
Cap 14 - El Libro Tibetano de la Vida y la Muerte
Dedico este libro a Jamyang Khyentse Chókyi Lodró, a Dudjom Rimpoché, a Dilgo Khyentse Rimpoché, a Khyentse Sangyum Khandro Tsering Chódrón y a todos mis queridos maestros, que han sido la inspiración de mi vida. Que este libro sirva de guía para la liberación, que sea útil para los vivos, los moribundos y los muertos. Capítulo 14: Prácticas para morir Audiolibro: El libro tibetano de la vida y de la muerte. Narrador: Juan José Palanca.
Transcripción
Audiolibro,
El libro tibetano de la vida y la muerte,
Sogyal Rinpoche.
Capítulo 14,
Prácticas para morir.
Narrador Juan José Palanca,
Ciencia del Saber.
Recuerdo que con frecuencia la gente iba a ver a mi maestro Jambyankiyense,
Solo para pedirle orientación para el momento de la muerte.
Era tan querido y reverenciado en todo Tíbet,
Sobre todo en la provincia oriental de Khan,
Que algunos viajaban durante meses interminables para conocerlo y recibir su bendición,
Al menos una vez antes de morir.
Todos mis maestros daban el siguiente consejo,
Pues es la esencia de lo que es necesario cuando se va a morir.
Permanece libre de apego y aversión,
Mantén la mente pura y une tu mente con Buda.
Toda la actitud budista ante el momento de la muerte se resume en estos versos de Padmasambhava,
Del ciclo del libro tibetano de los muertos.
Ahora que el bardo del morir amanece sobre mí,
Abandonaré todo cerramiento,
Anhelo y apego,
Entraré sin distracción en la conciencia clara de la enseñanza y proyectaré mi conciencia al espacio de la Rigpa no nacida.
Al dejar este cuerpo compuesto de carne y sangre,
Lo conoceré como una ilusión transitoria.
En el momento de la muerte hay dos cosas que cuentan,
Lo que hayamos hecho en la vida y el estado mental en que nos hallamos entonces.
Aunque hayamos acumulado mucho karma negativo,
Si realmente somos capaces de efectuar un cambio de corazón en el momento de la muerte,
Podemos influir decisivamente en nuestro futuro y transformar nuestro karma,
Pues el momento de la muerte es una oportunidad excepcionalmente poderosa para purificar el karma.
El momento de la muerte.
Recordemos que todos los hábitos y tendencias almacenados en el terreno de nuestra mente ordinaria permanecen latentes,
Aceptibles de ser activados por cualquier influencia.
Sabemos bien que solo hace falta la menor provocación para que nuestras reacciones instintivas habituales salgan a la superficie.
Y esto es especialmente cierto en el momento de la muerte.
El Dalai Lama explica,
En el momento de la muerte,
Las actitudes tenidas durante mucho tiempo suelen imponerse y dirigir el renacimiento.
Por ese mismo motivo,
Se genera un fuerte apego al yo,
Pues se teme que éste se está volviendo inexistente.
Ese apego actúa como laxo de unión de los estados intermedios,
Entre una vida y la siguiente.
La afición a un cuerpo actúa a su vez como la causa que determina el cuerpo del ser intermedio,
El bardo.
Por consiguiente,
Nuestro estado mental en el momento de la muerte tiene una enorme importancia.
Si morimos con una actitud mental positiva,
Podemos mejorar nuestra próxima encarnación a pesar del karma negativo.
Si por el contrario estamos alterados y angustiados,
Eso puede tener un efecto perjudicial,
Aunque hayamos utilizado bien la vida.
Esto quiere decir que el último pensamiento y emoción que tenemos justo antes de morir,
Ejerce un poderosísimo efecto determinante sobre nuestro futuro inmediato.
Tal como la mente de un loco suele estar completamente ocupada por una obsesión,
Que regresa una y otra vez,
En el momento de la muerte nuestra mente está completamente expuesta y es vulnerable a cualquier pensamiento que entonces nos ocupe.
Ese último pensamiento o emoción de la vida puede amplificarse desproporcionadamente e inundar toda nuestra conciencia.
Por eso,
Los maestros insisten en que la calidad de la atmósfera que nos rodea en el momento de la muerte es fundamental.
Con nuestros amigos y familiares hemos de hacer todo lo que podamos para inspirar emociones positivas y sentimientos sagrados,
Como humor,
Compasión y devoción,
Y todo lo que podamos para ayudarles a liberarse de todo aferramiento,
Anhelo y apego.
Liberación del apego La forma ideal de morir es haberse desprendido de todo,
Interna y externamente,
De modo que a la mente le quede el mínimo posible de anhelo,
Aferramiento y apego a que agarrarse en ese momento esencial.
Así pues,
Antes de morir hemos de intentar liberarnos del apego a todas nuestras posesiones,
Amigos y seres queridos.
No podemos llevar nada con nosotros,
De manera que hemos de hacer planes para desprendernos de todas nuestras posesiones antes de que llegue el momento en forma de regalos o donaciones benéficas.
En Tíbet,
Antes de abandonar el cuerpo,
Los maestros solían indicar lo que querían ofrecer a otros maestros.
A veces,
Un maestro que pensaba reencarnarse en el futuro,
Dejaba una serie de objetos determinados para su reencarnación,
Indicando claramente lo que deseaba dejar.
Estoy convencido de que también nosotros debemos manifestar con exactitud quién ha de recibir nuestras posesiones o nuestro dinero.
Estos deseos deben expresarse con la mayor lucidez.
De no ser así,
Después de su muerte,
Si se halla en el bardo del devenir,
La persona verá a sus parientes peleándose por sus posesiones o malgastando su dinero,
Y eso la perturbará.
Conviene indicar con precisión cuánto dinero exactamente debe dedicarse a obras benéficas,
O a distintos fines espirituales,
O entregarse a cada uno de los familiares.
Dejarlo todo bien claro,
Hasta en los menores detalles,
Nos tranquilizará y nos ayudará a liberarnos realmente.
Como ya he dicho,
Es esencial que la atmósfera que nos rodea en el momento de la muerte sea lo más pacífica posible.
Los maestros tibetanos,
Por lo tanto,
Aconsejan que los parientes y amigos afligidos no estén presentes junto al lecho del moribundo,
Para evitar que provoquen emociones perturbadoras en el momento de la muerte.
Los empleados de los hospicios me han contado que a veces los moribundos solicitan que sus familiares más íntimos no vayan a visitarlos en el momento mismo de la muerte,
Porque temen que estos les provoquen sentimientos dolorosos y un intenso apego.
Con frecuencia,
A los familiares les resulta muy difícil comprender esto,
Y pueden llegar a creer que el moribundo ya no los quiere.
Sin embargo,
Deberían tener en cuenta que la mera presencia de personas amadas puede provocar un intenso sentimiento de apego en el moribundo,
Con lo que les resulta más difícil que nunca liberarse.
