
El Gato Con Botas | Cuento Para Niños
by Alan Hecker
Con muchísimo gusto los invito a escuchar esta linda historia antes de ir a dormir. El Gato Con Botas es una hermosa historia clásica con valores sobre la valentía ademas de una historia muy entretenida. Hice esta pista para que sus pequeños duerman agusto.
Transcripción
El gato con botas.
Había una vez un país donde el sol brillaba sobre las montañas,
Y en invierno éstas se vestían de blanco nieve.
Cuando llegaba la primavera,
Los prados se tornaban de un color verde oscuro,
Mientras las flores pintaban de cientos de colores el paisaje.
Allí,
En ese lugar,
En un rancho muy humilde,
Vivía un hombre muy amable,
Que tenía un pequeño campo donde sembraban y cultivaban su propio alimento.
Su profesión era molinero,
Y tenía además de este campo,
Tres hijos,
Un molino,
Un burro y un gato.
Los hijos estaban encargados de moler el trigo.
El burro tenía que llevar los granos y acarrear la harina,
Y el gato debía cazar los ratones.
Un día,
El molinero,
Habiéndose vuelto viejo,
Decide retirarse y no trabajar más.
Juntó a sus tres hijos y les dijo.
Queridos hijos,
Ya estoy grande y muy cansado.
He decidido dejar de trabajar,
Y me gustaría regalarles a cada uno de ustedes todo lo que tengo.
Así,
El hijo mayor se quedó con el molino,
El del medio con el burro,
Y al más pequeño le tocó el gato.
El hijo menor estaba inconforme y muy triste con la parte que le había tocado,
Y se dijo a sí mismo.
Yo soy el que ha salido peor parado.
Mis hermanos mayores pueden trabajar con el molino y con el burro,
Pero ¿qué voy a hacer yo con el gato?
¿Para qué me podrá servir?
Escucha,
Empezó a decir el gato que lo había entendido todo.
No te pongas triste.
Yo puedo ayudarte a conseguir más dinero que el burro y el molino.
Además,
Podremos vivir divertidas y asombrosas aventuras juntos.
Pero para que todo eso suceda,
Debes conseguirme un par de botas,
Un morral y una chaqueta.
El hijo del molinero se sorprendió al escuchar que el gato hablara de aquella manera,
Y dijo ¡Guau!
¡Hablas!
Eso sí que no me lo esperaba.
Y si puedes hablar,
Posiblemente también puedas lograr todo eso que acabas de decir,
Aunque sinceramente me cuesta creerlo.
Así y todo,
Joaquín,
Como se llamaba el hijo menor del molinero,
Salió a conseguirle al gato todo aquello que éste le había encargado.
Cuando volvió a la casa,
El gato se calzó las botas,
Se puso la chaqueta,
El morral y salió por la puerta andando sobre dos patas como si fuera una persona.
Por aquellos tiempos reinaba en el país un rey al que la gente respetaba y quería mucho.
Él era sabio,
Bondadoso,
Muy alto y con una barba bien larga y colorada.
Al rey le gustaba mucho comer perdices,
Pero había un problema.
Había tal miseria que era imposible conseguir alguna.
Aunque en el bosque estaba lleno de ellas,
Pero era tan peligroso que ningún cazador se animaba a buscarlas allí.
El gato sabía eso y se propuso ser él quien vaya al bosque a cazarlas.
Dicho y hecho,
El astuto gato juntó coraje,
Respiró bien profundo y se adentró al peligroso bosque en busca de las perdices.
Luego de unas horas cazó varias y se fue derecho al palacio del rey cantando canciones de victoria.
Cuando llegó a las puertas del castillo ya casi era de noche.
El guardia vio una pequeña sombra y creyendo que había una pequeña persona gritó ¡Alto!
¿Quién anda ahí?
¿A dónde vas?
A ver al rey,
Respondió el gato con botas.
¿Estás loco?
¿Un gato a ver al rey?
Exclamó el guardia.
Déjenlo pasar,
Dijo otro guardia,
Que el rey a menudo se aburre y quizás el gato lo complazca.
Luego de las palabras del segundo guardia,
Se abrieron dos portadas.
Y el gato entró caminando en dos patas con las botas puestas como si fuera lo más común del mundo.
Cuando el gato llegó ante el rey,
Le hizo una reverencia y dijo Mi señor,
El conde del molino presenta un regalo para ti.
¿Qué regalo?
Cuando el gato llegó ante el rey,
Le hizo una reverencia y dijo Mi señor,
El conde del molino presenta sus respetos a su señor el rey y le envía aquí unas perdices que acaba de cazar él mismo.
El rey se maravilló no solamente de aquellas gordísimas perdices,
Sino de que hayan sido traídas por un gato con botas y que además hablara.
