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Audiolibro Alicia en el País de las Maravillas Capítulo 10

by Yaima (Green Witch Meditation Guide)

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Disfruta esta historia para dormir. "Alicia en el país de las maravillas" es una obra literaria creada por el matemático y escritor británico Charles Lutwidge Dodgson, bajo el seudónimo Lewis Carroll. Fue publicada en 1865. La novela contiene alusiones satíricas a los amigos de Dodgson, a la educación inglesa y a temas políticos de la época. El país de las maravillas es creado, fundamentalmente, a través de juegos de lógica, tan particulares, que la obra ha gozado durante décadas de una popularidad extraordinaria, en los públicos más variados, y ha sido llevada varias veces al cine y la animación. Aunque es considerado, primariamente, un libro infantil; resulta muy atractivo para los adultos -y numerosos ensayos aseveran que este es su verdadero público o, al menos, el que realmente puede comprenderlo en profundidad-, por los temas que aborda y la manera en que son recreados.

Transcripción

Alicia en el País de las Maravillas Escrito por Luis Carroll Narrado por Jaima Lorenzo Capítulo 10 La cuadrilla de la langosta La símil tortuga suspiró profundamente y se cubrió los ojos con una de las aletas.

Miró a Alicia y trató de hablar,

Pero durante un buen rato la ahogaron los sollozos.

—¿Ni que se hubiese atragantado con una espina?

Dijo el grifo y se puso a sacudirla y a golpearle la espalda.

Por fin,

La símil tortuga recuperó la voz y siguió diciendo mientras las lágrimas le corrían por las mejillas.

—Tal vez usted no haya vivido mucho tiempo en el fondo del mar.

—Tiene razón,

Dijo Alicia,

Y tal vez ni siquiera le hayan presentado jamás a una langosta.

Alicia empezó a decir,

—Una vez probé,

Pero se controló rápidamente,

Y dijo,

—No,

Nunca.

—De modo que es posible que no tenga ni la menor idea de lo deliciosa que es la cuadrilla de la langosta.

—Claro que no,

Dijo Alicia.

¿Qué clase de baile es ese?

—Bueno,

Dijo el grifo,

—Primero hay que alinearse en la costa.

—¿En doble fila?

Gritó la símil tortuga.

—Focas,

Tortugas,

Salmones y demás.

—Después,

Cuando ya se sacaron las medusas del camino,

—Eso lleva su tiempo,

Interrumpió el grifo.

—Hay que avanzar dos pasos,

Cada uno con una langosta como pareja,

—gritó el grifo.

—Claro,

Dijo la símil tortuga.

—Avanzar dos pasos,

Formar parejas,

Cambiar langostas y retirarse en el mismo orden,

—completó el grifo.

—Después,

Ya se sabe,

—retomó la símil tortuga.

—Tirar las langostas,

—gritó el grifo,

Pegando un brinco en el aire.

—Al mar,

Lo más lejos posible.

—A nadar tras ellas,

—chilló el grifo.

—Dar una voltereta en el mar,

—gritó la símil tortuga con cabriolas enloquecidas.

—Cambiar de langostas otra vez,

—aulló el grifo,

Desgañitando la voz.

—¡Vuelta a la tierra ahí!

Fin de la primera figura,

—dijo la símil tortuga,

Bajando de golpe la voz.

Y las dos criaturas,

Que habían estado saltando como locas todo el tiempo,

Se volvieron a sentar muy tristes y quietas,

Y miraron a Alicia.

—Debe de ser un baile muy lindo,

—dijo Alicia tímidamente.

—¿Te gustaría una pequeña demostración?

—Claro que sí,

—dijo Alicia.

—Vamos,

—le dijo la símil tortuga al grifo.

—A ver si nos sale la primera figura.

—Se puede hacer sin langostas,

¿no?

—¿Quién canta?

—Canta tú,

—dijo el grifo.

Yo me olvidé la letra.

De modo que comenzaron a danzar solemnemente,

Dando vueltas y vueltas alrededor de Alicia,

Pisándole la punta de los pies de tanto en tanto,

Cuando pasaban demasiado cerca,

Y agitando las manos para marcar el tiempo,

Mientras la símil tortuga cantaba muy lenta y tristemente.

La merluza le decía,

—¡Apúrate!

Aún caracol.

El delfín ya está aquí cerca,

Y la cola me pisó.

Las tortugas,

Las langostas ya empezaron a avanzar.

Nos esperan en la costa.

Ven y vamos a bailar.

¿A que sí?

¿A que no?

¿A que sí?

¿A que no?

Ven y vamos a bailar.

¿A que sí?

¿A que no?

¿A que sí?

¿A que no?

Ven y vamos a bailar.

No puedes imaginarte lo que vas a disfrutar cuando nos arrojen lejos con las langostas al mar.

—Es muy lejos —dijo el otro con ojos de recular.

Agradeció a la merluza.