Es terriblemente difícil no llorar cuando estamos junto al lecho de muerte de un ser querido.
Mi consejo a toda persona es que haga todo lo posible por resolver el afecto y la aflicción con la persona moribunda antes que llegue la muerte.
Lloren juntos,
Expresen su cariño y despídanse,
Pero intenten terminar ese proceso antes que llegue el instante real de la muerte.
A ser posible,
Es mejor que amigos y parientes no manifiesten un excesivo pesar en el instante mismo de la muerte,
Porque en esos momentos la conciencia del moribundo es excepcionalmente vulnerable.
El libro tibetano de los muertos dice que la persona que se muere siente los hoyozos y las lágrimas derramadas junto a su cabecera como si fueran truenos y granizo.
Pero no se preocupe si se ha echado a llorar junto a un lecho de muerte.
No se puede evitar,
Y no hay razón para preocuparse ni sentirse culpable por ello.
Una de mis tías abuelas,
Ani Pelu,
Fue una extraordinaria practicante espiritual.
Había estudiado con algunos maestros legendarios de su tiempo,
Y sobre todo con Yam-Yam Kiyensé,
Que la bendijo con un consejo de corazón,
Escrito especialmente para ella.
Era una mujer robusta y redondeada en gran medida la jefa de nuestra casa,
Con facciones nobles y hermosas y el carácter desinhibido,
Temperamental incluso,
De un yogui.
Se la conocía como a una mujer muy práctica,
Que se encargaba personalmente de administrar los asuntos de la familia.
Sin embargo,
Un mes antes de morir cambió por completo,
De la manera más conmovedora.
Tan activa que había sido,
Se desentendió de todo con sereno y despreocupado abandono.
Daba la impresión de hallarse constantemente en estado de meditación,
Y no cesaba de cantar sus fragmentos favoritos de las escrituras de Longchenpa,
El santo doktsen.
Siempre le había gustado la carne,
Justo antes de morir,
No quería ni probarla.
Había sido la reina de su mundo,
Y alguna gente la tenía por un yoguini.
Al morir,
Demostró quien era en realidad,
Y nunca olvidaré la profunda paz que irradiaba de ella en esos días.
Ani Pelu fue mi ángel guardián en muchos aspectos.
Creo que me quería especialmente porque ella no tenía hijos propios.
Mi padre siempre estaba muy ocupado con su trabajo de administrador de Yamyam Kiyensé,
Y mi madre también estaba ocupada con las tareas de la enorme casa.
No se le ocurría pensar en cosas que Ani Pelu tenía siempre presentes.
Ani Pelu solía preguntarle a mi maestro,
¿Qué será de este chico cuando crezca?
¿Le irá bien?
¿Encontrará obstáculos?
Y a veces él contestaba y decía cosas sobre mi futuro,
Que jamás habría dicho si ella no hubiera estado allí insistiéndole.
Al final de su vida,
Ani Pelu tenía una serenidad enorme en su ser,
Y estabilidad en su práctica espiritual.
Pero incluso ella,
Cuando llegó el momento de la muerte,
Pidió que no estuviera yo presente,
Por si acaso el amor que sentía por mí le provocaba un instante de apego.
Esto demuestra lo muy en serio que se tomó el consejo de corazón de su querido maestro Yamyam Kiyensé.
En el momento de la muerte abandona todo pensamiento de apego y aversión.
Entrar en la conciencia clara.
Su hermana Ani Rilu también se pasó la vida practicando y conoció a los mismos grandes maestros.
Tenía un grueso volumen de oraciones y solía pasarse el día entero rezando y practicando.
De vez en cuando se quedaba dormida y al despertar reanudaba la práctica allí donde la había dejado.
Día y noche hacía lo mismo,
De modo que casi nunca llegaba a dormir una noche entera y muchas veces terminaba haciendo la práctica de la mañana al anochecer y la práctica del anochecer por la mañana.
Su hermana mayor,
Pelu,
Era una persona mucho más decidida y ordenada.
Y hacia el fin de su vida le costaba soportar esta constante alteración de la rutina normal.
Le decía,
¿por qué no haces la práctica de la mañana por la mañana y la práctica del anochecer al anochecer y apagas la luz y te acuestas como los demás?
Ani Rilu musitaba,
Sí,
Sí,
Pero seguía haciendo lo mismo.
En aquellos tiempos yo más bien le habría dado la razón a Ani Pelu,
Pero ahora comprendo la sabiduría de la forma de obrar de Ani Rilu.
Se sumergió en una corriente de práctica espiritual y toda su vida y todo su ser llegaron a ser un flujo continuo de oración.
De hecho,
Creo que su práctica era tan poderosa que seguía rezando incluso en sueños y quien hace eso tiene una buenísima oportunidad de liberación en los bardos.
La muerte de Ani Rilu tuvo la misma característica pacífica y pasiva que su vida.
Llevaba algún tiempo enferma y eran las nueve de una mañana de invierno cuando la esposa de mi maestro percibió que la muerte se acercaba rápidamente.
Aunque por entonces Ani Rilu ya no podía hablar,
Aún se mantenía alerta.
Mandaron llamar a Dodrupchen Rinpoche,
Notable maestro que vivía en las cercanías,
Para que viniera a darle las últimas orientaciones y a efectuar la powa,
La práctica de la transferencia de la conciencia en el momento de la muerte.
En nuestra familia había un anciano llamado Ape Dorje que murió en 1989 a los 85 años.
Había conocido a cinco generaciones de mi familia y su sentido común y su sabiduría de anciano,
Su excepcional buen corazón y fuerza moral y su don para reconciliar disputas lo convertían para mí en la encarnación de todo lo bueno que hay en Tíbet.
Una persona corriente y terrenal,
Curtida y vigorosa,
Que vive espontáneamente según el espíritu de las enseñanzas.
Él me enseñó mucho en mi niñez,
Sobre todo lo importante que es ser amable con los demás y no albergar nunca pensamientos negativos aunque alguien te perjudique.
Tenía el don natural de impartir valores espirituales de la manera más sencilla.
Casi se diría que te encantaba para que mostraras tu mejor faceta.
Ape Dorje era un narrador nato y de niño me cautivaba con cuentos de hadas y relatos de la epopeya de Gésar o descripciones de las luchas que se produjeron en las provincias orientales cuando China invadió Tíbet a principios de los años 50.
Allá donde iba llevaba consigo alegría y buen humor,
Un humor que hacía que cualquier situación difícil pareciese menos complicada.
Recuerdo que próximo a cumplir los 80 años se mantenía animado y activo y fue todos los días a hacer la compra casi hasta que le llegó la muerte.
Ape Dorje solía ir a la compra todas las mañanas hacia las nueve.
Aquel día se enteró de que Annie Rilu estaba a las puertas de la muerte y fue a su habitación.
