
Pérdida De Tu Mascota — Procesa El Dolor, Suelta La Culpa
Una meditación guiada para quienes atraviesan el duelo por la muerte de una mascota. Si sientes el peso de la pérdida de tu mascota — si extrañas a tu perro, gato, ave u otro compañero animal — esta meditación te ofrece un espacio tranquilo para tus emociones. No tienes que dejar de extrañar a tu mascota ni apresurar tu duelo. Esta meditación te ayuda a reconocer tu dolor sin justificarlo, soltar la culpa y los "y si hubiera..." que siguen a la muerte de una mascota, y recordar a tu compañero más allá de sus últimos días. Te ofrece sentirte más en calma y menos solo/a, mientras llevas contigo el amor que permanece. Al final, unos minutos de gratitud en silencio para agradecerle su compañía. Esto es consuelo, no terapia — si el dolor pesa demasiado, busca apoyo profesional. Escúchala siempre que el dolor se sienta pesado. Música de Universfield de Pixabay.
Transcripción
Me alegra mucho que hayas decidido dedicar este momento a estar aquí.
Si has llegado hasta esta meditación.
Es muy probable que hayas perdido a un animal de compañía.
Al que querías profundamente.
Quizá.
.
.
Tu mascote era un perro.
Una gata.
El pájaro.
Que llenaba las mañanas con azúcar.
Al conejito.
O cualquier otro ser que poco a poco y casi sin darte cuenta.
Se convirtió en una parte esencial de tu vida.
Sea quien fuera.
Su vida tuvo un valor inmenso.
Y precisamente por eso su ausencia.
Quiero decirte algo.
Nada de lo que estás sintiendo está mal.
Y la tristeza.
Y el vacío.
Y las lágrimas que aparecen cuando menos lo esperas.
Esos momentos en los que un recuerdo surge de repente.
Y sientes que el corazón vuelve a romperse.
El dolor por la pérdida de una mascota.
Solo llega a comprenderse de verdad.
Cuando se ha vivido.
¿Quién ha pasado por ello?
A menudo intenta consolar con la mejor intención.
Pero sin saberlo.
A veces consigue que el dolor se sienta todavía más agudo.
Porque no se trata simplemente de un animal.
¿Se trata de alguien?
Que formaba parte de cada día.
De alguien que esperaba tu regreso.
Que se alegraba de verte.
Que notaba como te sentías sin necesidad de una sola palabra.
Calqueo.
Que ofrecía cariño sin pedir nada a cambio.
Y por eso.
La pérdida duele tanto.
El amor no entiende desprecios.
El amor solo entiende de vínculos.
Así que hoy.
.
.
No necesitas demostrar a nadie cuanto querías.
No necesitas explicar.
¿Por qué el dolor sigue aquí?
No necesitas justificar que hayan pasado meses.
Vainas.
Y todavía aparezcan las lágrimas.
El duelo nos sigue un calendario.
El amor tampoco.
Este tiempo es solo para ti.
Así que búscate una postura cómoda.
Deja que las manos descansen.
Con naturalidad.
Y permite que tu sombra se afloje un poco.
No porque tengas que relajarte.
Sino porque.
.
.
Durante unos minutos.
Ya no hace falta sostener todo este peso sin descanso.
Respira despacio.
Sin ningún esfuerzo.
Sin contar.
Inspira.
Y al soltar el aire.
Permítete llegar a este momento.
Una vez más.
Inspira con tranquilidad.
Y deja salir el aire lentamente.
Eso es todo.
Después de la muerte de tu mascota.
La casa cambia.
No porque tenga un aspecto distinto.
Sino porque suena diferente.
Hay un silencio que antes pasaba desapercibido.
El silencio del cuenco que ya no se vacía.
El silencio de una puerta donde ya nadie espera.
El silencio del rincón favorito.
El silencio de los pasos que ya no vuelven a escucharse.
Quizá.
.
.
Todavía miras sin darte cuenta.
Hacia ese lugar de siempre.
Paz.
Al abrir la puerta una parte de ti sigue esperando a encontrar esa mirada.
Aquí está.
Durante un instante al despertar.
Olvidas lo ocurrido.
Y un segundo después.
.
.
Recuerdas.
En The Lord of the Rings.
No porque estés negando la realidad.
Sino porque el amor crea costumbres.
Miles de pequeños restos.
Tan cotidianos.
Que apenas somos conscientes de ellos.
Hasta que un día.
.
.
Ya no tienen a quien dirigirse.
