
Audio-Libro 13 - La Túnica Azafrán - Lobsang Rampa
La Túnica Azafrán - Lobsang Rampa (1966) Penetración adicional en la vida de Lobsang dentro de Lamahood y los orígenes del Budismo - la historia de Gautama - y las cuatro verdades nobles. Narrador: Juan José Palanca. Música libre de derechos de autor.
Transcripción
Audiolibro,
Lobsang Rampa,
La túnica alzafrán,
Capítulo 13,
Narrador Juan José Palanca,
Ciencia del saber.
Era agradable hallarse otra vez en Chakpony,
Entre los que ya me tenían por uno de los suyos.
Allí los maestros se hallaban intensamente dedicados a la preparación de los lamas médicos.
Mi guía había propuesto que yo asistiera a las clases de anatomía,
Hierbas y medicina,
Pues Chakpony era el centro de tales enseñanzas.
Con otros veinticinco muchachitos como yo,
Muchachos mayores y uno o dos jóvenes monjes de otras lamaserías,
Se senté en el suelo de una de nuestras aulas.
El lama maestro ponía gran interés en su trabajo.
Le gustaba mucho enseñarnos.
«¡Agua!
» dijo.
El agua es la llave para la buena salud.
La gente no bebe lo bastante para el buen funcionamiento del cuerpo.
Come uno y se forma una masa que no puede atravesar el largo camino por los intestinos.
El resultado es un atasco,
Mala digestión y la incapacidad para tener la cabeza despejada en el estudio y la práctica de la metafísica.
Se interrumpió mirando a su alrededor como para desafiarnos a que pensáramos de otra manera.
«¡Maestro!
» dijo un joven monje de una de las lamaserías inferiores.
«Seguramente,
Si bebemos cuando comemos,
Diluiremos nuestros jugos gástricos».
«Por lo menos eso me han dicho».
El joven monje se cayó bruscamente y miró en torno a él como confuso por su audacia.
«¡Buena duda!
» exclamó el lama maestro.
«Por lo menos,
Mucha gente tiene esa impresión.
Pero está equivocada.
El cuerpo es capaz de proporcionar un jugo digestivo altamente concentrado.
En verdad,
Tan concentrado que bajo ciertas condiciones los jugos digestivos pueden empezar a digerirse en el cuerpo».
Abrimos la boca,
Asombrados,
Y sentí gran temor al pensar que me estaba comiendo a sí mismo.
El maestro sonrió.
Y se dio cuenta de la conmoción que había causado.
Durante unos momentos más siguió callado para que sus palabras no causaran una mayor impresión.
«¿Cómo se producen las úlceras gástricas?
Las irritaciones estomacales?
» preguntó mirándonos de uno en uno con la esperanza de que alguno le respondiera.
«¡Maestro!
» fue mi audaz intervención.
«Cuando un hombre se preocupa,
Tiene úlceras de modo muy parecido a cómo podría padecer de dolor de cabeza».
El maestro sonrió y respondió.
«Buena observación.
Si cuando alguien se preocupa,
Los jugos gástricos de su estómago se hacen cada vez más concentrados hasta que por fin resulta atacada la parte más débil del estómago.
Y cuando los ácidos que normalmente hacen digerir el alimento erosionan esa parte más débil de aquel,
Causan un agujero,
Retortijones,
Que trastornan el estómago y llevan a una mayor concentración de los jugos.
Por fin los ácidos pasan por el agujero que han hecho y se calan por entre las capas del estómago,
Causando lo que llamamos úlceras gástricas.
Una adecuada provisión de agua aliviaría en gran medida esta situación e incluso evitaría las úlceras.
Con la moral,
Si estáis preocupados y beber agua en cantidad,
Reduciréis el riesgo de tener úlceras».
«Maestro»,
Dijo un chico insensato.
«Espero que la gente no haga demasiado caso de eso,
Pues soy uno de los que han de subir agua por la montaña y es un trabajo muy pesado.
Mucha gente no presta suficiente atención a los problemas de un país como el Tibet.
Teníamos agua abundante,
Pero la mayor parte de ella en los sitios donde no se necesitaba.
Para proveer a las necesidades de la maserías como las del Potala y Chakpori,
Equipos de monjes aguadores y de chicos llevaban recipientes de cuero para agua por las sendas montañosas.
Caballos y yaks cargados eran también utilizados para transportar el agua necesaria para nuestro sustento.
Interminables equipos de trabajadores se apañaban en tener llenos depósitos que eran colocados en posiciones accesibles.
No nos bastaba con abrir un grifo para tener el agua,
Caliente o fría,
Que precisábamos si la nuestra había de ser sacada de un depósito.
También se empleaba arena muy fina de las orillas de los ríos para limpiar los utensilios y fregar los suelos.
El agua era apreciadísima,
Se lavaba nuestra ropa a la orilla del río.
Llevábamos allí nuestras prendas en vez de hacer que el río subiera a la montaña.
El lama maestro no hizo caso de lo que dijo aquel chico y prosiguió.
La peor enfermedad de la humanidad es,
E hizo una pausa para causar un efecto dramático,
Pues nos hizo pensar en enfermedades contagiosas y en el cáncer.
