
Cuento para adultos: "EL silencio del mate"
by Alan Hecker
"El Silencio del Mate" es una historia que explora la sabiduría que se transmite a través de pequeños rituales cotidianos, como cebar mate. En un rincón rural de Corrientes, Don Esteban, un anciano conocedor de la vida y del mate, enseña a Martín, un joven angustiado, el valor de la paciencia y la reflexión. A través de la simple acción de compartir un mate en silencio, Martín descubre que las decisiones y los problemas de la vida no siempre requieren una respuesta inmediata, sino que a veces el verdadero entendimiento surge en la calma y en la espera. Música free copyright. Music composed and recorded by Oak Studios.
Transcripción
Hola,
Mi nombre es Alan y hoy quiero contarte una historia que se llama el silencio del mate y tiene que ver con esta bebida típica de varios países de Sudamérica.
Yo soy de Argentina así que crecí con el mate y al día de hoy tomo mate y tomé mate cuando estudiaba,
Tomo mate con mis amigos,
Tomo mate solo con mis hijos,
Con mi esposa.
El mate es parte de mi vida,
Pero para quienes no conocen lo que es el mate y que sepan un poquito de qué va esta historia,
Me gustaría hacerles una pequeña introducción al mate.
Es importante conocer sobre esta bebida profundamente arraigada en la cultura,
Como les dije antes,
De varios países de América del Sur,
Como son Argentina y Uruguay especialmente,
Pero también en Paraguay y el sur de Brasil.
Aunque para quienes lo disfrutamos a diario,
El mate es casi como un ritual.
Para muchos alrededor del mundo puede ser algo completamente nuevo,
Algo desconocido.
Inclusive me ha pasado tomando mate en alguna plaza que me pregunten,
En otras partes del mundo por supuesto.
¿Qué es eso?
El mate es una infusión hecha a base de hojas secas de una planta llamada yerba mate.
Estas hojas se colocan en un recipiente que también se llama mate,
Que puede estar hecho de diversos materiales como calabaza,
Madera o metal.
También hoy se hacen de plástico.
Luego se le agrega agua caliente,
Pero no hirviendo,
A unos 80 grados y se toma a través de una bombilla,
Que es una pajita metálica con un filtro en la base,
Para que estas hojas de yerba mate no se metan por la pajita.
Lo interesante del mate no es solo su sabor amargo y su capacidad de energizar,
Sino el acto de compartirlo.
El mate suele prepararse en compañía,
En rondas,
Donde se ceba,
Es decir,
Donde se pone el agua en el mate,
Y se pasa de mano en mano,
Creando un ambiente de cercanía y confianza.
Más que una bebida,
El mate es un símbolo de amistad,
De encuentro y de conversación.
A lo largo de los siglos,
El mate ha sido un puente entre personas,
Uniendo a desconocidos y fortaleciendo los lazos entre amigos y familiares.
Cada sorbo tiene una historia,
Y en nuestra próxima historia,
Que se llama El silencio del mate,
Vamos a ver cómo este humilde ritual puede ser el hilo conductor que une generaciones,
Transmitiendo lecciones que sólo el tiempo y la paciencia pueden enseñar.
Y ahora sí,
Comenzamos con este cuento llamado El silencio del mate.
En un pequeño pueblo de la provincia de Corrientes,
En Argentina,
Conocido por sus verdes paisajes y la calidez de su gente,
Vivía don Esteban,
Un hombre de campo que había dedicado su vida a cultivar yerba mate.
No había un secreto sobre la yerba que don Esteban no conociera.
Desde el momento en que la semilla tocaba la tierra,
Hasta el día en que la hoja seca se convertía en la bebida sagrada que reunía a amigos y extraños por igual.
Don Esteban era conocido en todo el pueblo,
No sólo por la calidad excepcional de su yerba,
Sino por su habilidad para escuchar.
Cuando alguien tenía un problema,
No acudía al cura o al médico,
Acudía a la chacra de don Esteban,
El anciano,
Con su pelo blanco como las nubes que se paseaban perezosas por el cielo,
Se sentaba en el viejo banco de madera,
Bajo un algarrobo centenario,
Y preparaba un mate con la parsimonia de quien sabe que las cosas buenas no deben apresurarse.
