
La Montaña
La meditación de La Montaña te invita a conectar con una sensación profunda de estabilidad interior, recordándote que puedes sostenerte incluso en momentos de estrés y cambios. A través de la imaginación, esta práctica te ayuda a cultivar una presencia sólida y calmada, como una montaña que permanece firme ante cualquier clima interno.
Transcripción
Meditación de la montaña.
Siéntate en una postura cómoda con la columna erguida pero relajada.
La cabeza equilibrada sobre tu cuello y hombros,
Dejando que tu cuerpo mantenga la intención de permanecer alerta y en el presente.
Permite que tus ojos se cierren si esto te resulta cómodo o descansa tu mirada en un punto bajo a unos centímetros delante de ti.
Deja que tu atención descanse en la sensación de la respiración.
Que fluye de forma natural dentro y fuera de tu cuerpo.
Simplemente al observar tu cuerpo mientras respiras.
Vas entrando en un estado de calma,
Sentado o sentada,
Con un sentido de totalidad.
Que se refleja en tu postura.
Poco a poco intenta atraer a tu mente La imagen de una montaña hermosa y majestuosa.
Puede ser una montaña que hayas visto antes o bien una totalmente imaginaria.
También es válida una combinación de ambas.
Céntrate en la imagen o simplemente en el sentimiento de esa montaña.
Permitiéndole que vaya cobrando poco a poco mayor claridad y detalle.
Respira con la imagen de esa montaña y observa sus cualidades.
De qué color es.
Tiene la cumbre nevada.
Observa su forma,
Con el pico tocando el cielo,
Quizás oculto por las nubes.
Observa como la base se encuentra firmemente asentada en la superficie de la tierra.
¿Hay árboles en las laderas?
¿Qué tipo de vegetación observas?
Sea como sea que la representes,
Simplemente respira con la imagen de esa montaña observando sus cualidades.
Mientras visualizas la montaña,
Toma conciencia de su estabilidad.
De lo anclada que está en la Tierra.
Siente la presencia de la montaña,
Como si la tuvieras delante.
A continuación,
Prueba a llevar la montaña a tu cuerpo.
De manera que tu cuerpo aquí sentado y la montaña de tu mente se conviertan en uno.
Tu cabeza se convierte en la cumbre elevada,
Tus hombros y brazos en las laderas de la montaña,
Tus glúteos y piernas en la sólida base asentada sobre tu silla o cojín.
Experimenta en tu cuerpo la sensación de elevarte desde la base de la montaña.
A lo largo de tu columna vertebral.
Como montaña en medio de un campo abierto,
Eres inmóvil e inmutable a lo que surge en tu entorno.
Con el sol,
Los colores de tus laderas cambian.
Sientes el calor que te proporciona,
Su luminosidad,
Su calidez.
Observas lo que hay,
Observas la vida panorámica que se presenta ante ti y la acoges con aceptación y quietud.
Cuando cae la noche,
Desaparece el sol por detrás de ti.
Al poco,
Ves salir la luna que te aporta una luz distinta,
Blanca y cálida a la vez.
Por encima de ti el cielo se llena de estrellas y la luz de la luna ilumina la vegetación que te rodea.
Con los árboles que proyectan sus oscuras sombras sobre el suelo.
Pequeños animalillos van haciendo su aparición,
Llenando el espacio con sonidos nocturnos.
Nada te inquieta,
Nada te inmuta,
Permaneces inmóvil a lo que va trayendo la noche y el día.
En una sucesión constante,
Día tras día,
Noche tras noche.
No te afecta el ciclo del vaivén de la luna y el sol,
De la noche y el día.
Recibes lo que se presenta ante ti.
Con seguridad y placidez.
Llega el verano y la vegetación que te rodea se seca y se marchita.
Sientes como aumenta la temperatura y te calienta el sol.
Cada vez más intenso.
En las noches veraniegas,
La brisa refresca y suaviza la temperatura.
Observas todos los cambios.
No te inmutas.
La calma acompaña todos los cambios.
En otoño,
La vegetación vira sus colores hacia los rojos,
Naranjas y ocres.
El viento va desprendiendo lentamente las hojas de los árboles.
Hasta la última de ellas cae plácidamente sobre la capa espesa de hojas que se ha formado sobre la tierra.