El rey no cabía en sí de alegría y ordenó que metieran en el morral del gato todo el oro de su tesoro que éste pudiera cargar y le dijo Querido gato,
Llévaselo a tu señor y dale además muchísimas gracias por su regalo y si quieres estás invitado a pasar la noche en el castillo.
El gato aceptó la invitación del rey y se quedó al lado de un hogar donde había encendido unos troncos.
La canía del fuego lo mantenía en buena temperatura.
Así pasó la noche el gato.
Al día siguiente emprendió el regreso a su hogar.
Mientras tanto,
El pobre hijo del molinero,
Sin embargo,
Estaba en casa sentado junto a la ventana con la cabeza apoyada en la mano pensando para qué querría las botas el gato y dudando de que éste fuera capaz de darle algo de importancia a cambio.
Tal vez le había pedido todo eso para marcharse y ya no regresar cuando de pronto se oyeron unos pasos.
Joaquín se quedó mirando la puerta por unos segundos cuando de pronto ve entrar al gato,
Descargarse de la espalda el morral,
Desatarlo y esparcir su contenido sobre la mesa delante de él mismo.
Este no podía creer lo que sus ojos veían.
El gato lo mira con una pequeña sonrisa en el rostro y le dice mira lo que he conseguido Joaquín,
Aquí tienes algo de oro y además el rey te envía sus saludos y te da muchas gracias.
El muchacho se puso muy contento por aquella riqueza y pudo comprender todavía muy bien cómo había ido a parar allí.
Pero el gato se lo contó todo mientras se quitaba las botas y luego le dijo,
Ahora ya tienes suficiente dinero,
Sí,
Pero esto no termina aquí.
Mañana me pondré otra vez mis botas y te harás aún más rico.
Ah,
Algo muy importante,
Al rey le he dicho también que tú eras un conde.
Al día siguiente,
Tal como había dicho el gato,
Bien calzado salió otra vez de casa y le llevó al rey buenas piezas.
Hizo lo mismo durante días y el rey llegó a apreciarlo tanto que el gato con botas podía entrar y salir y andar por el palacio a su antojo.
Una vez estaba el gato en la cocina del rey,
Calentándose junto al fogón como tanto le gustaba hacer,
Cuando llegó el cochero y escuchó lo que le contó a la cocinera.
Este debía llevar al rey y a la princesa a un largo paseo hacia el norte,
Justo hacia el lado donde vivía el ogro.
Cuando el gato oyó esto,
Se le ocurrió una idea brillante y se fue rapidísimo a la casa de Joaquín.
Cuando llegó,
Le dijo,
Querido amigo,
Si quieres convertirte en conde y ser rico de verdad,
Sal conmigo y acompáñame al lago para bañarnos.
Debes confiar en mí.
El joven no supo qué contestar,
Pero siguió al gato.
Fue con él,
Se sacó la ropa y se tiró al agua.
El gato,
Por su parte,
Tomó la ropa,
Se la llevó de allí y la escondió.
Apenas terminó de hacerlo,
Llegó el rey y la princesa y el gato empezó a lamentarse con gran pesar.
¡Ay,
Querido rey!
¡Ay!
Mi señor se estaba bañando aquí en el lago y ha venido un ladrón que le ha robado la ropa que tenía en la orilla y ahora el señor conde está en el agua y no puede salir.
Como siga mucho tiempo ahí,
Se enfermará.
Al oír esto,
El rey dijo a uno de sus súbditos que regresara a toda velocidad al castillo a buscar ropas del rey.
Una vez que volvió,
Le entregaron la ropa al señor conde,
Quien en realidad es el hijo menor del molinero.
Se puso las lujosísimas ropas del rey y como éste le tenía afecto por las perdices que recibía a menudo,
Le pidió que se sentara en la carroza entre él y la princesa.
La princesa tampoco se enfadó por ello,
Pues el conde era joven y bello y además le gustaba bastante.
El gato,
Por su parte,
Se había adelantado y comenzó a avanzar hacia el norte en dirección al castillo del ogro.
En el camino llegó a un gran prado donde habían muchas personas recogiendo heno.
Se paró frente a todos y preguntó ¡Eh!
¿De quién es este prado?
¡Eh!
¿De quién es este prado?
¡Del gran ogro!
Respondieron las personas que estaban en el campo.
¡Escuchen!
Dijo el gato.
El rey pasará pronto por aquí.
Cuando pregunte de quién es este prado,
Contesten que es del conde.
Si no lo hacen así,
Todos recibirán un castigo.
Y luego de decir esto,
Continuó camino.
A continuación,
El gato llegó a un trigal tan grande que nadie podía abarcarlo con la vista.
Era de color amarillo y el sol brillaba tan fuerte sobre este campo que parecían plantas de oro.
