
Cuento con reflexión: El sabio y el origen del ruido
by Alan Hecker
Un joven discípulo aprende que las emociones que surgen frente a los desafíos no provienen del exterior, sino de su propia mente. Los alumnos aprenderán a tomar control de sus emociones, comprendiendo que la paz interior se encuentra en cómo gestionamos nuestro mundo interno. Música Free copyright de Kevin Mac Leod
Transcripción
Hola,
Bienvenido al sexto encuentro.
Soy Alan,
Y el cuento de hoy se llama El sabio y el origen del ruido.
Hace muchos años,
En las montañas de la vasta China,
Vivió un maestro zen,
Cuya sabiduría y serenidad eran legendarias.
Se decía que su conocimiento era tan profundo,
Que cualquiera que cruzara su camino encontraba la claridad y la paz interior.
Personas de todo el país viajaban largas distancias para aprender de él,
Y sus enseñanzas llegaron a ser tan populares que el maestro tuvo que seleccionar cuidadosamente a sus discípulos,
Ya que no podía atender a todos.
Con el paso de los años,
El maestro envejeció.
Aunque su conocimiento seguía siendo profundo,
Su actitud hacia los aprendices cambió.
Empezó a mostrarse distante,
Severo y para muchos incluso cruel.
Los jóvenes discípulos que venían con grandes expectativas de sabiduría se marchaban confundidos y decepcionados,
Contando historias de un maestro que ya no era el hombre amable del que habían oído hablar.
El maestro se retiró a la soledad de su hogar,
Donde pasaba los días meditando y cuidando su jardín.
Su fama comenzó a desvanecerse,
Y los discípulos dejaron de acudir.
Sin embargo,
Un joven aprendiz llamado Liang,
Que había escuchado antiguamente historias sobre el sabio,
No pudo evitar sentir curiosidad.
¿Cómo era posible que un hombre tan reverenciado se hubiera vuelto tan inaccesible y hosco?
Decidido a descubrir la verdad,
Liang emprendió un viaje hacia las montañas.
Al llegar a la casa del maestro,
Liang llamó a la puerta con suavidad.
No obtuvo respuesta.
Insistió varias veces,
Pero el silencio persistía.
A través de una rendija en la puerta,
Pudo ver el jardín impecablemente cuidado.
Todo parecía en orden,
Pero nadie salía a recibirlo.
Liang,
Decidido a esperar,
Se acomodó frente a la puerta y pasó la noche al aire libre,
Contemplando las estrellas y reflexionando sobre lo que le esperaba.
Al amanecer,
La puerta finalmente se abrió con un crujido,
Y el maestro apareció en el umbral,
Con su rostro marcado por las arrugas de los años.
Sin decir una palabra,
Lo dejó entrar con gesto frío y cortante.
Allá adentro,
El maestro indicó a Liang que se sentara.
Sin embargo,
Al ver que el joven no se sentaba de la manera más correcta,
Le dijo cosas duras,
Reprochando su postura de forma tajante y severa.
Liang,
Aunque sorprendido y algo herido,
Corrigió su postura sin decir nada.
Poco después,
El maestro sirvió té en su propia taza,
Y al notar la mirada ansiosa de Liang,
Le ofreció una taza también.
Pero en lugar de dársela con gentileza,
Derramó el té de manera brusca,
Haciendo que la bebida cayera sobre el joven.
Liang,
Atónito,
Se sintió molesto.
—¿Así es como tratas a tus visitas?
—preguntó con un tono de enojo.
El maestro,
En lugar de responder,
Cerró los ojos y comenzó a meditar,
Ignorando por completo la reacción del joven.
Liang,
Sintiendo la tensión en el aire,
Decidió imitar al maestro,
Y también cerró los ojos,
Tratando de calmarse.
Pero antes de que pudiera relajarse del todo,
Sintió una bofetada en la cara que lo sacudió.
Abrió los ojos rápidamente,
Incrédulo.
—¿Y bien?
—preguntó el maestro con voz calmada.
—¿De dónde crees que proviene el ruido de esa bofetada?
¿De mi mano o de tu mejilla?
Liang se quedó inmóvil,
Aturdido por la pregunta.
Reflexionó por un momento,
Observando sus pensamientos y emociones,
Y finalmente respondió.
—El ruido no proviene de tu mano ni de mi mejilla.
Proviene de mi mente.
El ruido nació de las emociones que surgieron en mí,
De mi enojo y sorpresa.
Todo eso partió de mi interior.
