
Oraciones
Una meditación que nos invita a replantearnos nuestras ideas acerca de lo Divino, un Dios que no parece ser lo que esperábamos. Un encuentro profundo con Él en los momentos difíciles. Inspirada en el libro de Isaías, capítulo 53.
Transcripción
Oraciones.
No había en él belleza ni majestad alguna.
Su aspecto no era atractivo,
Y nada en su apariencia lo hacía diferente.
Fue así,
Pues,
Que no notamos su presencia.
Sin embargo,
Fueron nuestras debilidades las que él cargó,
Y nuestros dolores lo agobiaron.
Libro de Isaías,
Capítulo 53.
A veces esperamos que él sea diferente,
Y entonces no lo descubrimos,
Aunque camine a nuestro lado.
Oremos.
Señor,
Esperaba que fueras el poseedor de todas las certezas.
Sin embargo,
Brillas en lo incierto.
Me contaron que eres la plenitud.
Sin embargo,
Te encuentro en la profundidad del desasosiego.
Esperaba que fueras la perfección.
Sin embargo,
Te encuentro en el centro de lo irremediable.
Me contaron que eres grande.
Sin embargo,
En lo insignificante te encuentro.
Esperaba que fueras la perfecta compañía.
Sin embargo,
Te encuentro en la absoluta soledad.
Me contaron que eres la verdad.
Y sin embargo,
Entre mis dudas,
Reinas.
Me contaron y yo esperaba.
Pero ahora las palabras y las ideas se apagan,
Y todo se cubre de silencio.
Entonces tú soplas entre el dolor y las dudas.
Y te encuentro.
Te encuentro donde no debías estar.
Habitas entre mi fortaleza y mi desvalimiento,
Humilde y silencioso.
Esperas desde siempre ser descubierto.
Entonces te revelas.
Y te descubro.
Te descubro compañero en la incertidumbre que el viaje hacia el futuro me provoca.
Te descubro comprensivo con el temor de perder los afectos que me enamoran.
Te descubro cercano en la fragilidad abrumadora que me acompaña cotidiana.
Y te percibo.
Te percibo en lo profundo de mi ser.
Te percibo en palabras.
Palabras que se vuelven oraciones.
Oraciones que se abren paso entre la bruma de mis pensamientos.
Y cual frágil susurro que atraviesa el alma me dicen.
Hijo mío,
Cuando la oscuridad se cierna sobre tu ser,
Y sientas que la esperanza y la fe son lejanos recuerdos,
Cuando percibas que lo inevitable se adueña de tu presente,
Y creas que no hay más nada que esperar,
Entonces confía,
Pues yo sostendré tu nada entre mis manos,
Tu angustia negaré en mi pecho,
Anclaré tu nombre al mío,
Y serás eternidad.
Amén.
Conoce a tu maestro
4.8 (948)
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