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Cuentos Orientales y Sufís Para Dormir Delicioso

by Daniel Yvker

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Meditación
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Esta es una lectura de cuentos tradicionales orientales y sufís que con suerte, te ayudarán a descansar y con los que al mismo tiempo, tal vez incluso de manera inconsciente, podrás interiorizar algo de esta notable sabiduría.

Transcripción

Hola,

Yo soy Dan.

Sean bienvenidos a esta lectura de cuentos orientales y sufis para dormir delicioso.

Primera parte.

Comienza primero tomando tu lugar en tu cama,

Una postura cómoda,

Comenzando a tomar conciencia de las sensaciones de contacto de tu cuerpo con tu cama,

De tu cabeza con tu almohada,

De tu respiración.

Con cada exhalación tu cuerpo se relaja más y más.

Siente la fuerza de la gravedad tirando hacia abajo,

Descargando toda la tensión del día,

Respirando,

Soltando,

Abriendo,

Liberando.

Comencemos con nuestra primera historia.

Los cinco cazadores.

Cinco cazadores hambrientos partieron a cazar un ganso.

Uno era ciego,

El otro cojo,

El tercero sordo,

El cuarto estaba desnudo y el quinto tenía una carabina sin cañones ni gatillo.

Entre arbustos que no habían crecido,

Buscaban un ave que no había nacido.

Marcharon y marcharon a montes,

Valles y desiertos,

Atravesando cimas y abismos.

Cuando miraron hacia atrás para ver el camino recorrido,

Se dieron cuenta de que solo habían avanzado diez centímetros.

El sordo dijo,

¡Atención!

Oigo el aletear de un pájaro.

El ciego se puso una mano en la visera y dijo,

¡Veo venir un ganso!

El que tenía una carabina sin cañones ni gatillo,

Disparó y mató al desnudo.

Guardó el cadáver en uno de sus bolsillos.

Al borde de un lago sin agua ni orillas,

Comenzaron a fabricar una fogata.

Con ramas de los arbustos pusieron al ave en una olla sin fondo y comenzaron a coserla en agua que no era húmeda,

Sobre un fuego que no alumbraba.

Pero el ganso estiró el cuello y no se dejó coser.

Miraba al cielo nada más y dejaba pasar los días.

Cuando se lo quisieron comer,

Vieron que tenía la carne más dura que sus huesos.

A pesar de todo,

Pero eso no les llenó el vientre.

Los cinco cazadores no sonrieron ni tuvieron placer.

El látigo nuevo.

Una mañana muy fría,

Dos jinetes cabalgaban por un camino campestre.

Uno de ellos era ciego.

Dejó caer su látigo,

Se bajó del caballo y arrodillado palpó la tierra buscándolo.

No lo pudo encontrar,

Pero dio con otro que le pareció más elegante,

Más suave.

Montó en su animal y continuó la cabalgata.

El otro jinete,

Que sí podía ver,

Le preguntó qué había buscado en el suelo.

El ciego le respondió.

Perdí mi látigo y bajé a buscarlo.

Contré este otro,

Que es más largo,

Suave y flexible que el primero.

El hombre que podía ver le dijo.

Lo que tienes en la mano no es un látigo,

Sino una serpiente adormecida por el frío.

El ciego se rehusó a tirarla,

Diciendo que el hombre que podía ver estaba envidioso de su nueva fusta.

Un rato más tarde,

El calor del día despertó a la serpiente.

Palmordió al ciego envenenándolo.

El hombre sin preocupaciones.

Un rey está muy preocupado.

Se dice a sí mismo.

Si tengo tantas preocupaciones,

Todo el mundo ha de estar preocupado.

¿Habrá en mi reino alguien que no tenga ninguna preocupación?

Envía a sus mensajeros para ver si existe un hombre así.

Comunican que efectivamente hay uno.

El rey pregunta.

¿De qué vive?

El mensajero le responde.

Cada día gana seis monedas y con ellas se paga una buena comida.

Es un hombre feliz.

Exclamando que no es posible,

El rey se disfraza de mendigo y se dirige a la casa del hombre.

Este está comiendo y le propone que compartan el ágape.

El rey acepta y mientras come le pregunta.

¿Cómo te ganas la vida?

