
Meditacuento: Un Viejo Aparador
Hola a todos y bienvenidos a un nuevo capítulo, hoy te traigo una historia sobre dos conejitas destinadas a encontrarse y comaprtir sus vidad y corazones. ¡Espero que la disfrutes tanto como yo! No olvides comentarme que te parecio y si tienes ideas para los próximos capítulos Te mando un fuerte abrazo y gracias por acompañarme a construri el hábito de la meditación.
Transcripción
Hola a todos.
Bienvenidos a los Meditacuentos de Yoarte,
Donde un cuento y una meditación arrullan tu imaginación.
Pónganse cómodos y cómodas que vamos a comenzar.
Ubícate en una postura en la que puedas tener tu espaldita recta,
El pecho libre para respirar profundo,
Que los brazos y las piernas estén sueltos y en el que te sientas cómodo.
Vamos a ir cerrando nuestros ojos.
Comienza a hacerte consciente de nuestra respiración.
Observa cómo respiramos,
Como si tomáramos nota.
Solo describimos la respiración.
Vamos a mirar si está lenta,
Si es rápida,
Si está a un ritmo normal,
Si está profunda,
Que se siente desde el ombligo hasta el pecho,
O si la estamos sintiendo solo en el pecho.
Solamente observando.
Imagina cómo todo tu cuerpo se infla y se desinfla.
Cada que entra y sale el aire y ese movimiento que hace el cuerpo se siente como si te estuvieran meciendo.
Imagínate en una maca o en un columpio y la respiración te va moviendo de un lado hacia el otro,
Suavemente,
Y cada ola de aire que entra y que sale por la nariz te va arrollando y relajando más.
Va relajando todos los pies y las piernas,
Todo el tronco,
Los brazos y las manos,
Todo el cuello,
El rostro,
La cabeza y hasta el cabello.
Sigue ese ritmo de tu propia respiración que te va relajando por completo.
Incluso la respiración y el movimiento que hace va siendo más lento,
Más suave.
Comienzas a sentirte más tranquila,
Más tranquilo,
Más seguro y completamente relajado.
Ahora continúa con los ojos cerrados,
Activa los oídos y deja que vuele tu imaginación.
Este meditat cuento se llama Un viejo aparador.
En un viejo aparador de madera vivían unas hermosas porcelanas,
Platos con dibujos dorados,
Tazas con delicadas flores pintadas y una tetera con un asa en forma de lazo.
Antes eran las protagonistas de elegantes meriendas.
Servían chocolate caliente en invierno y té con galletas en primavera.
Pero con el tiempo las cosas cambiaron.
Ahora en la casa usaban tazas nuevas,
Platos más modernos y la tetera había sido reemplazada por una de acero brillante.
Las porcelanas comenzaron a sentirse tristes y olvidadas.
Ya nadie nos necesita,
Susurró una taza con una pequeña grieta en el borde.
Antes éramos especiales,
Dijo un plato con un poco de pintura desgastada.
Ahora sólo acumulamos polvo.
La tetera,
Que solía ser la más orgullosa,
Bajó la mirada y suspiró.
Tal vez no servimos para nada.
Así pasaron los días,
Las semanas y los meses.
Hasta que una tarde,
Mientras el sol dorado entraba por la ventana,
Una niña entró al cuarto y se detuvo frente al aparador.
Tenía los ojos llenos de brillo,
Abrió la puerta de cristal y tomó la tetera con mucho cuidado.
Mamá,
Mira qué bonita,
Dijo emocionada.
¿Puedo usarla para poner flores?
La mamá sonrió y le ayudó a llenarla de agua.
Pronto la tetera dejó de estar vacía y solitaria y se convirtió en un florero lleno de margaritas que adornaba la mesa del comedor.
La taza con la grieta no tardó en encontrar su nuevo propósito.
La niña la llevó a su escritorio y la usó para guardar todos sus pinceles y sus colores.
Y por supuesto,
El plato desgastado,
En lugar de servir galletas,
Ahora sostenía con orgullo las llaves de la casa,
Asegurándose de que nunca se perdieran.
Esa noche,
Mientras la casa dormía,
Las porcelanas se miraron unas a otras y sonrieron.
Tal vez las cosas están cambiando,
Susurró la tetera,
Pero cada grieta,
Cada marca nos está recordando lo que hemos vivido y que seguimos funcionando.
Y ahora que tenemos un propósito diferente,
Seguimos siendo importantes,
Agregó la taza con orgullo de sostener pinceles y colores.
Desde entonces,
Estas porcelanas dejaron de sentirse tristes por lo que había pasado.
Ahora seguían en su hogar,
Cumpliendo una nueva función,
Seguían formando parte de la historia.
Y aunque estaban llenas de recuerdos y de momentos felices que atesoraban con nostalgia,
Estaban felices y orgullosas de tener nuevas historias para contar.
Y hasta aquí el meditacuento de hoy,
Espero que lo hayas disfrutado tanto como yo y que tengas dulces sueños.
Conoce a tu maestro
4.7 (16)
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