Tenía la costumbre de hablar en voz bastante alta casi a gritos.
¡Annie Rilu!
La llamó.
Ella abrió los ojos.
Mi querida niña.
La contempló con afecto y le dirigía una sonrisa radiante y encantadora.
Ahora es el momento de demostrar tu verdadero temple.
No titubees,
No vaciles.
Has tenido la bendición de haber conocido a muchos maestros maravillosos y recibido enseñanzas de todos ellos.
No solo eso,
Sino que también has tenido la oportunidad inapreciable de practicar.
¿Qué más podrías pedir?
Ahora,
Lo único que has de hacer es mantener la esencia de las enseñanzas en el corazón.
Especialmente la instrucción para el momento de la muerte que te han dado tus maestros.
Tenlo presente y no te distraigas.
No te preocupes por nosotros.
Nos las arreglaremos muy bien.
Ahora me voy a comprar y es posible que cuando vuelva ya no te vea.
Así que,
Adiós.
Esto lo dijo con una enorme sonrisa.
Annie Rilu estaba consciente y despierta.
Y aquella forma de hablar la hizo sonreír en señal de reconocimiento y a sentir levemente con la cabeza.
Apé Dorje sabía que al acercarse a la muerte es fundamental que centremos toda nuestra práctica espiritual en una práctica de corazón,
Que lo engloba todo.
Lo que le dijo Annie Rilu resume el tercer verso de la estrofa de Padmasambhava que respecto al momento de la muerte nos dice Entra sin distracción en la conciencia clara de la enseñanza.
Para una persona que ha reconocido la naturaleza de la mente y la ha estabilizado en su práctica eso significa reposar en el estado de Rigpa.
Si no tiene usted esa estabilidad,
Recuerde en lo más íntimo del corazón la esencia de la enseñanza de su maestro.
Especialmente las instrucciones más esenciales para el momento de la muerte.
Téngalas en su mente y su corazón.
Piense en su maestro y fusione su mente con la de él.
Que sean una solamente en el momento de morir.
Las instrucciones para morir.
Una imagen que suele utilizarse para caracterizar el bardo del devenir es la de una hermosa actriz sentada ante el espejo.
Se halla a punto de comenzar su actuación final y está maquillándose y echando un último vistazo a su aspecto antes de salir a escena.
De esa misma manera,
En el momento de la muerte el maestro nos vuelve a presentar la verdad esencial de las enseñanzas en el espejo de la naturaleza de la mente y nos señala directamente el corazón de nuestra práctica.
Si el maestro no está presente,
Conviene que haya amigos espirituales que tengan una buena conexión kármica con nosotros para ayudarnos a recordar.
Se dice que el mejor momento para esta presentación es cuando la respiración externa ya ha cesado y antes de que termine la respiración interna,
Aunque es más seguro empezar durante el proceso de disolución antes de que los sentidos fallen por completo.
Si no tiene usted la posibilidad de ver a su maestro justo antes de morir,
Tendrá que recibir estas instrucciones y familiarizarse con ellas de antemano.
Si el maestro o la maestra está presente junto al lecho de muerte,
Lo que hace entonces en nuestra tradición se desarrolla de la siguiente manera.
Primero pronuncia unas palabras como Oh,
Hijo,
Hija de una familia iluminada.
Escucha sin distracción y a continuación nos guía por las diversas fases del proceso de disolución una por una.
Después,
Expresa la esencia del corazón de la introducción de un modo poderoso y explícito,
En unas pocas palabras penetrantes para crear una fuerte impresión en la mente y nos pide que reposemos en la naturaleza de la mente.
En el caso de que esto exceda nuestra capacidad,
Nos recordará la práctica de Powa,
Si estamos familiarizados con ella.
Si no,
Procederá a realizar la práctica Powa para nosotros.
Después,
Como precaución adicional,
Puede que el maestro explique también la naturaleza de las experiencias de los bardos de después de la muerte y nos recuerde que todas sin excepción son proyecciones de nuestra mente,
Inspirándonos confianza para reconocerlo así en todo momento.
Oh,
Hijo o hija,
Veas lo que veas.
Por aterrador que sea,
Reconócelo como proyección tuya.
Reconócelo como la luminosidad,
El resplandor natural de tu mente.
Finalmente,
El maestro nos indicará que recordemos los reinos puros de los Budas para generar devoción y que recemos por renacer allí.
El maestro repetirá por tres veces las palabras de presentación y permaneciendo en el estado de Rigpa,
Dirigirá su bendición al discípulo moribundo.
Las prácticas para morir Hay tres prácticas esenciales para morir.
La mejor,
Reposar en la naturaleza de la mente o evocar la esencia del corazón de nuestra práctica.
En segundo lugar,
La práctica de Powa,
La transferencia de la conciencia.
Por último,
Confiarse al poder de la oración,
La devoción,
La aspiración y las bendiciones de los seres iluminados.
Los practicantes supremos de Dotsen,
Como ya he dicho,
Han conocido profunda y totalmente la naturaleza de la mente durante la vida.
De manera que al morir solo tienen que seguir reposando y morando en ese estado de Rigpa mientras pasan por la transición de la muerte.
No necesitan transferir la conciencia a ningún Buda ni reino iluminado porque ya han hecho real en su interior la mente de sabiduría de los Budas.
Para ellos,
La muerte es el momento de la liberación definitiva,
La coronación de su logro y la consumación de su práctica.
El libro tibetano de los muertos solo tiene estas escuetas palabras como recordatorio para tales practicantes.
¡Oh Señor!
Ahora amanece la luminosidad base,
Reconocela y reposa en la práctica.
Quienes han culminado la práctica de Dotsen mueren,
Se dice,
Como un recién nacido,
Libres de todo temor y preocupación por la muerte.
No necesitan preocuparse por dónde o cuándo morirán,
Ni les hacen falta enseñanzas,
Instrucciones ni recordatorios.
Los practicantes medianos de la mejor capacidad mueren como un mendigo en la calle.
Nadie se fija en ellos y nada los molesta.
Debido a la estabilidad de su práctica,
No influye en ellos el ambiente que los rodea.
Podrían morir con idéntica facilidad en un hospital lleno de actividad o en su casa,
Entre parientes,
Regañones y enemistados.
Nunca olvidaré a un anciano yogui que conocí en Tíbet.
Era una especie de flautista de amenin,
Al que los niños seguían a todas partes.
Allí donde iba,
Recitaba y cantaba congregando a toda la comunidad a su alrededor y les decía a todos que practicaran y recitaran OM MANI PADME HUM,
El mantra del Buda de la compasión.
Tenía una verdadera noria de oraciones y cada vez que alguien le daba alguna se la cosía la ropa,
De modo que al final él mismo acabó pareciéndose a una noria de oraciones cuando se giraba.