El estreñimiento.
El estreñimiento origina más enfermedades generales que cualquier otra causa.
Es la base de enfermedades más graves.
Le hace a uno perezoso,
Malhumorado y sentirse muy mal.
El estreñimiento puede ser curado.
Otra vez hizo una pausa y miró en torno suyo.
No se cura con dosis masivas de cáscara sagrada ni por mucho aceite de castor que se tome,
Sino sencillamente bebiendo bastante agua.
Pensad que comemos y que el alimento que tomamos ha de llegar hasta nuestro estómago y pasar por nuestros intestinos.
En estos,
Unos pelitos llamados billi que son como tubos absorben el poder digestivo del alimento que se va digiriendo y del que ya se ha digerido.
Si el alimento es demasiado sólido no puede entrar en los billi.
Se convierte en pegotes duros.
Los intestinos se retuercen,
Como podemos describir la acción peristáltica y esta empuja la comida por el canal alimentador dejando sitio para más.
Pero si la comida es sólida,
La peristalsis solo produce dolor y no movimiento.
Así el agua es muy necesaria para suavizar la masa.
Es lamentable que todos los estudiantes de medicina crean tener todos los síntomas que estudian.
Así me apreté el abdomen,
Pues estaba seguro de que todo yo era una masa endurecida.
Tengo que hacer algo para remediarlo,
Pensé.
Maestro,
Dije.
¿Cómo obtúa un laxante?
El ama que era nuestro maestro se volvió hacia mí.
Su mirada me sonreía.
Una persona que debe tomar un laxante es ya alguien que carece de la suficiente provisión de agua en el cuerpo.
Está extrañido por tener insuficiente fluido que suavice sus excrementos acumulados.
Hay que obtener el agua y lo primero que proporciona un laxante al cuerpo es agua por los billi,
De modo que la masa sea suavizada y soltada.
Y así se fortalece la necesidad peristáltica.
Se siente dolor cuando los pegotes duros se adhieren a la superficie interna y el cuerpo queda deshidratado.
Siempre hay que beber mucha agua después de tomar un laxante.
Sonrió al añadir.
Desde luego,
Debo decirle a nuestro amigo el aguador que quienes padecen de extrañimiento deberían echarse a la orilla del río y beber mucho.
Maestro,
¿por qué los que padecen de extrañimiento tienen tan mala piel y las salen tantos granos?
Un chico que tiene muy mala piel había preguntado aquello y se sonrojó muchísimo cuando todos lo miramos.
Tendríamos que librarnos de nuestros desechos como lo manda la naturaleza,
Respondió nuestro maestro.
Pero si el hombre obstruye ese método,
Entonces los desperdicios van a parar a la sangre,
Tapando los conductos vitales y el cuerpo procura librarse de esos desechos a través de los poros de la piel.
Por supuesto no es algo lo bastante fluido para que pueda pasar por los finos tubos de los poros y de ahí resulta un atascamiento y los granos.
Beber mucha agua y hacer suficiente ejercicio y así no tendremos que pagar tanto por la cáscara sagrada,
El jarabe de higos o el aceite de castor,
Se rió y dijo.
Ahora terminaremos con esto para que podáis ir enseguida a beber muchísima agua.
Agitó su mano en un gesto de despedida y se dirigió hacia la puerta cuando entró corriendo un mensajero.
¡Honorable maestro!
¿Hay aquí un chico llamado Rampa?
¿Martes Lopzang Rampa,
Por favor?
El maestro volvió la cabeza y me señaló.
¿Qué has hecho esta vez,
Lopzang?
Me preguntó suavemente.
Avancé de mala gana exagerando mi cojera patéticamente y preguntándome qué podía haber pasado esta vez.
El mensajero le dijo al lama.
Este muchacho tiene que presentarse enseguida al señor Abad.
Tengo que llevarle conmigo y no sé por qué.
Pensé ¿qué puede haber ocurrido ahora?
¿Me habría visto alguien tirándoles trampa a los monjes?
¿Acaso me verían echar sal al té del maestro de los acólitos?
O quizá.
.
.
Y sombríamente fui repasando los varios pecados de los que yo sabía que era culpable.
¿Y si el señor Abad conocía varias de mis ofensas?
El mensajero me llevó por los fríos y desnudos corredores de Chakbori.
Allí no había lujo.
Nada de ornamentos drapeados como en el Potala.
Todo era funcional.
Ante una puerta montaban guardia dos vigilantes y allí se detuvo el mensajero.
Me murmuró antes de entrar.
¡Espera!
Me quedé allí muy quieto apoyándome en un pie y luego en otro mientras que los vigilantes me observaban fríamente como si yo fuera alguna forma inferior de vida humana.
El mensajero reapareció.
¡Entra!
Me mandó empujándome.
Contra mi voluntad crucé la puerta,
Que se cerró detrás de mí.
Había entrado y me inmovilizó el asombro.
Allí no había austeridad.
El señor Abad,
Ataviado con riquísima vestidura en rojo y oro,
Estaba sentado sobre una plataforma levantada a unos tres pies del suelo.
