
Cuando Vivir Cuesta: Nombrar Lo Que No Se Dice
Este audio habla de algo que muchas veces no se dice: lo difícil que puede ser simplemente estar en el mundo. No por grandes tragedias, sino por la exigencia silenciosa de adaptarse, funcionar. Un audio íntimo y reflexivo, sobre el cansancio de sostener lo cotidiano, la incomodidad de lo superficial y la necesidad de nombrar la dificultad sin culpa. Porque a veces vivir cuesta, y reconocerlo no es rendirse: es empezar a habitar la vida desde lo real.
Transcripción
Hay algo que casi nunca se dice,
Aunque muchas personas lo experimentan,
Algo que no encaja con la narrativa del optimismo constante o de la superación personal,
De ese ver el vaso medio lleno,
Y es que a veces vivir es difícil,
Muy difícil,
Y no por una catástrofe externa,
No necesariamente por un trauma,
Sino porque simplemente estar en el mundo ya implica un nivel de esfuerzo que no se ve,
Pero que pesa.
Estar implica sostener una identidad,
Un rol,
Una forma de funcional que no siempre nace de forma natural.
Estar implica encajar,
O intentar encajar,
Relacionarse,
Participar de códigos sociales que no todas las personas sienten como propios.
Estar implica responder a demandas,
Seguir rutinas,
Habitar espacios que a veces no contienen ni permiten ser realmente uno mismo.
Hay quienes no se sienten cómodos en lo superficial,
En las conversaciones de compromiso,
En los entornos donde no hay conexión genuina,
Y sin embargo ahí están,
Cumpliendo,
Aportando,
Intentando hacer que parezca fácil,
Pero no lo es.
A veces vincularse desde lo socialmente aceptado es una tarea enorme.
Sostener una jornada,
Hablar con personas con las que no hay afinidad,
Reír,
No mostrar que algo es incómodo,
Todo eso desgasta,
Agota y muchas veces duele.
Lo que complica aún más las cosas es que esta dificultad no suele nombrarse,
Porque hay una presión cultural muy fuerte a estar bien,
A mostrarse funcional,
A agradecer por lo que se tiene y seguir adelante.
Y eso puede hacer que muchas personas no se permitan reconocer lo que realmente está pasando.
Se repiten frases como ya deberías haberte adaptado,
Ya tendrías que estar bien,
Pero no siempre se puede,
Y no porque haya un fallo,
Sino porque vivir a veces simplemente cuesta.
Cuesta más para algunos,
Cuesta más en ciertos momentos.
Y eso merece ser dicho.
Nombrar la dificultad no es caer en la oscuridad,
No es rendirse ni dramatizar,
Es,
En todo caso,
Un gesto de lucidez y de respeto hacia lo que implica estar en esta experiencia humana con honestidad.
No todo tiene que estar bien,
No todo tiene que tener sentido,
A veces basta con poder reconocer que es difícil,
Y que ese reconocimiento,
Ya de por sí,
Alivie un poco el peso de sostenerlo en silencio.
Reconocer que vivir cuesta no significa rechazar la vida,
Significa dejar de idealizarla,
Significa asumir que no todo tiene que estar resuelto,
Que no todo tiene que tener una razón clara o una solución inmediata.
Nombrar lo que pasa no agrava el peso,
Muchas veces lo alivia,
Porque al decirlo deja de ser un problema individual,
Secreto y aislado,
Se convierte en una experiencia humana compartida,
Y en ese acto simple de nombrar aparece la posibilidad de descanso.
No decir lo difícil que es estar en el mundo,
En cambio,
Nos deja solos con esa carga,
Nos hace sentir fallidos,
Distintos,
Frágiles,
Nos lleva a compararnos con versiones idealizadas de otras personas que,
Desde fuera,
Parecen llevarlo con total naturalidad.
Pero nadie lleva todo con naturalidad,
Solo que algunos lo ocultan mejor,
Y otros,
Cada vez más.
Hablar de la dificultad de vivir no es ir en contra de la vida,
Es un modo de honrarla,
De hacerle espacio a lo real,
Incluso cuando lo real incomoda,
De vivir sin tener que fingir todo el tiempo que se está bien.
Y en ese permiso para ser,
Sin disfraces,
Sin imposiciones,
Ocurre algo sagrado.
No se trata de mejorar,
Ni de corregirse,
Ni de llegar a ser alguien distinto,
O más fuerte,
O más alegre,
O más brillante.
Se trata,
Simplemente,
De dejar de resistirse a lo que ya está,
De dejar de esconder la fatiga o la incomodidad o la diferencia.
Por fin se trata de estar en la vida,
No para complacerla o no para cumplir con la imagen de cómo se supone que debería ser,
Sino para habitarla con verdad,
Habitarla sin pulir cada borde,
Habitarla sin explicar cada sombra,
Habitarla como un acto completo sin condiciones.
Porque cuando uno se da ese permiso,
El de estar como está,
Sentir lo que siente,
Ser quien es,
Aunque no encaje del todo,
No solo aparece el alivio,
Aparece la presencia.
Una presencia real,
Sin máscara,
Sin escudo,
Sin exigencia.
Y eso es lo sagrado.
No la perfección,
Sino la autenticidad.
No la luz forzada,
Sino la luz que nace incluso en la sombra.
Ese momento,
Cuando se deja de luchar contra lo que uno es,
Es tal vez el primero en que realmente se empieza a vivir.
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