
Meditación - Amar el cuerpo que te ha traído hasta aquí
Esta meditación es una invitación a hacer las paces con tu cuerpo. A dejar, aunque sea por unos minutos, las comparaciones, la exigencia y las críticas para volver a mirarte con más amor y respeto. Durante este encuentro vas a regalarte un abrazo consciente, agradecer todo lo que tu cuerpo hizo por vos y recordar que nunca necesitó ser perfecto para ser digno de amor. Ojalá esta meditación te acompañe a habitar tu cuerpo con más gratitud, más ternura y menos juicio. Respirá profundo. Este momento es para vos.
Transcripción
Hola,
Qué alegría que estés acá.
Hoy no quiero invitarte a cambiar tu cuerpo.
Quiero invitarte a cambiar la manera en que lo miras.
Porque durante mucho tiempo nos enseñaron a observarnos desde la exigencia.
A encontrar lo que sobra.
Lo que falta.
Lo que debería ser distinto.
Casi nunca nos enseñaron a agradecer.
Así que por unos minutos vamos a hacer algo diferente Toma una respiración profunda y otra más sin apuro Permití que tu cuerpo encuentre una postura cómoda.
No hace falta hacerlo perfecto,
Simplemente está.
Senti el aire entrar y salir.
Como una pequeña ola.
Sin esfuerzo.
Tu cuerpo sabe respirar.
Lo ha hecho por vos desde el primer día de tu vida.
Sin que tengas que recordárselo.
Ahora lleva lentamente la atención hacia él.
No para juzgarlo.
No para corregirlo,
Solo para observarlo.
Quizás hoy esté cansado.
Quizás tenga alguna molestia.
Quizás haya partes que todavía te cuesta aceptar,
Y está bien,
No necesitamos negar nada,
Solo mirar con un poco más de amor.
Quiero invitarte a hacer un pequeño gesto.
Cruza tus brazos sobre el pecho.
Como si fueras a abrazarte muy despacio.
Sentí como una mano sostiene un hombro y la otra sostiene el otro.
No es un abrazo simbólico,
Es un abrazo real.
Sentí el peso de tus manos,
Sentí el calor que te transmiten.
Sentí como por unos segundos vos misma,
Vos mismo,
Te estás sosteniendo.
Respira ahí.
Y repite en silencio.
Estoy acá para vos.
No tengo que ganarme este abrazo,
Ya lo merezco.
Tal vez hace mucho tiempo que nadie abrazaba este cuerpo con tanta ternura,
Ni siquiera vos.
Ahora imagina que cada respiración recorre todo tu cuerpo.
La cabeza,
El rostro,
El cuello,
Los hombros que tantas veces cargaron preocupaciones,
Los brazos,
Las manos.
Ese corazón que siguió latiendo incluso en los días más difíciles.
Tu abdomen,
Tu espalda tus piernas,
Tus pies,
Todo tu cuerpo.
Pensar por un momento.
¿Cuántos lugares conoció?
¿Cuántos abrazos dio?
¿Cuántas veces se levantó después de caer?
¿Cuántas veces siguió adelante cuando parecía no tener fuerza?
Este cuerpo te permitió caminar,
Reír,
Llorar,
Aprender,
Abrazar a quien amás,
Crear recuerdos,
Sentir el sol,
La lluvia,
El frío,
El mar,
Escuchar música,
Bailar,
Dormir,
Despertar,
Amar.
Y quizás durante años sólo recibió críticas,
Comparaciones,
Exigencias,
Palabras duras,
Como si nunca fuese suficiente,
Como si siempre tuviera que parecerse al cuerpo de otra persona.
Pero,
¿y si todo eso nunca fue la verdad?
Y si fueron simples creencias.
Comparaciones Las historias que aprendimos sin cuestionarlas.
Hoy elegimos otra historia,
Una donde el cuerpo no es un enemigo,
Es un compañero.
El hogar donde sucede toda tu vida.
Volví a sentir ese abrazo.
Apretar apenas un poquito más como abrazarías a alguien que querés profundamente.
Porque esa persona también sos vos.
Y decíte lentamente.
Gracias por traerme hasta acá.
Gracias por sostenerme.
Gracias por sanar una y otra vez.
Prometo empezar a hablarte con más amor.
Prometo escucharte más.
Prometo cuidarte con respeto y no desde el castigo.
No necesitas un cuerpo perfecto para merecer amor.
Nunca lo necesitaste.
Tu valor jamás dependió de un número,
De un espejo,
De una talla,
Ni de la opinión de los demás.
Ya sos suficiente y seguís siéndolo.
Respira profundo una vez más y antes de abrir los ojos pregúntate Qué pequeño acto de amor puedo regalarle hoy a mi cuerpo.
Quizás descansar,
Moverlo con alegría,
Alimentarlo mejor,
Hablarle con más ternura o simplemente dejar de pelearme con él.
Lleva una mano en el corazón,
Sonríe aunque sea a pena y recordá esto.
Tu cuerpo nunca fue el problema.
Es el lugar desde donde vivís cada una de tus historias.
Y mereces ser amado.
Gracias por regalarte este momento.
Nos encontramos muy pronto en una nueva meditación.
Con cariño.
Virginia.
Conoce a tu maestro