Cuatro lamas lo atendían.
Recobrándome de mi impresión me incliné con tanto fervor que me crujieron las rodillas y mi escudilla y mi caja de los hechizos entrechocaron.
Detrás del señor Abad un lama me hizo señas de que avanzara y levantó la mano cuando llegué al punto donde debía detenerme.
Silencioso,
El Abad me miraba.
Repasaba atentamente todo mi aspecto.
Mi ropa,
Mis sandalias y probablemente se dio cuenta de que tenía muy bien afeitada la cabeza.
Se volvió hacia uno de los lamas de servicio y dijo.
—Con que este es el muchacho,
¿eh?
—Sí,
Mi señor,
Contestó el lama quien había dirigido la pregunta.
—¡Magnífico!
—De modo chico,
¿qué eres tú el que llevó ayuda al monje Tengli?
El lama que me había indicado antes que me acercase movió los labios y me señaló.
Comprendí lo que me quería indicar.
Así que hablé.
—He tenido una gran suerte,
Mi señor Abad,
Respondí con la que supuse que era humildad suficiente.
Y otra vez,
Aquella mirada inspeccionándome como si yo fuera una especie de bichito en una hoja,
Por fin volvió a hablar.
—¡Ejem!
Si has de ser muy felicitado por eso,
¡ajem!
Volvió su mirada hacia otra parte y el lama que se hallaba detrás de él me hizo señas para que hiciera la reverencia y me marchara.
Así,
Me incliné por tres veces y me retiré hacia atrás cautamente,
Enviándole un telepático gracias al lama que me había guiado con tan claras señales.
La puerta dio contra mi trasero.
Me volví para buscar el pestillo.
Por fin pude cerrarla y me apoyé en una pared lanzando un fiuf de alivio.
Mis ojos,
Al mirar hacia arriba,
Vieron a un gigantesco vigilante que me dijo,
—Bueno,
¿acaso vas a los campos celestiales?
No te hagas el remolón ahí,
Chico.
Me chilló junto a una oreja.
Malhumurado,
Me recogí la larga túnica y fui por el corredor mientras los dos vigilantes me miraban con mala cara.
En algún sitio crujió una puerta y una voz dijo,
—¡Quieto!
—Vaya,
Por el diente de Buda,
¿qué habré hecho ahora?
Me pregunté desesperado al pararme y volverme para ver de qué se trataba.
Un lama avanzaba hacia mí y,
Menos mal,
Sonreía.
Lo reconocí como el lama que me había estado haciendo indicaciones por detrás del Sr.
Abad.
—Te has portado bien,
Lobsang,
Murmuró contento.
Lo hiciste todo como debías.
Aquí tienes un regalo para ti.
Al Sr.
Abad también le gustan.
Me puso en las manos un paquete muy agradablemente abultado,
Me dio una palmadita en el hombro y se alejó.
Me quedé estupefacto toqueteando el paquete y tratando de adivinar cuál sería su contenido.
Levanté la mirada y allí estaban los dos vigilantes mirándome benévolos,
Pues habían oído las palabras del lama.
—¡Au!
—exclamé,
Asustado al mirarlos.
La sonrisa de un vigilante era algo tan raro que me asusté.
Y sin más,
Me alejé con la mayor rapidez que me fue posible para salir de aquel corredor.
—¿Qué llevas ahí?
Canturreó una vocecita.
Volví la cara y vi a mi lado un niño recién ingresado.
Con lengua estrapojosa me dijo.
—Algo de comer,
Supongo.
Dame un poco.
Tengo hambre.
Lo miré y efectivamente me pareció hambriento.
Había un cuarto almacén al lado y le llevé allí.
Nos sentamos detrás de unos sacos de cebada.
Abrí con gran cuidado el paquete y saqué lo que contenía.
—¡Alimento indio!
—¡Oh!
—dijo el chiquillo—,
Nunca he comido algo como esto.
Le pasé uno de los pasteles,
El que tenía algo blanco por encima.
Lo mordió y los ojos se le ponían cada vez más redondos.
De pronto recordé que yo también tenía uno de los pasteles en la mano izquierda.
Pero había desaparecido.
Un ruido detrás de mí me hizo volverme.
Allí estaba,
Uno de los gatos comiéndose mi pastel.
Y parecía gustarle mucho.
Con un suspiro de resignación metí de nuevo la mano en el paquete y saqué otro pastel.
—¡Brrr!
—dijo una voz detrás de mí.
Una pezuña me tocó el brazo.
—¡Brrr!
—dijo otra vez el gato.
Y cuando me volví a mirar ya me había quitado el segundo pastel y se lo estaba comiendo.
—¡Oh!
¡Horroroso ladrón!
Me quedé enfadado y luego recordé lo buenos que eran esos gatos.
Qué amigos míos eran y cuánto me consolaban.
—¡Lo lamento!
—¡Honorable gato guardián!
—le dije contrito.
—¡Trabajas para ganarte la vida y yo no!
Le dejé el pastel y levanté el gato en mis brazos.
Ronroneaba,
Ronroneaba y ronroneaba.
—¡Ah!
—dijo el niño.
