
Volver A Tu Ritmo
Una meditación guiada para acompañarte en momentos de cambio, especialmente cuando necesitas volver a la rutina después de unas vacaciones, un periodo de descanso o una etapa diferente. A través de la respiración, la visualización y un recorrido simbólico por un camino, te invito a soltar presión, reconocer aquello que cargas, recuperar la calma y encontrar tu propio ritmo para avanzar. Durante la práctica conectarás con una palabra que represente cómo quieres sentirte en esta nueva etapa y te acompañará como recordatorio de que no necesitas hacerlo todo de golpe. Ideal para momentos de transición, vuelta a la rutina, estrés, nervios, sensación de agobio o necesidad de reconectar contigo. Una práctica para parar, respirar y recordar que puedes avanzar poco a poco, a tu ritmo. Música utilizada bajo la Licencia de Contenido de Pixabay.
Transcripción
Cierra los ojos.
Y simplemente respira.
Inspira lentamente por la nariz.
Y suelta el aire despacio.
Otra vez.
Inspira.
Y al soltar el aire Permite que tu cuerpo empiece a relajarse.
No necesitas conseguir nada.
No necesitas dejar la mente en blanco.
Sólo estar aquí.
En este momento.
Solo para ti.
Durante unos minutos.
No hay nada que organizar.
Nada que resolver.
Ningún lugar al que tengas que llegar.
Inspira.
Y suelta.
Relaja la mente.
Deja caer los hombros.
Relaja la maníbula.
Y ve bajando lentamente.
Hecho.
Torsión.
Cadera Calvillas.
¡Bien!
Y siente como tu respiración.
Va entrando poco a poco.
A su propio ritmo.
Si aparece algún pensamiento.
Observado.
Y déjalo pasar.
No necesitas seguirlo.
Vuelve simplemente a tu respiración.
Y amigos.
Ahora imagina que estás frente a un camino.
Es un camino que conoces.
Lo ha recorrido muchas veces.
Sabes hacia dónde lleva.
Conoces algunos de sus rincones.
Sus curvas.
Incluso algunos de los sonidos que aparecen mientras avanzas.
Y sin embargo… Hoy lo sientes diferente.
Has estado un tiempo sin recorrerlo.
Quizá unos días.
Quizás semanas.
Quizá meses.
Tal vez.
Has estado descansando.
Recuperando.
Viviendo de otra manera.
O simplemente.
Tu vida ha cambiado.
Y ahora tienes que comenzar una nueva rutina.
Mira su camino.
Y sabes que ha llegado el momento de volver a caminar.
Dase el primer paso.
Y después otro.
Pero enseguida ¿notas algo?
Tu cuerpo.
Parece querer avanzar.
Mientras una parte de ti.
Se queda atrás.
Quizá.
Aparecen pensamientos.
Y sí me cuesta.
¿Y si no puedo con todo?
Y si vuelvo a sentirme desbordada.
Y si las cosas ya no son como antes.
Quizá Sientes nervios.
Entre todos.
Bereza.
Irritabilidad.
O simplemente.
Esa sensación difícil de explicar.
Que aparece.
Cuando sabemos.
Que algo está a punto de cambiar.
No intentes apartarla.
Continúa caminando.
Después de unos minutos.
Llegas a un pequeño puente.
Debajo Corre un río tranquilo.
¿Por qué tienes?
En medio del puente y observas el agua.
Ves como la corriente sigue avanzando.
El agua no intenta quedarse en el lugar del que viene.
Tampoco intenta llegar rápidamente al lugar hacia el que va simplemente fluye.
Entonces comprendes algo.
Quesada.
Durante estos días.
Has estado intentando anticipar todo lo que vendrá.
Los horarios,
Las obligaciones,
Las responsabilidades.
.
.
Las conversaciones,
Las tareas pendientes.
Como si tuvieras que vivir hoy.
Todos los días que todavía no han llegado.
Miras nuevamente al río y te preguntas.
¿Qué necesito realmente afrontar hoy?
No mañana,
No toda la semana.
No todo lo que imagino que podría suceder.
Solo uno.
