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Audiolibro El Curioso Caso de Benjamin Button 5

by Yaima (Green Witch Meditation Guide)

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Disfruta esta historia para dormir. "El curioso caso de Benjamin Button" es un relato escrito por el autor estadounidense F. Scott Fitzgerald, que fue publicado por primera vez en la revista Collier's, el 27 de mayo de 1922. Posteriormente fue publicado dentro del libro antología "Tales of the Jazz Age". Cuenta la historia de un hombre que envejece a la inversa: nace como un débil anciano de 70 años y se vuelve más joven a medida que avanzan los años, para gran desconcierto y consternación de él y su familia. Esta extraña e inquietante historia encarna la aguda percepción social que ha convertido a Fitzgerald en una de las grandes voces de la historia de la literatura estadounidense. En 2008 se realizó la adaptación al cine, que fue dirigida por David Fincher, con guion de Eric Roth, y protagonizada por Brad Pitt y Cate Blanchett.​ El guion difiere bastante de la historia original, y solo coincide en el título, el nombre de Benjamin y algunos aspectos del proceso de rejuvenecimiento.

Transcripción

El curioso caso de Benjamin Button,

Escrito por Francis Scott Fitzgerald,

Narrado por Yaima Lorenzo.

5.

En 1880,

Benjamin Button tenía 20 años y celebró su cumpleaños comenzando a trabajar en la empresa de su padre,

Roger Button & Company,

Ferreteros mayoristas.

Aquel año también empezó a alternar en sociedad,

Es decir,

Su padre se empeñó en llevarle algunos bailes elegantes.

Roger Button tenía entonces 50 años y él y su hijo se entendían cada vez mejor.

De hecho,

Desde que Benjamin había dejado de tintarse el pelo,

Todavía canoso,

Parecían más o menos de la misma edad y podrían haber pasado por hermanos.

Una noche de agosto salieron en el faetón vestidos de etiqueta,

Camino de un baile en la casa de campo de los Chaplin,

Justo a la salida de Baltimore.

Era una noche magnífica.

La luna llena bañaba la carretera con un apagado color platino,

Y en el aire inmóvil la cosecha de flores tardías exhalaba aromas que eran como risas suaves.

Con sordina.

Los campos,

Alfombrados de trigo reluciente,

Brillaban como si fuera de día.

Era casi imposible no emocionarse ante la belleza del cielo.

Casi imposible.

El negocio de la mercería tiene un gran futuro.

Estaba diciendo Roger Button.

No era un nombre espiritual.

Su sentido de la estética era rudimentario.

Los viejos ya tenemos poco que aprender.

Observó profundamente.

Son ustedes,

Los jóvenes con energía y vitalidad,

Los que tienen un gran futuro por delante.

Las luces en la casa de campo de los Chaplin surgieron al final del camino.

Ahora les llegaba un rumor,

Como un suspiro inacabable.

Podía ser la queja de los violines o el susurro del trigo plateado bajo la luna.

Se detuvieron tras un distinguido carruaje cuyos pasajeros se bajaban ante la puerta.

Bajó una dama.

La siguió un caballero de mediana edad.

Y por fin apareció otra dama.

Una joven bella como el pecado.

Benjamin se sobresaltó.

Fue como si una transformación química disolviera y recompusiera cada partícula de su cuerpo.

Se apoderó de él cierta rigidez.

La sangre le afluyó a las mejillas y a la frente.

Y sintió en los oídos el palpitar constante de la sangre.

Era el primer amor.

La chica era frágil y delgada,

De cabellos cenicientos a la luz de la luna y color miel bajo las chisporroteantes lámparas del pórtico.

Llevaba echada sobre los hombros una mantilla española del amarillo más pálido,

Conbordados en negro.

Sus pies eran relucientes capullos que asomaban bajo el traje con polizón.

Roger Button se acercó confidencialmente a su hijo.