Quizá todavía pronuncia su nombre sin pensarlo.
¿Qué es eso?
¿Conservas su juguete favorito?
Claramente.
No porque no pueda seguir adelante.
Sino porque el corazón todavía recuerda el ritmo de la vida que compartíais.
A veces,
Quienes nos rodean intentan ayudar.
Dice el Cosa Escrima.
Siempre podrás tener otro.
Todo una buena vida.
Ya no sufre.
Es posible que todo esto sea cierto.
Pero la verdad no siempre es lo primero que necesita escuchar un corazón que está de duelo.
Antes de encontrar esperanza.
El corazón necesita sentirse comprendido.
¿Por qué ningún otro animal?
Por maravilloso que sea.
Cerra ese.
No tendrá la misma mirada.
Ni la misma forma de hacer calcetín.
Y las mismas costumbres.
Ni esa personalidad irrepetible que hacía que cada día fuera diferente.
No eches de menos a cualquier perro.
Ni a cualquier gata.
Echas de menos.
Al que formo parte de tu vida.
Y esa diferencia lo cambia todo.
Quizá te has preguntado si no estarás sufriendo demasiado.
Si cinco meses son demasiados,
O seis,
O un año.
Jamás.
No existe un tiempo correcto para el duelo.
Hay quien llora cada día.
Y hay quien pasa semanas sintiéndose un poco mejor.
Hasta que una fotografía el sonido.
Uno preto olvidado.
Abre de nuevo la puerta del dolor.
Eso no significa que estés retrocediendo.
Significa que el amor sigue teniendo un lugar dentro de ti.
El duelo no avanza en línea recta.
Llega como de solas.
Algunas son suaves.
Otras aparecen sin avisar.
Pero ninguna permanece para siempre.
Puede que también haya preguntas.
Podría haber hecho algo más.
Me di cuenta demasiado tarde.
Llegó a saber cuánto significaba para mí.
Estas preguntas visitan muchísimos corazones.
Sobre todo cuando llega la noche.
Y todo queda en silencio.
Como no existen respuestas completamente seguras.
La mente intenta encontrarlas una y otra vez.
Más adelante volveremos a ellas.
No para hacerlas desaparecer.
Sino para mirarlas con un poco más de amabilidad.
Por ahora.
Basta con reconocer que están allí.
Sin juzgarlos.
Y sin juzgarte.
Déjalas pasar como las nubes cruzan el cielo.
SOS Hasta luego,
Noches.
Y permites que sigas su camino.
Hay algo más que muchas personas descubren tras perder a su mascota.
Es solo tristeza.
Esta es mi herancia.
La ignorancia de la presencia que formaba parte de la vida cotidiana.
De alguien.
Quien nunca pidió perfección.
A quien no le importaba cuánto dinero ganabas.
¿Y cómo era tu aspecto?
Simplemente te quería.
Y cuando una forma de querer así desaparece de la vida diaria,
No se pierde solamente un animal.
Se pierde a un testigo silencioso de la propia vida.
A un ser que conocía tus rutinas.
Tus alegrías.
Tus días complicados.
Todos los momentos de calma.
Y que estuvo presente en cientos,
Quizás miles de instantes que parecían normales.
Pues sabes que no lo era.
Eran extraordinarios precisamente porque los compartíais.
Por eso el corazón sigue notando su ausencia.
No porque hay algo que no funciona dentro de ti.
Sino porque existió un vínculo profundamente verdadero.
Durante los próximos minutos.
No hace falta que el dolor desaparezca.
No hace falta sentirse con más fuerza.
Ni siquiera haces falta sentirse mejor.
Solo hace falta permanecer aquí.
Tal como estás.
Con todo lo que llevas en el corazón.
Y con la tranquilidad.
De saber que durante un rato.
No tienes que sostener esa carga sin compañía.
Mientras la respiración encuentra.
.
.
Poco a poco en su ritmo natural.
Sin intentar cambiar nada.
Permítete volver.
Por unos instantes.
A un lugar en el que te sentías en paz.
Junto a tu mascota.
No hace falta que sea un lugar extraordinario.
Basta conquistarla.
Está el salón de la casa.
Del jardín.
Un parque.
Rincón.
Donde no ocurrió nada especial.
Solo la vida.
Esta vida.
Sencilla.
Échale pequeños momentos.
Que sin darnos cuentas.
Terminan convirtiéndose en los recuerdos más valiosos.
Observa ese lugar en tu imaginación.
Y a luz.
El aire.
La calma.
No hace falta recordar cada detalle.
