
Audiolibro Mujercitas-Capítulo 10
Disfruta esta historia para dormir. "Mujercitas" es una novela de Louisa May Alcott, publicada en 1868, que narra la vida de cuatro niñas que se convierten en mujeres, con la Guerra Civil de los Estados Unidos como fondo. A este clásico se le considera una novela de crecimiento personal, así como una guía de conducta para señoritas. Al mismo tiempo, es capaz de enfrentarse a algunas de las normas tan de moda en la época. La obra es entretenida y muestra el contexto histórico del momento.
Transcripción
Mujercitas.
Escrito por Luisa May Alcott.
Narrado por Yaima Lorenzo.
Capítulo 10.
Cuadrillas y correos.
Con la llegada de la primavera se pusieron de moda nuevas diversiones.
Y los días más largos daban tiempo para toda clase de trabajos y recreos.
Era menester labrar el jardín y cada hermana tenía la cuarta parte de un jardincito donde podía hacer lo que gustara.
Hannah solía decir,
¿adivinaría de quién es cada jardincito,
Aunque lo viera en la China?
Bien podía decirlo,
Porque los gustos de las muchachas diferían tanto como sus caracteres.
Meg tenía en el suyo rosas,
Evotropo,
Mirto y un pequeño naranjo.
El jardincito de Joe no estaba dos años lo mismo porque siempre hacía experimentos.
Este año iba a ser una plantación de girasoles cuyas semillas habían de dar de comer a la gallina muñuda y su familia de polluelos.
Beth tenía flores perfumadas,
Arvejillas,
Reseda,
Delfino,
Clavelinas y artemisa,
Alcine para el pájaro y hierba gatera para los gatos.
En su jardincito tenía Amy una glorieta,
Algo pequeña y desigual,
Pero muy bonita,
Rodeada de guirnaldas de madreselva y campanillas,
Lirios altos y blancos,
Helechos delicados y tantas clases de plantas como quisiesen florecer allí.
Trabajando en el jardín,
Paseando,
Remando en el río y buscando flores silvestres pasaban los días en que hacía buen tiempo.
Para los lluviosos tenían entretenimientos en casa,
Todos más o menos originales.
Uno de ellos era la cuadrilla de Pickwick,
Porque como las sociedades secretas estaban de moda,
Pensaron que sería muy adecuado tener una,
Y siendo todas ellas admiradoras de Dickens,
La titularon la cuadrilla de Pickwick.
Con pocas interrupciones la habían mantenido por un año,
Celebrando sus sesiones los sábados por la noche en la boardilla grande,
Con el ceremonial siguiente.
Se colocaban tres sillas en línea delante de una mesa,
Sobre la cual había una lámpara,
Cuatro distintivos blancos con letras C,
P en tamaño grande y el periódico que aparecía todas las semanas,
Llamado El Cartapacio Pickwick,
Redactado entre todas con Joe de director.
A las siete,
Los cuatro miembros de la cuadrilla subían a su cuarto,
Se ajustaban a la cabeza los distintivos y se sentaban con mucha solemnidad.
Meg,
Por ser la mayor,
Era Samuel Pickwick,
Joe Agustin Snodgrass,
Beth Tracy Tubman y Amy representaba a Nathaniel Winkle.
Pickwick,
El presidente,
Leía el periódico lleno de cuentos originales,
Poesías,
Noticias locales,
Anuncios curiosos y notas sueltas,
Por las cuales se recordaban una a otra sus faltas y deficiencias.
En una ocasión,
El señor Pickwick se puso un par de gafas sin cristal,
Golpeó la mesa,
Tosió y después de encarar al señor Snodgrass,
Que no acababa nunca de poner derecha su silla,
Comenzó a leer El Cartapacio.
Al terminar el presidente la lectura,
Sonó una salva de aplausos,
Después de lo cual el señor Snodgrass se levantó para hacer una proposición.
Señor presidente,
Caballeros,
Comenzó adoptando un tono parlamentario,
Deseo proponer la admisión de un miembro nuevo.
Se trata de uno que bien merece el honor,
Que lo agradecería sinceramente,
Aumentaría en alto grado la animación de la cuadrilla,
El valor literario del periódico y el bienestar general.
Propongo como miembro honorario del CP al señor Theodore Lawrence.
Bien,
Vamos a dar la entrada.
El cambio súbito en la voz de Joe hizo reír a las chicas,
Pero todas se quedaron pensativas y ninguna dijo una palabra al tomar asiento Snodgrass.
Lo pondremos a votación,
Dijo el presidente.
Todos los que estén a favor de esta proposición tengan la bondad de manifestarlo diciendo sí.
Una fuerte respuesta de Snodgrass,
Seguida de otra tímida de Beth,
Sorprendió a todas.
Los que estén en contra digan no.
Meg y Amy votaron en contra y el señor Winkle se levantó para decir con mucha elegancia,
No queremos admitir muchachos,
No hacen más que bromear y brincar.
Esta sociedad es para señoras y deseamos que sea confidencial y propia.
Temo que se reirá mucho de nuestro periódico y se burlará de nosotras después.
Observó Pickwick,
Tirándose del bucle de la frente,
Como solía hacer cuando estaba indecisa.
Snodgrass se levantó de un salto y dijo con mucha seriedad.
Señor presidente,
Le doy mi palabra de honor que Lori no hará tal cosa.
