
Cap 11 - El Libro Tibetano de la Vida y la Muerte
Dedico este libro a Jamyang Khyentse Chókyi Lodró, a Dudjom Rimpoché, a Dilgo Khyentse Rimpoché, a Khyentse Sangyum Khandro Tsering Chódrón y a todos mis queridos maestros, que han sido la inspiración de mi vida. Que este libro sirva de guía para la liberación, que sea útil para los vivos, los moribundos y los muertos. Capítulo 11: Consejo de corazón sobre la asistencia a los moribundos. Audiolibro: El libro tibetano de la vida y de la muerte. Narrador: Juan José Palanca.
Transcripción
Audiolibro,
El libro tibetano de la vida y de la muerte.
Sogyal Rinpoche.
Segunda parte.
La muerte.
Capítulo once.
Consejo de corazón sobre la existencia de los moribundos.
Narrador Juan José Palanca,
Ciencia del saber.
En un hospicio que conozco estaba muriendo de cáncer de mamá Emily,
Una mujer de cerca de 70 años.
Su hija solía visitarla todos los días y al parecer mantenía una relación feliz.
Pero cuando su hija se iba,
Emily casi siempre se sentaba a llorar a solas.
La causa del llanto,
Como no tardó en saberse,
Era que su hija se negaba en redondo a aceptar la inevitabilidad de la muerte.
Y se pasaba el rato alentando a su madre a pensar de un modo positivo,
Con la esperanza de que así se curaría el cáncer.
Lo que en realidad ocurría era que Emily tenía que guardarse para sí todos sus pensamientos,
Profundos temores,
Pánico y aflicción,
Sin poder hablar de ellos con nadie,
Sin tener a nadie que le ayudara a explorarlos,
A nadie que le ayudara a entender su vida ni a nadie que le ayudara a encontrar un sentido curativo a su muerte.
Lo esencial en la vida es establecer con los demás una comunicación sincera y libre de temores y ésta nunca es tan importante como cuando se trata de una persona moribunda,
Como me enseñó Emily.
Con frecuencia la persona que va a morir se muestra reservada e insegura y no sabe cuáles son sus intenciones la primera vez que va usted a visitarla.
Así pues,
No espere que ocurra nada extraordinario,
Limítese a ser usted mismo,
Relajado y natural.
Muchas veces la persona que va a morir no dice lo que desea ni lo que piensa y las personas que la acompañan no saben qué decir ni qué hacer.
Es difícil averiguar lo que acaso intenta decir e incluso lo que acaso está ocultando.
A veces ni siquiera ella misma lo sabe,
Por consiguiente lo principal es disipar cualquier tensión que pueda haber en la atmósfera de la manera que más fácil y natural resulte.
Una vez se ha establecido la confianza,
La atmósfera se vuelve relajada y eso permite a la persona moribunda sacar a luz las cosas de las que realmente desea hablar.
Anímela afectuosamente a sentirse lo más libre posible para expresar sus pensamientos,
Temores y emociones sobre la muerte y el morir.
Desnudar así las emociones sinceramente y sin arredrarse es la clave de cualquier transformación posible,
De hacer las paces con la vida o tener una buena muerte y es necesario darle a la persona libertad absoluta y el permiso sin restricciones para que diga todo lo que quiera.
Cuando el moribundo empiece por fin a comunicar sus sentimientos íntimos no interrumpa,
Discuta ni reste importancia a lo que diga.
Los enfermos terminales o moribundos se hallan en la situación más vulnerable de su vida y necesitará usted toda su habilidad y todos sus recursos de sensibilidad,
Afecto y amorosa compasión para permitirles que se le abran.
Aprenda a escuchar y aprenda a recibir en silencio.
Un silencio receptivo y sereno que haga sentirse aceptada a la otra persona.
Este tan relajado y tranquilo como pueda,
Siéntese cómodo.
Siéntese al lado de su pariente o amigo a punto de morir como si no tuviera nada más importante ni más agradable que hacer.
He descubierto que como en todas las situaciones graves de la vida hay dos cosas que resultan útiles,
El sentido común y el sentido del humor.
El humor es algo maravilloso para aligerar la atmósfera,
Ayudar a situar el proceso de morir en su auténtica perspectiva universal y romper la exagerada seriedad y la intensidad de la situación.
Así pues,
Utilice el humor con tanta habilidad y delicadeza como sea capaz.
También he descubierto,
Por experiencia propia,
Que resulta esencial no tomarse nada demasiado personalmente.
Cuando uno menos se lo espera,
El moribundo puede convertirlo en blanco de todas sus iras y reproches.
Como dice Elizabeth Kubler-Ross,
La ira y la culpa pueden desplazarse en todas direcciones y proyectarse hacia alrededor,
A veces casi al azar.
No se figure que esa cólera se dirige realmente contra usted.
Si comprende de qué profundidades de miedo y aflicción surge,
Evitarás reaccionar a ella de un modo que pueda perjudicar la relación entre ustedes.