—A mí no me dejan ni tocarlos.
¿Cómo te lo consienten a ti?
Tendió una mano y accidentalmente se llevó otro dulce.
Como no hice comentario alguno,
Se tranquilizó y se instaló con más comodidad para comerse el pastel.
El gato seguía ronroneando y me daba topetazos cariñosos con la cabeza.
Le di otro medio pastel,
Pero ya había tenido suficiente.
Se limitó a ronronear aún más fuerte y frotó un lado de la cara contra el dulce,
Derramando el pegajoso jarabe sobre sus patillas.
Satisfecho de que yo hubiera entendido las gracias que me había dado,
Se marchó solemnemente,
Saltó el marco de la ventana y se quedó allí sentado lavándose el cálido sol.
Cuando dejé de mirarlo,
Observé que el chiquillo había cogido el pastel contra el que el gato se había frotado y se lo estaba comiendo.
¿Crees en la religión?
Me preguntó el niño.
¿Creo yo en ella?
Pensé.
Es una pregunta muy curiosa.
Luego volví a preguntarme si de verdad creía yo en la religión y qué creía.
Yo no quería venir aquí,
Dijo el pequeño,
Pero me obligaron.
He rezado a la santa madre dolma.
He rezado mucho para no venir,
Pero no he podido evitarlo.
Recé para que mi madre no muriera,
Pero se murió y los que disponen de los muertos vinieron y se llevaron su cuerpo y se lo dieron a los buitres.
Nunca se me ha atendido una plegaria.
¿Y a ti,
Loxan?
Estábamos allí sentados en el cuarto almacén,
Recostados sobre los sacos de cebada.
En la ventana el gato se lavaba sin cesar.
Se mojaba una pezuña delantera,
Se la pasaba por un lado de la cara,
Volvía a humedecer la pezuña,
Se la pasaba por la parte de arriba de la cabeza detrás de las orejas y otra vez volvía a lavarse un lado de la cara.
Me producía un efecto casi hipnótico verlo sentado lamiéndose y limpiándose,
Lamiéndose y limpiándose,
Y así continuamente.
¿Plegarias?
Ahora que pensaba en ello,
Tampoco a mí me resultaban eficaces las plegarias.
Entonces,
Si no servía rezar,
¿para qué había que hacerlo?
Quemé muchas barras de incienso,
Dijo el pequeño humildemente.
Las cogía de la caja especial donde las guardaba la honorable abuela.
Pero los rezos nunca me servían.
Y ahora estoy aquí en Chakpori,
Preparándome para algo que no deseo ser.
¿Por qué?
¿Por qué tengo que ser monje si no me interesan estas cosas?
Apreté los labios,
Levanté las cejas y fruncí el entrecejo como lo había hecho recientemente el señor Ahmad mirándome.
Luego observé críticamente a aquel niño desde la cabeza a los pies.
Por fin le dije,
Por ahora dejaremos este asunto.
Pensaré en ello y sabrá la respuesta a su debido tiempo.
Mi guía,
El lama Mingyardondup,
Lo sabe todo y le pediré que me aconseje sobre eso.
Cuando me volví para ponerme difícilmente en pie,
Vi el paquete de dulces indios que estaba ya casi agotado.
Dejándome llevar por un impulso envolví bien lo que quedaba y se lo puse en las manos al chiquillo,
El cual estaba asombrado.
Aquí tienes esto,
Le dije.
Te ayudará a meditar en cosas espirituales.
Cosas de las que importan.
Ahora debes irte porque tengo que pensar.
Sujetándole un codo le conduje hasta la puerta y le eché amablemente.
Le encantaba poder irse pues temía que cambiase yo de idea y quisiera que me devolviese los dulces indios.
Después de irme ya de él me concentré en asuntos más importantes.
En uno de los sacos había visto un hermoso pedazo de cuerda.
Me acerqué allí y lo saqué de la boca del saco.
Luego me acerqué a la ventana y jugué con el gato,
Persiguiendo el extremo de la cuerda que yo hacía moverse.
Saltaba sobre los sacos,
Se metía entre ellos y por lo general se divirtía mucho.
Por fin,
Tanto él como yo nos cansamos casi simultáneamente.
Se me acercó,
Me dio unos golpecitos con la cabeza y se estuvo con la cola levantada en el aire diciendo FRAU.
Por fin,
Saltó el alféizar de la ventana y desapareció en uno de sus misteriosos viajes.
Me guardé el pedazo de cuerda y salí al corredor,
Por el que seguí hasta llegar a mi habitación.
Durante un rato estuve ante la lámina más importante.
Era una figura masculina y se podía ver dentro de ella.
Primero aparecía la tráquea y a la izquierda de ella un dibujo de dos monjes muy atareados soplando para introducir aire en los pulmones.
A la derecha,
Otros dos monjes introducían aire en el lado derecho de los pulmones y me fijé en que trabajaban mucho para ello.
Hubo un grabado del corazón.
De este,
Unos monjes sacaban sangre o más bien fluido,
Pues no se podía ver que fuese sangre.
Más allá,
Había una amplia cámara que era el estómago.
