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Audiolibro Mujercitas-Capítulo 14

by Yaima (Green Witch Meditation Guide)

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Disfruta esta historia para dormir. "Mujercitas" es una novela de Louisa May Alcott, publicada en 1868, que narra la vida de cuatro niñas que se convierten en mujeres, con la Guerra Civil de los Estados Unidos como fondo. A este clásico se le considera una novela de crecimiento personal, así como una guía de conducta para señoritas. Al mismo tiempo, es capaz de enfrentarse a algunas de las normas tan de moda en la época. La obra es entretenida y muestra el contexto histórico del momento.

Transcripción

Mujercitas.

Escrito por Luisa May Alcott.

Narrado por Yaima Lorenzo.

Capítulo 14.

Secretos.

Joe estaba ocupadísima en la guardilla porque los días de octubre comenzaban a ponerse fríos y las tardes iban acortándose.

Por dos o tres horas,

Tras la ventana bañada por el sol,

Podía verse a Joe sentada en el viejo sofá escribiendo diligentemente,

Con las cuartillas esparcidas sobre un baúl ante ella,

Mientras su ratón amigo se paseaba por las vigas en compañía de su hijo mayor,

Un hermoso ratonzuelo,

Al parecer muy orgulloso de sus bigotes.

Completamente absorta en su trabajo,

Garrapateaba Joe hasta que hubo llenado la última página.

Después de lo cual,

Estampó su firma y soltó la pluma exclamando,

Vaya,

Lo he hecho lo mejor posible.

Si esto no conviene,

Tengo que esperar hasta que sepa hacer algo mejor.

Echada en el sofá,

Leyó cuidadosamente el manuscrito,

Poniendo comas acá y allá y signos de admiración que parecían globos pequeños.

Después lo ató con una cinta roja muy vistosa,

Y se quedó mirándolo con expresión grave y pensativa,

Que mostraba claramente lo serio que había sido su trabajo.

Aquí arriba,

El pupitre de Joe era una vieja cocina de hojalata,

Que colgaba contra la pared.

En ella guardaba sus papeles y algunos libros para resguardarlos de las atenciones de su ratón,

Que,

Como todos los de su casta,

Tenía sus aficiones literarias.

De aquel receptáculo de hojalata,

Joe sacó otro manuscrito y,

Poniendo los dos en su bolsillo,

Bajó furtivamente la escalera,

Dejando a sus amigos que rollesen las plumas y se bebiesen la tinta.

Tan sigilosamente como pudo,

Se puso el abrigo y el sombrero,

Y por la ventana trasera salió al tejadillo del pórtico bajo,

Se descolgó sobre el suelo de césped e hizo un rodeo para llegar al camino.

Una vez allí,

Se calmó,

Tomó un ómnibus que pasaba y se fue a la ciudad con mucha alegría y misterio.

Si alguien la hubiese observado,

Hubiera pensado que sus movimientos tenían algo raro,

Porque tan pronto como bajó del ómnibus,

Echó a andar a buen paso hasta llegar a cierto número de una calle de mucho movimiento.

Una vez descubierto el lugar con alguna dificultad,

Entró en el portal,

Echó una mirada a la escalera y después de pararse por un minuto,

Salió de repente a la calle,

Marchándose tan deprisa como había venido.

Varias veces repitió la maniobra con gran diversión de cierto joven de ojos negros que la observaba desde la ventana de un edificio de enfrente.

Volviendo por tercera vez,

Joe se irquió,

Se caló el sombrero hasta las cejas y subió valientemente escalera arriba,

Como si fuera a que le sacaran todas las muelas.

Había un rótulo de dentista,

Entre otros,

A los lados de la puerta,

Y después de mirar un momento un par de mandíbulas artificiales que se abrían y cerraban lentamente para llamar la atención a una dentadura hermosa,

El joven se puso su abrigo,

Tomó su sombrero y bajó a la calle para esperar enfrente de la puerta,

Diciéndose con una sonrisa y un estremecimiento.

Es muy propio de ella venir sola,

Pero si pasa un mal rato,

Necesitará que alguien la acompañe a casa.

