
El cuento del buen samaritano
La historia del Buen Samaritano, narrada en el Evangelio de Lucas, cuenta cómo un hombre fue asaltado, golpeado y dejado al borde del camino. Pasaron un sacerdote y un levita, representantes de la religión y la ley, pero ninguno se detuvo a ayudarlo. En cambio, un samaritano —miembro de un pueblo despreciado por los judíos de la época— se compadeció de él, lo curó, lo llevó a una posada y pagó por su cuidado. Esta parábola muestra que el verdadero amor al prójimo trasciende barreras sociales, culturales y religiosas, poniendo la compasión por encima del prejuicio. El Buen Samaritano es un reflejo del ideal humano porque encarna valores universales como la empatía, la solidaridad y el servicio desinteresado.
Transcripción
LA HISTORIA DEL BUEN SAMARITANO Se dice que un día,
Un maestro de ley se levantó para poner a prueba a Jesús y le preguntó.
—Maestro,
¿qué debo hacer para heredar la vida eterna?
Jesús le respondió.
—Dime,
¿qué está escrito en la ley?
¿Qué lees en ella?
El hombre contestó.
—Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón,
Con toda tu alma,
Con todas tus fuerzas y con toda tu mente,
Y amarás a tu prójimo como a ti mismo.
Jesús le dijo.
—Has respondido muy bien,
Haz eso y vivirás.
Pero el hombre,
Queriendo justificarse,
Insistió.
—Maestro,
¿quién es mi prójimo?
Entonces Jesús,
Mirándolo con calma,
Le contó esta parábola.
Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó y en el camino fue asaltado por unos ladrones.
Los ladrones lo golpearon,
Lo despojaron de sus ropas y lo dejaron medio muerto a la orilla del camino.
Por casualidad,
Un sacerdote pasaba por aquel mismo camino.
Al verlo,
Se desvió y siguió de largo por el otro lado.
Poco tiempo después,
Un levita llegó al lugar,
Lo miró y también siguió su camino sin detenerse.
Pero un samaritano que iba de viaje pasó por allí.
Al ver al hombre herido,
Tuvo compasión de él.
Se acercó,
Limpió sus heridas con vino,
Las vendó cuidadosamente y poniéndolo sobre su propio animal,
Lo llevó a una posada y cuidó de él.
Al día siguiente,
Sacó dos denarios,
Se los dio al dueño de la posada y le dijo,
«Cuídalo muy bien,
Y lo que gastes de más te lo pagaré cuando vuelva».
Jesús terminó el relato preguntando al maestro de la ley,
«¿Cuál de estos tres te parece a ti que fue el prójimo del que cayó en manos de los ladrones?
» El maestro contestó,
«El que tuvo misericordia de él».
Entonces Jesús le dijo,
«Ve y haz tú exactamente lo mismo».
Conoce a tu maestro
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