Quizá la respuesta sea mucho más pequeña de lo que pensabas.
Por ejemplo,
Levantarte prepararte.
Llegar empezar.
Dar un primer paso después en siguiente.
Respira.
Cruzas el puente y continúas caminando.
Pero unos metros más adelante.
Encuentras algo en mitad del sendero.
Es una mochila.
Con bolsa.
O quizá algo que sueles llevar contigo a menudo.
Visualízalo como tú creas.
Te acercas y reconoces.
Que lo has llevado muchas veces sobre tus hombros.
Lo coges,
Lo abres.
Y descubres.
Que dentro hay piedras.
Cada piedra.
De vascrito una palabra.
Risa.
Exigencia.
Preocupación Control Perfección.
Cansancio.
Miedo.
Quizá reconoces alguna.
Quizá reconoces varias.
Y entonces comprendes.
Que llegabas mucho tiempo caminando con alguna de esas piedras sin darte cuenta.
Coge mentalmente aquella que más pesa para ti en este momento.
Observala.
Reconocela.
Cada vez.
Has estado diciéndote.
Tengo que poder con todo.
Tengo que volver como si nada hubiera pasado.
Tengo que estar bien.
Tengo que recuperar rápidamente mi ritmo.
Tengo que hacerlo todo.
Sostén esa piedra unos segundos.
¿Y ahora?
Déjala junto al camino.
No necesitas llevártela.
Respira profundamente.
Y al expulsar el aire.
Siente como algo se hace un poco más ligero dentro de ti.
Como si te hubieses quitado un peso de encima.
Y continúas avanzando.
Y poco después.
El camino comienza a subir.
Al principio intenta escaminar deprisa.
Quieres recuperar el ritmo que tenías antes.
Pero notas como tu respiración se va acelerando.
Tus piernas empiezan a pesar.
Y decides detenerte.
Miras hacia los lados del camino.
Y en uno de ellos.
Beso un árbol enorme.
Te acercas y te sientas.
Apoyando tu espalda en su tronco.
Respiras Y mientras descansas.
.
.
Observas algo que hasta ahora no habías visto.
Hay personas caminando por el mismo sendero.
Algunas van deprisa.
Otras van despacio.
Algunas se detienen.
Otros parecen tener mucha energía.
Y por un instante.
Quizá.
Aparece la tentación de mirar su ritmo.
Y compararlo con el tuyo.
Pero entonces.
.
.
Levantas la mirada.
Hacia el árbol.
Y observas.
Que sus ramas no crecen todas a la misma velocidad.
Sus hojas,
No aparecen todas al mismo tiempo.
Y aún así Todo el árbol sigue creciendo.
Y entonces te dices.
No necesito caminar al ritmo de nadie.
Ni siquiera necesito caminar al ritmo que tenía antes.
Mi vida.
Puede haber cambiado.
Mi cuerpo.
Puede haber cambiado.
Mis necesidades pueden haber cambiado.
Yo puedo haber cambiado.
Y eso significa.
Que quizá también.
Necesite encontrar una nueva manera de avanzar.
Mi manera.
Mi propio ritmo.
Pregúntate ahora.
¿Cómo quiero sentirme mientras regreso a mi rutina?
¿Cómo quiero sentirme?
Puede que la palabra sea.
Tranquila.
Serena en calma.
Segura.
Organizada.
Paciente.
Buen aniversario.
Con confianza.
Deja que aparezca tu propia palabra.
Guárdala contigo.
Esa palabra?
Será lo único que llevarás en tu mochila.
Te levantas.
Y continúas caminando.
El camino.
Sigue siendo el mismo.
Las responsabilidades.
Siguen existiendo.
Las obligaciones no han desaparecido.
Pero algo dentro de ti.
Ha cambiado.
Ahora no miras todo el camino.
Miras únicamente los próximos pasos.
Después otro y después otro Mientras avanzas descubres.
Que el camino empieza a resultar nuevamente familiar.
Reconoces un árbol.
O la curva.
Una pequeña casa a lo lejos.
De aquello que hace unos minutos.
Parecía extraño.