Prefería no bailar.

No quería.

No podía.

No quería.

No podía.

Prefería no bailar.

No quería.

No podía.

No quería.

No podía.

Prefería no bailar.

—¿Y qué importa ir tan lejos?

Insistió otra vez el pez.

Más allá hay otra costa.

Es muy cierto.

Vas a ver.

Si te alejas de Inglaterra,

Más cerca de Francia estás.

No tiembles,

Caracolito.

Ven y vamos a bailar.

¿A que sí?

¿A que no?

Ven y vamos a bailar.

¿A que sí?

¿A que no?

¿A que sí?

¿A que no?

Ven y vamos a bailar.

—Gracias.

Es un baile muy lindo de ver —dijo Alicia,

Contenta de que por fin hubiese terminado.

Y como me gustó esa extraña canción acerca de la merluza —¡Oh!

Hablando de merluzas —dijo la símil tortuga— supongo que habrás visto alguna.

—Sí —dijo Alicia—.

Vi muchas en la mez y se interrumpió de golpe.

—No tengo idea de dónde queda la mez —dijo la símil tortuga— pero si viste tantas,

Supongo que sabrás cómo son.

—Creo que sí —respondió Alicia,

Pensativa—.

Tienen la cola en la boca y están cubiertas de miguitas de pan.

—Te equivocas con respecto a las miguitas —dijo la símil tortuga—.

Las miguitas se les saldrían en el mar.

En cambio,

Si es verdad que tienen la cola en la boca y eso porque.

.

.

Al llegar aquí,

La símil tortuga bostezó y cerró los ojos.

—Cuéntale ese asunto —le dijo al grifo—.

Lo que pasó —dijo el grifo— fue que resulta que fueron nomás a bailar con las langostas y resulta que las tiraron al mar y resulta que cayeron lejos y resulta que se metieron enseguida la cola en la boca y no la pudieron volver a sacar.

Eso es todo.

—Gracias —dijo Alicia—.

Es muy interesante.

Nunca antes me había enterado de tantas cosas acerca de las merlusas.

—Puedo contarte más si te interesa —dijo el grifo—.

¿A qué no sabes por qué son blancas las merlusas?

—No sé.

Nunca se me ocurrió preguntar —dijo Alicia—.

¿Por qué?

—Para lustrar los zapatos —dijo el grifo— con aire solemne.

Alicia se quedó intrigadísima.

—Para lustrar los zapatos —repitió sin entender.

—Claro.

¿Con qué lustras tus zapatos?

Alicia lo miró y pensó un poco antes de responder.

—Creo que les pasan negro de betún.

Y bueno,

Siguió diciendo el grifo con voz profunda.

—En el mar nos lustramos los zapatos con blanco de merlusas.

Ahora ya lo sabes.

¿Y de qué están hechos los zapatos?

—preguntó Alicia—.

Muy curiosa.

—De mero y anzuelas.

Cualquier camarón lo sabe.

—Si yo hubiese sido la merlusa —dijo Alicia— que seguía pensando en la canción.

Le habría dicho al delfín.

—Quédate atrás,

Por favor.

No queremos que vengas con nosotros.

—¿Es que tiene que llevarlo?

—dijo la símil tortuga.

—Ningún pez sensato iría a ningún lado sin un delfín.

—¿Ah,

No?

—se sorprendió Alicia.

—Claro que no —dijo la símil tortuga.

Por ejemplo,

Si yo me encontrase con un pez y él me contase que está por irse de viaje,

Yo le diría,

¿con qué delfín?

—No querrá usted decir,

¿con qué fin?

—preguntó Alicia.

—Yo quiero decir lo que digo —respondió la símil tortuga con tono ofendido.

Y el grifo agregó.

—A ver,

¿por qué no nos cuentas algunas de tus aventuras?

—¿Podría contarles mis aventuras desde esta mañana?

—dijo Alicia con cierta timidez.

—Pero no vale la pena remontarse ayer,

Porque ayer yo era otra persona.

—¿Explícate?

—dijo la símil tortuga.

—No,

No.

Primero las aventuras —dijo el grifo impaciente.

Las explicaciones no terminan nunca.

De modo que Alicia empezó a contarle sus aventuras desde el momento en que vio por primera vez al conejo blanco.

Se sintió un poco nerviosa,

Al menos al empezar.

Tanto fue lo que se le acercaron las dos criaturas,

Y tan grandes abrieron los ojos y la boca.

Pero se armó de coraje y siguió.

Los oyentes se quedaron en perfecto silencio hasta que Alicia llegó a la parte esa en que había tenido que repetir —Eres viejo,

Padre William— a la oruga.

Y las palabras habían salido distintas.

La símil tortuga aspiró profundamente y dijo —Eso sí que es raro.

—¿Más raro imposible?

—dijo el grifo.

—Salió todo distinto —repitió pensativa la símil tortuga.

