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Audiolibro Las Mujercitas se Casan Capítulo 6

by Yaima (Green Witch Meditation Guide)

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Disfruta esta historia para dormir. "Las mujercitas se casan" es la continuación de la novela "Mujercitas". Fue publicada en 1869 y transcurre tres años después. En Europa, ambos libros se editaron como un solo volumen. En esta obra romántica, su autora, Louisa May Alcott, narra las historias y aventuras de la familia March, donde las mujercitas se han convertidos en jóvenes mujeres, comienzan a experimentar el amor, y proyectan un proyectan un futuro con el hombre ideal con el cual se casarán.

Transcripción

Las Mujercitas se casan.

Escrito por Luisa May Alcott.

Narrado por Yaima Lorenzo.

Capítulo 6.

Visitas.

Vamos,

Joe,

A vestirse,

Que ya es hora.

¿Hora de qué?

No me digas que has olvidado tu promesa de hacer media docena de visitas conmigo esta tarde.

Muchas son las locuras y audacias que he cometido en mi vida,

Pero no creo haber estado nunca tan loca como para decir que haría seis visitas en un día,

Cuando una solamente que haga me postra por una semana.

Pues lo prometiste,

Joe,

No lo dudes.

Acuérdate que fue un pacto entre las dos.

Yo debía hacerte el retrato a lápiz de Beth y tú ibas a vestirte correctamente y retribuir las visitas de nuestros vecinos.

Si hacía buen tiempo,

Eso iba especificado en el contrato y yo me atengo al convenio,

Señor Chilock.

Como hay un respetable montón de nubes por el lado del este y no hace buen tiempo,

Quedo exenta de mi compromiso.

Eso es pura evasión,

Joe,

Y tú lo sabes muy bien.

Está precioso el día.

No hay ni miras de lluvia y siempre te van a glorias de ser fiel a tus promesas.

De modo que sé honorable,

Cumple con tu deber y ya quedarás libre por seis meses.

En ese tiempo,

Joe estaba entusiasmada con la costura,

Pues era modista general de la familia y hallabase satisfecha de saber manejar la aguja igual que la pluma.

Era irritante que la interrumpiesen en la preparación de una primera prueba y tener que salir a hacer visitas toda endomingada en un día de tanto calor.

Además,

Odiaba las visitas de etiqueta y jamás las hacía,

A menos que Amy la obligara con algún pacto,

Soborno o promesa de alguna clase.

En el caso presente,

No tenía escapada y habiendo arrojado con rebeldía las tijeras,

Protestando que hasta se olían ya los truenos,

Cedió por fin,

Guardó su costura y tomando su sombrero y sus guantes con aire resignado,

Anunció a Amy que la víctima estaba preparada.

¡Josephine Marsh,

Tú te estarudeces como para provocar a un santo!

Me imagino que no querrás salir a hacer visitas con esa facha,

Gritó Amy contemplando la azorada.

Y ¿por qué no?

Estoy limpia,

Fresca y cómoda,

Y mi vestimenta es perfectamente adecuada para hacer largas caminatas por los senderos polvorientos con este día de calor.

Si la gente se fija más en mi ropa que en mí misma,

No tengo el menor interés en visitarlos.

Tú puedes empaquetarte por las dos y ponerte tan elegante como desees.

A ti te sienta bien eso,

A mí no,

Y los firuletes y adornos solo consiguen fastidiarme.

¡Oh,

Dios mío!

Así que estamos con espíritu de llevar la contraria,

¿eh?

Ahora no conseguiré nunca que te prepares decentemente.

Tampoco a mí me hace ninguna gracia ir hoy,

Pero es una deuda que tenemos con la sociedad,

Y únicamente tú y yo podemos pagarla.

Haré cualquier cosa que me pidas,

Joe,

Con tal que te arregles como es debido y me ayudes a cumplir nuestros deberes sociales.

Tú sabes hablar tan bien y tienes un aspecto tan aristocrático cuando te vistes con tus mejores galas,

Sin contar con lo exquisito de tu comportamiento cuando te lo propones,

Que me da mucho orgullo salir contigo y me asusta ir sola.

Así que tienes que venir.

Eres una gatita astuta al adular y engatusar a tu hermana gruñona de esa manera.

