
La sabiduría de replegarse
En este audio te acompaño a explorar el gesto de replegarse: cuando el cuerpo no quiere expandirse ni salir, sino recogerse, contraerse, buscar oscuridad y silencio. Lejos de ser una señal de debilidad, este movimiento es una sabiduría antigua, una forma de protección y escucha profunda. Aquí te invito a no forzarte a "estar bien", sino a preguntarte con amabilidad ¿Cómo puedo acompañarme en el descenso? Es importante que sepas que este audio no sustituye un proceso terapéutico. Si estás atravesando un momento difícil y necesitas acompañamiento, te animo a que busques apoyo de un terapeuta o profesional.
Transcripción
Hoy quiero hablarte de algo que muchas veces nos asusta,
Pero que en realidad es una sabiduría profunda dentro de nosotros.
Quiero hablarte del repliegue,
De ese momento en que todo el cuerpo quiere recogerse,
Contraerse,
Hacerse pequeño.
Tal vez caer al suelo,
Tal vez esconderse,
Tal vez desaparecer un rato.
Y es fácil pensar que eso está mal,
Que deberíamos sentirnos bien,
Que deberíamos estar en la luz,
En la expansión.
Pero el cuerpo no miente,
El cuerpo sabe cuando necesita recogerse.
Y ese gesto,
Ese descenso hacia la cueva,
Ese entrar en el útero,
Hacia la raíz,
No es una debilidad,
Es una sabiduría arquetípica.
Los animales,
Cuando están heridos,
No siguen corriendo,
No sonríen,
No piensan positivo,
Se esconden,
Se congelan,
Se repliegan.
Porque esa es la manera más segura de sobrevivir hasta que pase el peligro.
Y nosotros también tenemos eso en el cuerpo,
Aunque nos lo hayan enseñado a negar.
A veces lo único que necesita una herida que sentimos es ser recogida,
Es permanecer en silencio con ella.
Y no se trata de huir,
Se trata de sostener la herida desde dentro,
De costelar la herida.
Puedes dejar que el cuerpo haga el gesto que necesita físicamente.
Replegarte,
Hacerte una bolita,
Taparte,
Volver simbólicamente al útero,
Dejar que el gesto hable por ti.
Y sí,
Es posible que una parte de ti se asuste.
Una parte mental,
Aprendida,
Que dice no deberías sentirme así,
Sal ya de ahí,
Haz algo para estar bien.
Pero hoy te propongo otra cosa,
No deshacernos,
No exiliar a la parte herida,
Sino preguntarla qué necesita.
Hay muchas partes dentro de nosotros y hay otra parte que vamos a necesitar aquí,
Que es la parte adulta.
Desde la parte adulta podemos mirar a esa parte herida con ternura,
La puedes susurrar.
¿Cómo puedo acompañarte en esta contracción?
¿Qué necesitas de mí que sí puedo darte?
Tal vez esa parte herida necesita que la abraces,
Que la pongas una manta,
Que la acaricies,
Que la digas palabras amables,
Un canto suave,
Un tarareo de una canción o simplemente que permanezcas en silencio.
De lo que se trata es de no corregir,
De no arreglar,
De acompañarnos,
De relacionarnos con la parte herida desde otro lugar,
Desde un lugar de amabilidad,
Desde un lugar de cuidado y desde ahí poco a poco se hace espacio.
Desde el centro de la contracción aparece también otra parte de ti,
No en oposición sino como complemento,
La parte que cuida,
La parte sabia,
La parte que puede caminar contigo,
No delante,
No detrás,
Sino a tu lado.
Si te apetece compartir conmigo cualquier cosa que te haya resonado por favor envíame un mensaje privado,
Estaré encantada de leerte,
De acogerte,
De escucharte.
También puedes dejar tu experiencia en los comentarios o elegir lo que te resulte más cómodo.
Gracias por estar aquí,
Por sentir,
Por confiar en tu cuerpo.
Conoce a tu maestro
4.7 (38)
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