Es suficiente con sentir que ese lugar existe.
Y que forma parte de vuestra historia.
Ahora,
Si sientes que es el momento.
Deja que aparezca un recuerdo.
No busques algo más importante.
Ni el último.
Deja que sea tu corazón quien elija.
Quizá.
.
.
Aparece durmiendo plácidamente.
Quizá corriendo hacia ti con alegría.
Quizá.
La mirada.
Una de esas pequeñas costumbres que siempre conseguían hacerte sonreír.
Sea cual sea el recuerdo que llegue.
Recíbelo con cariño.
Observa algo.
En ese recuerdo conviven dos emociones.
Está la tristeza.
Y también está el amor.
La tristeza no borra el amor.
Y el amor tampoco borra la tristeza.
Durante un momento.
Pueden estar juntas.
Sin luchar entre sí.
Muchas personas creen que el dolor es lo contrario del amor.
Pero no lo es.
El dolor.
Es la forma que encuentra el amor para seguir existiendo.
Cuando ya no puedes besarse como antes.
El amor sigue aquí.
Solo que ya no tiene a quien ofrecer el saludo de cada mañana.
La caricia.
Caminar.
Y por eso permanece dentro del corazón.
Buscando el silencio.
Alguien tanto hecha de menos.
Eso no significa que hay algo roto en ti.
Significa que el amor sigue vivo.
¿Qué es eso?
Te ha ocurrido alguna vez?
Coges el teléfono para enseñar la fotografía.
Y descubres que es otra fotografía suya.
O recuerdas algo divertido.
Empiezas a sonreír.
Y unos segundos después aparecen las lágrimas.
La alegría y la tristeza.
Pueden compartir el mismo espacio.
No elimina a la otra.
Frecuencia caminan juntas.
Porque cada recuerdo hermoso no se recuerda tan bien cuánto significó ese vínculo.
Piensa por un momento en algo.
Tu anima de compañía nunca midió tu valor.
Por lo que conseguías.
Nunca le importó cuánto dinero ganabas.
Ni si habías tenido un buen día.
Ni si estabas pasando por un momento difícil.
Nunca necesito explicaciones.
Ni apariencias.
Te conocía.
Y confiar en ti.
Tras día.
Para ese ser.
Tu eras el hogar.
El lugar donde encontraba seguridad.
Donde podía descansar.
Donde se sentía protegido,
Protegida.
No porque todo fuera perfecto.
Sino porque allí habíamos.
A veces.
.
.
El dolor empieza a susurrar otra historia.
Quizá también te resulten familiares esos pensamientos.
Podría haber hecho más.
Me di cuenta demasiado tarde.
Tal vez.
Todavía había otra posibilidad.
Estos pensamientos aparecen en muchísimas personas que atraviesan el duelo por la pérdida de una mascota.
Cuando el amor pierde a alguien tan importante.
La mente intenta reescribir el final.
Ese.
Son dos palabras muy pequeñas.
Pero puede pesar muchísimo.
Respira el espacio.
Y al dejar salir el aire.
No intentes expulsar esos pensamientos.
No hace falta luchar contra ellos.
Hazles solo la pregunta.
Con mucha suavidad es una persona.
Es la que quiero contarme esa misma historia.
La juzgaría con tanta dureza.
O venía alguien que quiso profundamente.
Que hizo todo lo que pudo.
Con lo que sabía en ese momento.
Muchas gracias.
Somos mucho más compasivos con los demás que con nosotros mismos.
Pero tu animalito nunca te pidió perfección.
Los animales no hablan la percepción.
Amar la presencia.
A la voz conocida.
A las manos que trasmiten calma.
Aman el tiempo compartido.
Y se pudieran hablar con palabras humanas.
Quizá.
No recordaría los errores que tú sigues recordando.
Quizá recordarían otra cosa.
El calor del hogar.
Las caricias.
La comida preparada con cariño.
Cientos.
Quizá miles de pequeños restos.
Testosque.
Juntos fueron construyendo toda la vida.
El amor verdadero casi nunca ha servido.
Rara vez necesita grandes cestos.
Suele esconderse en las cosas más sencillas.
En cambiar el agua cálida.
En preparar la comida.
En limpiar sin protestar.
En decir simplemente.
.
.
Estoy aquí.
En aquel momento.
Todo parecía formar parte de la rutina.
Comprendes el enorme valor que tenían esos pequeños actos.
Las lágrimas que hoy brotan no hablan solamente de una pérdida.
También habla de un amor inmenso.