A los 10 minutos,

Joe bajaba corriendo la escalera,

Con la cara muy roja y como quien acaba de pasar una dura prueba.

Cuando vio al joven,

No le hizo ni pizca de gracia y pasó de largo,

Con una inclinación de cabeza,

Pero él la siguió,

Preguntándole con simpatía.

¿Has pasado un mal rato?

No mucho.

¿Has acabado muy pronto?

Sí,

Gracias a Dios.

¿Por qué has venido sola?

No quería que nadie lo supiera.

Eres lo más curioso que he visto en mi vida.

¿Cuántas te han sacado?

Joe miró a su amigo como si no lo comprendiera y entonces se echó a reír muy divertida por la pregunta.

Hay dos que quiero que salgan,

Pero tengo que esperar una semana.

¿De qué te ríes?

¿Tú escondes alguna picardía?

Dijo Lori bastante perplejo.

¿Y tú también?

¿Qué hacía usted en esa sala de billar,

Señor?

Con su permiso,

Señora,

No es una sala de billar,

Sino un gimnasio y tomaba una lección de esgrima.

Me alegro de oírlo.

¿Por qué?

Porque así podrás enseñarme y cuando representemos Hamlet,

Puedes ser la Hértes y tendremos una buena representación de la escena del combate.

Lori soltó una carcajada que hizo sonreír,

A pesar suyo,

A varios transeúntes.

Te enseñaré esgrima,

Representemos o no Hamlet.

Es una buena diversión y te hará mantenerte muy derecha.

Pero no creo que era esa tu única razón al decirme alegro de modo tan decidido.

¿Verdad que no?

No.

Me alegraba de que no estuvieses en una taberna porque espero que no entres en tales lugares.

¿Lo haces?

Rara vez.

Desearía que no lo hicieras nunca.

No es malo,

Joe.

Tengo mesa de billar en casa,

Pero no te diviertes si no encuentras buenos jugadores.

Como yo soy tan aficionado,

Vengo algunas veces a jugar con Ned Moffat o algunos de los otros jóvenes.

¡Ay de mí!

Lo siento tanto,

Porque te irás aficionando cada vez más,

Malgastarás tiempo y dinero y acabarás por parecerte a esos muchachos horribles.

Yo esperaba que te mantendrías respetable y que serías el orgullo de tus amigos,

Dijo Joe meneando la cabeza.

No puede un joven divertirse inocentemente de vez en cuando sin perder su respetabilidad,

Preguntó Lori algo enojado.

Depende de cómo y dónde se divierte.

No me gusta a Ned y su compañía y me complacería que no entraras en ella.

Mamá no nos permite invitarlo a nuestra casa,

Aunque él quiere venir.

Y si haces como él,

Tampoco permitirá que juguemos juntos como ahora.

¿No lo permitirá?

Preguntó Lori con cierta inquietud.

No,

No puede aguantar jóvenes mundanos y preferiría encerrarnos bajo llave antes que permitir amistades con ellos.

Bueno,

No hace falta que saque la llave todavía.

No soy mundano ni tengo la intención de serlo,

Pero de vez en cuando me gusta alguna travesura inofensiva.

¿No te gustan a ti?

Sí,

Si nadie se opone a ello.

Diviértete,

Pero no te vuelvas loco si no quieres que acaben nuestras horas de alegría.

Seré un puro santo.

No tolero a los santos.

Sé un muchacho sencillo,

Honrado y respetable y nunca te abandonaremos.

No sé qué haría Joe si te comportaras como el hijo del señor King.

Tenía mucho dinero,

Pero no sabía cómo gastarlo.

Se hizo borracho y jugador y acabó por falsificar la firma de su padre y creo que fue un verdadero escándalo.

¿Me crees capaz de hacer lo mismo?

Muchas gracias.

No,

No lo creo de ninguna manera,

Pero oigo a muchos hablar de las tentaciones del dinero y a veces desearía que fueras pobre.

Así no tendría ninguna preocupación.

¿Te preocupas por mí,

Joe?

Un poquito.

Cuando pareces malhumorado o descontento,

Como sucede algunas veces porque te gusta salirte siempre con la tuya.

