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Meditacuento: Melodía que Sana

by Cindy Vanessa Parra

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Puntuación
5
Group
Actividad
Meditación
Adecuado para
Niños
Reproducciones
629

Hola a todos! Bienvenidos a un nuevo capítulo de los meditacuentos, donde un cuento y una meditación arrullan tu imaginación... Hoy te traigo un capítulo sobre el canto, una medicina que descubren un grupo de amigos que se quieren tanto que parecen hermanos, acompañalos en esta aventura. Espero que te guste tanto como a mi.

Transcripción

Hola a todos,

Bienvenidos a un nuevo capítulo de Los Medita Cuentos,

Donde un cuento y una meditación arrullan tu imaginación.

Pónganse cómodos y cómodas que vamos a comenzar.

Ubícate en una postura cómoda,

En la que puedas tener la espalda recta,

Los hombros hacia atrás y hacia abajo,

Que los brazos y las piernas no estén cruzados y se encuentren sueltos,

Y en el que puedas cerrar suavemente los ojos.

Comienza a sentir cómo está tu cuerpo,

Date cuenta de la posición que tienen tus piernas,

Tus manos,

Tus brazos,

Endereza un poquito la columna,

Imaginando que creces hacia el cielo,

Y nota cómo está tu respiración,

Si está lenta o pausada,

Si está suave o fuerte.

No la cambies,

Solamente obsérvala con los ojos cerrados.

Comienza a imaginar que cada que respiras va creciendo dentro de ti una burbuja de calma y tranquilidad.

Cada inhalación crece un poquito más esa burbuja,

Y cada exhalación hace que se cargue de calma y tranquilidad.

La burbuja crece desde el corazón y se va expandiendo hacia todos los lados de tu cuerpo,

Relajando el pecho y la cabeza por completo,

Relajando los brazos y las piernas,

Y todo la pancita y la espalda.

Sigue respirando,

Concentrado en tu respiración para que esta burbuja crezca más,

Y lleve calma a todos los rincones de tu cuerpo.

Imagina cómo crece y te cubre por completo la burbuja.

Respira un poco más y haz que la burbuja crezca y que acoja a las personas que son importantes para ti.

Haz que crezca todo lo que necesites para meter a tus seres queridos ahí,

Y que también sientan calma y tranquilidad el día de hoy,

Y que siga creciendo para que entren ahí también esas personas quizás no tan cercanas,

Que son solamente conocidos,

Amigos con los que dejaste de hablar,

Vecinos,

La persona de la tienda,

Esa persona que viste solo una vez.

La burbuja sigue creciendo,

Y haz que crezca tanto que pueda entrar ahí esas personas con las que alguna vez tuviste un malentendido,

A las que sientes que de pronto no te entienden,

Tú no las entiendes y no se llevan bien,

A esa persona que de pronto algún día le hiciste daño o te hizo daño,

Ofrécele también esa calma y esa tranquilidad,

Y crece tanto que cubre a todo el mundo y a los animales y a la naturaleza.

Lleva las manos a tu corazón,

Continúa con los ojos cerrados y siente esta sensación de calma que se ha expandido por todo tu alrededor,

Por todo el mundo,

Que nace de tu respiración y del amor que le puedes dar a todos los seres vivos.

Respira profundo,

Deja que la burbuja siga su rumbo,

Deja de pensar en ella,

Vuelve a sentir tus manos tocando tu pecho,

Relájalas por completo,

Continúa con los ojos cerrados,

Manteniendo esta sensación de calma,

Activa los oídos y deja que vuele tu imaginación.

Este meditacuento se llama La melodía que sana.

En el bosque,

Donde el tiempo parecía caminar más lento y el sol se filtraba entre las hojas de los árboles,

Vivían cuatro amigos que parecían hermanos.

Un tigre llamado Tayrón,

Un conejo llamado Brinco,

Un pingüino llamado Pingo y un perro llamado Lulo.

Eran tan distintos como las estaciones del año,

Tayrón era grande,

Fuerte,

Con un pelaje dorado como el sol,

Pero su voz era suave,

Profunda y a veces,

Cuando hablaba,

Parecía que hasta las raíces de los árboles lo escuchaban.

Brinco era pequeño,

Pero muy rápido,

Con orejas largas y ojos gigantes que brillaban como las luciérnagas,

Pingo venía del sur,

De un lugar frío,

Donde el hielo brillaba como el cristal y el silencio era su compañero más constante,

Lulo era solo ternura,

Su pelaje blanco,

Sus patas grandes y un corazón abierto como cuando las flores se abren al sol en primavera.

Cada tarde estos cuatro amigos se encontraban bajo la sombra de un árbol muy especial,

Un árbol que tenía hojas plateadas,

Tan grande que los pájaros se juntaban ahí para dar conciertos en las ramas y los rayos del sol lo tenían como su preferido,

Parecía que ahí querían dormir siempre.

A ellos les gustaba estar ahí bajo esa sombra,

Simplemente estar sentados juntos,

Respirando,

Escuchando el bosque.

