
Historias para dormir: La Playa
Una historia para dormir nos ayuda a centrar nuestra atención, a dejar pasar las dificultades del día, los planes para el día de mañana y facilita que nuestra mente y nuestro cuerpo puedan descansar. No se trata de tener la mente vacía ni de obligarse a dormir, sino de centrar la atención en una sola cosa. En esta historia, caminarás por una playa, mientras te preparas para dormir y descansar.
Transcripción
Una historia para dormir nos ayuda a centrar nuestra atención.
A dejar pasar las dificultades del día.
Los planes para el día de mañana.
Y facilita que nuestra mente y nuestro cuerpo puedan descansar.
No se trata de tener la mente vacía.
Ni de obligarse a dormir.
Se trata de centrar la atención en una sola cosa.
Algo que nos calme y nos ayude a encontrar la relajación y la serenidad.
Para esto,
Revisa tu postura,
Que esté cómoda y relajada.
Revisa tu temperatura.
Que la sientas agradable y regulada.
Revisa tu almohada.
Si está donde la sientes cómoda.
Siente tu respiración.
Sin tratar de cambiarla o ajustarla.
Permítete estar aquí y ahora con tu cuerpo y tu mente dispuestos a descansar.
Y por último,
Concéntrate en mi voz y en lo que ella te describe.
Es un día cálido y agradable.
Vas caminando por una playa solitaria.
Un lugar hermoso.
Alejado del ruido de la ciudad.
Del ruido de la gente.
Pero lleno del ruido de la naturaleza.
Sientes la harina bajo tus pies.
Pensaste que podría estar muy caliente y traes sandalias para no quemarte.
Pero ahora que estás aquí,
Decides quitártelas y sentir la arena cálida.
No está tan caliente y masajea tus pies que comienzan a sentirse descansados.
Sigues caminando hacia el agua mientras escuchas el sonido del mar.
Como te gusta.
Cómo es de relajante esa sensación del agua moviéndose y chocando suavemente contra la harina.
Va y viene el sonido mientras tú te acercas cada vez más al agua.
Sientes el calor del sol sobre tu piel junto a la sensación de la brisa.
Te calienta y te refresca al mismo tiempo.
Es perfecto.
Y siéntese esa perfección.
Con tus ojos.
Tus oídos,
Tu piel.
Todas las sensaciones te hablan de lo perfecto que es este momento.
Las aves en la distancia vuelan en grupo.
Son gaviotas.
Su canto se oye en la distancia.
Van en grupo,
Acompañándose entre ellas y acompañándote a ti.
Siéntase esa compañía.
Amable.
Y cálida.
Y al mismo tiempo Sientes el silencio que dejan cuando vuelan más alto y más lejos.
Puedes volver a escuchar el sonido del mar.
A lo lejos puedes ver un par de islas.
Se ven pequeñas y distantes y te preguntas qué podrías encontrar si pudieras llegar hasta allá.
Seguramente el mismo paisaje que está en la playa detrás de ti.
Vespalmides.
Altas,
Estilizadas.
Casi tocando el cielo con sus ramas.
Ves los cocos en ellas.
Altos.
Muy altos.
Escuchas el sonido del viento contra las hojas.
Ese mismo viento que acaricia tu piel y la relaja.
Ves otros árboles y arbustos cuyos nombres no conoces.
Te llaman la atención unos arbustos con hojas grandes y redondeadas.
Con unas hojas verdes y otras que se ven ligeramente amarillas.
Y otras casi rojas.
¿Desde dónde estás?
Puedes ver sus frutos.
Tienen unos racimos colgantes como si fueran uvas.
El viento mueve sus hojas.
Mientras tú te preguntas si esas frutas,
Como uvas,
Se podrían comer.
¿Y a qué sabrán?
En tu boca sientes un sabor dulce y ligeramente ácido.
Pero no quieres caminar hacia allá para confirmar si es así como saben.
¿prefieres caminar hacia el agua?
Para poder sentirla entre tus pies.
La arena cambia de textura.
Está mojada.
Se vuelve dura y fría.
Tus pies se mojan.
El agua está fresca y relajante.
Puedes ver varios colores en el mar.
Verde claro casi azul cerca a ti.
Y verde oscuro.
Allí donde las algas crecen en el mar.
Caminas con el agua mojándote hasta los tobillos.
Respirando el aire salado.
Viendo un par de nubes muy ligeras que se mueven en el cielo.
Decides sentarte cerca al agua y a las palmeras.
Sacas una manta que has llevado contigo.
La pones sobre la arena y te sientas.
Percibes como la arena se ajusta para recibir el peso de tu cuerpo.
Está cálida.
Tu ropa es cómoda y te permite a ti acomodarte en la arena.
Decides acostarte y mirar el cielo entre las hojas de las palmeras.
Las nubes se mueven lentamente y mientras tanto tú cierras tus ojos.
Sientes el sol cálido en tu piel.
La brisa que refresca.
Y sientes también el sol colándose entre tus párpados.
Una luz tenue que acompaña y acaricia.
Sientes la seguridad de estar en un lugar propio.
Un lugar que te pertenece y te acoge.
Un lugar que te calma y te consiente.
Te permites descansar bajo la luz del sol que llega a través de tus párpados cerrados.
Te permites descansar mientras tu piel siente la caricia del viento y el sol.
Te permites descansar mientras escuchas a lo lejos el sonido del mar.
Los gaviotos y la brisa.
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