El maestro esbozó una sonrisa,
La primera que Liang le había visto desde su llegada.
—Exactamente —respondió el maestro—,
El ruido y el caos no provienen de lo que ocurre afuera.
Vienen de adentro,
De nuestras emociones no observadas,
De nuestros pensamientos no controlados.
Has aprendido lo que necesitabas.
Tú eres el discípulo que yo estaba esperando.
Desde aquel día,
Liang se quedó con el maestro,
Aprendiendo a conocer y gestionar su mundo interior.
Con el tiempo,
Él mismo se convirtió en un gran maestro,
Guiando a otros con la misma sabiduría que había aprendido.
Este cuento nos recuerda una de las lecciones más poderosas sobre la naturaleza de nuestras emociones.
A menudo creemos que el ruido,
El caos y el malestar que sentimos en la vida provienen de los acontecimientos externos.
Nos enfadamos por las acciones de los demás,
Nos frustramos por lo que no sale como planeamos y culpamos a las circunstancias por nuestro estado emocional.
Sin embargo,
Lo que el maestro Zen enseñó a Liang y lo que podemos aprender de esta historia,
Es que el verdadero origen de nuestro malestar está dentro de nosotros.
Las emociones no son causadas únicamente por lo que sucede en el exterior,
Sino por cómo interpretamos y respondemos a esos eventos.
El ruido,
Entre comillas,
Que percibimos en momentos de enojo,
Frustraciones o tristezas,
No es el resultado directo de las circunstancias,
Sino de la forma en que permitimos que esas circunstancias influyan en nuestra mente.
Liang aprendió que,
Aunque la bofetada fue real,
El ruido que la acompañó fue creado por su propia mente,
Por su reacción emocional.
Esto nos invita a reflexionar sobre nuestras propias vidas.
¿Cuántas veces nos sentimos perturbados por algo que en realidad sólo tiene poder sobre nosotros porque permitimos que lo tenga?
A menudo la clave para encontrar la paz no está en cambiar el mundo exterior,
Sino en cambiar nuestra propia respuesta interna.
Cuando tomamos conciencia de cómo nuestras emociones surgen de nuestros propios pensamientos y percepciones,
Podemos comenzar a desactivar ese ruido interno y encontrar un lugar de calma y serenidad.
Ya lo dijimos en el cuento anterior,
Pero se los repito.
La verdadera libertad no está en evitar las dificultades o en controlar a los demás,
Sino en aprender a dominar nuestra mente,
A observar nuestras emociones sin reaccionar impulsivamente.
El poder de nuestras emociones puede ser inmenso,
Pero también lo es nuestra capacidad para manejarlas si desarrollamos la conciencia necesaria.
Quisiera dejarte algunos ejercicios para explorar el origen del ruido interno.
El primero es dedicar unos minutos cada día para observar cómo te sientes ante situaciones desafiantes.
Pregúntate de dónde proviene realmente esta emoción.
¿Es la situación la que me afecta o es mi interpretación de ella?
Esta autoexploración te permite tomar distancia de tus emociones y empezar a reconocer su origen.
Por otro lado,
Siéntate en un lugar tranquilo,
Cierre los ojos y recuerda una situación reciente en la que te sentiste molesto o molesta o alterado.
Revive ese momento en tu mente,
Pero en lugar de dejar que la emoción te arrastre,
Observala desde afuera,
Como si fuera una película.
Nota cómo surge en tu cuerpo,
Cómo cambia tu respiración o tu postura,
Pero no te identifiques con ella.
Permite que la emoción esté presente sin actuar sobre ella.
Esta práctica te ayudará a reconocer tus emociones antes de reaccionar impulsivamente.
Otro ejercicio es respirar antes de reaccionar.
Así que te propongo que la próxima vez que te sientas molesto o frustrado,
Antes de responder,
Respires profundamente tres veces.
Hace una pausa y respira.
Esta simple técnica te permitirá crear un espacio entre la emoción y la posible reacción,
Dándote la oportunidad de responder de manera más consciente y tranquila.
Y por último,
Si una situación te ha provocado una fuerte reacción emocional,
Tómate unos minutos para escribir eso que sientes.
Al plasmar tus pensamientos en papel,
Podrás desmenuzarlos y entender mejor de dónde proviene el ruido que te perturba.
Y pregúntate,
¿es esta emoción útil?
¿Cómo puedo manejarla de una manera que me ayude a crecer?
Nos escuchamos en el próximo cuento.
Chau Chau
Conoce a tu maestro
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