El mate,
Como la vida,
No se apura,
Solía decir mientras se baba el primero.
El agua muy caliente quema,
Y la yerba mal acomodada amarga.
Todo tiene su tiempo,
Cada sorbo debe ser disfrutado.
La gente le contaba sus historias,
Sus preocupaciones y alegrías,
Mientras el mate circulaba de mano en mano en un ritual que casi parecía mágico.
Nunca daba consejos,
Nunca jugaba,
Sólo escuchaba,
Se baba el mate,
Y al final del día quienes acudían a él se iban con la sensación de haber encontrado una solución,
Aunque don Esteban no hubiese pronunciado más que un puñado de palabras.
Una tarde llevó a su chacra un joven llamado Martín,
Con el rostro marcado por la angustia.
Había tomado una decisión precipitada,
Una que ahora temía que podría arruinar su vida.
Se sentó frente a don Esteban,
Y como era costumbre,
El anciano preparó el mate en silencio.
—¡Cometí un error!
—dijo Martín después de unos minutos de silencio con la cabeza agacha—,
Me dejé llevar por el orgullo,
Por el miedo,
Y ahora no sé qué hacer.
Don Esteban siguió cebando mate,
Sin decir nada.
Los minutos pasaron,
Y el silencio se hizo más pesado,
Pero también más cómodo.
El sol comenzó a caer,
Tiniendo el cielo de un naranja suave,
Mientras la brisa fresca traía consigo el olor de la tierra mojada.
Finalmente,
Después de varios mates,
Don Esteban habló.
El mate no se toma de un solo sorbo,
Martín.
La vida tampoco.
A veces,
La solución no está en actuar de inmediato,
Sino en tomarse el tiempo para pensar,
Para sentir,
Para entender.
Martín miró al anciano,
Comprendiendo por fin la enseñanza que le daba.
La vida,
Como el mate,
Requería paciencia,
Un ritmo que no se puede forzar.
Se despidió de don Esteban,
Y aunque no había recibido una respuesta clara,
Sentía en su corazón una paz que no había sentido antes.
Días después,
Volvió a su rutina,
Pero esta vez con una nueva perspectiva.
Aprendió a tomarse su tiempo,
A reflexionar antes de actuar,
Y descubrir que muchas veces,
El simple acto de no hacer nada precipitadamente,
Y dejar que las cosas maduren por sí mismas,
Podían resolver muchos problemas.
Martín empezó a apreciar la importancia del silencio y la reflexión,
Y el simple acto de cebar un mate,
Se convirtió en su momento diario de meditación.
Poco a poco,
Las decisiones que había tomado,
Y que tanto le habían abobiado,
Comenzaron a encontrar su propio camino hacia la solución,
Sin necesidad de más angustia ni acción precipitada.
Un día,
Tiempo después,
Martín regresó a la chacra de don Esteban.
Esta vez,
Su rostro irradiaba tranquilidad.
Se sentó bajo el algarrobo,
Y en un gesto que fue tanto un homenaje,
Como una muestra de respeto,
Preparó él mismo el mate.
Lo hizo despacio,
Tal como había aprendido,
Valorando cada paso,
Cada detalle.
Don Esteban lo miró con sus ojos sabios,
Y cuando Martín le ofreció el primer mate,
Sonrió.
—Has aprendido a escuchar,
Muchacho —dijo el anciano tomando el mate con sus manos temblorosas—,
No a mí,
Ni a otros,
Sino a ti mismo,
Y esa es la lección más difícil de todas.
Martín sonrió en silencio.
Entendió que la enseñanza del mate no sólo residía en el acto de compartir,
Sino en el arte de la paciencia y la reflexión.
Había encontrado su camino,
Y lo hizo al ritmo tranquilo del mate,
Comprendiendo que,
Como la yerba necesita su tiempo para infusionarse en el agua,
Cada problema y cada decisión en la vida necesitan su propio tiempo para aclararse.
Espero que este cuento les haya gustado,
Y quien nunca haya probado un mate,
Los invito a hacerlo,
Y espero que lo disfruten tanto como lo disfruto yo.
Nos escuchamos en el próximo cuento.
Chau chau.
Conoce a tu maestro
4.9 (17)
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