Si un día te echaras por el mal camino,

Temo que sería muy difícil detenerte.

Por unos minutos Lori continuó andando sin hablar y Joe lo observaba deseando haber refrenado su lengua porque veía en los ojos del muchacho una expresión de enojo,

Aunque sus labios seguían sonrientes.

¿Vas a predicar por todo el camino a casa?

Preguntó.

Claro que no.

¿Por qué lo dices?

Porque si lo haces tomaré el ómnibus.

Si no lo haces,

Me gustaría caminar contigo y contarte algo muy interesante.

No predicaré más y me gustaría oír tus noticias.

Muy bien,

Ahí van.

Es un secreto y si lo digo,

Tú tienes que decirme el tuyo.

Yo no tengo ninguno,

Comenzó Joe,

Pero súbitamente se detuvo recordando que sí lo tenía.

Sabes que tienes un secreto,

No puedes esconder nada,

Con que a confesar o no te diré el mío,

Dijo Lori.

Es interesante tu secreto.

Vaya si lo es y acerca de personas que conoces y muy gracioso.

Hace tiempo que me desespero por decírtelo.

Empieza tú.

No dirás nada en casa,

Ni una palabra,

Y no me darás la lata con ello cuando estemos solos.

Nunca doy la lata a nadie.

Sí que lo haces y así sacas todo lo que quieres saber.

No sé cómo lo haces,

Pero eres un perfecto adulador.

Gracias.

Venga el secreto.

Pues bien,

Le he dejado dos cuentos al director de un periódico que me dará la respuesta la semana que viene.

¡Viva la señorita Marsh,

La célebre autora!

Exclamó Lori,

Lanzando su sombrero al aire y recogiéndolo de nuevo,

Con gran diversión de dos patos,

Cuatro gatos,

Cinco gallinas y media docena de niños irlandeses porque estaban ya en las afueras.

¡Calla!

Quizá no resulte,

Pero no podía descansar hasta hacer una prueba y no he dicho nada para que nadie se decepcione.

No habrá decepciones.

Tus cuentos son obras de Shakespeare comparadas con la mitad de las tonterías que se publican ahora.

Y como vamos a gozar al verlas en letras de molde,

¡qué orgullosos estaremos de nuestra escritora!

Los ojos de Joe brillaron porque siempre es agradable ver que alguien tiene fe en nosotros.

¿Y tu secreto?

A jugar limpio,

Lori,

O no te creeré nunca más.

Tal vez tenga un disgusto por decírtelo,

Pero como no he prometido callarme,

Lo diré,

Porque nunca estoy satisfecho hasta que no te he contado todas las noticias que tengo.

Sé dónde está el guante de Meh.

Y eso es todo.

Es bastante,

Como verás cuando te diga dónde está.

Dímelo entonces.

Lori se inclinó y susurró tres palabras al oído de Joe que produjeron un gracioso cambio.

Se paró y se quedó mirándole de hito en hito por un minuto,

Sorprendida y contrariada.

Después continuó andando y dijo bruscamente,

¿cómo lo sabes?

¿Lo he visto?

¿Dónde?

¿En su bolsillo?

¿Todo este tiempo?

Sí,

No es romántico.

No,

Es horrible.

¿No te gusta?

Claro que no me gusta.

Es ridículo.

No se debe permitir.

Me subleva.

¿Qué dirá Meh?

No lo dirás a nadie.

Ya sabes,

No he prometido nada.

Eso estaba entendido y confié en ti.

Bueno,

De todos modos,

No diré nada por ahora,

Pero estoy muy disgustada y quisiera no haberme enterado.

Pensé que te agradaría.

¿La idea de que alguien viniese para llevarme a Meh?

No,

Gracias.

Te parecerá mejor cuando alguien venga para llevarte a ti.

Quisiera ver al valiente.

Yo también,

Dijo Lori riéndose.

No creo que caen bien los secretos.

Estoy confundidísima desde que me lo dijiste.

Juega una carrera conmigo y se te pasará,

Propuso él.

Nadie estaba a la vista.