Recuerdo también que tenía un perro que iba con él a todas partes,
Lo trataba como si fuera un ser humano,
Comía la misma comida que el perro en la misma escudilla,
Dormía a su lado,
Lo consideraba su mejor amigo e incluso le hablaba con frecuencia.
No eran muchas las personas que lo tomaban en serio y algunas lo tachaban de yogui loco,
Pero numerosos lamas hablaban muy bien de él y nos advertían que no debíamos desdeñarlo.
Mi abuelo y mi familia siempre lo trataron con respeto y lo invitaban al cuarto del altar y le ofrecían té y pan.
En Tíbet era costumbre no ir nunca de visita con las manos vacías y un día,
A medio beber el té,
Se interrumpió.
Ah,
Perdone,
Casi se me olvida.
Este es mi regalo.
Cogió el mismísimo pan y el mismo pañuelo blanco que mi abuelo acababa de ofrecerle y se los devolvió como si fuera un regalo.
Con frecuencia solía dormir fuera,
Al aire libre.
Un día falleció en el recinto del monasterio Dorchen,
Con el perro al lado,
En mitad de la calle,
Sobre un montón de basura.
Nadie desesperaba lo que ocurrió a continuación,
Pero hubo muchos testigos que lo vieron.
Alrededor de su cuerpo apareció una deslumbradora esfera de luz irisada.
Se dice que los practicantes medianos de mediana capacidad mueren como animales salvajes o leones,
En montañas nevadas,
En cuevas de las montañas y en valles deshabitados.
Son capaces de cuidar perfectamente de ellos mismos y prefieren irse a un lugar desierto y morir tranquilamente,
Sin parientes ni amigos que los perturben y los atosiguen.
A estos practicantes consumados el maestro les recuerda las prácticas que pueden utilizar cuando se aproxima la muerte.
Citaré aquí dos ejemplos que proceden de la tradición Dorchen.
En el primero se aconseja al practicante que se acuesta en la postura del león dormido.
A continuación se le dice que concentre su atención en sus ojos y que fije la mirada en el cielo que tiene ante sí,
Sencillamente dejando su mente inalterada.
El practicante reposa en ese estado,
Permitiendo así que su rikpa se mezcle con el espacio primordial de la verdad.
Cuando aparece la luminosidad base de la muerte,
Entra en ella con toda naturalidad y alcanza la iluminación.
Pero eso solo es posible para una persona que ya haya estabilizado su conocimiento profundo de la naturaleza de la mente por medio de la práctica.
Para los que no han llegado a ese grado de perfección y necesitan concentrarse en un método más formal,
Existe otra práctica,
Es realizar la conciencia como una sílaba,
A,
Blanca,
Y proyectarla por el canal central para que salga por la coronilla hacia un reino de Buda.
Es la práctica de Powa,
La transferencia de la conciencia,
Y es el método que mi maestro ayudó a practicar a Lama Tseten cuando le llegó la muerte.
Las personas que realizan con éxito cualquiera de estas dos prácticas aún pasan por todos los procesos físicos de la muerte,
Pero se dice que ya no pasan por los subsiguientes estados del bardo.
Powa,
La transferencia de la conciencia.
Ahora que el bardo del morir amanece sobre mí,
Abandonaré todo aferramiento,
Anhelo y apego.
Entraré sin distracción en la conciencia clara de la enseñanza y proyectaré mi conciencia al espacio de la Rigpa no nacida.
Al dejar este cuerpo compuesto de carne y sangre,
Lo conoceré como una ilusión transitoria.
Proyectar la conciencia al espacio de la Rigpa no nacida se refiere a la transferencia de la conciencia,
La práctica de Powa,
Que es la más corrientemente utilizada para morir,
Y la instrucción especial relativa al bardo del morir.
Powa es una práctica de yoga y meditación que viene utilizándose desde hace siglos para ayudar a los moribundos y prepararse para la muerte.
En esencia,
Se trata de que el practicante proyecte su conciencia en el momento de la muerte y la fusione con la mente de sabiduría de Buda,
En lo que Padmasambhava denomina el espacio de la Rigpa no nacida.
Esta práctica puede hacerla la propia persona,
O bien puede realizarla en nombre del moribundo,
Un maestro competente o un buen practicante.
Hay muchas variantes de Powa que corresponden a las diversas capacidades,
Experiencia y preparación de las distintas personas,
Pero la que se utiliza más habitualmente recibe el nombre de Powa de los tres reconocimientos.
El reconocimiento de nuestro canal central como camino,
El reconocimiento de nuestra conciencia como viajero y el reconocimiento del entorno de un reino de Buda como destino.
¿Los tibetanos corrientes?
¿Con responsabilidades familiares y laborales?
No pueden consagrar la vida al estudio y la práctica,
Pero tienen una fe y una confianza enormes en las enseñanzas.
Cuando tienen los hijos ya crecidos y se acercan al fin de su vida,
Lo que en occidente llamaríamos la edad de la jubilación,
Los tibetanos suelen emprender una peregrinación o buscan maestros y se concentran en la práctica espiritual y es frecuente que empiecen a entrenarse en Powa a fin de prepararse para la muerte.
En las enseñanzas,
Powa suele presentarse como un método para alcanzar la iluminación sin toda una vida de experiencia en la práctica de la meditación.
En la práctica de Powa,
La presencia central que se invoca es la del Buda Amitabha,
El Buda de la luz ilimitada.
En China y Japón,
Así como en Tíbet y en el Himalaya,
Amitabha goza de una gran popularidad entre la gente corriente.
Es el Buda primordial de la familia del Loto o Padma,
Que es la familia búdica a la que pertenecemos los seres humanos.
Representa nuestra verdadera naturaleza y simboliza la transmutación del deseo,
La emoción predominante en el reino humano.
Más intrínsecamente,
Amitabha es la naturaleza luminosa e ilimitada de nuestra mente.
Al morir,
Se manifiesta la verdadera naturaleza de la mente en el momento en que amanece la luminosidad base,
Pero quizá no todos estemos lo bastante familiarizados con ella para reconocerla.
Qué hábiles y compasivos son los Budas,
Que nos han proporcionado un método para invocar la misma encarnación de la luminosidad en la presencia radiante de Amitabha.
No sería adecuado exponer aquí los detalles de la práctica Powa tradicional,
Que siempre,
En toda circunstancia,
Debe realizarse con la guía de un maestro competente.
No intente nunca realizar esta práctica por su propia cuenta,
Sin la orientación apropiada.
Las enseñanzas explican que al morir,
Nuestra conciencia,
Que va montada en un viento y por lo tanto necesita una abertura por la cual abandonar el cuerpo,
Puede salir por una cualquiera de entre nueve aberturas.
La ruta que tome determina con exactitud el reino de existencia en que vamos a renacer.
Cuando la conciencia abandona el cuerpo por la abertura de la fontanela de la coronilla,
Renacemos,
Según se dice,
En una tierra pura,
Donde podemos avanzar gradualmente hacia la iluminación.