Dicen sin necesidad de palabras.
Esta vida fue importante.
Este vínculo fuera real.
Este amor.
Merece seguir teniendo un lugar en mi corazón.
No hace falta dejar de echar de menos.
Quizá tampoco mañana.
O pasada.
El propósito de esta meditación.
No es ayudarte a olvidar.
Es ayudarte a llevar el amor.
Hasta que el peso del dolor resulte insoportable.
Ese cambio no llega de golpe.
Va apareciendo poco a poco.
Respiración tras respiración.
Y recuerdo tras recuerdo.
Un resto de amabilidad hacia ti.
Quédate unos instantes más en ese lugar que has recordado.
No hace falta cernar.
Simplemente permanecer allí.
Y permite que el corazón recuerde a lo suele el último día.
Sino toda la historia.
Una historia llena de amor.
Quedo un poco más aquí.
En este lugar hecho de recuerdos.
Sin prisa.
Sin intentar cambiar nada.
Solo respira.
Y deja que el silencio encuentre su sitio.
Mientras permaneces aquí,
Es posible que empieces a darte cuenta de algo que el dolor suele ocultar.
Cuando perdemos a nuestra mascota.
La mente regresa una y otra vez.
A los últimos momentos.
Aléjate del medazo.
¡Al accidente!
Al día en que todo cambió.
A la despedida.
Como si,
Al volver allí una vez más,
Pudiera encontrar una respuesta que todavía no he encontrado.
Y casi sin darse cuenta.
Empieza a mirar toda la historia únicamente a través de ese último capítulo.
Quizás eso también te haya ocurrido.
¿Puede que las últimas horas hayan adquirido tanto peso?
Que hayan terminado ocultando cientos.
Miles de momentos felices.
No porque corazón quiera sufrir.
Sino porque la mente busca comprender.
Busca una explicación.
Busca la certeza.
Y preguntas para las que.
.
.
Sencillamente.
No existe una respuesta completa.
Pero el amor no vive solamente en el final.
El amor vive en toda la historia.
Imagina por unos momentos.
Que tienes entre las manos un libro.
Un libro muy grande.
Lleno de todos los días que compartisteis.
Cada página guarda un recuerdo.
Paseo.
Una tarde tranquila.
Una siesta.
La mirada.
Una travesura que siempre conseguía hacerte reír.
Una mañana cualquiera.
Página tras página.
Adiós.
Rescate.
Mi última página existe.
Forman parte del libro.
No podemos arrancarla.
Pero sigue siendo una sola página.
Sola una.
Y antes de ella.
Hay cientos de páginas llenas de vida.
Llenas de cariño.
Llenas de pequeños momentos que merecen ser recordados.
No intentamos olvidar la última página.
Simplemente dejamos que ocupe el lugar que le corresponde.
Sin permitir que esconda todo lo demás.
Puede que todavía haya un deseo muy profundo dentro de ti.
En día más.
Paseamos.
Una noche más.
Volver a escuchar sus pasos.
Volver a sentir esa presencia.
Ese deseo es completamente natural.
Es una de las formas más puras que tiene el amor de expresarse.
Pero obsérvalo con suavidad.
Si hubieras recibido un día más.
¿habría sido suficiente?
¿O habrías deseado otro?
Y otra vez.
El amor nunca siente que ha llegado el momento de despedirse.
Siempre desea un poco más de tiempo.
Quizá también exista otro pensamiento.
Uno que apenas se atreve a decir su nombre.
Y no puede prepararme.
La verdad es que.
.
.
Adiós y a prepararse.
La mente puede comprender lo que ocurre.
Pero el amor sigue esperado.
Hasta el último instante.
.
.
.
Espera un amanecer más.
Una buena noticia.
Un pequeño milagro.
Y no hay nada equivocado en ello.
Así es como amo un corazón.
Si la culpa todavía camina a tu lado.
No hace falta excusarme.
Mírala de otra manera.
Mírala.
Imagínala como una parte de ti.
Que sigue buscando sentido a algo que duele profundamente.
No es un enemigo.
No demuestra que hayas fallado.
Sólo le muestra.
Que hubo un amor inmenso intentando proteger aquello que más importaba.
La culpa.
Suele aparecer cuando el amor se queda sin respuestas.
Vuelve a imaginar a tu mascota.
Pero no en los últimos momentos.
Elija el momento.
En el que simplemente era quien siempre había sido.
Obsérvalo unos instantes.
Date cuenta.
De cómo vivía cada uno.