¿Quién te va a creer eso de que yo sea aristocrática y bien educada y que tú tengas miedo de ir sola a ninguna parte?

No sé cuál de las dos ideas es más absurda.

Bueno,

Iré si es preciso y haré las cosas lo mejor que pueda.

Tú serás el comandante de la expedición y yo obedeceré ciegamente.

¿Estás satisfecha?

Dijo entonces Joe con un repentino viraje de humor.

Eres un perfecto querubín.

Ahora ve y ponte tu mejor vestido y yo te diré cómo has de comportarte en cada casa si es que quieres hacer buena impresión.

Quiero que le gustes a la gente y así sería con solo preocuparte tú de ser agradable.

Péinate de ese modo tan tentador que tú sabes y ponte el pinpollo rosa en el sombrero.

Eso alegrará algo tu ropa oscura.

Mientras se vestía,

Amy dictaba órdenes y Joe las obedecía,

No sin dejar registradas su protesta.

Sin embargo,

Solo con suspiros y mucha dificultad logró entrar en su vestido nuevo de organdí.

Me siento perfectamente desdichada,

Pero si tú crees que así estoy bien,

Moriré contenta.

Sumamente presentable.

Muévete despacito y deja que te inspeccione bien.

Joe dio vueltas y Amy prosiguió.

Sí,

Estás muy bien.

Echa los hombros para atrás y lleva las manos sueltas por más que te ajusten los guantes.

Tú eres un objeto de belleza y un placer sempiterno,

Dijo Joe mirándola con aire de entendida y admirando el efecto de la pluma azul contra el pelo dorado.

Por favor,

Señora,

Dígame usted si debo arrastrar mi mejor vestido por el suelo o levantarlo.

Recógelo cuando caminas en la calle,

Pero déjalo suelto dentro de la casa.

A ti te va bien el estilo majestuoso y debes aprender a arrastrar con gracia tus faldas.

¿Te falta botonar un puño?

Hazlo enseguida,

Por favor.

Nunca parecerás bien vestida si descuidas un solo detalle,

Pues son los pormenores pequeños los que completan el conjunto.

Joe suspiró y botonó el puño.

Y por fin estuvieron listas y salieron juntas,

Tan bonitas como pinturas,

Según el veredicto de Hannah,

Que se asomó por la ventana de arriba para mirarlas.

Veamos ahora,

Joe.

Los Chester son los primeros de la lista.

Es gente que se precia de su elegancia,

Así que quiero que asumas allí tu mejor comportamiento.

No salgas con alguno de tus exabruptos ni hagas nada raro,

¿sabes?

Simplemente conserva la calma,

Sé serena y habla poco.

¿No te será difícil portarte así durante un cuarto de hora?

Aconsejó Amy al llegar a la primera casa.

Veamos,

Veamos.

Serena,

Reposada y silenciosa,

¿eh?

Sí,

Creo que puedo prometértelo.

Pues una vez representé en el teatro el papel de una muchacha remilgada y ahora lo volveré a hacer.

Tú no sabes de lo que soy capaz,

Pero déjame y verás.

Amy pareció conforme,

Pero la pícara Joe la tomó al pie de la letra y durante la primera visita se quedó sentada con sus miembros en perfecto reposo y cada pliegue de su vestido cayendo graciosamente.

Serena y reposada como un banco de nieve y tan callada como la esfinge.

Fue inútil que la señora Chester se refiriera a su encantadora novela y que las señoritas Chester introdujeran temas variados como fiestas,

Picnics,

La ópera y las modas.

Todos y cada uno fueron contestados con una sonrisa,

Un saludito y un tímido sí o no con un poco de hielo de yapa.

Fue en vano que Amy le telegrafiase,

Habla y que tratase de sonsacarle.

Le administrase golpecitos disimulados con el pie.

Ahí se quedaba Joe como si todo aquello no ocurriese y su comportamiento fue como el rostro de Maud,

Heladamente correcto,

Espléndidamente paralizado.

Qué persona altanera y poco interesante es la mayor de las Marsh.

Fue el veredicto desgraciadamente audible de una de las señoras de la casa al cerrarse la puerta tras las visitas.