A veces,
Quizás se sienta tentado a predicar a los moribundos o a darle su propia receta espiritual.
Evite absolutamente ceder a esa tentación,
Sobre todo si sospecha que no es eso lo que desea el moribundo.
Nadie quiere ser rescatado con las creencias de otro.
Sabe que no es su tarea convertir a nadie a nada,
Sino ayudar a la persona que tiene delante a ponerse en contacto con su propia fuerza,
Confianza,
Fe y espiritualidad,
Sea cual fuere.
Naturalmente,
Si la persona es verdaderamente receptiva a los temas espirituales y verdaderamente quiere saber qué piensa usted sobre ellos,
Tampoco ha de reprimirse.
No espere demasiado de usted mismo,
Ni espere que su ayuda va a producir resultados milagrosos en la persona que va a morir o que va a salvarla.
Se llevaría una decepción.
Las personas mueren como han vivido,
Como ellas mismas.
Para que se establezca una auténtica comunicación,
Hay que hacer un esfuerzo consciente para ver a la persona en relación a su propia vida,
Su carácter,
Su medio y su historia,
Y para aceptarla sin reservas.
Del mismo modo,
No se inquiete si le parece que su ayuda hace muy poco efecto y que el moribundo no responde.
No podemos conocer los efectos más profundos de nuestra atención y cuidados.
Manifestar amor incondicional.
Una persona a punto de morir necesita sobre todo que le demuestren un amor tan incondicional como sea posible,
Libre de toda expectativa.
No crea usted que ha de ser experto en nada.
Sea natural.
Sea usted mismo.
Sea un verdadero amigo.
Y la persona moribunda tendrá la seguridad de que está usted realmente con ella,
Comunicándose con sencillez y de igual a igual,
Como un ser humano con otro.
He dicho que una persona a punto de morir necesita que le demuestren amor incondicional,
Pero en algunas situaciones eso no es nada fácil.
Es posible que tengamos una larga historia de sufrimiento con esa persona.
Es posible que nos sintamos culpables por lo que le hicimos en el pasado o enojados y resentidos por lo que nos hizo ella.
Así pues,
Permítame que le proponga dos maneras muy sencillas de liberar el amor que siente en su interior hacia el moribundo.
Yo mismo y aquellos de mis alumnos que trabajan con moribundos hemos comprobado que las dos son poderosas.
La primera,
Mire al moribundo que tiene delante y piense que es igual que usted,
Con las mismas necesidades.
El mismo deseo fundamental de ser feliz y evitar el sufrimiento,
La misma soledad.
El mismo miedo a lo desconocido,
Las mismas zonas secretas de tristeza.
Los mismos sentimientos de impotencia reconocidos solo a medias.
Descubrirá usted que si realmente hace esto,
Se le abrirá el corazón hacia esa persona y el amor se hará presente entre los dos.
La segunda manera,
Y he comprobado que es aún más eficaz,
Consiste en ponerse en el lugar de la persona moribunda,
Directamente y sin arrebrarse.
Imagínese que es usted quien está en esa cama afrontando la muerte.
Y entonces,
Pregúntese seriamente.
¿Qué es lo que más necesitaría?
¿Qué me gustaría más?
¿Qué desearía realmente del amigo que ha venido a verme?
Si realiza estas dos prácticas,
Creo que descubrirá que lo que quiere el moribundo es lo que usted más querría,
Ser verdaderamente amado y aceptado.
También he visto a menudo que las personas que están muy enfermas,
Anhelan que las toquen.
Anhelan que las traten como personas vivas y no como enfermedades.
Puede darse mucho consuelo a los enfermos sencillamente tocándoles las manos,
Mirándoles a los ojos,
Dándoles un suave masaje,
Acunándolos entre los brazos o respirando suavemente al mismo ritmo que ellos.
El cuerpo tiene su propio lenguaje de amor.
Utilícelo sin temor y descubrirá que ofrece solaz y consuelo al moribundo.
Muchas veces olvidamos que los moribundos están perdiendo todo su mundo,
Su casa,
Su trabajo,
Su familia,
Sus amistades,
Su cuerpo y su mente.
Pero están perdiendo todo.
Cuando morimos,
Todas las pérdidas que podríamos experimentar en la vida se combinan en una sola pérdida abrumadora,
De modo que ¿cómo se nos puede ocurrir que una persona que está a punto de morir no ha de sentirse a veces triste,
A veces aterrorizada,
A veces colérica?
Elizabeth Kubler-Ross señala cinco fases en el proceso de aceptación de la muerte.
Rechazo,
Rabia,
Regateo,
Depresión y aceptación.
Naturalmente,
No todo el mundo pasa por todas estas fases,
Ni necesariamente por este orden.
Para algunas personas,
El camino a la aceptación puede ser larguísimo y espinoso,
Y otras quizá no la acepten jamás.