Y sale el sol.
Y cae la noche.
Y pasan los días.
Llega el invierno y ves caer los primeros copos de nieve.
Pronto,
Una espesa capa blanca cubre tu cima.
Sientes el frío y la humedad que te aporta.
Pero te mantienes firme y en quietud ante los cambios que se van produciendo,
Sin inmutarte,
Con aceptación de lo que hay,
Observando la tremenda variedad que trae la naturaleza misma.
La primavera vuelve a traer el sol,
Que va derritiendo poco a poco la nieve acumulada.
Ríos de agua van cayendo desde la cima hasta el suelo,
Recuperando los caudales y aportando vida a la vegetación que va brotando suavemente sobre tus laderas.
Ya se escucha de nuevo el canto alegre de los pajarillos y el curso de la naturaleza vuelve a producir nuevas vidas.
Observas estos cambios a la espera de la llegada de un nuevo ciclo completo que se repite una y otra vez.
¿verano?
Otoño.
Invierno,
Y primavera.
Aunque se repite el curso,
Nunca es igual.
Hay matices que lo hacen distinto.
Y tú,
Firme y potente,
Lo observas todo desde tu majestuosidad.
La gente acude a mirarte,
Impactada con tu belleza.
O se lamentan porque con la lluvia o la sequía no está reluciente.
No,
Eso te perturba.
En cualquier circunstancia,
Permaneces esencialmente siendo tú.
Venga lo que venga,
Ya sea niebla,
Lluvia o las propias nubes que vienen y van,
Produciendo sombras y luces en toda tu superficie a capricho del viento,
Sigues siendo una montaña fuerte y poderosa.
Observándolo todo.
Sin afectarte,
Sigues sentada.
Sintiendo tu esencia.
Los cambios van sucediendo en el ciclo de la vida.
Y tú,
Montaña segura,
Permaneces inalterable.
¿Es un día oscuro,
Tormentoso,
Desapacible?
O es un día claro,
Brillante y cálido.
Sea como sea,
No te alteras,
Porque sabes que todo cambia,
Que todo sigue su curso.
Con sus ciclos,
Como siempre,
Hoy luz,
Mañana sombra.
Convertirnos en montaña observarnos como montaña desde el interior Implica aceptar cómo somos,
Cómo estamos en cada momento.
Observar los cambios sin reaccionar a ellos,
Porque somos montaña.
Más allá de nuestra historia,
Nuestra narrativa,
Nuestras vivencias,
Somos montaña.
Desarrollamos la paciencia cada día.
Crecemos en ecuanimidad.
Nos fundimos con la montaña que hay en nosotros y observamos cómo crece.
Siéntete montaña.
Y ahora vuelve a focalizar la atención en la respiración.
Inspira.
No inspira.
Al igual que los ciclos de la montaña,
También están los ciclos de la vida humana.
Notamos los cambios en nosotros mismos como seres humanos.
Todos tenemos nuestros momentos de luz y de oscuridad,
Momentos de color y momentos grises.
En la vida cotidiana También podemos sentirnos como una montaña.
Con la misma solidez y firmeza a pesar de los cambios y perturbaciones.
Podemos experimentar la naturaleza cambiante de nuestro cuerpo,
Nuestra mente y del mundo exterior.
Con esta meditación,
Conectamos con la fuerza de la montaña,
Con su estabilidad.
Con su imagen presente en tu mente,
Acogemos los cambios de tu vida cotidiana,
Con conciencia,
Claridad y apertura.
Puede serte útil ver tus pensamientos e inquietudes.
Incluso tus tormentas y sufrimientos emocionales,
Como el clima de la montaña.
No hay que ignorar ni negar los vaivenes de tu mente,
Sino observarlos.
Sentirlo y dejarlos en paz.
La inspiración que hayas sentido imaginando tu montaña puedes servirte para conectar con lo que significa estar en la vida con plena conciencia,
Con determinación,
Firmeza y apertura.
Conecta de nuevo suavemente con tu respiración.
Y poco a poco Vamos a ir dejando atrás nuestra montaña.
Y vamos a quedarnos unos instantes simplemente atendiendo el vaivén de la respiración.
Hasta que suene la campana.
Que marcará el final de esta práctica.
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