Joe se rió en silencio al atravesar el hall,

Pero Amy estaba muy mortificada con el fracaso de sus instrucciones y,

Naturalmente,

Le echó la culpa a Joe.

¿Cómo pudiste entenderme tan mal?

Solo quería que actuases con compostura y dignidad y no que te quedaras tiesa como un palo.

Trata de ser sociable en lo de Lamb,

Chismorrea como las demás chicas y toma interés en las modas,

Los flirts o cualquier otra cosa que se hable por tonta que te parezca.

Son gente que actúa en la mejor sociedad y nos puede ser muy valiosa su amistad.

Por nada querría dejar allí una mala impresión.

Me mostraré agradable,

Chismorrearé y echaré risitas y me horrorizaré o extasiaré como hacen ellas a propósito de cualquier tontería.

Eso me gusta.

La tendría May Shester de modelo.

Verás si no dicen,

Qué muchacha simpática y animada es Joe Marsh.

Amy estaba inquieta,

Sin embargo,

Y tenía razón,

Pues cuando Joe se ponía juguetona no se sabía a dónde iría a parar.

Había que ver el rostro de Amy al deslizarse su hermana en la sala de los Lamb.

Besar con efusión a todas las chicas,

Sonreír afablemente a los caballeros y tomar parte en la charla con gran espíritu.

De Amy se posesionó la señora Lamb,

Pues le tenía especial preferencia,

Y la chica se vio obligada a escuchar el largo relato sobre el último ataque de Lucrecia,

Mientras tres encantadores jóvenes la rondaban,

Esperando el momento de ir a salvarla.

En tal situación,

Le fue imposible frenar a Joe,

Que parecía poseída del espíritu de travesura y hablaba con tanta volubilidad como la dueña de casa.

Había un montón de cabezas a su alrededor y Amy abusaba el oído para enterarse de lo que ocurría,

Pues las frases que llegaba a escuchar la alarmaban bastante.

Podemos imaginar su sufrimiento al enterarse de diálogos como el siguiente.

Es una jinete magnífica.

¿Quién le enseñó a cabalgar?

¿Nadie?

Solía practicar sosteniendo las riendas y sentándose bien derecha en una vieja montura sobre un árbol.

Ahora puede cabalgar cualquier animal,

Pues no sabe lo que es miedo,

Y el dueño de la caballeriza le deja baratos los caballos porque ella se los entrena muy bien para conducir señoras.

Tiene tal pasión por los caballos que suelo decirle que si le falta todo lo demás,

Puede ganarse la vida domando potros.

Al oír semejante horror,

Amy pudo a duras penas contenerse,

Pues estaba creando la impresión de que ella era audaz y despreocupada,

Que era precisamente lo que más odiaba en una señorita.

Pero,

¿qué podía hacer la pobre Amy?

La señora estaba solo en mitad de su relato y mucho antes que hubiese terminado Joe,

Ya había empezado otra conversación revelando quién sabe qué cosas cómicas de sus vidas privadas.

Sí,

Aquel día Amy estaba desesperada porque todos los caballos buenos habían sido alquilados.

¿Y qué hizo?

Preguntó uno de los risueños caballeros a quien interesaba mucho el tema.

Se enteró de que había un potrillo en una granja del otro lado del río que nunca había sido montado por una mujer.

Amy resolvió probarlo porque era brioso y de buena estampa.

Sus luchas fueron patéticas porque no había quién lo ensillase.

Ella misma llevó la montura a remo por el río,

Se la puso sobre la cabeza y marchó así hasta el galpón ante el asombro del viejo dueño del caballo.

Y lo montó por fin.

Ya lo creo que sí,

Y se divirtió la mar.

Joe esperaba verla traer a casa en pedacitos,

Pero no señor.

Lo manejó admirablemente y fue el alma de la fiesta.

Bueno,

Eso es lo que yo llamo coraje,

Expresó el joven lam volviéndose a mirar a Amy con aprobación y preguntándose qué podía estar diciendo su madre a la muchacha para que estuviese tan roja.

Todavía se puso más colorada y se sintió más incómoda al rato cuando un giro de la conversación introdujo el tema de los vestidos.

