
Cuento Para Dormir: La Biblioteca De Los Sueños Perdidos
by Laura Soto
Acomódate, respira hondo y prepárate para soltar todo el peso del día. En este cuento para dormir, te guiaré hacia una mágica biblioteca nocturna donde el tiempo se detiene y reina el silencio. Allí conocerás a Elena, su joven guardiana, quien te ayudará a recoger tus preocupaciones y pensamientos pesados para guardarlos a salvo en un estante mientras descansas. La narración íntima y pausada (7 minutos) te ayudará a desconectar del ruido mental, desvaneciéndose suavemente para dar paso a 12 minutos ininterrumpidos de piano relajante. Esta estructura está diseñada específicamente para bajar tus pulsaciones y acompañarte en la transición hacia un sueño profundo y reparador. Ideal para aliviar el estrés, calmar la ansiedad nocturna y combatir el insomnio.
Transcripción
Hola,
Querida oyente.
Hola,
Querido oyente.
La audazot.
Y es un verdadero privilegio?
Acompañarte en esta noche.
Respira hondo.
Y deja que mi voz te guíe hacia un rincón seguro.
Donde el tiempo se detiene.
Y las cargas,
Poco a poco,
Se desvanecen.
Acomódate bien.
Cierra los ojos y prepárate para dejarte llevar por el cuento de esta noche.
Una historia muy especial.
Titulada.
.
.
La Biblioteca de los Sueños Perdidos.
Relájate.
Y permítete soñar.
La medianoche había pasado Hacía mucho tiempo.
Justo en esa hora peculiar en la que el mundo físico parece volverse ligeramente translúcido.
Sin darte cuenta de cómo.
Encontrabas caminando.
Por un pasillo estrecho.
Que desembocaba en una inmensa sala circular.
Las estanterías de madera de roble,
Se alzaban hasta un techo infinito.
Perdiéndose.
En una penumbra silenciosa.
Allí estaba Elena.
Llevaba un jersey de lana oscuro.
Un poco grande para ella.
Y sostenía.
.
.
Una lámpara de luz dorada y parpadeante.
Que proyectaba sombras alargadas en el suelo.
Su voz.
Cuando habló,
Sonó exactamente como el leve crujido de las hojas secas en un bosque de otoño.
Te estaba esperando.
Entra,
Por favor.
Esta no era una biblioteca ordinaria.
No albergaba novelas,
Ni enciclopedias,
Ni antiguos manuales de cómo reparar tocadiscos o preparar pasteles.
Elena era la joven guardiana de un archivo mucho más frágil e invisible.
Su trabajo consistía.
.
.
En recolectar los pensamientos abstractos,
Las ansiedades viscosas y las preocupaciones que las personas asastraban consigo justo antes de cruzar la frontera del sueño.
El aire del lugar olía a papel viejo.
A lluvia lejana.
Y de forma muy sutil a un té negro que alguien había preparado en la distancia.
La noche es demasiado profunda como para que cargues con todo eso tú sola.
Usurró ella.
Acercándose con un paso inaudible.
Elena te miró a los ojos con una calma absoluta.
Como si mirara al fondo de un pozo sereno y silencioso.
Extendió una mano pálida y te pidió que le entregaras esa preocupación pesada.
Esa espina invisible que se había quedado clavada a lo largo de tu día.
No tuviste que decir ni una sola palabra.
Simplemente exhalaste.
Y de tu pecho surgió una pequeña masa densa que ella tomó con suma delicadeza.
La introdujo entre las páginas en blanco de un librito encuadernado en cuero rojo.
Y lo cerró de golpe.
Con un suave chasquido.
Luego subió por una larga escalera de caracol.
Y colocó el libro en el estante más alto.
Allí,
Donde ya nada ni nadie.
.
.
Podría volver a molestarte.
Allí estarás seguro.
Ya no puede hacerte daño.
Dijo al descender de nuevo al suelo.
¿De alguna parte que no lograste identificar?
Sacó dos tazas de cerámica humeantes.
Y te ofrecía una.
Era un té que sabía a tranquilidad.
A la cálida soledad de observar la luna menguante.
Un líquido reconfortante.
Que bajó por tu garganta y desenredó todo y cada uno de los nudos de tu cuerpo.
Razbeber.
Elena te guió hacia un rincón apartado de la inmensa biblioteca.
En el suelo,
Sobre una alfombra de patrones intrincados,
Descansaba una inmensa montaña de almohadas de terciopelo.
Y mantas gruesas.
Tan suaves.
Como el pelaje de un gato dormido.
Te recostaste lentamente.
Entiendo cómo la gravedad reclamaba tu cuerpo por fin,
Hundiéndote en aquel nido perfecto.
Tu respiración se volvió pausada.
Rítmica,
Sincronizándose con el latido de un viejo reloj de péndulo que resonaba en lo más profundo del edificio.
Los contornos de la biblioteca empezaron a difuminarse a tu alrededor.
Los lomos de los libros parecieron fundirse en un río de colores oscuros y amables.
Mientras el peso de tus párpados se hacía dulce e irresistible.
Justo antes de que cruzaras la última frontera hacia el sueño profundo?
Elena se acercó una vez más a tu lado.
Con un soprido suave.
Apagó la pequeña llama de su lámpara dorada.
La oscuridad que inundó la sala no era fría ni aterradora.
Sino protectora.
Huriéndote como un manto infinito.
Puedes descansar ahora.
Yo me quedaré aquí vigilando.
Murmuró su voz.
Que ya parecía venir de muy lejos.
Y mientras el silencio más puro y reparador te envolvía.
.
.
Supiste que tu mente estaba a salvo.
Acunada para siempre?
En las estanterías de la noche.
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