—Me gustaría verlo.

Que repita algo.

Dile que empiece.

Miró al grifo como si considerase que este tuviese algún tipo de autoridad sobre Alicia.

—Ponte de pie y repite.

Es la voz del perezoso —gritó el grifo.

—¡Qué manía tienen todas estas criaturas de andar dándole órdenes a una!

—pensó Alicia.

—A fin de cuentas,

¿es como estar en la escuela?

Sin embargo,

Se puso de pie y empezó a repetir la poesía.

Pero tenía la cabeza tan ocupada con la cuadrilla de la langosta que casi no se daba cuenta de lo que decía.

Y las palabras salían de manera extraña.

—¡Es la voz de la langosta!

—que decía.

Y yo escuché.

Me han tostado demasiado.

Mi pelo azucararé.

Lo que el pato con los párpados,

Él con la nariz va a hacer.

Botones y cintua brocha abre puntas de los pies.

Cuando la arena está seca,

Feliz como alondra está,

La oigo hablar con gran desprecio del tiburón de alta mar.

Cuando sube la marea y se acerca el tiburón,

La escucho hablar suavecito,

Le va temblando la voz.

—La que yo recitaba cuando era chico no sonaba así —gritó el grifo.

—Bueno,

Es la primera vez que la escucho —dijo la símil tortuga,

Pero parece muy disparatada.

Alicia no dijo nada.

Se había sentado en el suelo con la cara entre las manos preguntándose si alguna vez las cosas iban a volver a suceder de una manera natural.

—Me gustaría que me lo explicasen —dijo la símil tortuga.

—¿Ella no te lo puede explicar?

—se apresuró a decir el grifo.

—Sigue con la otra estrofa.

—¿Pero cómo es ese asunto de las puntas de los pies?

—insistió la símil tortuga.

—¿Cómo hizo para abrirlas con la nariz?

—Es la primera posición en la danza —dijo Alicia,

Pero en realidad estaba espantosamente intrigada por todo ese asunto y ansiosa por cambiar de tema.

—Adelante con la otra estrofa —repitió el grifo.

—¡Empieza!

Pasé junto a sus jardines.

Alicia no se atrevía a desobedecer,

Aunque estaba convencida de que le iba a salir todo mal y siguió diciendo con voz temblorosa.

—Pasé junto a sus jardines y con un solo ojo vi cómo el búho y la pantera pastel van a compartir.

A la pantera le toca carne y masa del pastel y el pobre búho,

En cambio,

Solo el plato va a lamer.

El pastel ya terminado,

Al búho se le dejó,

Que guardara la cuchara en graciosa concesión.

El tenedor y el cuchillo la pantera recibió y terminó su banquete cuando el búho se.

.

.

—¿De qué sirve que repitas todo eso?

—la interrumpió la símil tortuga.

—Si no explicas lo que estás diciendo,

Nunca en mi vida escuché una cosa tan confusa.

—Sí,

Me parece mejor que te vayas de una vez —dijo el grifo.

Y Alicia se sintió feliz de poder hacerlo.

—¿Hacemos otra figura de la cuadrilla de la langosta?

—siguió diciendo el grifo.

—¿O prefieres acaso que la símil tortuga te cante otra canción?

—Ah,

Sí,

Una canción,

Por favor,

Si es que la símil tortuga es tan amable —repitió Alicia con tanta energía que el grifo dijo en tono ofendido— —Sobre gustos no hay nada escrito.

Cántale Sopa de Tortuga.

¿Quieres,

Compañero?

La símil tortuga suspiró profundamente y empezó a cantar con la voz entrecortada por los sollozos.

Espléndida sopa,

Tan verde y espesa,

Que estás esperándonos en la sopera.

¿Quién resiste una cosa tan exquisita?

Espléndida sopa,

Rica sopita.

Espléndida sopa,

Rica sopita.

Sopa de la noche,

Riquísima sopa.

Espléndida sopa,

¿quién piensa en pescado o en otro platillo muy elaborado?

Yo lo cambiaría todo por un po,

Por un poquitito de espléndida so,

Por un poquitito de espléndida so.

Espléndida sopa,

Rica sopita.

Sopa de la noche,

Riquísima sopa.

—¡Otra vez!

—gritó el grifo.

La símil tortuga apenas había empezado a repetir la canción cuando se oyó a lo lejos un grito.

—¡Empieza el juicio!

—¡Vamos!

—gritó el grifo.

Y tomando a Alicia de la mano,

Se alejó apresuradamente sin esperar a que terminase la canción.

—¿De qué juicio se trata?

—jadió Alicia mientras corría.

Pero el grifo solo respondió,

—¡Vamos!

Y corrió más rápido todavía mientras se oían cada vez más débiles las tristes palabras que arrastraba la brisa.

Sopa de la noche,

Riquísima sopa.

Subtítulos realizados por la comunidad de Amara.

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