Nuestra cultura no hace gran cosa por dar a la gente una verdadera perspectiva sobre sus pensamientos,
Emociones y experiencias.
Y muchas personas que se encuentran ante la muerte y su desafío final se sienten engañadas por su propia ignorancia y terriblemente frustradas y enfadadas,
Sobre todo al comprobar que por lo visto nadie tiene interés en comprenderlas ni en comprender sus más sentidas necesidades.
Cicely Saunders,
La gran pionera del movimiento de los hospicios,
Escribe.
Una vez le pregunté a un hombre que sabía que estaba muriéndose qué era lo que más necesitaba de las personas que lo atendían.
Respondió,
Que alguien se comporte como si intentara comprenderme.
Ciertamente es imposible comprender del todo a otra persona,
Pero no he podido olvidar que aquel hombre no pedía el éxito,
Sino sólo que alguien se interesara lo suficiente para intentarlo.
Es esencial que nos interesemos lo suficiente para intentarlo y que transmitamos a esa persona la seguridad de que todo lo que pueda sentir,
Toda su rabia o frustración,
Es normal.
La muerte saca a la luz muchas emociones reprimidas.
Tristeza,
Insensibilidad,
Culpa e incluso envidia de que quienes aún están sanos.
Ayude a la persona a no reprimir esas emociones cuando se presente.
Esté a su lado cuando rompan las oleadas de dolor y aflicción.
Con aceptación,
Tiempo y paciente comprensión,
Las emociones se apacigüan poco a poco y devuelven al moribundo ese terreno de serenidad,
Calma y cordura que es lo más profunda y verdaderamente suyo.
No quiera ser demasiado sabio,
No intente decir siempre algo profundo,
No tiene que hacer ni decir nada para que las cosas mejoren.
El moribundo ha de estar allí tan plenamente presente como pueda y si experimenta usted mucho miedo y ansiedad y no sabe qué hacer,
Dígaselo sinceramente al moribundo y pídale ayuda.
Esa sinceridad contribuirá a una mayor intimidad y a establecer una comunicación más libre.
A veces los moribundos saben mucho mejor que nosotros cómo se les puede ayudar y hemos de saber recurrir a su sabiduría y permitir que nos transmitan lo que saben.
Cicely Saunders nos pide que recordemos que cuando estamos con un moribundo no somos los únicos que damos.
Tarde o temprano todos los que trabajan con moribundos se dan cuenta de que están recibiendo mucho más de lo que dan,
Pues encuentran aguante,
Valentía y muchas veces humor.
Esto tenemos que decírselo.
A menudo el moribundo se siente inspirado si nos oye expresar el reconocimiento de su valentía.
También he podido comprobar que me es útil recordar una cosa,
Que la persona en trance de muerte que tengo delante es siempre,
En algún lugar,
Inherentemente buena.
Surja la rabia o la emoción que surja,
Por repugnante u horrorosa que pueda ser en el momento,
Si nos concentramos en esa bondad interior consiguiremos el control y la perspectiva necesarias para ser lo más útiles posible.
Así como puede pelearse con un buen amigo,
Pero no por eso olvida sus mejores cualidades,
Haga lo mismo con el moribundo,
No lo juzgue por las emociones que puedan presentarse.
Esta aceptación por su parte dejará al moribundo en libertad de mostrarse tan desinhibido como tenga necesidad.
Trate a los moribundos como si fueran lo que a veces pueden ser,
Sinceros,
Llenos de amor y generosos.
En un plano espiritual más profundo me sirve muchísimo tener presente siempre que el moribundo tiene la verdadera naturaleza de Buda,
Tanto si se da cuenta de ello como si no,
Y la posibilidad de iluminación completa.
A medida que el moribundo se va acercando al momento de la muerte,
Esta posibilidad es,
En muchos aspectos,
Mayor aún.
Así que todavía merece mayor atención y respeto.
DECIR LA VERDAD A menudo me preguntan ¿hay que decirle a la persona que se está muriendo?
Y yo respondo siempre,
Sí,
De la manera más serena,
Más afectuosa,
Más sensible y más hábil posible.
Mis años de visitar a enfermos y moribundos me hacen estar de acuerdo con Elizabeth Kubler-Ross,
Quien ha observado que la mayoría de los enfermos,
Si no todos,
Se enteran igualmente.
Lo notan por el cambio en la atención,
Por la forma diferente en que la gente se dirige a ellos,
Por las voces bajas y la evitación de ruidos,
Por la cara llorosa o apesadumbrada y seria de uno o varios familiares que no logran disimular sus verdaderos sentimientos.
Con frecuencia he comprobado que la persona sabe instintivamente que se está muriendo,
Pero espera que los otros,
El médico o sus seres queridos se lo confirmen.
Si no lo hacen,
El moribundo puede creer que eso se debe a que sus familiares no son capaces de enfrentarse a la situación y entonces abstiene de abordar el tema.