El camino liso ondulaba en un declive encantador ante ella y,

No pudiendo resistir la tentación,

Joe se lanzó carretera abajo,

Dejando caer el sombrero y la peineta a medida que corría.

Lori alcanzó primero la meta y estaba satisfecho del éxito de su tratamiento al ver a su doncella jadeante,

Con el pelo suelto,

Los ojos brillantes,

Las mejillas rojas y ningún gesto de enojo en la cara.

Quisiera ser caballo para poder correr leguas y leguas en este aire magnífico sin perder aliento.

Buena ha estado la carrera,

Pero mira cómo me he puesto.

Anda a recoger mis cosas como un buen chico,

Dijo Joe,

Dejándose caer debajo de un arco que cubría la orilla con un tapete de hojas rojas.

Lori se fue lentamente a recoger los objetos perdidos mientras Joe se arreglaba las trenzas,

Esperando que nadie pasaría hasta que estuviese de nuevo arreglada.

Pero alguien pasó.

¿Y quién había de ser sino Meg,

Muy seria con su vestido de gala porque venía de hacer visitas?

¿Qué estás haciendo aquí?

Preguntó,

Mirando sorprendida a su desgreñada hermana.

Recogiendo hojas,

Respondió Joe humildemente,

Apartando algunas hojas rosadas que acababa de amontonar y horquillas,

Añadió Lori,

Echando media docena de ellas en la falda de su amiga.

Crecen en este camino,

Meg,

Y sombreros de paja también.

Has estado corriendo,

Joe.

¿Cuándo vas a dejar tus chiquilladas?

Dijo Meg en tono de reprobación.

Nunca,

Hasta que no sea vieja y tiesa y tenga que usar una muleta.

No trates de hacerme persona mayor antes de tiempo,

Meg.

Ya tengo bastante con verte cambiar tan de repente.

Déjame ser niña tanto tiempo como pueda.

Mientras hablaba,

Joe se inclinaba sobre su trabajo para esconder el temblor de sus labios,

Porque ahora se daba cuenta de que Meg se convertía rápidamente en una mujer,

Y el secreto de Lori le hizo temer la separación que alguna vez tendría que venir y que ahora parecía más cercana.

Lori notó la angustia en la cara de su amiguita y distrajo la atención de Meg,

Preguntándole vivamente,

¿dónde has estado haciendo visitas tan elegante?

En casa de los Gardiner,

Y Sally me contó la boda de Pell Moffat.

Era magnífico y se han ido a pasar el invierno en París.

¡Qué encantador debe ser eso!

¿La envidias,

Meg?

Dijo Lori.

Temo que sí.

Me alegro de oírlo,

Murmuró Joe atándose el sombrero.

¿Por qué?

Preguntó Meg sorprendida.

Porque si te gustan tanto las riquezas,

No irás y te casarás con un hombre pobre,

Dijo Joe,

Mirando con enojo a Lori,

Que le hacía señas que tuviese cuidado con lo que decía.

¿Yo nunca iré y me casaré con nadie?

Observó Meg,

Echando a andar con mucha timidad,

Mientras los otros la seguían riéndose,

Susurrando y saltando encima de las piedras,

Y comportándose como chiquillos,

Según Meg decía para sí.

Durante una semana o dos,

Joe se condujo de modo tan extraño que tenía confundidas a sus hermanas.

Salía precipitadamente a la puerta cuando llamaba el cartero.

Trataba descortesmente al señor Brooke siempre que se encontraba con él.

Se quedaba mirando a Meg largos ratos con cara pensativa,

Levantándose a veces para sacudirla y después besarla muy misteriosamente.

Lori y ella andaban siempre haciéndose señas y hablando de águilas reales,

Hasta hacer creer a las chicas que ambos se habían vuelto locos.

Unos 15 días después del misterioso viaje de Joe a la ciudad,

Meg,

Cosiendo delante de su ventana,

Se escandalizó de ver a Lori corriendo tras de Joe por todo el jardín y alcanzándola por fin en la glorieta de Amy.

Lo que sucedió allá,

Meg no lo pudo ver,

Pero se oyeron carcajadas seguidas por el murmullo de voces y el sonido de hojas de periódicos en movimiento.

