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Cuento Para Dormir: El País de las Maravillas, Cap 2

by Antonia L

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Meditación
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Niños
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¿Buscabas un lugar para dar rienda suelta a tu imaginación y sumergirte en un mundo de maravillas? Has llegado al lugar indicado. ¡Bienvenido! En el asombroso universo de Alicia en el País de las Maravillas, una joven curiosa se desliza a través de un agujero de conejo hacia un reino lleno de criaturas excéntricas y personajes inolvidables: un Sombrerero Loco, una Oruga sabia, una Reina de Corazones despótica y muchos más. En este fascinante territorio onírico, Alicia se enfrenta a enigmas y descubre lecciones que desafían la lógica y la realidad. Producción y narración por Antonia Leo. Nos vemos en la próxima página! ALICIA EN EL PAÍS DE LAS MARAVILLAS de LEWIS CARROLL

Transcripción

Capítulo 2 El charco de lágrimas ¿Qué más curioso?

Gritó Alicia.

Ahora me estoy estirando,

Como el más grande de los telescopios que ha existido.

Adiós,

Piececitos míos.

Porque cuando se los miró,

Le pareció que estaban tan lejos que casi se perdían de vista.

Oh,

Mis pobres piececitos.

¿Cómo me las arreglaré para volverlos a calzar con zapatos y medias?

Estoy segura de que no seré capaz.

Me encuentro demasiado lejos.

Ya no puedo ayudarlos.

Lo mejor es que traten de arreglárselas de la mejor manera posible.

Sin embargo,

Debo ser cariñosa con ellos,

Pensó Alicia.

Que si no,

Es posible que no quieran caminar hacia donde yo deseo ir.

Veamos.

Les daré un par de zapatos nuevos para cada Navidad.

Continuó planeando la forma en que procedería.

Hay que tratarlos bien,

Se dijo.

Y cuán gracioso parece esto de mandar regalos a los propios pies de uno.

Qué divertida resultaría la tarjeta.

Y así imaginó cómo escribiría la tarjeta de regalo para sus propios pies.

Señor Piederecho de Alicia.

Alfombra roja,

Cerca de la chimenea.

Con todo cariño,

De Alicia.

Cielos,

Qué tonterías estoy hablando.

En ese preciso momento,

Su cabeza chocó contra el techo de la sala,

La que tenía unos tres metros de alto más o menos.

Inmediatamente,

Cogió la llave de oro y corrió hacia la puertecilla del jardín.

Pero pobre Alicia,

Lo más que pudo hacer fue tenderse de lado para mirar con su ojo a través de la cerradura.

Ahora,

Cruzar la puerta era más complicado que nunca.

Se sentó y empezó a llorar de nuevo.

Deberías avergonzarte de ti misma,

Se dijo sollozando.

Una muchacha,

Grande como tú,

Seca inmediatamente tus lágrimas.

Pero el llanto continuó igual,

Brotando como un gran río.

Hasta que se formó alrededor de ella un charco que llegaba hasta la mitad de la sala y que tendría sus cuatro centímetros de profundidad.

Después de un rato,

Oyó a la distancia el ruido de unas pequeñas pisadas.

Alicia se secó las lágrimas apresuradamente de los ojos para ver quién venía.

Era el conejo blanco que regresaba,

Espléndidamente vestido con un par de elegantes guantes en una mano y un gran abanico en la otra.

Venía trotando con gran prisa y murmurando,

¡Oh,

La duquesa!

¡La duquesa!

Sería un salvaje si les diera a esperar.

Alicia se sentía tan desesperada que estaba dispuesta Así es que cuando el conejo se aproximó,

Empezó a decir con su voz suave y tímida,

Sí,

Si usted me hace el favor,

Señor.

El conejo se detuvo violentamente.

Dejó caer los guantes y el abanico,

Y se perdió en la oscuridad,

Tan ligero como pudo.

Alicia recogió el abanico y los guantes,

Y como la sala estaba muy calurada,

¡Cielos!

¿Qué cosas tan extrañas suceden hoy?

Sin embargo,

Ayer todo era igual,

Como siempre.

¿Habré cambiado yo?

¿Habré cambiado durante la noche?

Veamos.

¿Era yo la misma cuando me desperté esta mañana?

Casi creo recordar.

Ahí está.

La gran confusión.

Empezó a pensar en todos los niños que conocía,

Y que fuesen de la misma edad que ella,

Para ver si se había cambiado por alguno de sus amigos.

¿Era yo la misma cuando me desperté esta mañana?

Casi creo recordar que me sentí un poco diferente.

Pero si no soy la misma,

¿quién soy entonces?

Ahí está.

La gran confusión.

¿Habré cambiado por alguno de sus amigos?

