
El monje y el escorpión
La historia del monje y el escorpión es una antigua enseñanza que aparece en distintas tradiciones espirituales —principalmente dentro del budismo zen y del sufismo— y se utiliza para ilustrar la esencia de la compasión. El relato muestra cómo un monje, al ver a un escorpión en peligro, elige ayudarlo aun cuando esto implica ser herido. Su gesto no nace de la ingenuidad, sino de la claridad de saber quién es él y desde dónde actúa: su naturaleza es ayudar, no responder con agresión. Este cuento nos invita a reflexionar sobre algo profundo: no permitamos que la conducta, la ingratitud o la dureza de otros determine quiénes somos. La verdadera fuerza radica en mantener la coherencia con nuestras propias convicciones y valores, incluso cuando el entorno nos empuja a actuar desde la reacción o el miedo. El monje no ayuda porque el escorpión lo merezca; ayuda porque no quiere traicionarse a sí mismo.
Transcripción
La historia del monje y el escorpión En un pequeño monasterio,
Rodeado de montañas y bosques,
Vivía un monje conocido por su serenidad.
Era famoso porque sin importar lo que ocurriera a su alrededor,
Siempre mantenía la calma.
Los estudiantes del templo lo admiraban,
Pero no lograban comprender cómo podía vivir con tanta paz interior.
Una mañana,
Mientras caminaba junto al río para realizar su meditación habitual,
El monje escuchó un chapoteo irregular.
Se acercó y vio un escorpión luchando desesperadamente contra la corriente.
Había caído desde una roca y era arrastrado por el agua.
El monje,
Movido por la compasión,
Estiró su mano para sacarlo.
Apenas lo tocó,
El escorpión en su instinto natural le clavó el aguijón.
El dolor fue agudo y punzante,
Pero aún así el monje logró ponerlo sobre la roca.
Apenas lo soltó,
Un nuevo flujo de agua golpeó la roca y el escorpión volvió a caer.
Sin dudarlo,
El monje lo tomó de nuevo y nuevamente recibió una picadura.
Desde un puente cercano,
Un discípulo lo observaba con asombro.
No entendía por qué su maestro insistía en ayudar a una criatura que solo lo dañaba.
Al ver que el monje estaba a punto de intentar salvarlo por tercera vez,
Corrió hacia él y le gritó,
Maestro,
Deténgase.
¿No ve que cada vez que lo toca el escorpión lo pica?
¿Por qué sigue haciéndolo?
El monje,
Con el rostro sereno,
A pesar del dolor,
Tomó con cuidado una hoja grande que flotaba cerca.
La usó como apoyo para rescatar al escorpión sin recibir otra picadura.
Lo dejó finalmente a salvo en tierra firme,
Protegido de la corriente del río.
Luego miró al discípulo y dijo,
El escorpión me picó porque esa es su naturaleza.
Picar es lo que él sabe hacer.
Pero ayudar,
Ayudar es mi naturaleza y no permitiré que la naturaleza del otro cambie la mía.
El discípulo permaneció en silencio.
Había escuchado muchas enseñanzas antes,
Pero ninguno lo había impactado tanto como ese simple acto.
Mientras volvían al monasterio,
El monje agregó,
Cuando permitimos que el comportamiento de otros determine quiénes somos,
Les entregamos nuestro poder.
La verdadera fuerza no está en reaccionar sino en permanecer fieles a nuestra esencia.
Ese día el discípulo comprendió algo profundo.
La compasión no depende del merecimiento del otro,
Sino de la naturaleza de quien lo ofrece.
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