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Reconectar Con Tu Autoestima

by Gisela Bollo

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Puntuación
5
Group
Actividad
Meditación
Adecuado para
Todos
Reproducciones
9

Una invitación a reconectar con una autoestima natural, esa sensación de tener valor simplemente por estar aquí. A través de la respiración, el cuerpo y la imagen de la naturaleza, podrás soltar la comparación y la exigencia, y acercarte a una forma más serena de reconocerte y habitar tu propio lugar. Música: Leigh Robinson, Floating meditation with binaural waves at 4hz for sleep and relaxation

Transcripción

Para comenzar encuentra una postura que te permita permanecer unos minutos en comodidad.

Permite que el cuerpo se acomode poco a poco en ella mientras la respiración sigue su propio ritmo Siente el contacto del cuerpo con la superficie que lo sostiene.

Siente el peso de los pies de la pelvis.

Y de todas las zonas que estén apoyadas.

Siente tu respirar.

El aire entra y luego sale.

Puedes sentir el aire rozando la parte interna de la nariz moviendo el pecho o quizás el abdomen.

Imagina ahora un sendero que atraviesa un bosque temprano por la mañana.

No es un lugar extraordinario,

Es un bosque que simplemente existe.

Con árboles jóvenes.

Árboles antiguos con troncos rectos con ramas torcidas por el viento de muchos inviernos con hojas nuevas.

Y otras que ya regresan lentamente a la Tierra.

Mientras caminas notas algo curioso.

El bosque no parece establecer comparaciones.

Cada árbol ocupa su lugar con una naturalidad silenciosa.

Ninguno necesita convencer al bosque de que merece crecer allí.

Y esa sensación comienza a parecerte familiar.

Familiar quizás como tu respiración que sigue allí.

Ese movimiento suave de entrada y salida del aire permite que tu respiración descienda un poco más hacia el abdomen.

Como si el aire encontrara espacio entre el vientre,

La pelvis y la parte baja de la espalda.

Con cada respiración esa región comienza a sentirse un poco más amplia,

Más habitada Más Viva!

Como el bosque que está lleno de vida.

Las raíces de los árboles permanecen ocultas y sin embargo sostienen todo lo que sucede por encima de la tierra.

Quizás exista también en ti una parte silenciosa que sostiene mucho más de lo que suele verse.

No necesita llamar la atención.

Simplemente siempre está allí.

Al igual que tu respiración.

Que siempre está allí aunque dejes de prestarle atención.

Tal vez puedas percibir ahora su leve movimiento profundo no solamente en el abdomen sino también en toda la cintura alrededor del sacro.

Y quizás incluso en el suelo pélvico.

Mientras continúas caminando,

La luz comienza a filtrarse entre las hojas de los árboles.

No ilumina todo de una vez va llegando poco a poco una hoja después otra un tramo del sendero Luego un tronco cubierto de musgo.

La claridad encuentra su propio camino.

Observa como esa luz también alcanza algunos lugares de tu cuerpo.

Tu rostro los hombros.

Tu pecho.

La luz no cambia nada.

Simplemente vuelve visible lo que ya estaba allí.

Quizás la autoestima se parezca un poco a esta luz.

Hay días en que resulta fácil sentirla y otros en las que parece quedar detrás de las nubes.

Pero el sol no desaparece cuando llega la niebla,

Continúa allí.

Esperando simplemente a que vuelva a abrirse un poco de espacio.

Permite ahora que tu atención descanse unos instantes en el centro del pecho.

Sin buscar ninguna emoción especial.

Solo sintiendo el suave movimiento.

Que acompaña a cada respiración.

Tal vez aparezca un poco más de calidez.

Una sensación de amplitud tal vez algo de liviandad o una sensación simple de estar bien.

Frente a ti aparece un claro.

La luz entra completamente.

El viento mueve apenas las hierbas.

Hay una roca grande.

Te acercas,

Te sientas.

Sin esperar nada.

Simplemente te gusta estar allí.

Desde allí observas el bosque entero.

Los árboles altos,

Los pequeños,

Los que crecieron inclinados,

Los que perdieron alguna rama,

Los que recién comienzan y comprendes algo sin necesidad de ponerlo en palabras.

Cada uno expresa la vida de una manera distinta.

Y precisamente por eso el bosque es un bosque.

Mientras esa calma permanece,

Siente nuevamente tus pies.

El peso de las piernas la amplitud de tu pelvis La respiración expandiendo suavemente el abdomen.

Y el pecho recibiendo esa luz tranquila.

Como si el cuerpo recordara una forma antigua de estar consigo mismo.

Quizás el valor propio no siempre necesite construirse.

A veces basta con dejar de alejarse de uno mismo el tiempo suficiente para volver a sentirlo.

Como quien regresa a un sendero conocido.

Como quien vuelve a casa donde siempre hubo un lugar esperándote.

Puedes permanecer unos momentos sintiendo esta sensación como el bosque que no necesita demostrar su belleza para seguir siendo un bosque.

El valor propio puede ser simplemente nuestra amable luminosidad natural que muchas veces olvidamos sentir.

Una presencia sencilla y silenciosa como la tierra bajo tus pies,

Como tu respiración.

¡Siempre allí!

Gracias por dejarme acompañarte.

© 2026 Gisela Bollo. All rights reserved. All copyright in this work remains with the original creator. No part of this material may be reproduced, distributed, or transmitted in any form or by any means, without the prior written permission of the copyright owner.

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