
Meditacuento: el Tigre del Reflejo
¡Hola! bienvenido a otro capítulo de los meditacuentos, hoy te traigo un capitulo para pensar en lo que somos, en nuestro amor propio y nuestro valor personal Espero que lo disfrutes, ¡gracias por meditar conmigo! No olvides comentarme que te pareció y si te gustaría escuchar un meditacuento de algún tema en especial Un abrazo
Transcripción
Hola a todos y bienvenidos a un nuevo capítulo de Los Meditacuentos.
Yo soy Cindy y me hace muy feliz volver a encontrarme nuevamente contigo y que sigamos juntos construyendo el hábito de la meditación.
Así que pónganse cómodos y cómodas que vamos a comenzar.
Prepararemos primero todo nuestro cuerpo para meditar.
Los invito a que pongan su espaldita recta,
Que bajen los hombros para tener el cuello relajado,
Las manos también están relajadas,
De preferencia que esté sentado o acostado y que el pecho esté libre para respirar profundamente.
Vamos a cerrar suavemente nuestros ojos y a permitir que entre el aire profundamente nuestro cuerpo.
Siente el sonido que hace tu respiración cada que tomas el aire,
Cada que lo dejas salir.
Toma el aire y escucha ese sonido,
Déjalo salir por la nariz.
Esta vez toma el aire por la nariz y déjalo salir por la boca.
Nota esos sonidos que hace tu respiración,
Pero al mismo tiempo se consiente de los sonidos que hay alrededor.
Quizás hay sonidos de las personas que están en tu casa,
De los autos que pasan,
De la televisión en el fondo o de música de algún vecino.
Escucha todos esos sonidos.
Y ahora trata de concentrarte sólo en tu respiración,
Como si los sonidos externos se hubieran desaparecido o alguien les hubiera quitado todo el volumen.
Y tratando de hacer aún más concentración,
Poner más atención,
Vamos a intentar escuchar el sonido de nuestro corazón,
De nuestras palpitaciones.
Si no lo haces,
Escuchas,
No hay ningún problema.
Imagina el ritmo,
Tuc-tuc,
Tuc-tuc,
Tuc-tuc.
Si está muy rápido,
Tuc-tuc,
Tuc-tuc,
Tuc-tuc.
O si está despacio,
Tuc-tuc,
Tuc-tuc.
Ponle un sonido a tu corazón.
Y con cada una de esas palpitaciones siente que tu cuerpo se va relajando a medida que tu corazón envía sangre,
Con ese mensaje de relajación,
Que vaya a los pies,
Cada palpitar,
Que vaya a todas las piernas,
Que vaya a la espalda,
A todo el tronco,
Que vaya a los brazos,
A los dedos de las manos,
A toda la palma de la mano,
Que vaya a tu cuello,
A tu pecho y los hombros,
Que vaya la sangre a toda la cabeza,
A los ojos,
La nariz,
Las orejas y la boca.
Normalmente que ese tuc-tuc lleve sangre a todos los rincones de tu cuerpo y a la vez,
Mucha calma y relajación.
Si empezamos a imaginar el sonido de nuestro corazón,
Estamos también agudizando nuestra audición para que en un momento logremos sentir realmente ese sonido.
Puede que no sea hoy,
Ni mañana.
Puede que necesitemos mucho tiempo para escucharlo,
O puede que no un par de días.
Pero también sirve poner las manos cerca de tu corazón o debajo de tus amígdalas,
Más o menos debajo de las orejas.
Ahí también puedes sentir esas palpitaciones que hoy nos han regalado calma y tranquilidad.
Continúa con los ojos cerrados,
Tratando de escuchar ese sonido que te arrulla,
Que te hace sentir tranquilo,
Tranquila,
Sano y a salvo.
Agudiza tu escucha para la siguiente historia y deja que vuele tu imaginación.
Este meditat cuento se llama El tigre del oasis.
Había una vez una vasta sabana africana en la que vivía un tigre diferente de los demás.
Se llamaba Tito y desde pequeño siempre se sintió extraño entre su manada,
Porque mientras los demás tigres corrían audazmente por la sabana y rugían con fuerza,
Él prefería quedarse resguardado en la roca,
Observando con mucho temor el mundo exterior.
Tito no quería ser tigre.
Veía en sus hermanos tigres,
Una gran fortaleza y una valentía,
Y él no la poseía.
Le daba miedo enfrentarse al mundo,
Temía no ser lo suficientemente rudo o fuerte,
Así que decidió entonces buscar su lugar en la sabana entre algún otro grupo de criaturas.
Pero la verdad es que ninguna le parecía muy adecuada.
Empezó con unas jirafas altas y tranquilas,
Pero él era demasiado bajo y no alcanzaba las hojas de los árboles.
Después fue con los hipopótamos que disfrutaban del agua,
Pero Tito no podía pasar tanto tiempo sumergido.
Incluso intentó ser águila,
Pero sus intentos de volar resultaron en ramas rotas y muchas caídas.
Desanimado,
Tito decidió retirarse a un oasis solitario.
Allí,
Mientras el sol se ponía y el agua reflejaba las últimas luces del día,
Se quedó mirando su propio reflejo con tristeza.
Pero algo extraño comenzó a suceder.
El reflejo no respondía como él esperaba,
Parecía ver otro tigre debajo del agua mirándolo con ojos sabios y amables.
El tigre del reflejo comenzó a hablarle,
Contándole que él era valiente,
Capaz y fuerte,
Y le mostró a Tito que tenía todo lo que necesitaba para ser un tigre,
Que solo debía confiar en él y aceptar su propia esencia.
Con el amanecer,
Tito despertó con una nueva determinación.
Decidió salir al mundo y enfrentarlo con valentía.
Aunque no fuera como los demás tigres,
Sabía que tenía su propia manera de ser,
Y que eso lo hacía especial,
Y además lo hacía un gran tigre.
Desde entonces,
Tito comenzó a explorar la sabana,
A enfrentar poco a poco sus miedos,
Uniéndose a sus hermanos y a sus papás,
Y además descubrió que él también tenía fortaleza.
Aprendió que ser aventurero no significaba ser como los demás,
Sino encontrar su propio camino en el mundo.
Y así,
Con confianza en sí mismo y en su singularidad,
Tito se convirtió en un tigre valiente,
Aventurero y era especial en toda la sabana.
Además empezó a demostrarle a todos que la verdadera fortaleza no residía en el rugido o en la audacidad con la que corrían,
Sino en el corazón que cada uno tenía.
Y hasta aquí el Midita Cuento de hoy.
Me encantaría saber cómo te pareció esta historia,
Si te gustó,
Si la disfrutaste y si tienes nuevas ideas para los próximos Midita Cuentos.
Mando un abrazo muy muy gigante y nos escuchamos en un próximo capítulo.
¡Adiós!
Conoce a tu maestro
4.9 (23)
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