Esta falta de sinceridad solo lo hace sentirse más aislado y más angustiado.
Creo que es esencial decirle la verdad al moribundo,
Es lo mínimo que se merece.
Si no les decimos la verdad a los moribundos,
¿cómo podrán prepararse para la muerte?
¿Cómo podrán llevar las relaciones de su vida a una conclusión verdadera?
¿Cómo podrán atender a los numerosos asuntos prácticos que deben resolver?
¿Cómo podrán ayudar a los que quedan atrás y han de seguir viviendo después de su partida?
Desde mi punto de vista de practicante espiritual,
Creo que la proximidad de la muerte es una gran oportunidad para que las personas lleguen a un entendimiento con su propia vida.
Y he visto a muchas,
Muchas personas aprovechar esta oportunidad del modo más inspirador,
Para transformarse y acercarse más a su propia verdad profunda.
Así,
Al comunicarle a la persona con afecto y sensibilidad,
Y en la primera ocasión conveniente,
Que va a morir pronto,
En realidad se le da la oportunidad de prepararse y de encontrar sus propios poderes de fortaleza y el sentido de su vida.
Permítame que le cuente una historia que me explicó la hermana Bridget,
Una monja católica que trabajaba en un hospicio irlandés.
El señor Murphy pasaba de los 60 años cuando el médico les anunció,
A él y a su esposa,
Que no le quedaba mucho tiempo de vida.
Al día siguiente la señora Murphy fue a visitar a su marido al hospicio y se pasaron el día hablando y llorando.
Durante tres días la hermana Bridget vio hablar a la pareja de ancianos y romper con frecuencia en llanto,
Hasta que empezó a pensar si no debería intervenir.
Sin embargo,
Al día siguiente los Murphy se mostraron de pronto muy relajados y serenos,
Cogidos de la mano y dándose grandes muestras de ternura.
La hermana Bridget paró a la señora Murphy en el pasillo y le dijo que no podía seguir así.
La señora Murphy le explicó que,
Al saber que su marido iba a morir,
Repasaron todos los años que habían vivido juntos y les vinieron muchos recuerdos.
Llevaban casi 40 años casados y naturalmente sintieron una enorme pena al pensar y al hablar de todas las cosas que habían pasado,
A continuación,
El señor Murphy redactó el testamento y escribió sus últimos mensajes a sus hijos y adultos.
Todo ello resultó muy triste,
Pues hacía difícil dejar de aferrarse,
Pero siguieron adelante porque el señor Murphy quería terminar bien su vida.
La hermana Bridget me contó que durante las tres semanas que vivió el señor Murphy,
La pareja irradiaba paz y una sencilla y maravillosa sensación de amor.
Aún después del fallecimiento de su marido,
La señora Murphy siguió visitando los pacientes del hospicio,
Donde también se encontró con el señor Murphy.
Esta historia me demuestra la importancia de decirle al enfermo la verdad lo antes posible y también la gran ventaja de afrontar con serenidad el dolor de la pérdida.
Los Murphy sabían que iban a perder muchas cosas,
Pero al afrontar las pérdidas y afligirse a la vida,
Se dieron cuenta de que no era la única oportunidad para ellos.
El miedo a morir.
Estoy seguro de que una de las cosas que ayudó a la señora Murphy a ayudar a su hijo fue la necesidad de que se le diera cuenta de que la vida no era una cosa fácil.
La hermana Bridget me contó que durante la vida de su hijo,
El señor Murphy se sentía muy triste y se sentía muy triste.
Estoy seguro de que una de las cosas que ayudó a la señora Murphy a ayudar a su esposo fue que afrontó en su interior su propio miedo a la muerte.
No podemos ayudar a un moribundo sin reconocer cómo nos afecta y perturba su miedo a morir,
Que hace aflorar nuestros más incómodos temores.
Trabajar con moribundos es como tener delante un cruel y bruñido espejo de la propia realidad.
En él vemos el rostro sin adornos de nuestro propio terror y miedo al dolor.
Si no miramos y aceptamos ese rostro del terror y el miedo en nosotros mismos,
¿cómo podremos soportarlo en la persona que tenemos delante?
Cuando vaya a tratar de asistir a los moribundos,
Tendrá que examinar todas sus reacciones,
Puesto que esas reacciones se reflejarán en las de la persona moribunda y contribuirán en gran medida a su beneficio o perjuicio.
Examinar sinceramente los propios miedos también nos ayuda en nuestro viaje hacia la madurez.
A veces pienso que no puede haber una manera más eficaz de acelerar nuestro crecimiento como seres humanos que trabajar con moribundos.
Atender a moribundos constituye de por sí una profunda necesidad.
Atender a moribundos constituye de por sí una profunda contemplación y reflexión sobre la propia muerte.
Es una manera de afrontarlo y trabajar con ella.
Cuando se trabaja con moribundos se puede llegar a una especie de resolución,
Una comprensión clara de cuál es el foco más importante de la vida.