Una de las señoritas preguntó a Joe dónde había comprado el bonito sombrero marrón claro que había llevado al picnic y la estúpida de Joe,

En lugar de mencionar el nombre de la tienda donde fue comprado hacía dos años,

Tuvo que responder con franqueza innecesaria.

Oh,

Amy lo pintó.

No se pueden conseguir esos tonos suaves,

Así que nosotros los pintamos del color que queremos.

Es una gran cosa tener una hermana artista.

Pues me parece una idea muy original,

Pronunció la mayor de las señoritas lam que encontraba a Joe muy divertida.

Eso no es nada comparado con algunas de las demás cosas que ejecuta.

No hay nada que no sepa hacer esa chica.

Para la fiesta de Sally Moffat quería tener zapatos azules,

Así que pintó los viejos blancos de ella del tono más precioso de celeste que habréis visto nunca y quedaron exactamente como si hubiesen sido de raso,

Agregó Joe con tal aire de orgullo por los logros de su hermana que sólo consiguió exasperar a Amy,

Quien tuvo ganas de arrojarle su carné de tarjetas para aliviar su indignación.

El otro día leímos un cuento suyo y nos gustó muchísimo.

Observó la mayor de las lam deseando cumplimentar a la dama de letras que en ese momento,

Debemos decirlo,

No lo parecía en absoluto.

Cualquier referencia a sus obras a Joe hacía mal efecto y se ponía tiesa y tomaba aspecto ofendido,

O cambiaba de tema con alguna observación brusca como la que hizo ahora.

Siento que no encontrase usted nada mejor que leer.

Sólo escribo esas tonterías porque se venden y el común de la gente gusta de ellas.

¿Irá usted a Nueva York este invierno?

Como la señorita Lam había disfrutado de veras con el cuento de Joe,

Semejante frase no era ni agradecida ni halagadora.

Joe se dio cuenta en el mismo minuto de haberlo dicho,

Pero temiendo empeorar las cosas,

Recordó de repente que a ella correspondía la iniciativa de retirada,

Y así lo hizo tan abruptamente que dejó a la gente con frases a medio terminar.

Amy,

Tenemos que irnos.

Adiós,

Querida.

No deje de venir a vernos.

Nos morimos por las visitas.

No me animo a pedírselo a usted,

Señor Lam,

Pero si viniera,

No creo que tuviese alma de despedirlo.

Joe dijo todo aquello con una imitación tan fiel y cómica,

Del modo demasiado efusivo de Mae Shester,

Que Amy abandonó la habitación tan pronto como pudo,

Sintiendo terribles ganas de llorar y reír al mismo tiempo.

¿Verdad que lo hice muy bien?

Preguntó Joe con aire satisfecho cuando se alejaban.

No podías haber estado peor.

Fue la respuesta aplastante de Amy.

¿Cómo se te ocurrió contar todas esas historias de mi montura y de los sombreros y los zapatos y todo lo demás?

¿Por qué es divertido y la gente se entretiene?

Ya saben que somos pobres.

¿De qué sirve entonces pretender que tenemos caballerizos,

Nos compramos tres o cuatro sombreros por estación y obtenemos las cosas con tanta facilidad o tan buenas como las de ellas?

No hay necesidad de revelar todos nuestros trucos exponiendo nuestra pobreza.

No tienes ni un ápice de amor propio y nunca aprenderás cuándo debes callarte la boca y cuándo hablar,

Concluyó Amy con desesperación.

La pobre Joe parecía avergonzada y en silencio se restregaba la punta de la nariz con el pañuelo áspero como si quisiera hacer penitencia por haberse portado mal.

¿Cómo me tengo que portar aquí?

Preguntó cuando se acercaban a la tercera mansión.

Como se te antoje,

Yo me lavo las manos.

Fue la concisa respuesta de Amy.

Entonces me voy a divertir.

Los muchachos están en casa y lo vamos a pasar muy cómodos.

Una entusiasta bienvenida por parte de tres muchachos grandes y varios preciosos chiquillos suavizaron el espíritu alterado de Joe,

Dejando a Amy que entretuviera a la dueña de casa y al señor Tudor que se encontraba allí de visita.

Joe se dedicó a la gente joven y encontró el cambio muy edificante.