Los animales.
No se quedan atrapadas en el ayer.
Mi paz en el día preocupándose por el mañana.
Cuando disfruta.
Disfruten por completo.
Cuando descansa.
¿Descansan de verdad?
Cuando quieren.
Quieren sin condiciones.
Sin reproches.
Sin llevar la cuenta de los errores.
Quizá ese haya sido uno de los regalos más valiosos que recibiste.
No a través de palabras.
Sin otra vez de su manera de vivir.
Demostrado.
Que la vida no se mide solo por el tiempo.
También se mide.
Por la presencia.
Por la confianza.
Por la cercanía.
Por la tranquilidad de sentirse en casa.
Por el cariño compartido cada día.
Y quizá merezca la pena volver a mirar vuestra historia.
No por cómo termino.
Sino por cómo fue vivida.
Puede que ofrecieras refugio.
Alimento.
Cuidados.
Pero sobre todo.
.
.
Ofreciste un hogar.
¿Un lugar?
Donde ese ser pudo sentirse querido o querida.
Y muchas veces.
Un hogar lleno de amor.
Es el regalo más grande.
Que un animal puede recibir.
Ahora quisiera proponerte una idea.
No como una verdad absoluta.
Solo como una posibilidad.
Y si vuestro vínculo no hubiera terminado.
Y si simplemente hubiera cambiado de forma.
Ya no puedes acariciarlo.
No puedes escuchar sus pasos.
No puedes cruzarte con su mirada.
Pero puede sentir gratitud.
Puedes sobreir al recordar una travesura.
Puedes convertirte.
En una persona más paciente.
Más compasiva.
Más consciente del valor de la compañía.
Puedes mirar a otro animal con una ternura que nació gracias a esa historia compartida.
¿Y si todo eso sigue siendo posible?
Y confesa.
Una parte de ese vínculo continúa viva.
No de la manera que habrás deseado.
Pero si de una manera que nadie puede morar.
El amor verdadero nos transforma.
Y aquello que los transforma.
Permanece con nosotros.
Quizá también haya aparecido alguna vez su lumiero silencioso.
El miedo que volverás ahora y el significo olvidar.
Pero no es así.
Sonreír no es olvidar.
Seguir viviendo.
No significa querer menos.
Encontrar momentos de paz.
No es una traición.
La gratitud.
Nabora la alianza.
La calma.
No sustituya al amor.
El corazón tiene espacio para todo eso al mismo tiempo.
Lleva una mano al pecho.
Corazón.
No como gesto simbólico.
Simplemente como una muestra de amabilidad.
Afiati.
Siente el calor de la mar.
El movimiento tranquilo de la respiración.
Los latidos.
Ese mismo corazón fue capaz de querer profundamente.
Ese mismo corazón sigue echando de menos.
Y ese mismo corazón.
Jal.
Día.
Volverá a sobreir sin sentir que necesita pedir permiso para hacerlo.
Quédate aquí unos instantes más.
Sin aferrarte al pasado.
Sin intentar dejarlo atrás.
Solo permitiendo que el amor sea como siempre ha sido.
Silencioso.
Y mucho más fuerte que el paso del tiempo.
No hace falta que resuelvas nada.
No hace falta encontrar respuestas.
No hace falta cambiar el pasado.
Solo permanece aquí.
Con un corazón.
Que ha amado profundamente.
Y que poco a poco… está aprendiendo a llevar ese amor de una forma nueva.
Existe una verdad.
Que el duelo va rebelando muy despacio.
A veces tarda meses.
Otras previsiones.
Necesita incluso más tiempo.
No llega de repente.
Va apareciendo con la misma suavidad.
Con la camarneta maodía.
Y dice algo muy sencillo.
El amor.
Nunca te pidió que dejaras de vivir.
¿Tu mascota nunca te quiso para que algún día?
Tu vida quedara detenida en la tristeza.
Compartió contigo los días corrientes.
Los momentos felices.
Y también aquellos en los que todo parecía más difícil.
La vida siempre siguió avanzando.
Y vuestro amor avanzó con ella.
Quizá.
Llegué una mañana.
Cuando pensarás es necesario.
Y antes de que aparezcan las lágrimas.
Llegará una sonrisa.
Una sonrisa tranquila.
Nacida de un recuerdo.
Tal vez una travesura.
Tal vez una costumbre que solo tenía quien compartió la vida contigo.
Y en ese instante comprenderás algo.
No que el dolor haya desaparecido.
Sino que la gratitud.
A empezar a caminar junto a él.