Aprender a asistir realmente a quienes están muriendo es empezar a volvernos libres de temores,
Irresponsables respecto al propio morir,
Y a encontrar en nosotros los comienzos de una compasión ilimitada que acaso no sospechábamos.
Ser conscientes de nuestros propios temores acerca de la muerte nos ayudará en gran medida a ser conscientes de los temores del moribundo.
Imagínense profundamente lo que pueden ser esos temores.
Miedo a un dolor cada vez más fuerte e incontrolable.
Miedo a sufrir.
Miedo a la indignidad.
Miedo a la dependencia.
Miedo a la separación de todo lo que amamos.
Miedo a perder el control.
Miedo a perder el respeto.
Quizás el mayor de todo sea el miedo al propio miedo,
Que se vuelve más y más poderoso cuanto más lo esquivamos.
Por lo general,
Cuando una persona tiene miedo se siente aislada y sola,
Sin compañía.
Pero si alguien le hace compañía y le habla de sus propios miedos,
Se da cuenta de que el miedo es universal y eso le quita el filo de dolor personal.
Sus miedos vuelven de nuevo al contexto humano y universal.
Entonces,
La persona puede comprender ser más compasiva y afrontar sus propios miedos de una manera mucho más positiva e inspiradora.
A medida que aprenda a afrontar y aceptar sus propios miedos,
Se volverá cada vez más sensible a los de la persona que tiene delante y comprobará que se le agudiza la inteligencia y la intuición para ayudar a esa persona a exponer abiertamente sus temores,
Afrontarlos y empezar a disolverlos hábilmente.
Pues afrontar sus miedos,
Como verá,
No sólo le hará más compasivo,
Más valiente y más claro,
También le volverá más hábil y esa habilidad lo abrirá a toda clase de maneras de ayudar a la persona moribunda a entenderse y enfrentarse consigo misma.
Uno de los temores que más fácilmente podemos disipar es la inquietud que a todos nos produce la idea de padecer intensos dolores en el proceso de morir.
Me gustaría pensar que todas las personas del mundo están en condiciones de saber que eso hoy no es necesario.
El sufrimiento físico debe reducirse al mínimo.
Ya hay bastante sufrimiento en la muerte de por sí.
Un estudio realizado en el hospicio de St.
Christopher de Londres,
Lugar que conozco bien y en el que han muerto alumnos míos,
Ha demostrado que contando con la atención adecuada,
El 98% de los pacientes puede tener una muerte pacífica.
El movimiento de los hospicios ha desarrollado diversos métodos para controlar el dolor mediante varias combinaciones de medicamentos y no sencillamente narcóticos.
Los maestros budistas hablan de la necesidad de morir consciente con un dominio mental tan lúcido,
Nítido y sereno como sea posible.
Para ello el primer requisito es controlar el dolor sin enturbiar la conciencia del moribundo,
Y hoy en día eso puede hacerse.
Todo el mundo debería tener derecho a esa sencilla ayuda en ese agotador momento de tránsito.
Los asuntos por resolver Otra angustia que a menudo se presenta al moribundo es la de dejar asuntos sin resolver.
Los maestros nos dicen que habríamos de morir en paz,
Sin aferramiento,
Añoranza ni apego.
Eso no puede conseguirse plenamente si no se dejan resueltos,
En la medida de lo posible,
Los asuntos pendientes de toda una vida.
A veces comprobará usted que las personas se aferran a la vida y temen soltarse y morir porque no han llegado a la aceptación de lo que han sido y hecho.
Y cuando una persona muere albergando sentimientos de culpa o de enemistad hacia otros,
Quienes le sobreviven sufren aún más profundamente su aflicción.
A veces me pregunta,
¿no es demasiado tarde para curar el dolor del pasado?
¿No ha habido demasiado sufrimiento entre mi amigo o pariente moribundo y yo para que ahora sea posible la curación?
Soy de la opinión,
Y así me lo demuestra la experiencia,
Que nunca es demasiado tarde.
Incluso cuando ha habido enormes dolores y malos tratos,
La gente logra encontrar maneras de perdonarse.
El momento de la muerte tiene tal grandeza,
Solemnidad e irrevocabilidad que puede inducir a las personas a replantearse todas sus actitudes y a mostrarse más receptivas y dispuestas a perdonar aunque antes les resultara intolerable la idea.
Aún en el mismo límite de la vida es posible remediar los errores del pasado.
Hay un método para ayudar a resolver los asuntos pendientes que tanto a mí como a aquellos de mis alumnos que trabajan con moribundos nos ha resultado muy útil.
Se formuló a partir de la práctica budista de igualar e intercambiar el yo con otros y de la técnica Gestalt de Christine Longacker,
Una de mis primeras alumnas que llegó al campo de la muerte y el morir tras el fallecimiento de su marido a causa de una leucemia.