Con sumo interés escuchó historias de escolares,

Acarició sin murmurar perros,

Fachones y de lanas.

Estuvo completamente de acuerdo en que Tom Brown era un tipo estupendo,

Sin prestar atención a la forma poco elegante del elogio.

Y cuando uno de los chicos propuso visitar su tanque de tortugas,

Joe se levantó con una celeridad que hizo que la mamá de la casa le sonriera agradecida por prestar tanta atención a sus chicos.

Dejando a su hermana librada a sus propios medios,

Amy procedió a divertirse con todo su corazón.

El tío del señor Tudor se había casado con una dama inglesa que era prima tercera de un lord y Amy consideraba con gran aquella familia porque,

Pese a su nacimiento y educación americanos y democráticos,

Poseía esa reverencia por los títulos de que la mayoría de nosotros está bien atacada.

Pero ni aún la satisfacción de hablar con un pariente lejano de la nobleza inglesa hizo que Amy se olvidase del tiempo.

Y cuando hubo pasado el reglamentario número de minutos,

Se arrancó de mala gana de tan aristocrática sociedad y se puso a buscar a Joe,

Deseando con fervor que su hermana no fuera a encontrarse en una situación que pudiese significar un bochorno para el nombre Marsh.

Podía haber sido peor,

Pero Amy la consideró bastante mala,

Pues Joe,

Sentada en el césped con un campamento de muchachos a su alrededor y un perro de patas embarradas sentado en su falda,

Y tenía puesto su mejor vestido de fiesta,

Contaba una de las travesuras de Lori a su admirativo auditorio.

Uno de los pequeños se empujaba a las tortugas con la sombrilla preciosa de Amy,

Otro comía torta y caían las migas sobre el mejor sombrero de Joe,

Y un tercero jugaba al fútbol con una pelota hecha con sus guantes.

Pero todo se divertía mucho y cuando Joe se levantó a recoger sus estropeadas pertenencias para marcharse,

Su caballero la acompañó rogándole que viniese otro día porque era muy divertido enterarse de las parrandas de Lori.

¡Magníficos muchachos!

¡No es verdad!

¡Me hacen sentir joven y ágil otra vez!

Decía Joe caminando con las manos atrás,

En parte por hábito,

Pero también para esconder a los ojos de Amy la sombrilla llena de salpicaduras.

¿Por qué evitas siempre al señor Tudor?

Preguntó Amy,

Omitiendo con sabia prudencia toda alusión al aspecto ruinoso del atuendo de su hermana.

No me gusta.

Se da muchos airetes,

Desprecia a sus hermanas,

Preocupa a su padre y no habla con respeto de su madre.

Lori dice que es algo disoluto y como no lo considero un dato deseable,

Lo dejo en paz.

Eso es todo.

¿Podías por lo menos tratarlo cortesmente?

Apenas si le hiciste la más fría y somera inclinación,

Cuando en cambio ahora saludaste y sonreíste con la mayor amabilidad a Tomás Chamberlain,

Cuyo padre tiene almacén.

Si hubieses invertido los papeles,

Habrías estado mejor,

Dijo Amy en tono reprobatorio.

Nada de eso,

Replicó Joe una vez más en la contraria.

Ni me gusta,

Ni respeto ni admiro a Tudor,

Por más que la sobrina del sobrino del tío de su abuelo fuera prima tercera de un lord.

Es inútil tratar de discutir contigo.

Comenzó Amy.

Completamente inútil,

Querida,

Interrumpió Joe.

Así pues,

Pongamos cara amable y dejemos aquí una tarjeta,

Ya que evidentemente los King no están en casa.

Habiendo llenado su función el portatarjetas de la familia,

Las muchachas siguieron su camino y Joe tuvo ocasión de elevar otra acción de gracias al llegar a la quinta casa,

Donde les dijeron que las señoritas estaban ocupadas.

Volvámonos a casa,

Amy,

Y dejemos a tía Marge para otro día.

Podemos visitarla en cualquier momento y es una lástima arrastrar por el camino polvoriento nuestros mejores trapitos.

Máxime cuando ya estamos cansadas y de mal humor.

Habla por ti misma,

Por favor.

