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Cuento infantil: El club secreto de los que no pueden dormir

by Alan Hecker

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Puntuación
4.9
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Meditación
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Todos
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96

Un cuento basado en hechos casi reales, para chicos y grandes que a veces se despiertan de noche… y no saben cómo volver a dormirse. En esta historia llena de ternura y humor, acompañamos a un grupo de niños que, camino al cole, descubren que no están solos en esto de tener la mente encendida. Junto a ellos, aprenderemos: - Una respiración divertida y efectiva para calmarse. - Un “semáforo interior” para identificar cómo nos sentimos. - Una forma amable de mirar los pensamientos sin subirnos a ellos. - Y lo más importante: que estar en calma también es un superpoder. Ideal para escuchar antes de dormir, en el aula o para abrir una conversación sobre emociones y bienestar.

Transcripción

Hola,

Soy Alan y esto es Cuentos con Moreleja.

Hoy les voy a contar un cuento que se llama El club secreto de los que no pueden dormir,

Ni los sábados ni los lunes.

Y quiero dedicarle este cuento a Ciro,

Que en una charla en el auto mientras lo llevaba al cole me inspiró a contar este cuento.

Un cuento basado en hechos casi casi reales.

Todo comenzó una mañana cualquier entandil.

El sol apenas asomaba entre las sierras como si también tuviera ganas de seguir durmiendo.

Yo,

Medio dormido pero cumpliendo con mi misión de padre taxista,

Llevaba a mis hijos al cole junto con dos amigos suyos,

Que venían atrás debatiendo temas fundamentales para la humanidad.

Para mí los alienígenas duermen con los ojos abiertos.

No,

No,

No,

No.

Tienen sensores de sueños interplanetarios y un sistema de regeneración por bluetooth.

Yo solo manejaba.

Pero entonces Ciro lanza al aire como quien suelta una bomba reflexiva.

Alan,

¿cómo hacen los adultos para dormirse de nuevo cuando se despiertan a las 4 de la mañana?

Yo parpadeé.

Pensé que me iba a preguntar si Messi es mejor que Haaland o si Batman puede ganarle a un dragón robot.

Pero no,

Era una pregunta seria de las que traen silencio.

Él continuó.

A mí me pasa que me despierto los sábados a las 4 y no puedo volver a dormirme,

Pero los días de cole no me puedo ni levantar.

Es como si mi cuerpo fuera de gelatina.

Los otros chicos en el auto lo miraron con respeto.

Uno dijo,

Sí,

Sí,

Sí,

Eso es el algoritmo del sueño rebelde.

¿Eh?

Mi primo lo tiene.

Te dormís cuando no hay que dormirse y no podés dormir cuando sí tenés que dormir.

Es re grave.

Uno de los chicos bajó la voz como si alguien lo estuviera espiando desde la guantera del auto.

¿Y si es un virus secreto que ataca solo a los niños?

Yo iba a hablar,

Pero el auto quedó en silencio total.

Ese silencio especial,

Un silencio importante,

De esos donde se cuecen teorías y nacen ideas locas,

De las buenas.

Entonces tomé aire,

Hice una pausa digna de película de ciencia ficción y dije,

¿y si en vez de un virus es una señal?

¿Una señal?

Preguntaron todos.

Sí,

Como cuando una tablet se llena de juegos y empieza a andar lenta.

A veces el cerebro se llena de pensamientos y también empieza a andar un poco lento y no nos deja dormir.

Nos pasa a todos,

A ustedes,

A los chicos y a nosotros,

A los grandes también.

¿Vos también?

Me preguntaron.

Claro,

A veces me despierto pensando en cosas que todavía no pasaron,

Como si mi mente fuera un noticiero de 24 horas y sin un botón de apagado.

Eso lo sorprendió.

Pero Alan,

Vos sabés mindfulness,

Vos sabés meditar.

Justamente por eso,

Porque nadie nace sabiendo calmar la mente.

Se aprende,

Se entrena,

Como andar en bicicleta o tocar el ukelele con los codos.

Los tres me miraban como si les hubiera contado que fui a la luna en monopatín.

Y entonces,

Como en las buenas historias,

Uno de ellos propuso lo inevitable.

Tenemos que fundar un club.

¿Qué club?

Le pregunté.

El club secreto de los que no pueden dormir,

Ni los sábados ni los lunes.

Aprobación unánime.

Esa misma mañana tuvo lugar la primera reunión,

En el asiento trasero del auto.

Les enseñé la respiración de la pizza.

Inhalás como si olieras una fugaceta recién hecha y exhalás como si soplaras una vela sin escupir el glaseado de la torta.

Nos reímos,

Probamos.

Uno hizo la versión de Darth Vader.

Otro inventó la respiración quesito caliente.

Y así,

Sin darnos cuenta,

Practicamos presencia.

También les compartí el semáforo interior.

Rojo cuando estoy acelerado.

Amarillo cuando estoy inquieto.

Y verde cuando encuentro la calma.

Hablamos de que los pensamientos no se apagan como si tuviéramos un botón,

Pero se pueden mirar sin subirse a ellos.

Que el cuerpo nos da señales y que si las aprendemos a escuchar podemos dormir mejor,

Concentrarnos más y sentirnos menos solos.

Y lo más importante,

Les dije que no estaban rotos,

Solo necesitaban herramientas y una buena historia para entender lo que les pasaba.

Cuando llegamos al cole,

Ciro bajó del auto junto con los otros chicos.

Me miró con cara de haber vivido una aventura intergaláctica y dijo,

Hoy no sé si voy a aprender matemática,

Pero aprendí algo que me sirve para toda la vida.

Y se fue.

Ahí me quedé con el mate tibio,

El auto vacío y el corazón lleno.

Porque a veces,

Las aventuras más importantes no ocurren en castillos,

Ni en selvas,

Ni en cohetes espaciales.

Pasan camino al cole,

En un auto,

Cuando un grupo de chicos fundan un club secreto y aprenden que estar en calma también es un superpoder.

Si querés que tu hijo o hija aprendan mindfulness de forma lúdica,

Amorosa y significativa,

Escribime.

Ofrezco talleres grupales y encuentros individuales.

Acompañarlos no es resolverles todo,

Es darles recursos para que se conozcan,

Se calmen y vivan con m��s bienestar.

Nos escuchamos en el próximo cuento.

Chau chau.

4.9 (15)

Reseñas Recientes

Quanta

June 25, 2025

Que estupenda historia. Yo tampoco aprendí matemáticas hoy....

kisbeth

June 25, 2025

Maravillosos mil Gracias

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