Por lo general,
Los asuntos pendientes son consecuencia de un bloqueo en la comunicación.
Cuando nos hieren solemos volvernos muy defensivos y discutimos siempre desde la posición del que tiene toda la razón y se niega ciegamente a aceptar el punto de vista del otro.
Eso no solo es desacertado,
Sino que congela toda posibilidad de verdadera comunicación.
Así pues,
Cuando practique este ejercicio,
Empiézalo con la resuelta motivación de sacar a la luz todos sus pensamientos y sentimientos negativos para tratar de entenderlos,
Para trabajar con ellos y resolverlos y finalmente soltarlos.
Después visualice delante de usted a la persona con la que tiene el problema.
Ve a esta persona con el ojo de la mente,
Exactamente como la ha visto siempre.
Imagínese entonces que se produce un auténtico cambio.
La persona se muestra muchísimo más abierta y receptiva a escuchar lo que usted tiene que decirle,
Más dispuesta que nunca a comunicarse sinceramente y a resolver el problema que hay entre los dos.
Visualice vividamente a la persona en ese nuevo estado de apertura.
Eso también le ayudará a usted a sentirse más abierto hacia ella.
Acto seguido,
Sienta verdaderamente en lo más profundo de su corazón qué es lo que más necesita decirle a esa persona.
Explíquele cuál es el problema.
Explíquele todos sus sentimientos y dificultades,
Su dolor,
Su pesar.
Dígale lo que hasta ahora no le había parecido conveniente ni fácil decirle.
Después,
Coja una hoja de papel y escriba lo que le diría.
Absolutamente todo.
Luego,
Cuando haya terminado,
Empiece inmediatamente a escribir lo que la otra persona podría responderle.
No se pare a pensar en lo que la otra persona solía decir antes.
Recuerde que ahora,
Según lo ha visualizado usted,
Esa persona le ha escuchado de verdad y es más abierta.
Así que limítese a escribir.
Vea que le sale espontáneamente y permita que la persona,
En su mente,
Exprese también por completo su versión del asunto.
Busque en su interior y compruebe si aún tiene algo más que decirle a esa persona.
Otros sentimientos lastimados o remordimientos por el pasado,
Que hasta ahora mantenía reprimidos o no había reconocido jamás.
Y de nuevo,
Como cada vez que exprese sus sentimientos,
Escriba la respuesta de la otra persona y anote todo lo que le venga a la cabeza.
Continúe este diálogo hasta que realmente tenga la sensación de que ya no reprime nada y que ya no queda nada por decir.
Para comprobar si de verdad puede dar el diálogo por concluido,
Pregúntese profundamente si ahora es usted capaz de dejar marchar el pasado.
De todo corazón,
Realmente capaz.
Satisfecho por la comprensión y el solaz que ese diálogo escrito le ha proporcionado.
De perdonar a esa persona o de tener la confianza de que ella le perdonaría.
Cuando sienta que lo ha conseguido,
No olvide expresar cualquier último sentimiento de cariño o de aprecio que pueda haber estado reteniendo y despídase de la persona.
Visualícela dando la vuelta para marcharse.
Y aunque ahora debe soltarla y dejarla marchar,
Recuerde que puede conservar su amor y el cálido recuerdo de los mejores aspectos de su relación,
Siempre en su corazón.
Para llegar a una reconciliación aún más clara con el pasado,
Busque un amigo al que pueda leerle el diálogo o léalo usted mismo en voz alta.
Cuando lo haya leído en voz alta,
Le sorprenderá advertir un cambio en usted,
Como si realmente se hubiera comunicado con la otra persona y realmente hubieran resuelto todos los problemas que tenían.
Después de eso,
Le resultará mucho más fácil soltar,
Hablar directamente con la otra persona acerca de sus dificultades.
Y cuando realmente haya soltado,
Se producirá un cambio sutil en la química entre usted y la otra persona y la tensión que durante tanto tiempo ha marcado la relación muchas veces se disolverá.
A veces,
Por asombroso que parezca,
Pueden acabar siendo grandes amigos.
Nunca olvide que,
Como dijo en cierta ocasión el célebre maestro tibetano Tsong Khapa,
Un amigo puede convertirse en enemigo e igualmente un enemigo puede convertirse en amigo.
LA DESPEDIDA No solo hay que aprender a dejar marchar las tensiones,
Sino también al moribundo.
Si siente usted apego y se aferra a la persona que ha de morir,
Eso puede causarle mucho dolor innecesario y hacerle a ella mucho más difícil soltarse y morir en paz.
A veces el moribundo puede vivir muchas semanas o meses más de lo que los médicos suponían y experimentar un gran sufrimiento físico.
Christine Longacker ha descubierto que para que una persona en ese caso pueda soltarse y morir en paz,
Necesita huir dos garantías verbales explícitas de sus seres queridos.
En primer lugar,
Estos han de darle permiso para morir.