Esta práctica,
Debo insistir en ello,
Sólo puede realizarse bajo la supervisión de un maestro competente,
Que tiene la bendición de dar la transmisión correcta.
No hacen falta grandes conocimientos intelectuales ni una profundidad de comprensión para realizar la powo con éxito.
Solamente devoción,
Compasión,
Visualización concentrada y un profundo sentimiento de la presencia del Buda habitaba.
El alumno recibe las instrucciones y las practica hasta que aparecen las señales del éxito,
Como pueden ser un picor en lo alto del cráneo,
Dolores de cabeza,
La aparición de un líquido transparente,
Una hinchazón o un ablandamiento en la región de la fontanela e incluso la apertura de un pequeño orificio en dicho lugar,
En el que tradicionalmente se introducen el apunto de un tallo de hierba como prueba o medición del éxito de la práctica.
Hace poco,
Unos cuantos tibetanos residentes en Suiza,
Todos ellos,
Legos entrados ya en años,
Se entrenaron con un conocido maestro de powo.
Sus hijos,
Que se habían criado en Suiza,
Se mostraban escépticos en cuanto a la eficacia de la práctica,
Pero quedaron atónitos al comprobar cómo se habían transformado sus padres,
Que incluso mostraban algunas de las señales de éxito ya mencionadas tras un retiro de powo de diez días.
El doctor Hiroshi Mutoyama,
Científico japonés que ha investigado los efectos psicofisiológicos de powo,
Detectó cambios fisiológicos precisos en los sistemas nerviosos metabólico y de los meridianos de acupuntura durante la práctica de powo.
Uno de los descubrimientos del doctor Mutoyama fue que la forma de pasar la energía por los meridianos del cuerpo del maestro de powo,
Sometido a estudio,
Era muy parecida a la detectada en personas psíquicas que tienen gran capacidad de percepción extrasensorial.
También descubrió,
Por las lecturas de electroencefalogramas,
Que las ondas cerebrales que se presentaban durante la práctica de powo eran completamente distintas a las detectadas en yoguis que practicaban otros tipos de meditación.
Demostraban que powo produce la estimulación de una región determinada del cerebro,
El hipotálamo,
Así como la interrupción de la actividad mental consciente ordinaria,
Para permitir experimentar un estado de meditación profunda.
A veces ocurre que,
Por la bendición de powo,
La gente corriente tiene intensas experiencias visionarias.
Sus vislumbres de la paz y la luz del reino de Buda y sus visiones de Amitabha recuerdan ciertos aspectos de la experiencia de casi muerte.
Y como en la experiencia de casi muerte,
El éxito en la práctica de powo produce también confianza e intrepidez al afrontar el momento de la muerte.
La práctica de powo esencial que he explicado en el capítulo anterior es una práctica sanadora para los vivos así como también una práctica para la hora de la muerte y puede realizarse en cualquier momento sin peligro alguno.
Sin embargo,
La elección del momento adecuado para realizar la práctica powo tradicional revista una enorme importancia.
Así,
Por ejemplo,
Se dice que si alguien transfiriese la conciencia con éxito antes del momento de la muerte natural,
Eso equivaldría a un suicidio.
El momento en que se practica powo es cuando la respiración externa ha cesado y la respiración interna aún se mantiene.
Pero quizás es más seguro empezar la práctica de powo durante el proceso de disolución que se describe en el próximo capítulo y repetirla varias veces.
Así,
Cuando un maestro que ha perfeccionado la powo tradicional la practica para una persona en trance de muerte,
Visualizando la conciencia de esa persona y proyectándola a través de la fontanela,
Es esencial que se elija bien el momento y no se practique demasiado pronto.
No obstante,
Un practicante avanzado que conozca el proceso de la muerte puede comprobar detalles como los canales,
El movimiento de los vientos y el calor del cuerpo para determinar cuándo llega el momento de empezar powo.
Si se le pide a un maestro que haga la transferencia para alguien que está muriendo habría que hablar con él lo antes posible,
Porque la powo puede hacerse incluso a distancia.
Pueden presentarse varios obstáculos al éxito de la práctica,
Cualquier estado mental dañino o incluso la menor añoranza de cualquier posesión constituyen un estorbo cuando llega el momento de la muerte.
Hay que procurar no dejarse dominar ni por el más mínimo anhelo o pensamiento negativo.
En Tíbet se creía que era muy difícil realizar la práctica de powo con éxito si había objetos de cuero o piel de animal en la misma habitación que el moribundo.
Asimismo,
Puesto que fumar o consumir cualquier droga tiene el efecto de bloquear el canal central,
Ese hábito dificulta el éxito de la práctica.
Incluso un gran pecador,
Se dice,
Puede liberarse en el momento de la muerte si un maestro realizado y poderoso le transfiere la conciencia a un reino de Buda.
Y aunque al moribundo le falte mérito y práctica y el maestro no tenga un éxito total al realizar powo,
La práctica aún puede influir en el futuro del moribundo y ayudarle a renacer en un reino superior.
Para una powo con éxito empero las condiciones han de ser perfectas.
Powo puede ayudar a una persona con un poderoso karma negativo,
Pero sólo si esa persona tiene una conexión íntima y pura con el maestro que la realiza.
Si tiene fe en las enseñanzas y si verdaderamente ha pedido purificación de todo corazón.
En Tíbet,
En circunstancias ideales,
Los miembros de la familia solían invitar a muchos lamas para que realizaran powo una y otra vez,
Hasta que aparecieran las señales del éxito.
A veces las repetían durante horas y horas,
Centenares de veces o incluso el día entero.
Algunos moribundos sólo necesitaban una o dos sesiones de powo para manifestar una señal,
Mientras que otros no tenían suficiente con todo un día.
Eso no hace falta decirlo,
Depende mucho del karma del moribundo.
En Tíbet había practicantes que aún sin ser famosos por su práctica,
Tenían un poder especial para realizar la powo y los signos aparecían sin dificultad.
El moribundo puede manifestar mediante diversos signos el éxito de la powo efectuada por un practicante.
A veces se desprende un mechón de pelo cerca de la fontanela o se siente un calor o se ve surgir un vapor de la coronilla.
En algunos casos excepcionales,
Los maestros o practicantes eran tan poderosos que al pronunciar la sílaba que efectúa la transferencia,
Todos los presentes en la habitación se desmayaban o salía despedido un pedazo de hueso del cráneo del muerto cuando la conciencia se proyectaba con una enorme fuerza.
La gracia de la oración en el momento de la muerte.
En todas las tradiciones religiosas se sostiene que morir en estado de oración es sumamente poderoso.
Por eso espero que cuando le llegue la muerte pueda usted invocar de corazón a todos los budas y a su maestro.
Rece para que mediante el arrepentimiento todos sus actos negativos en esta y otras vidas puedan quedar purificados y pueda usted morir conscientemente y en paz,
Obtener un buen renacimiento y en último término alcanzar la liberación.