Esa,

Dijo,

Es la joven Hildegard Moncrief,

La hija del general Moncrief.

Benjamin asintió con frialdad.

Una criatura preciosa,

Dijo con indiferencia.

Pero en cuanto el criado negro se hubo llevado el carruaje,

Añadió,

¿podrías presentarme la papá?

Se acercaron a un grupo en el que la señorita Moncrief era el centro.

Educada según las viejas tradiciones,

Se inclinó ante Benjamin.

Sí,

Le concedería un baile.

Benjamin le dio las gracias y se alejó tambaleándose.

La espera hasta que llegara su turno se hizo interminablemente larga.

Benjamin se quedó cerca de la pared,

Callado,

Inescrutable,

Mirando con ojos asesinos a los aristocráticos jóvenes de Baltimore que mariposeaban alrededor de Hildegard Moncrief con caras de apasionada admiración.

¡Qué detestables le parecían a Benjamin!

¡Qué intolerablemente sonrosados!

Aquellas barbas morenas y rizadas le provocaban una sensación parecida a la indigestión.

Pero cuando llegó su turno y se deslizaba con ella por la movediza pista de baile,

Al compás del último vals de París,

La angustia y los celos se derritieron como un manto de nieve.

Ciego de placer,

Hechizado,

Sintió que la vida acababa de empezar.

¿Usted y su hermano llegaron cuando llegábamos nosotros,

Verdad?

Preguntó Hildegard mirándolo con ojos que brillaban como esmalte azul.

Benjamin dudó.

Si Hildegard lo tomaba por el hermano de su padre,

¿debía aclarar la confusión?

Recordó su experiencia en Yale y decidió no hacerlo.

Sería una descortesía contradecir a una dama.

Sería un crimen echar a perder aquella exquisita oportunidad con la grotesca historia de su nacimiento.

Más tarde,

Quizá.

Así que asintió.

Sonrió.

Escuchó.

Fue feliz.

Me gustan los hombres de su edad,

Decía Hildegard.

Los jóvenes son tan tontos.

Me cuentan cuánto champán bebieron en la universidad y cuánto dinero perdieron jugando a las cartas.

Los hombres de su edad saben apreciar a las mujeres.

Benjamin sintió que estaba a punto de declararse.

Dominó la tentación con esfuerzo.

¿Usted está en la edad romántica?

Continuó Hildegard.

50 años.

A los 25,

Los hombres son demasiado mundanos.

A los 30,

Están atosigados por el exceso de trabajo.

Los 40 son la edad de las historias largas.

Para contarlas,

Se necesita un puro entero.

Los 60 están demasiado cerca de los 70.

Pero los 50 son la edad de la madurez.

Me encantan los 50.

Los 50 le parecieron a Benjamin una edad gloriosa.

Deseó apasionadamente tener 50.

Siempre lo he dicho.

Continuó Hildegard.

Prefiero casarme con un hombre de 50 años y que me cuide a casarme con uno de 30 y cuidar de él.

Para Benjamin,

El resto de la velada estuvo bañado por una neblina color miel.

Hildegard le concedió dos bailes más y descubrieron que estaban maravillosamente de acuerdo en todos los temas de actualidad.

Darían un paseo en Caleza el domingo y hablarían más detenidamente.

Volviendo a casa en el Faetón,

Justo antes de romper el alba,

Cuando empezaban a zumbar las primeras abejas y la luna consumida brillaba débilmente en la niebla fría,

Benjamin se dio cuenta vagamente de que su padre estaba hablando de ferretería al por mayor.

¿Qué asunto propones que tratemos,

Además de los clavos y los martillos?

Decía el señor Button.

Los besos,

Respondió Benjamin distraído.

Los pesos,

Exclamó Roger Button,

¿pero si acabo de hablar de pesos y básculas?

Benjamin lo miró aturdido y el cielo,

Hacia el este,

Reventó de luz y una oro péndola bostezó entre los árboles que pasaban veloces.

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