Es muy sencillo.

Arreglo lo que está roto.

Relojes,

Cuchillos,

Cualquier cosa.

Así me gano yo la vida.

El rey regresa a toda prisa al palacio y promulga un edicto para todo el reino en el que estipula que nadie puede llevar a reparar un objeto roto.

Está obligado a comprar uno nuevo.

Al día siguiente el hombre feliz se encuentra con que no tiene ningún cliente.

Nadie le entrega nada para que lo repare.

Sin preocuparse lo más mínimo por ello,

El hombre se encuentra en el camino con un anciano que está cortando madera.

Le dice.

Este es un trabajo muy duro para usted.

¿Quiere que lo haga yo en su lugar?

El anciano acepta y le entrega seis monedas a cambio del trabajo.

El hombre feliz se paga así una buena comida cuando en ese preciso momento aparece el rey.

¿Cómo has hecho para pagarte esta comida?

Es muy sencillo.

He cortado leña para alguien.

El rey regresa a su palacio y ordena que cualquiera que haga cortar leña para una tercera persona será castigado.

Al día siguiente el muy feliz va a buscar trabajo como leñador,

Pero nadie acepta sus servicios.

Llega a unos establos y le propone limpiárselos al propietario.

Este acepta.

El hombre se pasa el día limpiando establos y por la noche ya ha obtenido seis monedas que le permiten pagarse una buena comida.

Cuando el rey lo averigua ordena que todos los propietarios de establos han de limpiarlos ellos mismos.

Si no,

Serán castigados.

Al día siguiente nuestro hombre no se encuentra ningún trabajo,

Pero no se descorazona.

Viendo un grupo de hombres que hacen cola se une a ellos.

De hecho estos hombres van a enrolarse como mercenarios para el rey.

Cuando llega su turno firma un contrato y le entregan una espada.

El exige que cada día le paguen seis monedas.

Los reclutadores aceptan.

La misma noche recibe su salario y se paga una buena comida.

Llega el rey y le pregunta cómo has hecho para pagarte esta comida.

Estoy en el ejército,

Me pagan seis monedas diarias.

El rey regresa a su palacio y ordena que no paguen a los soldados hasta que él lo diga.

Al día siguiente este hombre no recibe su salario.

Le explican que se irá acumulando y que le pagarán más adelante.

Entonces él se las arregla para conseguir seis monedas y comprar comida.

Como de costumbre el rey llega vestido de mendigo a su casa y le dice ¿Cómo has hecho para pagarte esta comida?

Te voy a contar un secreto.

He cortado mi espada a trocito y he vendido una parte a cambio de seis monedas.

Cuando me paguen,

Como sé repararlo todo,

Repararé mi espada.

Así es como lo he hecho.

Ese de cuenta es un trozo de madera en lugar del metal.

El rey regresa al palacio,

Hace venir a un presionero y le dice Lo condeno a muerte,

Que le corten la cabeza.

Id a buscar al soldado que os diré y que él mismo ejecute la sentencia.

Cuando llega el hombre feliz,

El rey le dice Soldado,

Cortadle la cabeza a este prisionero.

El hombre palidece y dice Con majestad,

Yo nunca he matado a nadie.

Quizá este pobre hombre es inocente.

¿Cómo voy a saber si es culpable o no?

No se puede destruir una vida que Dios ha hecho.

¿Eres un soldado o no?

Sí,

Soy un soldado.

Entonces cortadle la cabeza.

Mátalo.

El hombre se pone de rodillas y exclama Dios mío,

Que eres rey de los reyes.

Muestra por tu poder si este hombre es culpable o no.

Si es culpable,

Déjame cortarle la cabeza.

Si no lo es,

Transforma mi espada en una espada de madera.

Entonces desenvaina la espada y Es de madera,

Todo el mundo exclama.

¡Milagro!

El rey no puede hacer nada.

Y le dice el hombre Realmente eres un hombre que confía en Dios.

El zorro rojo Habiéndose colado en el interior del taller de un tintorero Un zorro cayó dentro de una tina Que contenía una disolución de color rojo.

Consiguió salir de la tina y escapar al bosque Pero se llevó consigo el rastro de su visita.

El aje había adquirido una coloración de un rojo vivo.