Se formule el deseo intenso y concentrado de renacer en un reino puro o como ser humano,
Pero con el fin de proteger,
Cuidar y ayudar a los demás.
En la tradición tibetana se dice que morir con este amor y esta tierna compasión en el corazón hasta el último aliento es otra forma de poa y le valdrá al menos para obtener otro precioso cuerpo humano.
Es esencial crear antes de la muerte la impronta más positiva posible en el continuo mental.
Para lograrlo,
Lo más eficaz es una sencilla práctica de yoga gurú en la que el moribundo fusiona su mente con la mente de sabiduría de su maestro,
De buda o de cualquier ser iluminado.
Aunque no pueda usted visualizar a su maestro en esos momentos,
Intente al menos recordarlo,
Pensar en él desde el corazón y morir en estado de devoción.
Cuando su conciencia vuelva a despenar después de la muerte,
Esa impronta de la presencia del maestro despertará con usted y quedará usted liberado.
Si muere recordando al maestro,
Su gracia le abre ilimitadas posibilidades.
Incluso las manifestaciones de sonido,
Luz y color en el bardo de dhármata pueden presentarse como la bendición del maestro y el resplandor de su naturaleza de sabiduría.
Si el maestro está presente junto al lecho de muerte,
Procurará dejar una huella de su presencia en el continuo mental del moribundo.
A veces,
Para distraer a la persona de otras distracciones,
El maestro hace algún comentario penetrante y significativo.
Quizá diga con voz fuerte,
Acuérdate de mí.
El maestro atrae la atención del moribundo de la manera que juzga necesaria y crea una impronta indeleble que retorna como un recuerdo del maestro en el estado del bardo.
Cuando la madre de un conocido maestro llegó el momento de la muerte y empezó a entrar en coma,
Dilgo Khyentse Rinpoche,
Que estaba a su lado,
Hizo algo muy insólito.
Le dio una palmada en la pierna.
Si la mujer no olvidó a Dilgo Khyentse Rinpoche al entrar en la muerte,
Recibió en verdad una gran bendición.
En nuestra tradición,
Los practicantes corrientes también le rezan a cualquier Buda al que tengan devoción y con el que se sientan en relación kármica.
Si es Padmasambhava,
Rezan por renacer en su glorioso reino puro,
El palacio de la luz del loto en la montaña de color de cobre.
Si el Buda al que aman y reverencian es Samitaba,
Rezan por renacer en su cielo,
Dichoso,
La maravillosa tierra pura de Dewachen,
La atmósfera para morir.
¿Cómo,
Pues,
Podemos ayudar con la mayor sensibilidad a un practicante corriente a la hora de su muerte?
Todos necesitaremos el amor y la atención que acompañan al apoyo emocional y práctico.
Pero en el caso de un practicante espiritual,
La atmósfera,
La intensidad y la dimensión de la asistencia espiritual adquieren un significado especial.
Lo ideal,
Y una gran bendición,
Sería que el maestro estuviera a su lado,
Pero si no puede ser así,
Sus amigos espirituales pueden prestarle una gran ayuda al moribundo,
Recordándole la esencia de las enseñanzas y de la práctica que más próxima haya estado a su corazón durante su vida.
Para un practicante que va a morir,
La inspiración espiritual y la atmósfera de fe y confianza que se deriva naturalmente de ella son esenciales.
La presencia amorosa e incansable del maestro o los amigos espirituales,
El estímulo de las enseñanzas y la fuerza de la propia práctica se combinan para crear y sostener esta inspiración,
Que en los últimos semanas y días se vuelve casi tan preciosa como el mismo aliento.
Una apreciadísima alumna mía estaba muriendo de cáncer y me preguntó cuál sería la mejor manera de practicar cuando se aproximara la muerte,
Especialmente cuando ya no le quedarán fuerzas para concentrarse en ninguna práctica formal.
Recuerda lo afortunada que has sido,
Le dije,
Por haber conocido a tantos maestros,
Recibido tantas enseñanzas y tenido el tiempo y la posibilidad de practicar.
Te prometo que el beneficio de todo eso no te abandonará nunca.
El buen karma que has creado así permanecerá contigo y te ayudará.
El mero hecho de oír una vez la enseñanza o conocer a un maestro como Dilgo Kiyansé Arrimpoche y tener una fuerte conexión con él,
Como es tu caso,
Es liberador por sí solo.
No lo olvides jamás.
Y no olvides tampoco cuánta gente se encuentra en tu misma situación sin haber tenido esa maravillosa oportunidad.
Si llega un momento en que ya no puedes seguir practicando de forma activa,
Lo único de verdad importante que has de hacer es relajarte lo más profundamente posible en la confianza de la visión y reposar en la naturaleza de la mente.
Es indiferente que tu cuerpo y tu cerebro sigan funcionando o no.
La naturaleza de tu mente está siempre presente,
Como el cielo,
Radiante,
Gozosa,
Ilimitada e inutable.
Ten esa seguridad,
Sin la menor duda,
Y que ese conocimiento te dé la fuerza para decirle a tu dolor,
Con abandono despreocupado y por grande que sea,
Vete ya y déjame en paz.
Si hay algo que te irrite o te haga sentir incómoda del modo que sea,
No malgastes el tiempo tratando de cambiarlo.
Regresa una y otra vez a la visión.
Confía en la naturaleza de tu mente,
Confía profundamente en ella y relájate por completo.
No hay nada nuevo que debas aprender,
Adquirir ni comprender.
Limítate a permitir que lo que ya se te ha dado florezca en ti y se abra a profundidades cada vez mayores.
Recurre a la práctica que más inspiradora encuentres.
Si te resulta difícil visualizar o seguir una práctica formal,
Recuerda lo que Dujon Rinpoche decía siempre,
Que sentir la presencia es más importante que visualizar los detalles con claridad.
Ahora es el momento de sentir,
De sentir con todo tu ser la presencia de tus maestros,
De Padmasambhava,
De los Budas.
A pesar de lo que puede ocurrirle a tu cuerpo,
Recuerda que tu corazón nunca está enfermo ni disminuido.
Has querido a Dilgo Khyentse Rinpoche,
Siente su presencia y pídele con sinceridad ayuda y purificación.
Ponte plenamente en sus manos,
Corazón y mente,
Cuerpo y alma.
La sencillez de la confianza total es una de las fuerzas más poderosas del mundo.
¿Te he contado alguna vez la hermosa historia de Ben de Konpo?
Era un hombre muy sencillo,
Con una fe inmensa,
Que procedía de la provincia de Konpo,
Al sudeste de Tíbet.
Había oído contar muchas cosas del Jowo Rinpoche,
El precioso señor.
Una bella estatua de Buda representando como un príncipe de 12 años que se conserva en la catedral central de Lhasa.
