
Mateo y el abismo brillante. Cuento infantil.
by Alan Hecker
Mateo, un niño curioso , soñaba con explorar el fondo del mar. Con esfuerzo y pasión, se convirtió en explorador submarino. En su gran aventura en el abismo marino, descubrió criaturas increíbles y aprendió que los sueños se cumplen cuando no los soltamos jamás.
Transcripción
Hola,
Yo soy Alán y esto es Cuentos con Moraleja.
Bienvenidos a otro capítulo de Cuentos con Ciencia.
Este episodio está dedicado especialmente a Mateo.
Mateo es de Linares,
España,
Y ama a los animales del mar y sueña con conocer los secretos del fondo del océano.
Hoy vamos a sumergirnos con él en una historia que nos lleva bien,
Bien profundo.
Pero antes quisiera contarles qué es el fondo abisal.
Este fondo es una de las zonas más profundas y misteriosas del océano.
Allí no llega la luz del sol,
Las temperaturas pueden bajar hasta casi el punto de congelación,
La presión es tan intensa que pocos humanos han podido llegar.
Pero lo más increíble es que hay vida,
Seres extraños,
Luminosos,
Que parecen sacados de un cuento,
Pero que existen.
Y hoy vamos a acompañar a Mateo en su aventura hasta ese lugar.
Desde que era chiquito,
Mateo no podía dejar de mirar el mar.
Cada vez que iba con su familia a la playa,
En lugar de hacer castillos de arena o correr con las olas,
Él se sentaba en la orilla y se quedaba pensando.
¿Qué habrá allá abajo?
Se preguntaba.
Pero no hablaba de los peces que se ven desde la superficie.
Mateo quería saber qué había en lo más profundo,
Donde todo está oscuro,
Donde viven criaturas que nunca vimos.
Tenía libros,
Dibujos y pósters pegados en su habitación.
Su favorito era el de un pez linterna,
Uno que tiene una luz arriba de la cabeza,
Como si llevara una lamparita prendida.
Sus papás lo escuchaban hablar durante horas de peces avisales,
De calamares gigantes y de cosas raras que no tienen ojos,
Pero igual pueden ver.
¡Qué maravilla escucharte hablar así!
Le decía su mamá.
¡Tenés una pasión muy grande,
Hijo!
Agregaba su papá con orgullo.
Mateo quería saberlo todo.
Cuando le decían que había peces que brillaban en la oscuridad,
Él preguntaba,
¿Pero cómo hacen para brillar?
Cuando le decían que había medusas invisibles,
Decía,
¿Y si son invisibles,
Cómo sabemos que están?
Así fue como,
Con el paso de los años,
Mateo siguió aprendiendo.
Cuando empezó la escuela,
Siempre elegía libros de ciencia o animales marinos en la biblioteca,
Y cuando tenía que hacer un dibujo,
No dibujaba una casa o soles,
Dibujaba submarinos,
Corales y tiburones de los que casi nadie había escuchado hablar.
Cuando creció,
Mateo decidió estudiar biología marina,
Que es la ciencia que estudian los animales del mar.
En la universidad,
Usaba una remera con una ballena y tenía una mochila con forma de pulpo.
Todos lo conocían como el chico del océano.
Y lo más lindo era que nunca dejó de hacer preguntas.
Como cuando era chico,
Trabajó en acuarios,
Ayudó a rescatar tortugas,
Dio charlas en escuelas y en sus ratos libres seguía investigando.
Le encantaba escribir en un cuaderno ideas para descubrir nuevas especies.
Cada cosa que hacía,
Lo hacía con amor,
Porque sabía que algún día iba a cumplir su gran sueño,
Llegar al fondo del mar.
Y ese día llegó.
Un grupo de científicos lo eligió para una misión muy especial,
Bajar en un pequeño submarino hasta el fondo abisal,
Un lugar al que muy pocas personas llegaron.
Mateo,
Lo lograste,
Le dijo su mamá dándole un abrazo.
Te estaremos esperando aquí cuando vuelvas,
Contanos todo,
Le dijo uno de sus abuelos con una sonrisa orgullosa.
El submarino era como una burbuja de metal,
Adentro había luces,
Botones,
Pantallas y un asiento para Mateo y otro para el piloto.
Cuando comenzaron a bajar,
Primero todo era azul claro,
Luego azul oscuro.
Después negro total.
Afuera no se veía nada,
Pero pronto empezaron a aparecer las criaturas que Mateo había soñado toda su vida.
Medusas con luces de colores,
Peces transparentes que dejaban ver sus huesos,
Un calamar gigante con brazos largos como serpientes y un cangrejo peludo que caminaba en cámara lenta.
Mateo estaba asombrado.
Son más hermosos de lo que imaginé,
Dijo con los ojos brillantes.
El piloto le cedió el control de la cámara y Mateo giró lentamente hasta que lo vio.
Allí frente al submarino nadaba un pez linterna,
Pequeño,
Con su luz en la cabeza,
Como el del póster de su habitación.
Y en ese instante Mateo supo que todo su esfuerzo,
Todas sus preguntas,
Todas las veces que estudió sin que nadie lo obligara,
Habían valido la pena.
Cuando volvió a la superficie todos lo aplaudieron,
Pero Mateo no hablaba mucho,
Solo sonreía porque había cumplido su sueño.
Ahora sabía que los sueños no se logran de un día para el otro,
Se logran con curiosidad,
Con esfuerzo,
Con pasión y con mucho amor por lo que uno quiere.
La moreleja que nos deja este cuento es que soñar es gratis,
Pero cumplir un sueño lleva trabajo.
No tengas miedo de ser diferente,
No tengas miedo de preguntar,
Porque si algo te gusta mucho,
Si te hace vibrar el corazón,
Entonces ese camino es el tuyo.
Y como Mateo,
Un día vas a estar ahí,
Donde siempre soñaste estar.
Este cuento fue creado especialmente para Mateo de Linares,
España,
Y para todos los niños y niñas que soñan con explorar el mundo,
Incluso cuando ese mundo está bajo el mar.
Nos escuchamos en el próximo cuento.
Chau chau.
Conoce a tu maestro
4.8 (8)
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