Un monje,
Evidentemente uno de los mayores,
Estaba sentado detrás de una mesa y cinco monjes se hallaban muy atareados llevando paquetes de comida.
El monje principal anotaba la cantidad de alimentos que llevaban.
Un grupo de monjes sacaban bilis de la vesícula biliar para diluir los alimentos y ayudar así a la digestión.
Otros monjes se hallaban incubados en lo que,
Evidentemente,
Era una fábrica química,
El hígado.
Estaban rompiendo varias sustancias con ácidos y me causaba un efecto fascinante mirar aquel cuadro porque luego todo pasaba por vueltas y revueltas que representaban los intestinos.
Los monjes metían varias sustancias en los intestinos.
Más allá se encontraban los riñones donde los monjes separaban diferentes fluidos y cuidaban de que estos fueran enviados en la dirección adecuada.
Pero debajo de la vejiga aparecía lo más interesante de todo.
Dos monjes aparecían sentados en los lados opuestos de un tubo y sin duda controlaban la marcha de un fluido.
Luego se fijó mi vista en el rostro de la figura y no me pareció raro que tuviese aquella expresión de mal humor con tanta gente en su interior que le pinchaban y daban golpes por dentro y le hacían cosas tan raras.
Me estuve un rato en agradable contemplación y haciéndome fantasía sobre los hombrecillos que estaban allí dentro.
Por fin,
Sonó una llamada leve en la puerta de comunicación y a los pocos momentos abrió.
Allí se hallaba mi guía en Lama Mingyardondup.
Sonrió aprobatoriamente al verme contemplar las figuras.
Esa es una imagen muy antigua.
La hicieron en su forma original grandes artífices de China.
La figura primitiva es de tamaño natural y fue hecha con diferentes clases de madera.
Yo he visto ese original y verdaderamente parece tener vida.
Me dijo entendido que has causado una excelente impresión al señor Abad,
Me dijo poco después que creía que tú tienes notables facultades y añadió con una voz un poco irónica.
Pude asegurarle que el recóndito era de la misma opinión.
Me zumbaba la cabeza de pensar en la religión,
De modo que le dije humildemente.
Maestro,
¿me permite hacerle una pregunta sobre algo que me ha preocupado mucho?
Desde luego que sí.
Si puedo ayudarte,
Lo haré con mucho gusto.
¿Qué te inquieta?
Pero vamos a mi habitación donde podemos sentarnos cómodamente y tomar el té.
Se volvió y se dirigió hacia su cuarto después de haber comprobado con una rápida mirada que mis provisiones disminuían rápidamente.
Cuando estuvimos ambos en su cuarto envió a buscar un sirviente y pronto estuvo listo al té.
Cuando terminamos de tomarlo me sonrió el lama y dijo,
Bueno,
¿qué te pasa ahora?
Tómate todo el tiempo que quieras y cuéntamelo todo,
Pues no necesitas asistir al servicio vespertino.
Se sentó en la posición del loto con las manos unidas en su regazo.
Me senté o más bien me incliné del lado y procuré ordenar mis pensamientos para exponer lo más claramente posible el asunto sin chapucear.
Es como si los dioses no escuchasen las oraciones.
Parece que como este es el mundo de la ilusión,
También deben ser ilusiones las oraciones y la religión.
También sé que muchos peregrinos buscan la ayuda de los lamas para que sus problemas sean resueltos,
Pero nunca he sabido que ninguno se haya arreglado.
También mi padre cuando yo tenía un padre empleaba a un sacerdote todo el tiempo,
Pero no parece habernos servido de mucho.
Maestro,
¿puede usted decirme,
Quiere usted decirme para qué sirve la religión?
Mi guía permaneció en silencio algún tiempo mirándose las manos juntas.
Por fin suspiró y me miró fijamente.
Lobsang dijo,
La religión es muy necesaria.
Es absolutamente necesario,
Esencial,
Que haya religión que imponga una disciplina espiritual a sus creyentes.
Sin religión sería la gente peor que los animales salvajes.
Sin religión no habría voz de la conciencia.
Te digo que no importa en absoluto si uno es hindú,
Budista,
Cristiano o judío.
Todos los hombres tienen la sangre roja y su fe es en esencial la misma.
Se interrumpió y me miró tratando de saber si yo le podría seguir en lo que estaba hablando y en el significado que él pensaba.
Moví la cabeza afirmativamente y él continuó.
Aquí en la tierra la mayoría de la gente se parece mucho a los niños de la escuela.
Niños que nunca ven al director y que nunca ven el mundo exterior a la escuela.
Imagínate que el edificio de la escuela está totalmente rodeado por un alto muro.
Hay ciertos maestros en ese centro docente,
Pero a los principales nunca los ven en la clase a que me refiero.
Y los alumnos de esa escuela tendrán entonces una base para pensar que no hay director alguno si no tienen la capacidad suficiente para comprender que debe de haber alguien que esté por encima de los maestros corrientes.
Cuando los niños son examinados y pueden pasar a una clase superior,
Pueden entonces moverse fuera del muro que rodea la escuela y quizá lleguen a conocer al director y vean el mundo en torno.