Estoy segura de que no soy Ada,

Se dijo,

Porque lleva un pelo con largas trenzas,

En cambio yo lo uso suelto.

También estoy segura de que no puedo ser Margarita,

Porque yo sé muchas cosas y ella sabe muy poco.

Además,

Ella es ella y yo soy yo.

¡Cuán confuso es todo esto!

Veré si sé todavía lo que aprendí.

Veamos.

Cuatro veces cinco es doce.

Cuatro veces seis es treinta.

Y cuatro veces siete es.

.

.

Es.

.

.

No.

.

.

Es.

.

.

No puedo creerlo.

Lo he olvidado otra vez.

No llegaré nunca a los veinte al paso al que voy.

Sin embargo,

La tabla de multiplicaciones no significa nada.

Veamos la geografía.

Londres es la capital de París.

Y París es la capital de Roma.

Y Roma.

.

.

Y.

.

.

Eso está todo mal.

Creo que me cambié por Margarita.

Trataré de decirlo como ella.

Cruzó las manos sobre su palda como si fuera a recitar una lección.

Pero,

Al hablar,

Su voz sonó ronca y extraña.

Además,

Las palabras no eran las que estaba acostumbrada a decir.

¿Qué hace el cocodrilo?

Para alcanzar la cola vibrante y en dorada escala brillante,

Como ver las aguas del Nilo,

Sonriente,

Espera la casa afilando su garra aguda y a los pececillos saluda cuando entran por su bocasa.

Estoy segura de que esas no son las palabras correctas,

Dijo la pobre Alicia.

Y sus ojos se llenaron de nuevo de lágrimas mientras seguía reflexionando en voz alta.

Debo ser Margarita,

Después de todo.

Y tendré que irme a vivir a su casa sucia y pequeña,

Sin juguetes y con miles de lecciones que aprender.

¡No!

Ya he tomado una decisión.

Si soy Margarita,

Me quedaré aquí.

Sin embargo,

Me siento muy cansada de estar sola.

Mientras decía esto,

Se miró las manos y con sorpresa vio que mientras hablaba se había puesto uno de los pequeños guantes del conejo.

¿Cómo pude haber hecho esto?

Debo estar encogiéndome de nuevo.

Se levantó y se acercó a la mesa para compararse con ella y averiguar así su estatura.

Descubrió que ahora no tendría más de medio metro de alto y que seguía encogiéndose rápidamente.

Pronto se dio cuenta de que el causante de todo era el abanico que aún tenía en la mano.

Lo tiró rápidamente en el momento preciso en que iba a desaparecer por completo.

¡Ha sido una salvación milagrosa!

Dijo Alicia,

Bastante asustada antes del repentino cambio,

Pero muy contenta de verse viva todavía y ahora podía ir al jardín.

Con estas palabras,

Alicia corrió lo más rápidamente que pudo hacia la pequeña puerta.

Pero,

Por desgracia suya,

La encontró cerrada de nuevo mientras la llavecilla de oro continuaba sobre la mesa de cristal.

Las cosas están peor que antes,

Pensó la pobre niña.

Nunca había pasado esto.

Nunca había estado tan pequeña como ahora y declaro que es muy perjudicial a esta altura.

Mientras pronunciaba estas palabras,

Su pie resbaló y antes de que se alcanzase a dar cuenta se encontró en medio de una agua salada que le llegaba hasta la barbilla.

Su primer pensamiento fue que por algún motivo había caído el mar y,

En ese caso,

¿puedo regresar por tren?

Alicia había ido a la playa solo una vez,

Llegando a la conclusión que cualquiera que fuese el punto de la costa donde se estuviese,

Siempre se encontraba gente bañándose en el mar,

Niños jugando en la arena,

Una fila de casas de pensión y detrás de ellas,

Una estación de ferrocarril.

No obstante,

Pronto,

Se dio cuenta que estaba en la piscina de lágrimas que ella misma había derramado.

Quisiera no haber llorado tanto,

Reflexionó Alicia,

Mientras nadaba tratando de hallar por dónde ir.

Me imagino que encontraré mi castigo ocándome en mis propias lágrimas.

Sería una cosa rara,

Indudablemente,

Pero,

Al fin y al cabo,

Todo ha sido raro el día de hoy.

En ese momento sintió que alguien chapoteaba un poco más allá.

Se acercó para ver quién era,

Creyendo al principio que se trataba de un lobo de mar o un hipopótamo,

Pero luego recordó que,

Como ella estaba muy pequeña,

El animal se veía muy grande,

Siendo que no era nada más que un ratón que también se había caído al agua.

¿Sacaré algo con dirigirme a este ratón?

