
Dormir puede parecer imposible.
Esta noche no vamos a luchar.
Contra esa mente.
Vamos a enseñarle poco a poco.
Que ya puede dejar de vigilar.
Sólo acomódate.
Hasta la super.
Y permite que tu cuerpo reciba un mensaje diferente.
Y estés.
Por hoy.
Ya es suficiente.
Te invito a cerrar ahora.
Lentamente los ojos.
No necesitas conseguir que tu mente se quede en blanco.
No necesitas impedir que aparezcan pensamientos.
Y tampoco tienes que dormir inmediatamente.
Sólo escucha.
Siente el contacto de tu cuerpo.
Con la cama.
Siente la espalda sostenida.
La cabeza descansando.
Las piernas.
Sin ninguna tarea pendiente.
Tus manos quietas.
Por unos minutos.
No necesitas.
Resolver nada.
Respira lentamente.
Por la nariz.
Y ahora deja salir el aire con tranquilidad.
Otra vez.
Y nada.
Y ahora exhala un poco más despacio.
Como si cada vez que expulsaras el aire.
Tu cuerpo pudiera entender.
Ya terminó el día.
Expulsas aire.
Ya terminó el día.
Quizá tu mente todavía no lo sepa.
Quizá continúe repasando algo.
¿Qué dijiste?
Lo que te dijeron.
Lo que alguien te respondió.
Una decisión.
Que debes tomar.
Una preocupación que intenta convencerte.
De que pensar un poco más te mantendrá a salvo.
No escuches eso.
No le prestes atención.
No es un bandado.
Esta noche vas a descubrir algo diferente.
No todo pensamiento necesita.
Una solución.
No toda preocupación necesita tu atención.
Y no todo aquello que tu mente imagina.
¿está ocurriendo realmente ahora?
Respira de nuevo.
Y mientras lo haces en este instante.
Simplemente estás aquí.
No necesitas nada más.
Siente los hombros.
Y permite que bajen ligeramente.
Afloja la mandébola.
Descansa la lengua.
Suaviza el espacio.
Entre las cejas.
Y cuando aparezca un pensamiento.
No intentes expulsarlo.
Sólo me irá lo pasar.
Es como una nube.
Como un pajarillo en el cielo.
Puedes decidir internamente.
Puedo ver este pensamiento.
Sin seguirlo.
Cuando ves un pajarillo en el cielo.
¿O algo que está volando?
No te preocupes pensando a dónde irá.
Debo seguirlo.
¿Qué le pasara?
Y así?
Igualmente con tus pensamientos.
¿Puedo ver este pensamiento?
Sin seguirlo.
Porque tú no eres cada pensamiento que aparece.
¿Eres también aquello?
Que puede observarlo.
Y elegir no entrar en él.
Imagina ahora.
Que estás caminando lentamente por un sendero.
Junto a un bosque al anochecer.
Imagínalo.
Los últimos tonos dorados.
Desaparecen detrás de las montañas.
Y el cielo comienza a teñirse.
De azul profundo.
Ambos lados del camino.
Los árboles permanecen inmóviles.
Más adelante.
El aire huele a tierra húmeda.
Y hojas frescas.
Encuentras un pequeño banco de madera.
Frente a un lago.
Y te sientas.
Observa.
Observa.
El agua está tan quieta.
Que refleja la primera estrella de la noche.
No haces nada para tranquilizar el lago.
No necesitas tocarlo.
Simplemente dejas de agitarlo.
Y lentamente comprendes que tu mente puede funcionar de la misma manera.
No necesitas fabricar silencio.
Solo dejar de alimentar el ruido.
Respira de nuevo.
Y vuelve.
A sentir tu cuerpo ahora.
Lleva tu atención.
Observa cómo se eleva alinalar.
Y cómo desciende al exhalar.
Haz que la exhalación sea cómoda.
No forzada.
Cada vez que sueltes el aire repite.
Ahora puedo bajar la guardia.
Suelta el aire otra vez.
Cuando estés preparado,
Preparado.
Ahora puedo bajar la guardia.
Otra vez.
Respira.
Su cuerpo quizá ha pasado muchas horas.
Preparado para responder.
Mensajes.
Trabajo.
Personas,
Decisiones.
Pendientes.
El futuro.
Pero ninguna de esas cosas.
Está ahora dentro de esta habitación.
Ahora solo existe este momento.
Y en este momento puedes descansar.
Siente el pecho.