Allí habían muchísimas personas trabajando.
Nuevamente el gato vio la oportunidad y preguntó ¡Eh!
¡Gente!
¿Podrían decirme de quién es este trigal?
¡Del ogro,
Por supuesto!
Contestaron todos.
¡Escuchen!
El rey va a pasar por aquí.
Cuando pregunte de quién es este trigal,
Contesten que es del conde.
Si no lo hacen así,
Todos recibirán un merecido castigo.
Dijo el gato con botas.
Y continuó su marcha caminando como una persona.
Y toda la gente lo siguió con la mirada.
Y como tenía un aspecto tan asombroso y andaba por ahí con botas como si fuera un señor,
Todos se asustaban al verlo.
Y por eso le hacían caso.
Pronto llegó al palacio del ogro.
Golpeó la puerta tres veces y esperó que le abrieran.
Una vez que la puerta de hierro se abrió,
Entró con descaro y se presentó ante él.
¡Soy el gato con botas y vengo a hablarte!
El ogro lo miró con desprecio y le preguntó qué quería.
El gato hizo una reverencia y dijo He oído decir que puedes transformarte a tu antojo en cualquier animal.
Si es en un perro,
Un zorro o también en un lobo,
Puedo creérmelo.
Pero,
¿en un elefante?
Me parece totalmente imposible.
Y por eso he venido,
Para convencerme por mí mismo.
¿Crees que puedes hacerlo?
El ogro dijo orgulloso.
Eso para mí es muy fácil.
Y en un instante se transformó en un elefante.
Ahí estaba el ogro con su trompa y sus grandes orejas.
Había tomado realmente la forma de un elefante.
Verdaderamente eso es mucho,
Dijo el gato.
Pero,
¿puedes transformarte también en un león?
Eso tampoco es nada para mí,
Dijo el ogro,
Convirtiéndose en un león con una melena delante del gato.
El gato se hizo el sorprendido y exclamó ¡Eso es asombroso!
¡No lo puedo creer!
¡Eso no me lo hubiera imaginado yo ni en sueños!
Pero,
¿sabes qué sería aún más increíble,
Ogro?
Si pudieras transformarte en un animal tan,
Pero tan pequeñito,
Como,
Por ejemplo,
No sé,
Un ratón.
Pero,
¡eso sí que será imposible para ti!
El ogro,
Al oír aquellas palabras,
Se puso muy amable con el gato y dijo ¡Oh sí,
Querido gatito,
Eso también puedo hacerlo!
Y dicho y hecho,
Se puso a dar saltos por la habitación convertido en un ratón.
El gato lo persiguió,
Lo atrapó de un salto y se lo comió.
El rey,
Por su parte,
Seguía paseando con el conde y la princesa hasta llegar al gran prado.
Al llegar,
El rey estaba tan intrigado por saber de quién era ese hermoso prado que le pidió al cochero que,
Por favor,
Detuviera el carruaje para charlar con la gente que estaba trabajando allí recogiendo heno.
¡¿De quién es este heno?
!
,
Preguntó el rey.
¡Del señor conde!
Exclamaron todos,
Tal como el gato les había ordenado.
Ahí tienes un buen pedazo de tierra,
Señor conde,
Dijo el rey.
Continuaron la marcha,
Y al llegar al gran trigal,
El rey quedó maravillado con el espectáculo que veía en sus ojos.
Jamás había visto un campo tan grande como ese.
Nuevamente ordenó al cochero que se detuviera y preguntó.
¡Eh,
Gente!
¿De quién es ese trigal?
¡Del señor conde!
Gritaron todos obedeciendo las órdenes del gato.
¡Vaya,
Señor conde!
¡Qué grandes y bonitas tierras tienes!
¡Debes ser un hombre muy rico!
Yo no creo que tenga un campo tan maravilloso como ese.
Continuó el viaje,
Y al fin llegaron al palacio.
El gato estaba arriba,
En las escaleras,
Y cuando la carroza se detuvo,
Bajó corriendo de un salto,
Abrió las puertas y dijo.
Señor rey,
Has llegado al palacio de mi señor,
El conde Molinero,
A quien este honor lo hará feliz para todos los días de su vida.
El rey se maravilló del magnífico edificio,
Que era casi más grande y más hermoso que su propio palacio.
El conde,
Por su parte,
Condujo a la princesa a escaleras arriba,
Hacia el salón,
El cual deslumbraba por completo de oro y piedras preciosas.
Entonces la princesa le fue prometida en matrimonio al conde.
Y cuando el rey murió,
El conde se convirtió en rey,
Y el gato con botas,
En primer ministro,
Por supuesto.
Colorín colorado,
Este cuento se ha terminado.
Conoce a tu maestro
4.8 (557)
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