A tía le gusta que le hagamos el cumplido de vestirnos bien para hacerle una visita de etiqueta.

Es poca cosa,

Pero a ella le complace y no creo que se te vaya a dañar tu ropa ni la mitad que dejándotela estropear por sucios perros o chicos torpes.

Agáchate y deja que te saque las migas que tienes en el sombrero.

Qué buena eres,

Amy,

Dijo Joe con una mirada de arrepentimiento que recorrió desde su ropa estropeada a la de Amy,

Tan impecable como cuando habían salido.

Ojalá fuese para mí tan fácil hacer aquello que gusta a la gente como te es a ti.

Amy sonrió y se ablandó enseguida,

Diciendo con aire maternal,

Las mujeres deben aprender a hacerse agradables y muy especialmente las que son pobres,

Puesto que no tienen otros medios de retribuir las bondades que reciben.

Siempre he sido una gran regañona y lo seguiré siendo,

Aunque admito que tienes razón.

Sólo que a mí me es más fácil aún arriesgar la vida por alguien que hacérmela agradable cuando no tengo ganas de cumplidos.

Es una gran desventaja que las cosas nos gusten o nos disgusten con tal intensidad,

¿no es cierto?

Lo peor es no saber disimularlo.

Tampoco yo apruebo la conducta de Tudor,

Igual que tú,

Pero creo que no me incumbe a mí decírselo,

Así como tampoco te corresponde a ti.

¿Y qué se gana con hacerse desagradable porque lo sea él?

Pues yo creo que las chicas tienen que mostrar su desaprobación de un muchacho y no veo de qué otro modo pueden hacerlo más que con su comportamiento hacia ellos,

Ya que de nada sirve sermonearlos,

Como demasiado lo sé desde que he debido manejar a Teddy.

Tengo en cambio pequeños modos de influir sobre él sin decir una sola palabra,

Y me parece que lo mismo podríamos hacer con otros muchachos si se presenta la oportunidad.

Teddy es un muchacho extraordinario y no puede tomarse como patrón de prueba,

Y Amy se expresaba con un tono tan solemne de convicción que hubiese convulsionado de risa al muchacho extraordinario si hubiese podido oírla.

Si fuéramos grandes bellezas o mujeres de gran posición o fortuna,

Quizás podríamos lograr algo,

Pero tratándose de nosotras no tendría el m��s mínimo efecto mirarse ennudamente a un grupo de muchachos porque no los aprobamos,

Y sonreír a otros porque nos guste lo que hacen.

Solo lograríamos que nos considerasen raras o puritanas.

Así que tenemos que apoyar a gente que detestamos nada más que porque no somos bellezas o millonarias.

¡Vaya una moralidad!

No sé discutirte sobre ese asunto.

Solo sé que así pasan las cosas en este mundo,

Y lo único que conseguirá quien quiera oponerse será prestarse al ridículo.

Tú perteneces al grupo antiguo,

Y yo al nuevo.

A ti te va a ir mejor en la vida,

Pero es probable que yo me divierta más.

Bueno,

Componte ahora y no inquietes a ti a Marsh con tus ideas nuevas.

Siempre trato de no hacerlo,

Pero parezco poseída de algún espíritu que me hace salir con alguna frase abrupta o alguna idea revolucionaria.

Es mi destino y no lo puedo remediar.

Encontraron a tía Carol con la anciana,

Ambas absortas en un asunto al parecer muy interesante.

Se interrumpieron al entrar las chicas,

Y su aspecto algo corrido mostraba a las claras que las sobrinas habían sido el tema de su conversación.

Jo no estaba de buen humor,

Sino colocada de nuevo en la posición de llevar la contra,

Que le era tan frecuente.

En cambio,

Amy,

Que había cumplido concienzudamente con sus deberes sociales sin perder los estribos y dando gusto a todo el mundo,

Estaba en estado de ánimo verdaderamente angelical.

Este espíritu afable se advirtió enseguida,

Pues las dos señoras empezaron a decirle querida con todo afecto,

Reflejando claramente lo que más tarde comentaron entre ellas.

Esa criatura mejora cada día.

¿Vas a ayudar en la kermese,

Querida?

Preguntó tía Carol cuando Amy se sentó a su lado,

Con aquel aire de confianza que las personas mayores valoran tanto en los jóvenes.