Se dice que la hicieron en vida de Buda y es la estatua más sagrada de todo Tíbet.
Ben no alcanzaba a comprender si era un Buda o un ser humano y resolvió ir a visitar al Jowo Rinpoche para ver de qué iba tanta historia.
Así pues,
Se calzó las botas y echó a andar y anduvo semanas enteras hasta llegar a Lhasa,
En el centro de Tíbet.
Cuando llegó estaba hambriento y al entrar en la catedral vio la gran estatua de Buda y ante ella una hilera de lámparas de manteca y unos pastelillos especiales presentados como ofrenda.
Ben se figuró que aquellos pastelillos constituían el alimento del Jowo Rinpoche.
Los pastelillos,
Se dijo,
Deben de ser para remojarlos en la manteca de las lámparas y las lámparas deben de estar encendidas para que la manteca no se endurezca.
Vale más que haga como Jowo Rinpoche.
De modo que remojó un pastel en la manteca líquida y se lo comió mirando a la estatua que daba la impresión de sonreírle con benevolencia.
—Eres un lama muy simpático —le dijo.
Entran los perros y se llevan la comida que te ofrece la gente y tú lo único que haces es sonreír.
La corriente de aire apaga las lamparillas y tú sigues sonriendo.
—Bueno,
Voy a dar una vuelta al templo en oración,
Como señal de respeto.
¿Te importaría cuidarme las botas mientras estoy fuera?
Dicho eso,
Se quitó las botas viejas y sucias,
Las dejó en el altar ante la estatua y se marchó.
Mientras Ben daba la vuelta al enorme templo,
Regresó el cuidador y descubrió horrorizado que alguien se había comido las ofrendas y había dejado unas botas asquerosas en el altar.
Indignado,
Se apoderó de las botas con gesto furioso e hizo a demán de arrojarlas afuera.
Pero entonces habló la estatua.
—¡Quieto!
—le ordenó.
—Deja esas botas donde estaban.
—Se las estoy guardando a Ben de Konpo.
Ben volvió al poco rato en busca de las botas y alzó la mirada hacia el rostro de la estatua,
Que seguía sonriéndole serenamente.
—Realmente eres lo que yo llamo un buen lama.
¿Qué te parece si vienes a casa el año próximo?
Asaré un cerdo y prepararé algo de cerveza.
El yobo rimpoche habló por segunda vez y le prometió que iría a visitarlo.
Ben se volvió a casa,
Le contó a su esposa todo lo ocurrido y le pidió que estuviera atenta a la llegada del yobo rimpoche,
Porque no sabía exactamente cuándo vendría.
Pasó el tiempo y un día su esposa llegó corriendo a casa para decirle que había visto algo que refugía como el sol bajo la superficie del río.
Ben le dijo que pusiera a calentar agua para el té y salió a la carrera.
Al llegar al río vio al yobo rimpoche que brillaba bajo el agua y de inmediato pensó que se había caído y estaba ahogándose.
Se lanzó al agua de un salto,
Lo sujetó y lo sacó a la orilla.
Mientras iban a casa de Ben charlando todo el rato,
Pasaron ante un risco enorme.
Su yobo rimpoche le dijo,
Bueno,
A decir verdad,
Me temo que no puedo entrar en la casa.
Y así diciendo se disolvió en la roca.
Actualmente existen dos famosos lugares de peregrinación en la provincia de Kongpo.
Uno es el yobo de roca,
El risco en que puede verse una figura de Buda.
Y el otro es el río Yobo,
Donde se ve la forma de Buda.
La gente dice que el poder de bendición y curación de estos lugares es idéntico al del yobo rimpoche de Lhasa.
Y todo por la inmensa fe y la sencilla confianza de Ben.
Quiero que tengas esa confianza pura de Ben.
Deja que tu corazón se llene de devoción a Padmasambhava y Dilgo Khyentse Rimpoche.
Y siente sencillamente que estás en su presencia,
Que todo el espacio que te rodea es él.
Después invócalo y repasa mentalmente todos los momentos que pasaste con él.
Fusiona tu mente con la de él y di desde el fondo de tu corazón con tus palabras.
Ya ves que estoy desvalida y no puedo practicar intensamente como antes.
Ahora dependo totalmente de ti.
Confío en ti por completo.
Cuida de mí.
Hazme una contigo.
Practica el yoga gurú imaginándote con especial intensidad que los rayos de luz emanan de tu maestro y te purifican.
Quemando todas tus impurezas,
Incluso la enfermedad,
Y sanándote.
Imagínate que tu cuerpo se disuelve en la luz y para terminar,
Fusiona tu mente con la mente de sabiduría de tu maestro con absoluta confianza.
Cuando practiques,
No te preocupes si te parece que no te sale de un modo fluido.
Basta con que confíes y lo sientas en el corazón.
Ahora todo depende de la inspiración porque es lo único que puede apaciguar tu angustia y disolver tu nerviosismo.
De modo que ten a la visita una hermosa fotografía de Dilgo Khyentse Rinpoche o de Padmasambhava.
Concéntrate tiernamente en ella al principio de la práctica y luego relájate sin más en su resplandor.
Imagínate como si fuera un día precioso y que pudieras quitarte toda la ropa para echarte a tomar el sol.
Despréndete de todas tus inhibiciones y relájate en el resplandor de la bendición,
Cuando realmente lo sientas.
Y profunda,
Muy profundamente,
Despréndete de todo.
No te preocupes por nada,
Aunque notes que tu atención divaga,
No hay ninguna cosa en particular que debas retener.
Suéltate y déjate ir a la deriva en la percepción de la bendición.
No te dejes distraer por cuestiones insignificantes como ¿Esto es Rigpa?
¿No lo es?
Permítete ser cada vez más natural.
Recuerda que tu Rigpa está siempre presente,
Siempre en la naturaleza de tu mente.
Recuerda las palabras de Dilgo Khyentse Rinpoche.
Si tu mente está inalterada,
Estás en el estado de Rigpa.
Así como al recibir las enseñanzas recibiste la introducción a la naturaleza de la mente,
Solo has de relajarte en Rigpa,
Sin dudar.
Tienes la suerte de tener a tu lado buenos amigos espirituales en estos momentos.
Anímalos a crear un ambiente de práctica a tu alrededor y a seguir practicando junto a ti hasta el mismo instante de la muerte y después de la muerte.
Pídeles que te lean un poema que te guste especialmente,
O una orientación del maestro,
O una enseñanza que te inspire.
Pídeles que te pongan una cinta de Dilgo Khyentse Rinpoche,
Un canto de la práctica o alguna composición musical inspiradora.
Rezo por ti para que cada instante que permanezcas despierta esté mezclado con la bendición de la práctica,
En una atmósfera viva y luminosa de inspiración.
Mientras suena la música o la grabación de la enseñanza,
Duerme con ella,
Despierta en ella,
Descansa en ella,
Come en ella.