El dolor no habla de debilidad.
Habla del vínculo que existió.
Las lágrimas.
No hablan de fragilidad.
Hablando en la moda verdadera.
Lo que hoy sientes.
No demuestra que no pueda seguir adelante.
Demuestra que hubo una relación extraordinaria.
Y eso nunca será motivo de vergüenza.
Si durante todo este tiempo te has preguntado.
¿Cuándo dejará de doler?
Quizá hoy puedas permitir que esa pregunta descanse.
El duelo.
No es una carrera.
No existe una fecha en la que alguien deba sentirse mejor.
No existe un momento exacto.
En el que el corazón tenga que dejar de echar de menos.
Sólo existe este camino.
Un camino que cada persona recorre a su propio ritmo.
Habrá días más ligeros.
Y habrá otros.
En los que la tristeza vuelva sin avisar.
Y quizá le encontrar una fotografía.
Al pasar por un lugar conocido.
Al escuchar un sonido.
Al ver otro animal.
Y si eso pasa.
No significa que hayas retrocedido.
Solo significa que el amor sigue dejando huellas dentro de ti.
Recuerda las olas de las que hablábamos antes.
Ninguna ola permanece para siempre.
Se acerca.
Tierra.
Y se retira.
Así también se mueve el duelo.
No hace falta luchar contra cada ola.
Puedes dejar que lleguen.
Sentirla.
Respirarla.
Y confiar en que.
Igual que todas las anteriores.
También ésta terminará por calmarse.
Antes de terminar esta veritación.
Quiero invitarte a hacer algo muy sencillo.
En silencio.
Pronuncia el nombre de tu mascota.
Solo una vez.
Y ahora?
Si sientes que ha llegado el momento.
Y también en silencio unas palabras.
Gracias.
Gracias por la compañía.
Por la confianza.
Gracias por la alegría.
Y por la paciencia.
Gracias por los momentos compartidos.
Gracias por cada día.
Gracias por haber formado parte de mi vida.
Deja que esas palabras descansen en el silencio.
No haces falta imaginar una respuesta.
A veces el amor no necesita respuestas.
Sólo necesita ser expresado.
Empieza ahora a notar de nuevo la respiración.
Natural.
Suave.
Sin esfuerzo.
Siente tu cuerpo sostenido.
La temperatura del aire.
LA HABITACIÓN en la que te encuentras.
Permite que el regreso sea tranquilo.
Y antes de abrir los ojos.
Me gustaría que conservaras una sola idea.
El dolor que sientes.
No significa que hay algo roto dentro de ti.
Significa que en algún momento de tu vida existió un vínculo extraordinario.
Namaste.
Y recibiste amor.
Nada.
Y nadie puede borrar esa verdad.
Y el paso del tiempo.
Y la distancia.
Ni la misma muerte.
Cada vez que recuerdes a tu mascota.
No intentes elegir el tesoro e ir o llorar.
Permite que ambas cosas sucedan cuando tengan que suceder.
Habrá recuerdos que traigan lágrimas.
Habrá recuerdos que traigan sonrisas.
Y habrá momentos en los que lleguen las dos al mismo tiempo.
Quizá.
Esa sea una de las formas más sinceras que tiene el amor de seguir presente.
Gracias por permitirme acompañarte durante este tiempo.
Deseo que al terminar esta meditación te sientas un poco menos en soledad.
Un poco más cerca de la paz.
Y un poco más dispuesto.
O dispuesta.
Al tratarte con la misma ternura.
Con la que siempre trataste a ese ser que tanto significó para ti.
Inspira lentamente.
Y suelta el aire con suavidad.
Mueve despacio los dedos de las manos.
Y de los pies.
Y abre los ojos a tu ritmo.
Sin ninguna prisa.
Al continuar con tu tía.
Ojalá puedas llevar contigo no solo la ausencia.
Sino también.
La inmensa fortuna de haber compartido una parte de tu vida.
Con un ser capaz de ofrecer un amor tan útil.
Tan fiel.
Porque un amor en sí no desaparece cuando termina una vida.
El cambio de forma.
Se convierte en recuerdo.
En gratitud.
En una huella permanente en el corazón.
Y mientras esa huella permanezca.
Una parte de ese vínculo también permanecerá contigo.
Gracias por estar aquí.
Hasta la próxima!
Y donde quiera que te lleve la vida.
Ojalá la paz.
Vaya encontrando poco a poco su lugar en tu corazón.
Cuídate mucho.
Conoce a tu maestro
