
Auto-Ternura
Esta práctica te guía a transformar un diálogo interno duro o castigador en un espacio de amabilidad consciente. A través de la respiración reguladora y visualización suave, aprenderás a acompañar tus emociones con ternura y sin juicio. Una invitación a cultivar autocompasión real, descansar por dentro y reconectar con tu propio sostén emocional.
Transcripción
Bienvenidas,
Bienvenidos.
En este ejercicio realizaremos una práctica de autoternura,
Una invitación suave a recordarte que puedes tratarte con la misma amabilidad que le darías a alguien que amas.
Esto es importante porque a menudo nuestro diálogo interno está dominado por voces castigadoras,
Estrictas,
Duras e incluso maltratadoras.
Hoy trabajaremos para que esas voces internas comiencen a transformarse en una fuente de ternura,
Compañía y cuidado,
En lugar de castigo.
Comencemos.
Toma una postura cómoda.
Puedes estar sentada,
Sentado en una silla o en el piso y simplemente permite que tu espalda esté naturalmente erigida,
Que tus hombros caigan relajados y que poco a poco tus ojos se vayan cerrando,
Como si fueras a quedarte dormida dormido.
Permite poco a poco que tu respiración te muestre que puedes soltar un poco más.
Observa tu respiración,
Sigue tu respiración.
No la controles,
Simplemente observa,
Registra.
No necesitas hacer nada especial,
Solo llegar,
Relajarte un poco más y permanecer tal como estás.
Inhala lento,
Exhala suave.
Deja que tu cuerpo poco a poco vaya haciendo espacio para recibir este momento.
Ahora lleva tu atención hacia el centro del pecho,
Ahí donde vive la parte más humana de ti,
La que siente,
La que duda,
La que a veces necesita un abrazo que no sabe pedir.
A ti internamente,
Sin forzar nada,
Estoy aquí contigo.
Si hay emociones moviéndose,
Dale un espacio,
No tienes que empujarlas,
No tienes que cambiarlas,
Tampoco tienes que entenderlas,
Solo puedes acompañarlas como si tomaras tu propia mano.
Inhala y en la exhalación imagina una sensación tibia como un suave calor que se expande por el pecho.
Permanece así,
Sintiendo este suave calor.
Inhala y cuando exhalas imagina esta sensación tibia que poco a poco se expande desde tu pecho.
Ese calor es cercanía contigo misma,
Contigo mismo,
Es tu ternura recordándote que mereces suavidad.
Si aparece resistencia la recibimos,
Si aparece calma también la recibimos y simplemente continuamos inhalando y en la exhalación vamos sintiendo como poco a poco este calorcito se expande desde nuestro pecho.
Este calorcito suave se comienza a expandir desde tu pecho hacia todo tu cuerpo.
Repite internamente,
Sin esfuerzo.
Puedo ser amable conmigo.
Hago lo mejor que puedo.
Puedo ser amable conmigo.
Hago lo mejor que puedo.
Puedo ser amable conmigo.
Hago lo mejor que puedo.
Permanece por los últimos segundos sintiendo tu presencia cálida,
Suave,
Sin apuro.
Tu presencia que ya ha aceptado,
Que poco a poco comienza a amigarse con aquellas partes de ti misma,
De ti mismo,
Que son difíciles de integrar,
De mirar,
Con estas voces que nos pone más difícil el camino.
Es esta presencia cálida y suave la que te permite estar en ti sin la presencia de estas voces.
En calma,
Apoyándote,
Sabiendo que haces lo mejor que puedes.
Respira profundo una vez más y cuando estés lista,
Listo,
Vuelve lentamente al espacio en el que estás a percibir tu cuerpo,
Tu entorno.
Recupera tu conciencia corporal a través del movimiento.
Puedes mover tus manos suavemente,
Tu cuello,
Tus hombros,
Tus piernas.
Y lo último que haces es abrir tus ojos y reconectar con el espacio exterior.
Hoy llévate esta frase contigo,
La suavidad también es fuerza.
Recuerda que puedes repetir este ejercicio tantas veces como quieras.
Muchas gracias y hasta la próxima.
Conoce a tu maestro
More from Barbara C. P.
Meditaciones Relacionadas
Profesores Relacionados
Trusted by 35 million people. It's free.

Get the app