Y entonces,

Así pasaron los días y las semanas,

E inspirados por el sonido de los pájaros,

Un día ellos también comenzaron a hacer sonidos.

Tayron,

Un poco tímido,

Dejó escapar un profundo ronroneo,

No era un rugido,

Era algo más lento como con más sentimiento,

Brinco cerrió y de la risa comenzó a nacer un silbido como un sonido del viento jugando con las ramas.

Pingo que era tan callado cerró los ojos,

Pero salpicó un murmullo suave como un pequeño cántico.

Lulo,

Inspirado por lo que escuchaba,

Levantó los hicos y aulló con dulzura,

Pero no era un aullido que daba miedo,

Sino que decía como,

Aquí te acompaño.

Todos se quedaron en silencio,

Mirándose después de eso que había sucedido,

No habían planeado nada,

Pero resulta que ahora estaban cantando,

Simplemente había sucedido.

Al siguiente día volvieron a intentarlo,

Esta vez con más calma,

Escuchándose entre ellos,

Dejando que cada uno encontrara el sonido perfecto.

Al principio parecían sonidos sueltos,

Imperfectos,

Pero había algo que les daba como unas cosquillitas en el pecho,

Entonces lo siguieron intentando,

Hasta que una tarde,

Mientras todos cantaban con un poco de ritmo,

Se acercó un pequeño zorro,

Con la cola abajo y los ojos apagados,

Se sentó a cierta distancia sin decir ni una sola palabra y simplemente se quedó ahí.

Cuando los amigos terminaron de cantar,

El zorro suspiró profundo y sus ojos se llenaron de luz.

«Gracias»,

Susurró,

«tenía un nudo en el corazón y ahora siento que se ha desatado».

Los amigos se miraron,

Nadie dijo nada,

Pero algo dentro de ellos se estaba encendiendo.

Al día siguiente volvieron a reunirse en el árbol para cantar y una ardilla llegó con una patita vendada,

Luego un ciervo que había perdido a su mamá también se acercó.

Después vino un mapache que no podía dormir en las noches.

Todos llegaban igual,

En silencio,

Tristes,

Con la mirada hacia abajo,

Y todos se iban más livianos,

Con el alma abrazada,

Con el alma tibia.

Los cuatro amigos entonces comenzaron a entender algo que estaba sucediendo,

Lo que ellos hacían no eran solo sonidos,

Era un canto,

Un canto medicinal,

Pero no era esa medicina que viene en frascos o en pastillas,

Era una medicina que no se ve,

Que no se toca,

Que se siente.

Una noche,

Después de esas sesiones mágicas,

Se quedaron juntos mirando las estrellas.

El aire estaba quieto,

Como si el bosque estuviera haciendo silencio para que ellos escucharan.

¿Cómo puede algo tan simple sanar tanto?

Preguntó Brinco acostado mirando hacia arriba.

Tairón le respondió en una voz baja,

Con una mirada perdida entre las hojas de los árboles.

Tal vez no es solo lo que cantamos,

Es lo que sentimos cuando estamos cantando.

Pingo asintió con su cabeza redonda y suave.

Allá en mi tierra de hielo,

Aprendí que el silencio también canta,

Pero ahora entiendo que cantar en compañía cura todos los males.

Lulo se acomodó entre todos y dijo con una voz cálida.

Yo cantaba porque me parecía bien,

Ahora canto porque sé que le hace bien a los otros,

Y eso también me hace bien a mí.

Entonces sus cantos comenzaron a hacerse más intencionales.

Ya no solo jugaban a cantar,

Ya cantaban con amor profundo,

Con cuidado,

Con ternura,

Para ellos y para todos los que llegaban.

Cada nota que ellos entonaban era un abrazo,

Cada melodía era como una caricia que le regalaban a los demás.

Lo más hermoso de todo era que también aprendieron a cantar para sí mismos.

Cuando alguno de ellos se sentía triste o confundido,

Los otros lo rodeaban y cantaban bajito,

Hasta que la tristeza se deshacía como la niebla cuando llega el sol.

Descubrieron que el canto no necesitaba palabras para ser comprendido,

Porque a veces el alma entiende cosas que los oídos no pueden.

Ahora tú que estás escuchando esta historia,

Imagínate que estás junto a ellos,

Bajo ese árbol de hojas plateadas.

Mantén los ojos cerrados,

Respira profundo.

Escucha.

A veces hay que afinar el corazón y no escuchar con los oídos.

Quizás entonces oigas el rugido suave de Tayrón,

El silbido juguetón de Brinco,

El canto susurrado de Pingo y ese aullido tierno de Lulo.

Escucha cómo cantan para ti,

Para que sientas que no estás solo,

Para que recuerdes que tu voz también puede ser una medicina.

Y que siempre,

Siempre puedes volar a ese árbol en tu imaginación y dejar que la música te abrace.

Y hasta aquí el meditacuento de hoy.

Espero que hayas sentido ese apapacho a través de la medicina musical,

De esa melodía que sana que está en tu corazón y en tu imaginación.

Espero que te haya gustado tanto como a mí y que tengas dulces sueños.

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