Quizá todavía haya algo de tensión ahí.
No la juzgues.
No significa que estés haciendo nada mal.
Simplemente permite.
Que esté ahí mientras respiras.
Imagina una luz tenue en el centro del pecho.
No una luz intensa.
Una luz tranquila.
¿la ves?
Y simplemente te tranquilizas.
Con cada exhalación se extiende.
Suavemente hacia los hombros.
Y los brazos.
Como si tu cuerpo fuera recibiendo una misma noticia.
No tienes.
Que defenderte desde instante.
¿Qué te parece esa noticia?
No tienes que defenderte de este instante.
Todo está bien.
Porque acuérdate.
Que cualquier pensamiento.
Se molesta.
Es solo un pajarillo.
Una nueva.
No hay que prestarle atención.
Ahora imagina una casa pequeña frente al mar.
Es de noche.
Una ventana permanece entreabierta.
Y las cortinas se mueven lentamente.
De con la brisa.
Desde la cama puedes escuchar.
Las olas llegando a la orilla.
Vergoya.
No son fuertes.
Llegan.
Y se retiran.
Llegan.
Y se retiran de nuevo.
Sobre una mesa hay una lámpara encendida.
Con una luz cálida.
Nada en aquella habitación tiene presa.
Fuera el océano continúa su movimiento.
Sin preguntarse.
Que ocurrirá mañana.
Y por unos instantes sientes que tampoco tú necesitas saberlo.
¿Puedes descansar?
Sin conocer todas las respuestas.
¿Puedes soltar incluso aquello?
Que todavía no comprendes.
A veces la paz comienza cuando dejamos de exigir.
Que la realidad sea diferente.
Antes de permitirnos descansar.
Respira profundamente.
Una vez más.
Y mientras lo haces.
Repite en silencio.
Por esta noche no necesito controlar.
Por esta noche no necesito.
Entenderlo todo.
Por esta noche.
Elijo la paz antes que la preocupación.
Siente ahora como tu cuerpo.
Pesa un poco más sobre la cara.
No tienes que sostenerlo.
La cama lo sostiene por ti.
Y mientras respiras.
Permite que la mente vaya comprendiendo algo.
Muy sencillo.
Que ahora no hay nada.
Que resolver.
Sólo este instante.
Solo esta respiración.
Solo descanso.
Siente ese descanso.
Siéntese descanso unos momentos.
Muy bien.
Permanece sin hacer nada?
Sin intentar llegar a ningún estado especial.
Deja que la respiración continúe sola.
Tu cuerpo sabe respirar.
Corazón sabe latir.
Puedes dejar de vigilar.
Por unos minutos.
Siente ahora la noche.
La parte posterior de la cabeza.
Los músculos alrededor del cuello.
Durante el día hayan permanecido tensos.
Sin que te dieras cuenta.
Como si una parte de ti hubiera estado esperando.
Constantemente.
Que ocurriera algo.
Permite ahora que esa vigilancia.
Termine.
Imagina quedarte en la base del cráneo.
Desciende una corriente tibia.
Y tranquila.
Baja lentamente por el cuello.
Los hombros.
La espalda.
Hasta llegar al abdomen.
A su paso va apagando pequeñas señales de alerta.
La necesidad de anticipar.
Se apaga.
La necesidad de controlar.
Se apaga.
La conversación que sigues repitiendo.
Se aleja.
Lo que ocurrió esta mañana.
Puede esperar.
Lo que quizá ocurra mañana todavía no existe.
Solo estás respirando.
Ahora mismo sólo respiras.
Siente tus brazos.
Más pesados.
Los codos descansando.
Las muñecas sueltas.
Los dedos.
Sin necesidad de agarrar nada.
Ahora siente las piernas.
Los músculos.
Las rodillas.
Las pantorrillas.
Los tobillos.
Los pies.
Todo tu cuerpo puede comenzar a comprender el mismo mensaje.
Que la jornada terminó.
Ahora puedo descansar.
Ya no necesito estar preparado para todo.
Imagina ahora que estás en mitad.
De una pradera.
Durante una noche despejada.
La hierba se mueve.
Lentamente bajo una brisa fresca.
A lo lejos se levantan unas montañas oscuras.
Inmóviles y silenciosas.
Sobre ellas se extiende un cielo lleno de estrellas.
Te tumbas sobre una manta.
No hay teléfonos.
No hay relojes.
No hay nada que responder.
Sólo el enorme cielo encima de ti.