Le gusta mucho escribir y elevará la calidad de nuestras producciones,
Evitando que sean demasiado sentimentales.
Comprenden,
Hacemos tan poco por él y él hace tanto por nosotras que lo menos que podemos hacer,
En mi opinión,
Es ofrecerle un asiento aquí y darle la bienvenida si acepta.
Esta hábil alusión a los beneficios recibidos hizo levantarse a Tupman completamente convencido.
Sí,
Debemos hacerlo,
Aunque tengamos miedo.
Digo que puede venir y su abuelo también si lo desea.
La cuadrilla quedó boquiabierta por esta animosa frase de Beth.
Joe se levantó para darle la mano en señal de aprobación.
Ahora votemos de nuevo y que todas recuerden que se trata de nuestro Lori y digan sí.
Gritó vivamente Snodgrass.
Sí,
Sí,
Sí.
Respondieron tres voces a la vez.
Bueno,
Que Dios se las bendiga.
Ahora,
Como hay que decir la ocasión por los cabellos,
Permítanme que les presente al miembro nuevo.
Y con espanto de las demás miembros de la cuadrilla,
Joe abrió la puerta del armario y mostró a Lori sentado en el saco de trapos,
Sofocado y liñando los ojos a fuerza de aguantar la risa.
¡Pícaro traidor!
¡Joe,
Cómo te has atrevido!
Exclamaron las tres muchachas mientras Snodgrass sacaba triunfalmente a su amigo y brindándole una silla y un distintivo le daba posesión en un santiamén.
La frescura de ustedes dos,
Pícaros,
Es inaudita.
Comenzó a decir el señor Pickwick,
Tratando de fruncir las cejas sin lograr otra cosa que producir una sonrisa amable.
Pero el nuevo miembro se puso a la altura de las circunstancias.
Saludando graciosamente al presidente,
Se levantó y dijo de la manera más sutil,
Señor presidente,
Señoras,
Perdonen,
Caballeros,
Permítanme presentarme como Sam Weller,
El humilde servidor de la sociedad.
Bien,
Bien,
Exclamó Joe,
Dando golpes con el mango del viejo calentador sobre el cual se apoyaba.
Mi fiel amigo y noble patrón,
Continuó Lori agitando la mano,
Que acaba de presentarme con elogios tan inmerecidos,
No merece ser censurado por la torpe estratagema de esta noche.
Yo la ideé y ella cedió después de muchas protestas.
Vamos,
No te eches toda la culpa.
Ya sabes que fui yo quien propuso lo del armario.
Interrumpió Snodgrass,
Que gozaba inmensamente de la broma.
No hagan caso de lo que dice.
Yo soy el traidor que lo hizo,
Señor,
Dijo el miembro nuevo,
Saludando al señor Pickwick a la manera de Sam Weller.
Pero,
Bajo mi palabra de honor,
No lo volveré a hacer y de aquí en adelante me consagraré a promover relaciones amistosas entre los países vecinos.
He establecido un buzón en el seto,
En el rincón más bajo del jardín.
Un edificio amplio y hermoso,
Con candados en las puertas y todo lo conveniente para el despacho de correos.
Es la vieja casa de las golondrinas,
Pero he cerrado la puerta y ha abierto el techo,
De manera que puede contener toda clase de objetos y evitarnos la pérdida de un tiempo precioso.
Cartas,
Manuscritos,
Libros y paquetes pueden depositarse en ella y,
Como cada país tiene una llave,
Creo que será muy útil.
Permítanme que presente la llave a la sociedad y que,
Repitiendo las gracias por vuestra benevolencia,
Tome asiento.
Calurosos aplausos sonaron cuando el señor Weller puso una llavecita sobre la mesa y tomó asiento.
El calentador resonó y se agitó locamente y pasó largo rato antes de que se restableciese el orden.
Siguió una larga discusión,
En la cual quedaron todas muy bien porque cada una hizo lo mejor que pudo.
Resultó,
Pues,
Una sesión más animada que de costumbre,
Que se prolongó bastante,
Levantándose con tres ruidosas aclamaciones al nuevo miembro.
Nadie se arrepintió de haber admitido a Sam Weller porque miembro más fiel,
Jovial o bien intencionado no podría encontrarse.
Ciertamente,
Dio más estímulo a las reuniones y aumentó el valor literario del periódico porque los miembros se reían a carcajadas de sus discursos y sus artículos eran de buena calidad,
Patrióticos,
Clásicos,
Cómicos o dramáticos,
Pero nunca sentimentales.
Joe los juzgaba dignos de Shakespeare,
Bacon o Milton,
Y se sintió impulsada a remoldear sus propios trabajos literarios con buen resultado en su opinión.
El Correo fue una excelente institución y floreció maravillosamente porque pasaban por él tantas cosas curiosas como por un correo de verdad.
Tragedias y corbatas,
Poesías y tarros de dulce,
Semillas para el jardín,
Cartas largas,
Música y pan de jengibre,
Galochas,
Invitaciones,
Regaños y perrillos.
El viejo señor gozaba del juego y se divertía enviando paquetes curiosos,
Comunicaciones misteriosas y telegramas cómicos.
Su jardinero,
Vencido por los encantos de Hannah,
Le envió una carta amorosa a cargo de Joe.
Cómo se rieron cuando se descubrió el secreto,
Sin imaginar las muchas cartas amorosas que el buzón estaba llamado a recibir en años venideros.
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