
Aprende a Meditar
Con esta meditación aprendemos a observar la respiración, el acto que nos acompaña durante toda la vida. Al aprender a gestionarla, aprendemos a calmarla, calmado así la agitación mental y comenzando a vislumbrar nuestra verdadera naturaleza. Al ir avanzando en la práctica, sentirás mayor relajación, pues la respiración es el puente de doble dirección que conecta el pensamiento con la emoción, convirtíendose así en una herramienta fundametal para avanzar en la calidad de nuestras vidas.
Transcripción
Siéntate en una postura cómoda.
Cruza tus piernas o siéntate sobre los talones.
Lleva la atención a tus piernas.
Observa el triángulo que forman,
Creando una base sólida y firme sobre la que se va montando tu espalda.
Mentalmente recorre tu columna,
Desde la zona más bajita hasta la coronilla,
Observando los músculos que rodean tu espina dorsal.
Siente cómo caen los hombros y cómo se posan las manos sobre tus piernas.
Verifica que tu rostro está completamente relajado.
Los párpados caen,
La mandíbula sin ninguna tensión.
Abre ligeramente la línea del pecho y comienza a observar tu respiración.
Observa la respiración libre,
Sin tocarla,
Sin modificarla.
Conviértete en un observador externo.
Observa cómo llega el aire a tu cuerpo y cómo escapa,
La suave caricia en las fosas nasales y el sutil movimiento en tu tórax.
Poco a poco comienza a tomar respiraciones más largas y profundas.
Hazlo de forma progresiva.
Inhalando por la nariz,
Comienza a dirigir el aire a la zona más bajita del vientre.
Exhala muy despacio.
Observa cómo en cada inhalación vas moviendo el vientre,
Se expanden las costillas y quizás en alguna de ellas se eleve la parte alta del pecho.
Y vuelve a exhalar lo más lento que puedas.
Cuando sientas que has tomado la respiración más larga de todas,
La más profunda,
¿sólo entonces,
Después?
Vuelve a dejar tu respiración completamente libre.
Permite que vuelva a encontrar su propio ritmo,
El espacio donde alojarse y los lugares desde los que abandonar tu cuerpo.
Vuelve a observar sin tocar,
Sin modificar.
Si detectas en algún momento que tu mente se enreda en algún pensamiento,
Simplemente tráelo de vuelta.
Sin diálogos internos,
Sin conversaciones y sin reproches.
Sólo vuelve.
Vuelve tantas veces como necesites.
Suelta poco a poco el enfoque,
La respiración.
Tomando alguna respiración un poquito más larga y profunda,
Comienza a mover tu cuerpo.
Suave.
Los dedos de las manos,
Los dedos de los pies,
Quizás el cuello,
Los hombros.
Y cuando estés preparado,
Con una inhalación un poquito más larga y profunda,
Puedes comenzar a abrir los ojos.
Conoce a tu maestro
4.7 (517)
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