Con demasiada frecuencia pide la gente pruebas.
Quieren tener la prueba de todo y la necesitan para creer que existe Dios.
Y el único modo de que tengan esa prueba es que sean capaces de viajar astralmente,
Capaces de clarividencia,
Pues cuando viaja uno más allá de los confines de esa clase que está amurallada,
Puede verse más allá la verdad mayor.
De nuevo se interrumpió y me miró inquieto para saber si iba yo siguiendo satisfactoriamente sus observaciones.
La verdad es que lo comprendía muy bien y cuanto decía tenía para mí pleno sentido.
Imaginemos que tenemos una clase y que creemos que nuestro director se llama tal y cual,
Pero hay cerca de nosotros otra clase y podemos conocer a esos estudiantes.
Discuten con nosotros y nos dicen que el director se llama de otra manera a como creíamos.
Pero una tercera clase,
A la que también podemos conocer,
Interrumpe desconsideradamente y nos dice que todos somos idiotas,
Porque no hay director alguno,
Por si lo hubiera,
Lo habríamos tratado o visto.
Por lo menos no tendríamos duda alguna sobre su nombre.
Ahora Lobsang,
Dijo sonriendo mi guía,
Comprenderás que una de las clases estaba lleno de hindúes que llaman a su director de una manera,
La otra puede estar llena de cristianos que dan a su director otro nombre.
Pero cuando sacamos la esencia de cada religión nos encontramos con que todas ellas tienen características comunes y básicas.
O sea que para todas hay un Dios,
Un ser supremo,
Podemos adorarle de muchas maneras diferentes,
Pero mientras lo adoramos con nuestra creencia eso es lo que importa.
Se abrió la puerta y entró un monje sirviente llevándonos más té.
Mi guía se alegró al servir más de este,
Pues tenía sed con tanto hablar,
Y yo también me dije que estaba sediento de tanto escuchar y que necesitaba bebida.
Una excusa era tan buena como la otra.
Lobsang suponde que todos los acólitos,
Monjes y lamas de la lamasería de la valla de la Rosa Silvestre,
No tuvieran a nadie responsable que estuvieran cargado de la disciplina de ellos.
Hay 7.
000 habitantes en aquella lamasería,
Nada menos que 7.
000.
Supongamos que no tuvieran allí disciplina ni esperanza de recompensa,
Ni castigos,
Y supongamos que todos pudieran hacer allí lo que quisieran sin que la conciencia les remordiera por nada.
Pronto habría anarquía,
Incluso asesinatos.
Podría suceder cualquier cosa.
Desde luego,
Esos hombres son mantenidos en orden por la disciplina,
Tanto espiritual como física.
Pero es esencial para todos los pueblos del mundo tener una religión,
Pues se debe tener tanto disciplina espiritual como física.
Porque si solo hay disciplina física,
Entonces es un problema de fuerza y ganará el más fuerte.
Pero cuando hay disciplina espiritual,
Se dirige mediante el amor.
El mundo de hoy necesita volver a la religión,
No a una determinada sino a cualquier religión,
La más indicada para el temperamento de la persona a quien concierne.
Sentado allí,
Meditaba en todo lo que había oído.
Podía ver el sentido que tiene una disciplina,
Pero seguía preguntándome por qué nunca hallábamos una respuesta a nuestras plegarias.
—Vonorable maestro,
—pregunté—,
Todo eso está muy bien.
Pero si la religión es algo tan bueno para nosotros,
¿por qué no son atendidas nuestras oraciones?
Yo estuve rezando para no tener que venir a un vaciadero,
Bueno,
Quiero decir,
A una lamasería,
Pero a pesar de mis plegarias tuve que ir.
Si la religión es tan buena,
¿por qué he tenido que venir?
¿Por qué no se han atendido mis ruegos en mis oraciones?
—Loafzank,
¿cómo puedes saber que tus oraciones no han sido atendidas?
Tienes una idea equivocada de la oración.
Mucha gente cree que les basta unir las manos y pedirle a un misterioso Dios que les conceda una ventaja sobre sus prójimos.
Muchos rezan para tener dinero.
A veces rezan algunos para que un enemigo les caiga en las manos.
En la guerra,
Los bandos contrarios rezan para obtener la victoria y las dos partes aseguran que Dios está con ellas y que se haya dispuesto a aplastar al enemigo.
No debemos considerar a Dios como a una gran figura sentada ante una mesa y recibiendo las peticiones que le llegan en forma de plegarias y concediendo todo lo que se le pide.
Se rió y continuó.
Imagínate que vas a ver al señor Abad y que le dices que estás rezando para que te suelte de la lamasería o para que te dé una gran cantidad de dinero.
¿Acaso crees que contestaría a tu petición en el sentido que tú deseas?
Lo más probable sería que su respuesta fuese en el sentido contrario al deseado por ti.
Aquello me parecía sensato,
Pero tenía que pensar en la falta de sentido de seguir rezando si no había a quien me respondiera o concediera las cosas que uno pedía.
Tu idea de la oración,
Por lo que veo,
Es completamente egoísta.
Lo que pides todo el tiempo es algo para ti.
