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10 - Vida y Enseñanzas de Buda

by Ciencia del Saber

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Siddharta Gautama nació probablemente en el año 558 antes de Cristo en Kapilavastu, ciudad amurallada del reino de Sakya situada en la región meridional del Himalaya, en la India. Conocido también con el nombre de Sakyamuni ("el sabio de Sakya"), Siddharta era hijo de Suddhodana, rey de Sakya, y de la reina Maya, que procedía de una poderosa familia del reino. Según la tradición, Siddharta nació en los jardines de Lumbini, cuando su madre se dirigía a visitar a su propia familia.

Transcripción

La noble verdad de la extinción del sufrimiento,

La noble verdad de la extinción del sufrimiento.

En la tercera noble verdad del Buda explica en qué consiste el cese del sufrimiento.

He aquí,

Oh monjes,

La noble verdad sobre la extinción del sufrimiento que consiste en abandonar el deseo.

El total cese,

La total extinción y liberación del deseo ocurre cuando lo abandonamos y renunciamos a él de manera total.

El camino hacia la liberación del sufrimiento empieza como un estado mental,

Capaz de percibir claramente la relación causal existente entre el apego a los deseos,

Por un lado,

Y el sufrimiento,

Por otro lado.

En ningún caso se debe tratar esta verdad,

Tampoco ninguna otra.

Claro está,

Como si la misma fuera un dogma que debe ser aceptado a través de la fe ciega.

Antes bien,

La misma debe convertirse en una experiencia personal basada en una perspicaza observación del mundo y de uno mismo.

Las técnicas de meditación que el budismo desarrolló como su principal actividad espiritual podrían ayudar a cumplir con este objetivo,

Pero de igual manera,

Cada uno de nosotros debería aprender a observar de qué manera el apego a las cosas materiales,

A las ideas que defendemos muchas veces con excesiva vehemencia,

Las actitudes o las costumbres,

Ocasionan el sufrimiento.

Cuando descubrimos que todos los objetos de nuestro aprecio terrenal conllevan consigo el inconfundible sello de la insatisfacción e impermanencia,

Nuestro apego puede verse disminuido y con ello también el sufrimiento.

Todos nuestros placeres tienen carácter finito.

Todo lo que vemos,

Escuchamos,

Tocamos,

Probamos,

Pensamos o sentimos es finito,

Pasajero y perecedero.

En otras palabras,

Está destinado a desaparecer,

A morir.

En este sentido,

Podría decirse que cuando abrazamos dichos placeres abrazamos la muerte y si no lo contemplamos con suficiente perspicacia o no lo entendemos,

Entonces llegamos a una situación absurda en la cual pretendemos ser verdaderamente felices mediante cosas que sólo pueden ofrecernos desilusión,

Desesperación y decepción.

El camino hacia la liberación del sufrimiento equivale a abandonar el apego a los deseos.

Los versos del Dhammapada así describen al hombre que sigue este camino.

Se esfuerza por permanecer atento,

A ningún lugar se apega.

Como cisne que deja su lago,

Abandona un lugar tras otro y se marcha.

No acumula cosas y es moderado en su alimentación.

Su meta no es otra que la libertad incondicionada.

Así como el curso de los pájaros en el aire es imperceptible,

Así el sabio no deja huellas en su caminar.

Dhammapada 7.

91.

92 Una de las principales metas de la meditación budista es permitir que aquellos sentimientos que anteriormente tratábamos de ocultar o esconder en lo más recóndito de nuestra mente,

Ahora afloren con toda la claridad.

Si estamos desesperados o angustiados por las cosas materiales,

Si sentimos el temor del fracaso profesional,

El odio o el rencor hacia personas más exitosas,

Etc.

,

Pues no huyamos más de semejantes sentimientos,

Sino más bien,

Estemos claras y perfectamente conscientes de ellos.

Este camino a primera vista no parece muy atractivo debido a que,

Generalmente,

Estamos acostumbrados a estándares espirituales muy elevados.

El hecho de sentir envidia,

Irritación u odio,

Desearle a alguien mal,

Simplemente,

No debería ocurrir a una persona buena,

La cual nos consideramos.

Pero el hecho de estar conscientes de lo que nos pasa es sólo la mitad del camino.

La segunda mitad consiste en no permitir que todo lo anterior nos envuelva en un sentimiento de culpa,

Sino más bien,

En observar cómo dichos sentimientos originan,

Se desarrollan y finalmente cesan sin que haya algo que nos permita identificarlos como nuestra propia esencia.

Es como convertirse en un testigo imparcial de todo lo que pasa a nuestro alrededor y dentro de nosotros.

Ser un testigo imparcial que todo lo observa sin juzgar ni alabar nada.

Finalmente,

Esa actitud nos permitirá apegarse cada vez menos a nuestros deseos,

Verlos cada vez más como algo extraño y distante.

A la larga,

Va a disminuir nuestro sufrimiento,

O quizá,

¿por qué no?

,

Va a cesar por completo.

Por último,

Debemos hacer en este momento una clara advertencia,

Que consiste en lo siguiente.

Es mucho más fácil comprender intelectualmente lo expresado anteriormente que descubrirlo y experimentarlo en la práctica.

Es,

Precisamente por eso,

Que hay que avistar el camino de meditación budista no como una solución instantánea y milagrosa,

Realizada mediante alguna poderosa fuerza externa,

Sino como un lento y paciente aprendizaje,

Capaz de desarrollar el potencial escondido en cada uno de nosotros para autoayudarnos y liberarnos de culpa y pena.

Gracias.

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