Sí tía,

Me invitó la señora Chester y yo me ofrecí para atender un kiosco,

Ya que no tengo otra cosa que mi tiempo con que contribuir.

Pues yo no,

Interpuso Jo con decisión.

Odio que me traten con aire protector,

Y los Chester se creen que nos hacen un favor con dejarnos ayudar en su aristocrática feria.

Me asombra que tú te prestes,

Amy,

Ya que lo único que quieren ellos es hacerte trabajar,

Y lo haré de muy buena gana.

La feria es un beneficio,

Y creo que es amable de parte de ellos que me permitan participar de la tarea y también de la diversión.

La protección no me molesta cuando me la brindan con buena intención.

Muy bien,

Querida,

Así se debe pensar,

Y me complace tu espíritu agradecido,

Pues da mucho placer ayudar a quien sabe apreciar nuestros esfuerzos.

Hay quien no lo hace,

Y eso molesta.

Observó tía Marge mirando por encima de sus anteojos a Jo,

Que se había sentado algo aparte y se amacaba con expresión malhumorada.

Si Jo hubiese siquiera sospechado la gran felicidad que estaba jugándose en la balanza para una de ellas dos,

Se hubiera puesto en el acto mansa como una paloma.

Pero,

Desgraciadamente,

No tenemos ventanas en el pecho y no podemos saber lo que está pasando en la cabeza de los demás.

A mí no me gustan los favores,

Me oprimen y me hacen sentir como una esclava.

Prefiero hacer todo por mí misma y ser completamente independiente.

Tosió tía Carol despacito echando una mirada a la tía Marge.

¿Te lo había dicho?

Inconsciente,

Por suerte,

De haber hecho nada malo,

Jo siguió amacándose con la nariz al aire y un aspecto revolucionario que no tenía nada de atrayente.

¿Qué tal anda tu francés,

Querida?

Preguntó la señora Carol poniendo su mano sobre la de Amy.

Bastante bien,

Gracias a tía Marge que me permite hablar con Esther cuantas veces quiera,

Respondió Amy con una mirada agradecida que hizo sonreír afablemente a la anciana.

¿Y tú cómo estás en idiomas?

Preguntó entonces la señora Carol a Joe.

No sé ni una palabra,

No tengo paciencia para estudiar y no puedo soportar el francés,

Es un idioma resbaladizo y tonto.

Fue la respuesta poco amable de Joe.

Entre las dos señoras se cruzó otra mirada y la tía Marge dijo luego a Amy.

Ahora estás muy bien,

¿verdad,

Querida?

Creo que estás bien fuerte y que ya no tienes molestias en los ojos,

¿eh?

Ya no me molesta en nada,

Gracias,

Tía.

Me siento muy bien y pienso hacer grandes cosas este invierno.

Así podré estar preparada para ir a Roma cuando llegue esa feliz oportunidad.

Muy bien,

Criatura,

Lo mereces y estoy segura de que algún día has de ir,

Dijo entonces la tía Marge con una caricia probatoria a la cabeza de Amy al agacharse esta para recogerle el ovillo de lana.

Gruñona,

No busques placer,

Siéntate al fuego a tejer.

Chilló Polly,

El loro de tía Marge,

Bajándose de su alcándara para espiar la cara de Joe con aire tan cómico que fue imposible no soltar la risa.

Qué pájaro tan observador,

Dijo la anciana.

¿Vienes a pasear,

Querida?

Gritó Polly yéndose a saltitos hasta el armario de la loza con una mirada que pedía gritos azúcar.

Gracias,

Así lo haré.

Vamos,

Amy.

Y Joe puso fin a la visita,

Cada vez más convencida de que esa actividad tenía un efecto fatal en ella.

Se despidió con varoniles apretones de mano,

Pero Amy besó a las dos tías y las muchachas dejaron tras ellas una impresión de sombra que hizo exclamar a la tía Marge en cuanto las chicas desaparecieron de su vista.

Es mejor que lo hagas enseguida,

María.

Yo pondré el dinero.

Y la tía Carol añadió,

Ya lo creo que lo haré,

Siempre que el padre y la madre lo consientan.

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