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Meditacuento: El Susurro del Colibrí

by Cindy Vanessa Parra

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Puntuación
4.8
Group
Actividad
Meditación
Adecuado para
Niños
Reproducciones
307

Hola a todos y bienvenidos a un nuevo capítulo, hoy te traigo una historia de una niña que encuentra en los colibrís una conexión para seguir sintiendo cerca a su abuelita. No olvides comentarme que te parecio y si tienes ideas para los próximos capítulos Te mando un fuerte abrazo y gracias por acompañarme a construri el hábito de la meditación.

Transcripción

Hola a todos y bienvenidos a los Meditacuentos de Yoarte,

Donde un cuento y una meditación arrullan tu imaginación.

Pónganse cómodos y cómodas que vamos a comenzar.

Ubícate en una postura en la que puedas tener la espalda recta,

El pecho libre para respirar profundo y que suavemente puedas ir cerrando los ojos.

Hoy quiero que te concentres en tratar de sentir los latidos del corazón y para llegar hasta ahí vamos a ir silenciando toda nuestra mente,

Empezando por escuchar todo lo que está lejos,

El sonido más lejano que encuentres,

Que logres escuchar.

Puede ser un sonido de la calle,

Como un auto,

Una moto,

Alguna construcción o sonidos en tu propia casa.

No vas a clasificarlo como bueno o malo,

Solamente vamos a escuchar ese sonido.

Trata ahora de sentir sonidos un poco más cerca,

Quizás en tu propia habitación,

Mi voz,

La música y ahora vamos un poquito más profundo tratando de sentir el sonido que hacemos al respirar,

Cuando entra el aire por la nariz y cuando sale el aire por la nariz.

No trates de cambiar la respiración ni hacerla que suene,

Solo vamos a darnos cuenta cómo está en este momento.

Y si de pronto no la escuchas,

No te preocupes,

Puedes imaginar el sonido del aire al entrar y el sonido del aire al salir.

Y ahora todavía un poco más profundo vamos a escuchar los latidos del corazón.

Imagina cómo hace cada que bombea sangre.

Puedes poner tus manos en el corazón o en el cuello para conectarte un poco más con ese latido.

A veces se encuentra en el centro del pecho o quizás un poco a la izquierda.

Busca tu corazón y aunque está en nuestro pecho,

Su latido se siente hasta el cuello,

También en las muñecas,

Incluso a veces se puede sentir en las plantas de los pies o en tu cabeza.

Busca el punto en el que tú sientas ese latido y trata de ponerle sonido.

Las palpitaciones son esa sinfonía de tu cuerpo que te relaja por completo,

Te da vida,

Te da calma,

Te da energía y vas a sentir como poco a poco la música se va haciendo suave,

Los latidos son suaves,

Tranquilos y van relajando todo tu cuerpo,

Desde los dedos de los pies hasta la cabeza.

Ahora suelta las manos nuevamente,

Deja que caigan libremente,

Deja de pensar en el latido y deja que se comporte como tenga que ser,

Despacio o rápido,

Que sea como tenga que ser.

Y con esta mente que hemos silenciado y con los oídos tan activos vamos a conservar la calma y a permitir que vuele nuestra imaginación.

Este meditacuento se llama el susurro del colibrí.

Nícte tenía un jardín lleno de flores que cuidaba con su abuela,

Juntas plantaban semillas,

Regaban las raíces y esperaban pacientemente a que las primeras hojas se asomaran.

A veces su abuela le decía que las plantas crecían más fuerte si se le hablaba con cariño,

Las flores recuerdan las voces que las aman,

Le explicaba,

Igual que nosotros recordamos las voces de quienes amamos.

A Nícte le gustaba pensar que eso era cierto,

Por eso cada tarde se sentaba bajo el árbol grande del jardín y hablaba con las plantas mientras escuchaba el viento.

Pero un día la abuela no estuvo más,

Su silla quedó vacía,

Las flores dejaron de recibir palabras dulces y el viento se sentía más frío.

Al principio Nícte no quería salir al jardín,

Las flores le recordaban demasiado a la abuela y eso dolía,

Veía su regadera apoyada junto al tronco del árbol,

La tierra seca esperando sus manos,

Pero no tenía fuerzas para acercarse.

El tiempo pasó y el jardín comenzó a marchitarse,

Sin agua,

Sin palabras,

Sin risa.

Su madre intentó animarla,

A la abuela le gustaría que siguieras cuidando las flores,

Pero Nícte solo bajaba la cabeza.

Una tarde,

Mientras miraba las ramas del árbol a través de la ventana,

Sintió un pequeño temblor en el aire,

Un aleteo.

Era un colibrí,

Pequeño y brillante,

Revolotió entre las flores secas y luego se posó en la rama donde la abuela solía colgar campanillas de viento.

El sonido suave llenó el silencio de esa tarde.

Nícte sintió que su corazón latía un poquito más fuerte.

Días después,

Nícte volvió a ver el colibrí.

Volaba rápido,

Como si estuviera persiguiendo el viento,

Y a veces se detenía frente a ella,

Como si la mirara.

¿Por qué sigues viniendo?

Le preguntó Nícte con el seño fruncido.

La abuela no está.

El colibrí inclinó la cabeza,

Pero no respondió,

Porque los colibrí no hablan,

Solo agitó sus alas y desapareció entre las ramas.

Nícte sintió rabia.

No entendía por qué todos esperaban que estuviera bien.

No quería que las flores florecieran,

Ni que el sol brillara,

Ni que el viento sonara tan tranquilo.

Pero,

Aunque no lo esperaba,

El colibrí siempre volvía.

Así que,

Mientras Nícte se sentaba a la sombra del árbol,

El colibrí volvió a llegar.

Se quedó flotando en el aire,

Justo frente a su rostro.

Era tan pequeño,

Pero su aliteo era algo cálido.

Se sentía como familiar.

Entonces,

Nícte recordó algo que su abuela solía decir.

El viento tiene memoria.

Guarda todas las risas,

Todas las canciones,

Todos los abrazos.

Y,

De pronto,

Sintió ganas de hablar.

No con palabras tristes,

No con lágrimas,

Solo con amor.

Se acercó a las flores marchitas y les susurró,

Las extrañé.

Luego tomó la regadera y dejó que el agua mojara la tierra.

El colibrí revoloteó cerca de ella y Nícte sonrió por primera vez en mucho tiempo.

Con los días,

Las flores se empezaron a florecer de nuevo.

Nícte comenzó a hablarles otra vez,

Como lo hacía la abuela.

Algunas mañanas,

Cuando el viento soplaba entre las hojas,

Sentía la risa de la abuela en el aire.

Y cada vez que un colibrí aparecía,

Sabía que alguien la estaba escuchando.

Porque el amor,

Igual que el viento,

Nunca se va del todo,

Solo aprende a volar de otra manera.

Y hasta aquí el meditacuento de hoy.

Les mando un abrazo con todo mi corazón lleno de amor y deseo que tengan dulces y tranquilos sueños.

4.8 (15)

Reseñas Recientes

kisbeth

April 3, 2025

Hermoso, gracias

Paty

March 27, 2025

Nos encantó! Muchas gracias… me sorprendió ver que era más extenso de lo normal, pero resultó ser que estaba doble.

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