¿Crees que puedes rezarle a un Dios para pedirle que te envíe una caja de almendras garrapiñadas?
¿Crees que puedes rezar para encontrarte en los brazos un gran paquete de dulce sin Dios?
La oración debe ser para beneficio de los demás.
La oración ha de servir para dar gracias a Dios.
La oración debe consistir en la afirmación de lo que deseas hacer en provecho de los demás,
No de ti.
Cuando rezas das cierto poder a tu pensamiento.
Y si es posible o conveniente,
Debes rezar en alto,
Pues eso añade poder a los pensamientos.
Pero debes asegurarte de que tus plegarias son altruistas y llegar a la convicción de que no contradicen a las leyes naturales.
Aunque movía la cabeza para expresar mi asentimiento,
Me parecía que las oraciones servían de poco.
Mi guía me sonrió ante mi aparente falta de atención y prosiguió.
Sí,
Ya sé lo que piensas.
Crees que la oración es una pérdida de tiempo.
Pero supongamos que una persona acaba de morir.
O supongamos que alguien lleva ya muerto algunos días.
Y que supieras que puedes rezar una oración que obtenga respuesta positiva.
Imaginemos que rezarás para que esa persona volviera a la vida.
¿Crees que sería conveniente resucitar a alguien que llevara muerto tanto tiempo?
Algunos rezan para que Dios haga morir a alguien que acaba de disgustar a la persona que reza.
¿Crees que sería razonable esperar que Dios fuese por ahí matando gente porque alguna persona insensata hubiera rezado para ello?
Pero,
Honorable maestro,
Los lamas rezan todos ellos al unísono en los templos y todos ellos piden cosas diferentes.
¿Qué finalidad puede tener eso?
En efecto.
Los lamas rezan al unísono en los templos pensando en diferentes cosas.
Rezan.
Es decir,
Dirigen sus pensamientos para que les permita ayudar a los desgraciados.
Rezan para que los desvalidos puedan tener ayuda.
Lo cual es una asistencia telepática.
Rezan para que quienes son ya fantasmas errantes perdidos en el desierto más allá de esta vida puedan ser guiados.
Para que si una persona muere sin saber nada del otro lado de la muerte,
Él o ella,
No se pierdan en una ciénaga de ignorancia.
Por eso rezan los lamas,
Enviando pensamientos telepáticos.
Para que los que necesitan ayuda la reciban.
Me miró con cierta seriedad y añadió,
Los lamas no rezan en beneficio propio.
No rezan para ser ascendidos.
No se les ocurre hablar para que el lama tal o cual,
Que ha sido un poco difícil,
Se caiga de un tejado o tenga una desgracia semejante.
Solo rezan para ayudar a los demás.
Mis ideas se me iban desquiciando un poco.
Pues siempre había creído que un dios o la bendita madre dolma podría atender un ruego si se le hacía llegar con el suficiente fervor.
Por ejemplo,
Yo no había querido ingresar en una lamasería y había rezado muchísimo para ello.
Pero por mucho que rezara,
No pude evitar ir a la lamasería.
Según parecía,
El rezo solo era algo que quizá pudiera ayudar a otras personas.
Sigo tus pensamientos claramente y no coincido con tus puntos de vista en este asunto,
Dijo mi guía.
Si uno ha de ser espiritual,
Debe hacer por los demás lo que desearía que le hicieran a él mismo.
Debes rezar para tener la fuerza y la sabiduría que te permitan proporcionarles también a los demás sabiduría y fuerza.
No debes rezar en provecho propio,
Pues eso es un ejercicio inútil,
Una pérdida de tiempo.
Entonces pregunte,
¿una religión es algo que tenemos que hacer por los demás?
Nada de eso,
Lobsang.
Una religión es algo que vivimos.
Son unas normas de conducta que nos imponemos voluntariamente a nosotros mismos para que se purifiquen y fortalezcan nuestros superiores.
Al tener pensamientos puros,
Eliminamos los pensamientos impuros y fortalecemos aquello a lo que volvemos cuando abandonamos el cuerpo.
Pero cuando domines más el viaje astral,
Podrás ver la verdad.
Por ahora,
Durante unas cuantas semanas más,
Debes creer lo que te digo.
La religión es muy real y muy necesaria.
Si rezas y tus rezos no son atendidos como crees,
Puede ser que en definitiva tu oración hubiera sido ya contestada.
Porque antes de venir a esta tierra,
Hacemos un plan concreto de las ventajas y desventajas que encontraremos en este mundo.
Planeamos nuestra vida en la tierra antes de venir aquí.
Lo mismo que un estudiante de un gran colegio planifica sus cursos y estudios para el final de ellos.
Ser esto,
Lo otro o lo de más allá,
Aquello para lo que se ha preparado.
¿Cree usted,
Honorable maestro,
Que hay una religión superior a otra?
Dije con bastante timidez.
Ninguna religión es mejor que el hombre que la procesa.
Aquí tenemos nuestros monjes budistas.
Algunos de ellos viven santamente,
Pero otros no tanto.
Una religión es algo muy personal y cada persona tiene un modo diferente de abordar la religión.