Y en segundo lugar,
Han de asegurarle que saldrán adelante después de su muerte,
Que no debe preocuparse por ellos.
Cuando me preguntan por la mejor manera de darle a alguien permiso para morir,
Les digo que se imaginen que están de pie junto a la cabecera de la persona amada y que le dicen con la más profunda y sincera ternura,
Estoy aquí contigo y te quiero.
Estás muriéndote y eso es completamente natural,
Le ocurre a todo el mundo.
Me gustaría que pudieras seguir aquí conmigo,
Pero no quiero que sufras más.
El tiempo que hemos pasado juntos ha sido un gran sufrimiento para mí.
El tiempo que hemos pasado juntos ha sido suficiente y siempre lo tendré como algo precioso.
Por favor,
No sigas aferrándote a la vida,
Déjate ir.
Te doy mi más sincero y pleno permiso para morir.
No estás solo,
Ni ahora ni nunca.
Tienes todo mi amor.
Una de mis alumnas que trabaja en un hospicio me habló de una anciana escocesa,
Maggie,
A la que fui a visitar poco después de que su marido,
Próximo a morir,
Hubiera entrado ya en coma.
Maggie estaba triste y desconsolada porque nunca le había hablado a su marido del amor que sentía por él ni le había dicho adiós y ahora creía que era demasiado tarde.
La trabajadora del hospicio trató de alentarla diciéndolo que aunque el enfermo no le respondía en absoluto,
Quizás aún podía oírla.
Había leído que muchas personas al parecer inconscientes pueden de hecho percibir lo que ocurre a su alrededor,
De modo que le sugirió que se sentara junto a él y le dijera todo lo que quería decirle.
A Maggie nunca se le habría ocurrido hacerlo,
Pero aceptó la sugerencia y empezó a hablarle a su marido de los ratos buenos que habían compartido,
De cómo le echaría de menos y de cuánto lo amaba.
Al final,
Después de haberse despedido,
Le dijo «Me resulta difícil vivir sin ti,
Pero no quiero verte sufrir más,
Así que está bien que te marches».
En cuanto hubo terminado,
Su marido emitió un largo suspiro y murió pacíficamente.
No sólo la persona que se está muriendo,
Sino toda su familia debe aprender a soltarse.
Cada miembro de la familia puede hallarse en una fase distinta de aceptación y eso ha de tenerse en cuenta.
Uno de los grandes logros del movimiento de los hospicios es haber reconocido la importancia de ayudar a toda la familia a afrontar su pesar y sus inseguridades acerca del futuro.
Algunas familias se resisten a dejar partir a su ser querido,
Pensando que lo contrario sería una traición y una muestra de que no lo aman lo suficiente.
Christine Longacker les dice a estas familias que se imaginen el lugar del que va a morir.
Imagínense que está en la cubierta de un trasatlántico a punto de zarpar.
Vuelve la mirada hacia la orilla y ve a todos sus familiares y amigos que han venido a despedirle.
A usted no le queda más remedio que partir y el buque ya ha empezado a moverse.
¿Cómo querría que esas personas amadas se despidieran de usted?
¿Qué es lo que más le ayudaría en su viaje?
Incluso un ejercicio sencillo como este puede ser muy útil para capacitar a cada miembro de la familia a encontrar su propia manera de afrontar la tristeza de la despedida.
A veces me preguntan,
¿qué puedo decirles a mis hijos sobre la muerte de un familiar?
Yo les aconsejo que lo hagan con delicadeza,
Pero que les digan la verdad.
No hay que hacerle creer al niño que la muerte es algo extraño o terrorífico.
Déjelo participar en la medida de lo posible,
En la vida de la persona que va a morir,
Y responde con sinceridad a las preguntas que pueda hacerle.
De hecho,
La espontaneidad y la inocencia de un niño pueden aportar dulzura,
Frescor y a veces hasta sentido del humor,
Mitigando así el dolor de morir.
Anime al niño o niña a rezar por la persona moribunda y a sentir así que realmente está haciendo algo por ayudar.
Y después de haberse producido la muerte,
Asegúrese de que le da al niño atención y afecto especiales.
Por una muerte en paz.
Cuando me acuerdo de Tíbet y de las muertes que presencí allí,
Me llama la atención el ambiente sereno y armonioso en que ocurrieron muchas de ellas.
Esta clase de ambiente,
Por desgracia,
No suele encontrarse con frecuencia en Occidente,
Pero mi experiencia de estos últimos 20 años me demuestra que con imaginación puede crearse.
Considero que siempre que sea posible,
Las personas deben morir en casa,
Porque es el lugar donde probablemente la mayoría se encuentra más cómoda.
Asimismo,
La muerte pacífica que aconsejan los maestros budistas puede lograrse más fácilmente en un entorno familiar.
Pero si alguien debe morir en un hospital,
Usted,
Como ser querido,
Puede hacer mucho para contribuir a que esa muerte sea lo más natural e inspiradora posible.
