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Dormicuentos - Yorinda y Yoringuel - Hermanos Grimm

by Maria G de Gyves

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Puntuación
4.5
Group
Actividad
Meditación
Adecuado para
Niños
Reproducciones
2k

Los cuentos de hadas nos permiten relajarnos y sumergirnos en un ambiente de ensoñación que ha cautivado a miles de personas a lo largo de los siglos. La mayoría de ellos proviene de la tradición oral, por esta razón son ideales para ser contados en voz alta, especialmente antes de dormir.

Transcripción

Dormicuentos,

Lávate los dientes,

Ponte la pijama,

Acurrúcate con tu mamá o con tu osito de peluche y disfruta la historia de hoy,

Llorinda y Lloringuel de los hermanos Grimm.

Hubo una vez un viejo castillo a la mitad de un bosque extenso y frondoso.

Ahí vivía sola una vieja mujer,

Una bruja.

De día se convertía en gato o en lechuza y por las noches recobraba su forma humana.

Atraía bestias salvajes y pájaros sólo con desearlo.

Luego los mataba,

Los servía y los asaba.

Si alguien se acercaba a cien pasos de su castillo,

Quedaba paralizado y no podía moverse hasta que ella pronunciara un conjuro.

Sin embargo,

Siempre que una doncella entraba a ese círculo de cien pasos,

La convertía en pájaro.

La metía en una jaula de mimbre y la colocaba dentro de un gran salón.

Tenía siete mil jaulas con pájaros bellísimos en su castillo.

Hubo una vez una doncella llamada Llorinda que era más hermosa que todas las otras.

Ella y un joven apuesto llamado Lloringuel estaban comprometidos.

No imaginaban dicha más grande que la de estar juntos.

Un día,

Para poder hablar en paz,

Decidieron dar una caminata por el bosque.

—¡Ten cuidado de no acercarte demasiado al castillo!

—advirtió Lloringuel.

Era una tarde preciosa.

El sol iluminaba intensamente los troncos de los árboles,

Clareaba el verde oscuro del bosque y las tórtolas cantaban melancólicamente sobre las hayas.

Llorinda,

Sin embargo,

Lloraba por momentos,

Hasta que se terminó sentando afligida bajo el sol.

Lloringuel también estaba pesaroso.

Ambos estaban tristes,

Tanto como si estuvieran a punto de morir.

Entonces miraron a su alrededor y se descubrieron perdidos.

No sabían por dónde ir para regresar a su casa.

El sol seguía mitad arriba y mitad tapado por la montaña.

Lloringuel miró entre los arbustos y se dio cuenta de que casi podía tocar las viejas paredes de piedra del castillo de la bruja.

Se horrorizó y estaba muerto de miedo.

Y Llorinda,

De pronto,

Empezó a cantar.

Mi pajarito con su collar rojo,

Canta qué pesar,

Qué pesar,

Qué pesar,

Canta que la paloma morirá pronto,

Canta qué pesar,

Qué pesar,

CURRÚ,

CURRÚ Lloringuel miró a Llorinda.

Se había convertido en un ruiseñor y cantaba.

CURRÚ,

CURRÚ Una lechuza de ojos resplandecientes voló tres veces alrededor de ella y tres veces chirrió.

CURRÚ,

CURRÚ Lloringuel no podía moverse.

Se quedó parado como estatua.

No podía hablar ni llorar,

Tampoco mover la mano ni el pie.

El sol se había ocultado.

La lechuza voló hacia los matorrales e inmediatamente después salió de ahí una vieja encorvada,

Amarilla y enjuta,

Con grandes ojos rojos y una nariz de gancho cuya punta le llegaba hasta la barbilla.

Hablando entre dientes,

Atrapó al ruiseñor con la mano y se lo llevó.

Lloringuel no podía hablar ni moverse de donde estaba.

El ruiseñor había desaparecido.

Luego la bruja regresó y dijo con una voz apagada,

—Salve,

Sachiel,

Si la luna resplandece en la jaula.

¡Sachiel,

Suéltalo de inmediato!

Entonces Lloringuel quedó libre.

Cayó de rodillas ante la mujer y le rogó que le devolviera a su llorinda,

Pero ella le respondió que nunca la volvería a ver y se fue.

Él lloró,

Gritó,

Se lamentó,

Pero todo fue en vano.

—¡Ah!

¿Qué será de mí?

Lloringuel vagó por bosques y aldeas hasta que encontró un lugar desconocido en el que permaneció mucho tiempo como pastor.

Habitualmente llevaba a las ovejas cerca del castillo,

Aunque nunca demasiado,

Hasta que un día soñó que encontraba una flor rojo escarlata que tenía una perla bella y grande en el centro,

Y que recogía la flor y con ella iba al castillo y todo lo que tocaba con la flor dejaba de ser encantado.

También soñó que así recuperaba a su llorinda.

En la mañana,

Cuando se despertó,

Inició la búsqueda incansable de esa flor.

Recorrió jardines,

Montes,

Valles,

Colinas.

Buscó hasta el noveno día.

Entonces,

Muy temprano,

Encontró la flor rojo escarlata.

En el centro brillaba una gran gota de rocío,

Tan grande como la perla más fina.

Lloringuel viajó día y noche con su flor hasta llegar al castillo.

Cuando estuvo a cien pasos,

No se quedó paralizado.

Pudo seguir y llegó hasta la puerta.

Iba feliz.

Tocó la puerta con la flor y la puerta se abrió.

Caminó por el patio intentando distinguir el sonido de los pájaros.

Cuando por fin lo escuchó,

Lo siguió hasta encontrar el grandísimo salón de donde provenía.

Ahí estaba la bruja alimentando a los siete mil pájaros de las siete mil jaulas.

Cuando la bruja vio a Lloringuel enfureció,

Le escupió veneno y gel.

Lo maldijo,

Pero no pudo avanzar hacia él.

Lloringuel miró en todas las jaulas.

Había cientos de ruiseñores.

¿Cómo iba a encontrar a Llorinda?

En ese momento,

Vio a la vieja tomar sigilosamente una de las jaulas y acercarse a la puerta.

Él reaccionó rápido,

Dio un salto y tocó la jaula.

Llorinda apareció ahí más alegre que nunca y lo abrazó enseguida.

Luego Lloringuel tocó a la bruja con la flor y la hizo perder sus poderes.

Ya no podría hechizar a nadie.

Desencantó a todos los otros pájaros y al fin se fue a casa con su amada Llorinda,

Donde vivieron felices durante mucho mucho tiempo.

Y colorín colorado,

Esta historia ha terminado y la hora de soñar ha comenzado.

© 2026 Maria G de Gyves. All rights reserved. All copyright in this work remains with the original creator. No part of this material may be reproduced, distributed, or transmitted in any form or by any means, without the prior written permission of the copyright owner.

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