Cada uno ve cosas diferentes en la suya.
No importa que un hombre sea budista,
Hindú,
Judío o cristiano.
Lo que realmente importa es que cada uno practique su religión lo mejor posible de acuerdo con su creencia.
Maestro,
Volví a preguntar.
¿Está bien que una persona cambie de religión y puede un budista convertirse en cristiano o un cristiano hacerse budista?
Mi opinión personal,
Lobsang,
Es que,
Excepto en circunstancias insólitas,
Una persona no debe cambiar de religión.
Si alguien ha nacido en la fe cristiana y vive en el mundo occidental,
Debe conservar su fe.
Pues uno absorbe las creencias religiosas lo mismo que los primeros sonidos de su lengua.
Y a veces ocurre que si una persona que es cristiana se convierte de pronto en hindú o en budista,
Ciertos factores hereditarios tienden a debilitar la aceptación de la nueva fe.
Y con demasiada frecuencia,
Para compensar lo que perdió,
El nuevo hindú o budista se vuelca fanáticamente a favor de su nueva religión mientras que al mismo tiempo le quedan toda clase de dudas y conflictos sin resolver bajo la superficie.
Pocas veces es satisfactorio el resultado.
Soy partidario de que cada cual se mantenga fiel a la creencia religiosa que tiene desde el principio.
Mmmmm,
Hice mientras meditaba.
Entonces parece ser que mis ideas religiosas han estado completamente equivocadas.
Resulta que uno tiene que dar y no pedir para uno.
Solo cabe la esperanza de que algún otro pida para uno en sus oraciones.
Podemos aspirar a la comprensión.
Y uno puede rogar en sus oraciones,
Ser capaz de ayudar a los demás,
Porque ayudando a los otros aprende uno enseñando a los demás.
Aprendemos.
Y salvando a los otros se salva uno.
Hay que dar antes que recibir.
Hay que dar de nosotros mismos,
Dar nuestra compasión,
Nuestra misericordia.
Hasta que uno no sea capaz de darse,
No podrá recibir de los demás.
No es posible obtener misericordia sin haberla manifestado antes.
No se puede obtener comprensión sin haber sido comprensivo antes con los problemas de los otros.
La religión es algo muy grande,
Lobsang.
Demasiado grande para ser tratada en una breve conversación como esta.
Pero piensa en ello.
Piensa en lo que puedes hacer por los demás.
En cómo puedes proporcionar placer y progreso espiritual a los otros.
Permíteme preguntarte algo,
Lobsang.
Tú contribuiste a salvar la vida de un pobre monje viejo que tuvo un accidente.
Si piensas en ello,
Sinceramente,
Reconocerás que has tenido con ello placer y elevada satisfacción.
¿Es así o no?
Pensé en eso y sí,
Era muy cierto.
Me sentía muy satisfecho de haber ido allí tras el honorable Puspús y haber contribuido a socorrer al viejo.
Sí,
Honorable maestro,
Lleva usted razón.
Me siento muy satisfecho,
Respondí por fin.
Caían las sombras de la tarde y el manto morado de la noche iba extendiéndose paulando.
En la lejana lasa,
Las luces empezaban a oscilar y la gente se movía ya tras sus visillos encerrados.
Debajo de nuestra ventana,
Uno de los gatos lanzó un quejoso grito que fue contestado por otro gato cercano.
Mi guía se levantó estirándose.
Parecía estar poco ágil y cuando logré ponerme en pie casi me caía de frente por la ventana.
Y sí,
También yo estaba entumecido.
Nos asomamos juntos a la ventana durante algunos momentos y entonces dijo mi guía.
Será una buena idea descansar bien esta noche,
Pues quién sabe si mañana temprano tendremos que hacer.
Buenas noches,
Lobsang.
Buenas noches.
Honorable maestro,
Me siento muy satisfecho.
Gracias por el tiempo que ha empleado y la molestia que se ha tomado enseñándome.
Soy lento de entendederas y supongo que mi mente no es muy viva,
Pero ya voy empezando a entender más.
Gracias.
Buenas noches.
Me incliné ante él.
Me volví y me dirigí hacia la puerta de comunicación.
Lobsang,
¿qué es lo que te está diciendo?
Buenas noches.
Me incliné ante él.
Me volví y me dirigí hacia la puerta de comunicación.
Lobsang me llamó mi guía.
Yo le atendí enseguida.
El señor Abad estaba verdaderamente satisfecho de ti y eso deberá hacerse constar en tu expediente.
El señor Abad es un hombre muy austero y muy serio.
Te has portado bien.
Buenas noches.
Buenas noches.
Repetí cuando entraba ya en mi habitación.
Hice con rapidez mis sencillos preparativos para la noche y entonces me tendí,
No para dormirme inmediatamente,
Sino para pensar en las cosas de que habíamos hablado.
Y debía reconocer que,
Indudablemente,
Pertenecer como era debido a la religión,
Que siempre fue la de uno,
Podía proporcionar la disciplina espiritual más adecuada y excelente.
Fin del capítulo 13.
Siguiente capítulo,
Capítulo 14.
Gracias.
Conoce a tu maestro
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