Comienza poco a poco a sentirse conocido.
Entonces.
.
.
¿Entiendes?
Que muchas veces lo más difícil no es la rutina.
Es el momento anterior.
Todo aquello.
Que nuestra mente.
Imagina antes de empezar.
Pero cuando comenzamos cuando damos el primer paso.
Nuestro cuerpo recuerda.
Nuestra mente se adapta.
Y poco a poco.
Volvemos a encontrar estabilidad.
¿Continúas caminando?
Hasta llegar a un lugar abierto.
Frente a ti Hay un banco de madera.
¿Te sientas?
Y eso es todo amigos,
Nos vemos en el próximo video,
Un saludo Puedes observar una parte del camino que ya has recorrido.
Miras hacia atrás.
Y te das cuenta.
De que has pasado por muchos cambios a lo largo de tu vida.
Cambios que quizá también te dieron miedo.
Etapas.
Que parecían difíciles.
Momentos.
En los que no sabías exactamente cómo ibas a continuar.
Y sin embargo Aquí estás.
Has aprendido.
Te has adaptado.
Has encontrado soluciones.
Has descansado cuando lo has necesitado.
Has pedido ayuda algunas veces.
Y otras.
Has descubierto fuerzas que ni siquiera sabías que tenías.
Permite que aparezca algún recuerdo.
De una etapa.
Que al principio parecía difícil.
Y que finalmente Budista y satrálite.
Esa capacidad.
Sigue dentro de ti.
No ha desaparecido.
Respira profundamente.
Ahora.
Mira nuevamente hacia adelante.
El camino continúa.
No puedes ver todo lo que habrá detrás de cada curva.
Y no necesitas verlo.
Solo.
Necesitas saber cuál es tu próximo paso.
Nada más.
Levántate del banco.
Antes de continuar.
Coloca una mano sobre tu pecho.
Siente tu respiración.
Y repite interiormente.
No necesito hacerlo todo hoy.
Puedo adaptarme poco a poco.
Me permito encontrar mi propio ritmo.
Confío en mi capacidad para afrontar los cambios.
Solo necesito dar el siguiente paso.
Empiezas.
Nuevamente a caminar.
Pero ahora… lo haces de otra manera.
Sin correr.
Sin intentar llegar antes.
Sin cargar con todo lo que todavía no ha sucedido.
Caminas.
Estando presente.
Un paso.
Una respiración.
Un momento.
Y mientras avanzas Quizá.
Puedas imaginar.
Los próximos días.
El primer día.
Después el segundo después el tercero Observa como aquello que hoy parece un cambio.
Comienza poco a poco a convertirse en algo conocido.
Los horarios empiezan a encajar.
Tu cuerpo se adapta tu mente deja de estar tan pendiente.
Y llega un momento.
En el que ya no estás pensando en volver a la rutina.
Simplemente.
Estás viviendo.
Ahora… El camino empieza lentamente a desaparecer.
Pero antes de marcharte.
Mira una última vez hacia atrás el puente.
La mochila El árbol.
El banco.
Todo sigue allí.
Y podrás regresar a este camino.
Siempre que necesites recordar algo muy sencillo.
No tienes que recuperar inmediatamente el ritmo que tenías.
No tienes que saber cómo será todo.
No tienes que recorrer hoy el camino de mañana.
Solo necesitas.
Escuchar cómo estás.
Y avanzar desde ahí.
A tu manera.
A tu tiempo.
A tu ritmo.
Vuelve lentamente a sentir tu cuerpo.
Siente de nuevo el lugar en el que estás.
Y cómo.
Tu cuerpo está apoyado.
Ya sea en la esterilla,
En la cama.
O donde hayas decidido hacer esta meditación.
Escucha los sonidos que hay a tu alrededor.
Mueve suavemente los dedos de las manos.
Los dedos de los pies.
Haz una respiración profunda.
Inspira y suelta lentamente.
Y cuando estés preparada.
Abre los ojos.
Bienvenida de nuevo.
Y recuerda.
No necesitas correr para volver.
Solo necesitas empezar.
Conoce a tu maestro
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