Aquí abajo todas las cosas son al revés,

Así que no sería nada raro que el animalita hablase.

En todo caso,

Nada se pierde con ensayar.

Entonces le dijo.

O-oiga,

Señor ratón,

Mire usted,

Estoy muy cansada de nadar en este charco.

Alicia imaginó que esta era la forma correcta de hablarle a un ratón.

Es verdad que no lo había hecho antes,

Pero en el libro de lecturas venían algunas frases por el estilo.

El ratón la miró con aire de curiosidad y hasta pareció que le guiñaba uno de sus ojillos,

Pero no dijo nada.

Tal vez no entendía español.

Pensó que tal vez era un ratón francés que hubiese llegado en el tiempo de Guillermo el Conquistador.

A pesar de todos sus conocimientos históricos,

Alicia no tenía una noción muy clara de lo que hubiese sucedido antes de aquella época.

Pronto empezó a decir de nuevo.

Ahem,

Ahem.

Oui,

Mon chat.

Oui,

Mon chat.

Esta era la primera frase que aparecía en su libro de gramática francesa y quería decir,

¿Dónde está mi gato?

La rata dio un salto fuera del agua y pareció que se estremecía de miedo.

Oh,

Perdone,

Mi señor.

Suplicó Alicia apresuradamente,

Temerosa de haber ofendido al pobre animal.

Me olvidé de que a ustedes no les gustan los gatos.

No,

Ni me gustan los gatos.

Dijo la rata con voz indignada y aguda.

¿Te gustarían los gatos si estuvieras en mi lugar?

Eh,

Es posible que no.

Contestó Alicia con un tono conciliador.

Pero no se enojé por eso y sin embargo me gustaría poder mostrarle a mi gata Dina.

Creo que se aficionaría a los gatos solo con verla a ella.

Es una criatura tan suave y encantadora.

Continuó diciéndose ella mientras nadaba perezosamente entre el agua.

Le gusta sentarse a ronronear cerca del fuego,

Pasándose la lengua por las patas y luego lavándose la cara.

Fuera de eso,

También es muy buena cazadora de ratas y.

.

.

¡Oh,

No!

¡No,

No!

¡Le ruego que me perdone!

Dijo Alicia de nuevo porque esta vez el ratón temblaba completamente de miedo y se veía realmente ofendida.

Ya,

Ya no hablemos de ella si usted lo prefiere.

Por supuesto que no quiero hablar de eso.

Contestó la rata que se estremecía hasta la punta de la cola.

Crees que a mí me gustaría tratar ese tema.

Nuestra familia siempre ha odiado los gatos.

Son criaturas sucias,

Bajas y vulgares.

No me vuelvas a hablar de eso nunca más.

No,

No lo haré.

Por supuesto que no.

Dijo Alicia apresurándose a cambiar el tema de conversación.

¿Es usted aficionada a los perros?

Como la rata no contestaba,

Alicia siguió hablando rápidamente.

Hay un perrito precioso cerca de mi casa.

Me encantaría mostrárselo.

Es un terrier con ojos brillantes y un pelo café largo y sedoso.

Todas las cosas que yo lanzo lejos me las trae.

Se sienta y mueve sus manitos para pedir su comida y toda clase de cosas.

Apenas puedo recordar todas sus gracias.

Pertenece a un asentado.

¿Me comprende usted?

El que dice que al animal le resulta tan útil que no lo vendería ni por muchos miles de pesos.

Cuenta que además el perro mata a todas las ratas,

Pero.

.

.

¡Dios mío,

No,

No!

¿Qué puta soy?

Perdón.

Dijo la niña con voz apenada e interrumpiéndose.

Temo que esta vez sí lo he ofendido de veras.

Así debió haber sido porque la rata se había lanzado a nadar en dirección contraria y después de agitar enérgicamente el agua con su chapoteo,

Se alejó.

Alicia nadó tras ella mientras la llamaba con voz suave.

Por favor,

Vuelva atrás ratón querido.

No hablaremos de ningún gato ni de perros si usted no quiere.

Al oír estas palabras,

El ratón dio media vuelta y regresó junto a la niña.

Alicia encontró que el animalito estaba muy pálido,

Cosa que ella atribuyó a la ira.

Dijo con voz temerosa y apenas perceptible.

Acancemos la orilla y allí le contaré mi historia.

Entonces comprenderá usted a qué se debe mi odio por perros y los gatos.

Ya era tiempo de nadar hacia afuera,

Porque aquella especie de lago se estaba poblando con todos los pájaros y animales que habían caído dentro.

Había un pato,

Un loro,

Un pingüino y un aguilucho.

Y muchas otras extrañas criaturas.

Alicia encabezó la marcha y todos nadando se dirigieron hacia la orilla.

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