Permite que la atmósfera de la práctica impregne completamente esta última parte de tu vida.
Como hizo mi tía Anirilu,
No hagas otra cosa que practicar de modo que la práctica continúe incluso en sueños.
E igual como hizo mi tía,
Procura que la práctica sea el último y más poderoso recuerdo que influya en tu mente,
Sustituyendo en su continuo mental a toda una vida de hábitos corrientes.
Cuando adviertas que se aproxima el fin,
Piensa solo en Dilgo Khyentse Rinpoche,
Con cada respiración y cada latido del corazón.
El pensamiento que tengas en el momento de morir,
No lo olvides.
Es el que regresará con más fuerza cuando despiertes en los bardos después de la muerte.
Dejar el cuerpo.
Ahora que el bardo del morir amanece sobre mí,
Abandonaré todo aferramiento,
Anhelo y apego.
Entraré sin distracción en la conciencia clara de la enseñanza y proyectaré mi conciencia al espacio de la Rigpa no nacida.
Al dejar este cuerpo compuesto de carne y sangre,
Lo conoceré como una ilusión transitoria.
Por el momento,
Nuestro cuerpo es sin duda el centro de todo nuestro universo.
Lo asociamos,
Sin pensar,
Con nuestra identidad y nuestro yo,
Y esa asociación irreflexiva y falsa refuerza constantemente nuestra ilusión de que tienen una existencia inseparable y concreta.
Puesto que nuestro cuerpo aparenta existir de un modo tan convincente,
El yo parece que existe y el tú parece que existe.
Y todo el mundo ilusorio y dualista que nunca cesamos de proyectar a nuestro alrededor parece en último término sólido y real.
Al morir,
Toda esta estructura compuesta se desmorona espectacularmente.
Lo que ocurre,
Simplificando en gran medida,
Es que la conciencia en su plano más sutil continúa sin el cuerpo y pasa por una serie de estados que llamamos bardos.
Las enseñanzas nos dicen que,
Precisamente por el hecho de que en los bardos no tenemos cuerpo,
No hay ninguna razón fundamental para temer ninguna experiencia que tengamos después de la muerte,
Por aterradora que sea.
¿Qué daño puede ocurrirnos después de todo si no tenemos cuerpo?
El problema,
Empero,
Es que en los bardos mucha gente sigue aferrándose a un falso sentido del yo,
Con su fantasmal anhelo de aferrarse a la solidez física.
Y esa prolongación de la ilusión,
Que ha estado en la raíz de todo sufrimiento en nuestra vida,
Los expone en la muerte a nuevos sufrimientos,
Sobre todo en el bardo del devenir.
Lo esencial,
Como puede ver,
Es que nos demos cuenta ahora,
En vida,
Cuando aún tenemos cuerpo,
De que éste es sólo apariencia y que ésta convincente solidez es mera ilusión.
La manera más poderosa para lograrlo consiste en aprender a convertirse en un hijo de la ilusión,
Después de la meditación.
Abstenerse de solidificar,
Como siempre estamos tentados a hacer,
Las percepciones de nosotros mismos y de nuestro mundo,
Y seguir adelante como el hijo de la ilusión,
Viendo directamente,
Como hacemos en meditación,
Que todos los fenómenos son ilusorios y comparables a un sueño.
El conocimiento de la naturaleza ilusoria del cuerpo,
Que con esto profundizamos,
Es uno de los más significativos e inspiradores a que podemos recurrir para que nos ayude a liberarnos.
Inspirados por este conocimiento y armados con él,
Cuando afrontemos en la muerte el hecho de que nuestro cuerpo es una ilusión,
Podremos reconocer su naturaleza ilusoria sin temor,
Liberarnos calmadamente de todo apego a él y dejarlo atrás de buena gana,
Incluso con agradecimiento y alegría ahora que lo reconocemos tal como es.
De hecho,
Se podría decir,
Estaremos real y completamente en condiciones de morir cuando muramos,
Y alcanzar así la libertad definitiva.
Figúrese en el momento de la muerte como una extraña zona fronteriza de la mente,
Una tierra de nadie en la que,
Por una parte,
Si no entendemos la naturaleza ilusoria del cuerpo,
Podemos sufrir un tremendo trauma emocional al perderlo.
Y por otra parte,
Se nos presenta la posibilidad de una libertad ilimitada,
Una libertad que brota precisamente de la ausencia de ese mismo cuerpo.
Cuando por fin nos vemos libres de ese cuerpo que durante tanto tiempo ha definido y dominado nuestra comprensión de nosotros mismos,
La visión kármica de una vida se agota por completo,
Pero cualquier karma que pueda crearse en el futuro todavía no ha empezado a cristalizar.
Así,
Lo que ocurre en la muerte es que hay un hueco o espacio fértil en vastas posibilidades.
Es un momento preñado de tremendo poder,
En el que lo único que importa o podría importar es cómo es exactamente nuestra mente.
Despojada de un cuerpo físico,
La mente se alza desnuda,
Asombrosamente revelada como lo que ha sido siempre,
El arquitecto de nuestra realidad.
De modo que,
Si en el momento de la muerte tenemos ya un conocimiento estable de la naturaleza de la mente,
En un instante podemos purificar todo nuestro karma.
Y si mantenemos ese reconocimiento estable,
Podremos realmente terminar por completo con nuestro karma,
Entrando en la extensión de la pureza primordial de la naturaleza de la mente y alcanzando la liberación.
Padmasambhava lo explicaba así.
¿Cómo es,
Se podría preguntar,
Que durante el estado del bardo se puede encontrar estabilidad meramente reconociendo la naturaleza de la mente por un solo instante?
La respuesta es ésta.
En esos momentos nuestra mente está envuelta en una red,
La red del viento del karma.
Y el viento del karma está envuelto a su vez en una red,
La red de nuestro cuerpo físico.
La consecuencia es que no tenemos independencia ni libertad.
Pero tan pronto el cuerpo se separa en mente y materia,
En ese hueco que queda antes de volver a envolverse en la red de un cuerpo futuro,
La mente,
Junto con su mágico despliegue,
No tiene ningún soporte material concreto.
Mientras le falte esta base material,
Somos independientes.
Y podemos reconocer.
Ese poder de alcanzar la estabilidad solo por el reconocimiento de la naturaleza de la mente es como una antorcha que en un instante puede disipar la oscuridad de eones.
Así pues,
Si en el bardo podemos reconocer la naturaleza de la mente tal como lo hacemos ahora,
Cuando nos es presentada por el maestro,
No cabe la menor duda de que alcanzaremos la iluminación.
Esa es la razón por la cual,
A partir de este mismo instante,
Debamos familiarizarnos con la naturaleza de la mente por medio de la práctica.
Fin del capítulo 14.
Siguiente capítulo,
Capítulo 15.
El proceso de morir.
Gracias.
Conoce a tu maestro
4.8 (29)
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