Su nueva apariencia inquietó e intrigó a los demás zorros del bosque.

Falliéndose de esta particularidad,

Se hizo fácilmente con el poder.

Impresionados,

Los otros zorros aceptaron servirle y venerarle como a un rey.

Los días transcurrieron tranquilos y prósperos en su nueva comunidad.

Pero con la llegada del invierno se multiplicaron las lluvias Y poco a poco se fue diluyendo el tinte.

Los otros zorros terminaron por darse cuenta De que habían sido víctima de un embaucamiento y lo expulsaron.

Los Amores de la Bella Farduja Un día el soberano Harun el Pusa Hizo la adquisición de la más maravillosa esclava vista jamás Y se enamoró perdidamente de ella.

La hizo su favorita.

La mimó accediendo al menor de sus deseos.

Sin embargo,

Incomprensiblemente,

La Bella Farduja empezó a perder el gusto por vivir.

Se aburría y languidecía.

Su salud empezó a decaer Y nadie pudo hacer nada para remediarlo.

Los mejores médicos del reino se desvivieron en vano Por sacarla de su postración.

El soberano,

Enormemente preocupado,

Hizo entonces venir al hombre más sabio del reino.

El santo varón visitó a la favorita Encerrada en el silencio y la tristeza.

Sentándose cerca de su lecho Tomó la mano de la joven entre la suya.

—Háblame de tu pueblo —le dijo.

Y la joven habló de su pueblo y de sus padres.

El anciano le dijo,

Mientras hacía presión en sus muñecas,

—Voy a decirte diferentes nombres de pueblos de la región.

Cuando pronunció el nombre de Sarca,

El pulso de la joven se aceleró.

—¿Así que conoces a alguien en el pueblo de Sarca?

De nuevo el pulso se aceleró.

De pregunta en pregunta,

El sabio descubrió que la joven estaba locamente enamorada Del herrador de aquel lugar.

Tras haber dado cuenta de su descubrimiento al soberano,

Le dijo a este el siguiente consejo,

Comendador de los creyentes,

Si quieres que tu amada recobre la salud,

Haz venir a ese hombre a tu palacio,

Empléale a tu servicio,

Y únele a tu favorita.

El pulso se encontró entonces Atrapado en el siguiente conflicto,

Perder para siempre a la mujer que tanto amaba,

O perderla en provecho de otro.

Con infinito pesar hizo venir al herrador,

Y unió a los dos seres que se amaban.

El palacio resonó durante varios días Del fervor amoroso de la pareja.

Fue entonces al rey a quien le tocó llorar y sufrir,

Llamó de nuevo a su consejero,

Ayudadme,

Le dijo en tono lastimero,

Pues estoy desesperado.

El sabio le entregó un pequeño frasco,

Explicándole,

Que tu cocinero ponga cada día Una gota de esta poción en la bebida del joven,

Este veneno actuará poco a poco,

Y de aquí a unos meses,

Tu rival te cederá su sitio.

Así se hizo.

Algún tiempo después,

El herrador,

Perdiendo todo apetito,

Comenzó a adelgazar,

Y a faltarle toda su energía.

Los gritos del amor de la pareja,

Dejaron de resonar en los corredores del palacio,

Como había predicho el sabio,

La vida del herrador,

Se extinguió unos pocos meses más tarde,

Tras haber vivido plenamente su amor,

Y luego de haber llevado luto por su amante,

La bella favorita,

Volvió entonces con su soberano,

Que la había esperado pacientemente,

Y rodeado de mil atenciones.

El pusa recuperó entonces la alegría,

De vivir al recobrar al ser amado.

Tengas dulces sueños.

4.6 (446)

Reseñas Recientes

Mario

December 8, 2025

Gracias 🥰

Emma

October 31, 2025

Muy relajante. Me gusta el tono de su voz.

Narisa

August 31, 2025

Me gustan Los cuentos

Yuri

September 21, 2024

Estupenda lectura. Magnífica voz. Armonía total… Gracias Gracias Gracias! 🙏🏼🙏🏼🙏🏼

BBdM

September 30, 2023

I in

Eyra

February 21, 2022

Genial

Nacho

August 20, 2021

Davo

February 11, 2021

Me dormí 😎

February 1, 2021

Excelente

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