¿Qué vamos a hacer con esta chica?

¿Nunca quiere portarse como una señorita?

Suspiró Meg.

Espero que no se portará como una señorita porque me gusta como es,

Tan graciosa y tan amable,

Dijo Beth,

Que no había denotado estar algo ofendida de que Joe tuviese secretos con alguien que no fuera ella.

Es muy molesto,

Pero jamás lograremos corregirla,

Añadió Amy.

A los pocos minutos entró Joe precipitadamente,

Se echó en el sofá y fingió leer.

¿Tienes ahí algo interesante?

Preguntó Meg.

¿Un cuento?

Me figuro que no vale gran cosa,

Respondió Joe,

Ocultando cuidadosamente el título del periódico.

Léelo en voz alta,

Así nos entretendrás a todas,

Dijo Amy.

¿Cómo se titula?

Preguntó Beth,

Extrañada de que Joe mantuviera la cara detrás del pliego.

¿Los pintores rivales?

Eso suena bien,

Léelo,

Dijo Meg.

Después de aclarar la voz y respirar profundamente,

Joe comenzó a leer rápidamente la historia.

Las chicas escucharon con interés porque el cuento era romántico y algo patético también,

Ya que casi todos los personajes morían al final.

Me gusta lo referente al cuadro magnífico,

Observó Amy.

Prefiero la parte amorosa.

Viola y Ángelo son dos de nuestros nombres preferidos.

Es curioso que hayan salido ahí,

Dijo Meg.

¿Quién es el autor?

Preguntó Beth.

¡Vuestra hermana!

¡Tuyo!

Gritó Meg,

Dejando caer su costura.

¡Está muy bien!

Dijo críticamente Amy.

¡Lo sabía!

¡Lo sabía!

¡Oh,

Joe mía!

¡Qué orgullosa estoy!

Exclamó Beth,

Corriendo a abrazar a su hermana,

Exaltada por éxito tan magnífico.

¡Qué alegres estaban todas!

Meg no podía creerlo hasta que no vio el nombre de Josephine Marsh realmente impreso en el periódico.

Amy hizo una benévola crítica de los detalles referentes al arte en el cuento.

Beth saltaba y cantaba de alegría,

Y Hannah entró para exclamar.

¡Cielo santo!

¡Quién lo hubiera creído!

Asombrada por la hazaña de esa Joe,

La señora Marsh estaba justamente orgullosa de su hija.

Cómo se reía Joe,

Con los ojos llenos de lágrimas,

Al decir que iba a ponerse tan engreída como un pavo real con tantas alabanzas.

El águila real agitaba triunfalmente las alas encima de la casa de los Marsh,

Mientras circulaba de mano en mano el periódico.

Cuéntanos todo.

¿Cuándo llegó?

¿Cuánto te han pagado por él?

¿Qué dirá papá?

¿No se reirá Lori?

Decía toda la familia al mismo tiempo y reunida alrededor de Joe.

Calma,

Niñas,

Y se los contaré todo,

Dijo Joe.

Después de contar cómo había colocado sus cuentos,

Joe añadió.

Cuando fui a recibir mi respuesta,

El director me dijo que le gustaban ambas,

Pero que no pagaba a los principiantes.

No hacía más que publicar las obras en su periódico para que se dieran a conocer.

Era buena práctica,

Dijo,

Y cuando los principiantes progresaran,

No faltarían editores que les pagaran sus trabajos.

Le dejé,

Pues,

Las dos historias y hoy por la mañana me ha enviado esto.

Lori me sorprendió con ello e insistió en verlo.

Lo dejé hacerlo y dijo que era muy buena,

De manera que escribiré más y él va a conseguir que me paguen la próxima.

Y estoy tan contenta porque con el tiempo podré mantenerme y ayudar a las chicas.

Aquí le faltó el aliento y escondiendo la cabeza en el periódico,

Derramó algunas lágrimas ingenuas porque ser independiente y ganar las alabanzas de las personas que amaba eran los deseos más ardientes de su corazón y aquello parecía el primer paso hacia tan feliz meta.

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