Observas una estrella.
Y ahora observas otra.
Y otra más.
Y de pronto aquello que hace unas horas.
Parecía gigantesco comienza.
A hacerse más pequeño.
No porque haya dejado de importar.
Sino porque ya no necesitas cargarlo.
Y en este momento.
Las montañas no intentan llegar a ninguna parte.
Las estrellas no tienen prisa.
La noche no lucha por convertirse en mañana.
Todo simplemente es.
Y durante unos segundos tú también puedes simplemente serlo.
Sin corregirte.
Sin joder.
Sin preguntarte si hoy hiciste suficiente.
Que tu valor no aumenta cuando haces más.
No disminuye cuando te detienes.
Hay algo en ti que permanece intacto más allá.
De tus logros.
Tus errores.
Y tus preocupaciones.
Descansa ahí.
Ahora respira.
Y si aparece nuevamente algún pensamiento.
Puedes responderle.
Ahora no.
Mañana podré mirarlo de nuevo.
No necesitas discutir con él.
No necesitas demostrarle al pensamiento.
Que está equivocado.
Simplemente.
Ahora no.
Mañana podré mirarlo de nuevo.
Y vuelve a la respiración.
Cada exhalación es una pequeña entrega.
Suelto.
Descanso.
Confío.
Quizá parte del cansancio que sientes.
No venga únicamente de lo que hiciste hoy.
Sino de todo aquello que intentaste controlar.
Lo que otras personas pensaron.
Lo que podrían decir.
Lo que tendría que haber sucedido.
Lo que deseas que ocurra.
Por esta noche puedes soltarlo.
No necesitas cambiar a nadie desde esta cama.
No necesitas cambiar el pasado.
Y no necesitas escribir mentalmente el futuro.
Puedes elegir paz incluso.
Antes de que todas las circunstancias sean perfectas.
Imagina ahora un río atravesando.
Un bosque al amanecer.
Todavía queda una fina neblina suspendida entre los árboles.
El agua avanza lentamente.
Entre piedras redondas.
Reflejando destellos.
De la primera luz.
Te acercas a la orilla.
Y encuentras varias hojas secas.
Sobre el suelo.
Tomas una.
Y en ella colocas mentalmente.
Una preocupación.
La depositas sobre el agua.
Y observas como el río.
Se la lleva.
Tomas otra.
Y en ella colocas algo.
Que no salió como esperabas.
Las sueltas.
Otra hoja.
¿Una persona?
Una conversación.
Una expectativa.
Una pregunta que todavía no tiene respuesta.
Las dejas sobre la corriente.
No sabes.
Determinarán.
Y no necesitas saberlo.
El río no te pide.
Que corras detrás de ellas.
Simplemente continúa.
Hasta que tus manos quedan vacías.
Y quizá esa sea una forma de descansar.
Dejar de sujetar durante unas horas.
Aquello que no puedes resolver ahora.
Vuelve lentamente.
A sentir la cama.
Tu cuerpo está aquí.
Tu respiración está aquí.
Y eso basta.
Ahora puedes dejar incluso.
De escuchar.
Tanta atención.
Mis palabras pueden comenzar a pasar.
A un segundo plano.
No necesitas seguir cada frase.
Solo permite que algunas lleguen hasta ti.
No soy mis pensamientos.
Puedo observarlos.
Y dejarlos marchar.
No necesito resolver mi vida.
Esta noche.
Elijo la paz en este instante.
Suelto aquello que no puedo controlar.
Mi valor no depende de lo que logree hoy.
Me libero de juzgarme.
Puedo mirar el pasado sin vivir dentro de él.
No puedo dejar el futuro para mañana.
Ahora estoy aquí.
Ahora puedo descansar.
Mientras el cuerpo se vuelve más pesado,
La respiración más silenciosa.
Y la mente un poco más distante.
Permite que el sueño llegue sin perseguirlo.
No necesitas llamarlo.
No necesitas conseguirlo.
Solo dejar espacio para él.
Como la noche cubriendo lentamente un paisaje.
Como una luz.
Que se apaga al final del día.
Como unos brazos tranquilos que no te piden nada.
Respira una última vez.
Respira.
Y al soltar el aire.
.
.
Suelta también el día.
Estoy en paz.
Estoy sostenido.
Sostenida.
Puedo descansar.
Puedo confiar.
Y por esta noche puedo soltarlo todo.
Buenas noches.
Conoce a tu maestro
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