Lleve plantas,
Flores,
Fotografías de los seres queridos,
Dibujos hechos por los hijos o los nietos,
Quizá un casé de música o,
Si es posible,
Comida preparada en casa.
Tal vez,
Le sea posible obtener permiso para que los niños vengan de visita o para que alguna persona querida pueda quedarse a pasar la noche.
Si el moribundo es budista o miembro de otra religión,
Los amigos pueden hacer un pequeño altar en la habitación con figuras o imágenes inspiradoras.
Recuerdo a uno de mis alumnos,
Llamado Rainer,
Que se hallaba en trance de muerte en un pabellón particular de un hospital de Múnich.
Junto a la cama tenía un altar creado para él con las imágenes de sus maestros.
Me sentí muy conmovido al verlo y me di cuenta de que la atmósfera que creaba ayudaba profundamente a Rainer.
Las enseñanzas budistas nos aconsejan que hagamos un altar con ofrendas cuando alguien está muriendo.
Ver la devoción y la paz mental de Rainer me hizo comprender hasta qué punto puede ser poderosa esta práctica y cómo puede ayudar a inspirar a las personas para hacer de su muerte un proceso sagrado.
Cuando una persona está muy próxima a la muerte,
Le sugiero que solicite al personal del hospital que no la moleste con tanta frecuencia y que dejen de hacerle exámenes y análisis.
A menudo me preguntan cuál es mi actitud ante la muerte en un hospital.
Me preguntan cuál es mi actitud ante la muerte en una unidad de vigilancia intensiva y debo responder que hallarse en una unidad de vigilancia intensiva dificulta muchísimo una muerte pacífica y apenas permite ninguna práctica espiritual en el momento de la muerte.
La persona muere sin intimidad.
Está conectada a los monitores y se harán intentos de reanimarla cuando deje de respirar o se le pare el corazón.
No existe la posibilidad de dejar el cadáver sin ser molestado durante cierto tiempo después de la muerte,
Como aconsejan los maestros.
Si le es posible,
Procure llegar a un acuerdo con el médico para que la advierta cuando ya no existe ninguna posibilidad de que la persona se recupere.
Y llegado el momento,
Haga que la trasladen a una habitación particular,
Si ella lo desea,
Desconectada de los monitores.
Asegúrese de que el personal conoce y respeta los deseos del moribundo,
Sobre todo si no quiere que intenten reanimarlo.
Y asegúrese también de que están enterados de que deben dejar el cuerpo sin ser molestado durante el mayor tiempo posible.
Naturalmente,
En un hospital moderno no se puede dejar el cuerpo a solas durante el periodo de tres días,
Que era habitual en Tibet.
Pero hemos de dar a los muertos toda la ayuda que podamos en forma de silencio y paz,
Para ayudarlos a iniciar su viaje más allá de la muerte.
Procure también que cuando la persona se halle finalmente en las últimas etapas de la muerte,
Se suspendan las inyecciones y todos los procedimientos médicos agresivos.
Tales tratamientos pueden provocar ira,
Irritación y dolor,
Y como explicaré en detalle más adelante,
Es absolutamente esencial que la mente del moribundo esté lo más serena posible en los momentos anteriores a la muerte.
La mayoría de la gente muere en estado de inconsciencia,
Una cosa que hemos aprendido de las experiencias de casi muerte es que los pacientes comatosos y moribundos pueden tener mucho más conciencia de lo que ocurre a su alrededor de lo que nos figuramos.
Muchos de los que han pasado por una experiencia de casi muerte hablan de experiencias extracorpóreas y describen de un modo asombrosamente preciso y detallado lo que sucedía en su entorno,
E incluso,
En ocasiones,
En otras habitaciones del mismo hospital.
Esto demuestra claramente la importancia de hablarle con frecuencia y con ánimo positivo a un moribundo o una persona en coma.
La atención consciente,
Alerta y activamente amorosa hacia la persona en trance de morir debe mantenerse hasta los últimos instantes de su vida y como enseguida se verá incluso más allá.
Una de las cosas que espero de este libro es que los médicos de todo el mundo se tomen muy en serio la necesidad de permitir que la persona muera en silencio y serenidad.
Quiero apelar a la buena voluntad de la profesión médica y espero inspirarla a encontrar maneras de conseguir que la difícil transición de la muerte resulte tan fácil,
Indolora y pacífica como sea posible.
Una muerte pacífica es,
En efecto,
Un derecho humano esencial,
Más esencial quizá que el derecho a votar o el derecho a la justicia.
Es un derecho del cual,
Como nos dicen todas las tradiciones religiosas,
Dependen en gran medida el bienestar y el futuro espiritual del moribundo.
No existe mayor don de caridad que ayudar a una persona a morir bien.
Fin del capítulo 11.
Siguiente capítulo,
Capítulo 12.
Compasión,
La joya que concede los deseos.
Gracias.
Subtítulos realizados por la comunidad de Amara.
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