
Dormicuentos - Los Siete Cuervos y las Siete Camisas de Hilo
Los cuentos de hadas tienen elementos que los distinguen y los hacen encantaores: hechizos, brujas, magia, retos y pruebas difíciles que superar. En esta historia es una pequeña niña la que logra vencer los obstáculos para finalmente liberar a sus hermanos.
Transcripción
Dormicuentos,
Ponte la pijama,
Lávate los dientes,
Acurrúcate con tu mamá o con tu osito de peluche y disfruta esta historia.
Los siete cuervos y las siete camisas de hilo.
Había una vez un hombre y una mujer que tenían siete hijos y ninguna hija,
Y todos los días soñaban con tener una niña que les alegrara sus días.
Por fin,
La mujer supo que otro hijo venía en camino y cuando al nacer vieron que era niña,
Fueron inmensamente felices.
La recién nacida era muy hermosa,
Pero pequeña y débil,
Y temieron que muriera en cualquier momento.
Entonces,
El padre envió a los siete hermanos con un cántaro a buscar agua para bautizar a la niña.
Los siete fueron corriendo a la fuente y los siete se pelearon por el cántaro.
Cada uno quería ser quien llevar el agua para bautizar a la hermana recién nacida,
Y en la pelea el cántaro cayó al suelo y se rompió.
Los siete hermanos quedaron mudos viendo los trozos del cántaro esparcidos al lado de la fuente,
Y no se atrevieron a regresar a casa.
Mientras tanto,
El padre los esperaba impaciente.
Al cabo de un largo rato,
Al ver que no venían,
Exclamó,
—¡Ojalá se vuelvan cuervos,
Todos y cada uno de ellos!
Y así fue.
Apenas hubo dicho estas palabras,
Sintió un zumbido en el aire,
Y al levantar la vista,
Vio volando en círculos a siete negros cuervos que chillaron y luego desaparecieron.
El padre estaba desolado y la madre inconsolable.
Pero poco a poco se fueron conformando,
Porque su querida hija se recuperó,
Crecía sana y cada día se ponía más hermosa.
Nada sabía la niña de sus siete hermanos,
Porque los padres se cuidaron de decírselo.
Hasta que un día en el mercado,
Escuchó a unas mujeres cuchicheando,
—Sí,
Claro,
Es muy hermosa,
Pero si no fuera por ella,
Aquí estarían todavía sus siete hermanos.
La niña corrió a casa,
Y cuando preguntó a sus padres qué significaba aquello,
Ellos sintieron que ya no podían guardar el secreto y le contaron lo sucedido.
Ella escuchó sin decir nada,
Y desde ese día no hizo sino pensar en sus hermanos.
Una noche decidió que,
Como no tendría paz hasta encontrar a sus siete hermanos y librarlos del encantamiento,
Era mejor salir de una vez a buscarlos.
Tomó un anillo de su madre para recordarla,
Un trozo de pan para el hambre,
Un cantarillo de agua para la sed y una sillita para el cansancio.
Anduvo y anduvo,
Lejos,
Lejos,
Hasta los confines del mundo.
Llegó así hasta la morada del sol,
Y allí se sentó en su sillita a esperarlo.
Cuando el sol salió,
Resoplando calor y vomitando fuego,
La niña tembló.
¡Huelo!
¡Huelo a carne humana!
Gritó el sol.
¡¿Quién se ha atrevido a llegar hasta mi casa?
!
A pesar del susto,
La niña se animó a hablar.
¡Sol,
Ayúdame a encontrar a mis hermanos,
Los siete cuervos!
¡Ayúdame tú a saciar mi sed!
Respondió el sol.
La niña le ofreció el agua de su cantarillo,
Pero cuando los rayos del sol tocaron el cantarillo,
Éste se rompió en mil pedazos.
¡Aaah!
Gritó el sol.
¡Me apetece carne humana!
¡Me apetece carne humana!
Y la niña se fue corriendo porque el calor la estaba abrazando y el sol quería comérsela.
Anduvo y anduvo hasta que llegó a la casa de la luna y allí se sentó en su sillita a esperarla.
La luna apareció vestida de hielo y chilló con su voz de escarcha.
¡Huelo!
¡Huelo carne humana!
¿Quién se ha atrevido a llegar hasta mi casa?
La niña tenía miedo,
Pero pensó que la luna no sería peor que el sol y se animó a hablar.
¡Luna,
Ayúdame a encontrar a mis hermanos,
Los siete cuervos!
¡Ayúdame tú a calmar mi hambre!
Respondió la luna.
La niña le ofreció el pan que traía,
Pero cuando los blancos rayos de la luna tocaron el pan,
Éste se transformó en piedra.
¡Aaah!
Chilló la luna.
¡Me apetece carne humana!
¡Me apetece carne humana!
Y la niña se fue corriendo porque el frío la estaba helando y la luna quería comérsela.
Anduvo y anduvo hasta que llegó a la casa de las estrellas y allí se sentó en su sillita a esperarlas.
Las estrellas llegaron muy cansadas y dijeron.
¡Huele!
¡Huele a carne humana!
¿Quién se ha atrevido a llegar hasta nuestra casa?
La niña tuvo algo de miedo,
Pero contestó.
¡Busco a mis hermanos,
Los siete cuervos!
Estrellas,
¿pueden ayudarme?
¡Estamos muy cansadas!
Dijeron las estrellas.
¡Préstanos tu sillita!
La niña se las ofreció y cada una de las estrellas se sentó en la sillita y todas la encontraron muy cómoda.
De última se sentó la estrella de la mañana y después que hubo descansado dijo.
¡Tus hermanos,
Los siete cuervos,
Están en la montaña de cristal!
Para abrir la puerta solo sirve este huesito de pollo.
Llévalo y no lo pierdas.
¡No lo perderé!
Dijo la niña.
Envolvió el huesito de pollo en un pañuelo,
Se despidió de las estrellas y siguió su camino.
Anduvo y anduvo y anduvo hasta que llegó a la montaña de cristal.
Allí sacó el pañuelo y cuando lo extendió,
Vio que el hueso de pollo había desaparecido.
¿Qué haré ahora?
He perdido el regalo de las estrellas.
¿Cómo abriré la puerta?
Pero como estaba tan decidida a encontrar a sus hermanos,
No lloró más.
Tomó un cuchillo y se cortó el dedo meñique.
En cuanto lo puso en la cerradura,
La puerta de la montaña de cristal se abrió.
Al entrar se le acercó un enano y le preguntó.
Niña,
¿qué haces aquí?
Busco a mis hermanos los siete cuervos.
Los señores cuervos no están en casa,
Pero pronto llegarán,
Dijo el enano y la invitó a esperarlos.
En el comedor estaba la mesa puesta,
Siete platos servidos y siete vasos llenos de vino.
La niña tenía mucha hambre y probó un bocado de cada plato y bebió un sorbo de cada vaso,
Y en el último dejó caer el anillo de su madre.
Luego se escondió detrás de una cortina.
En eso se oyó un zumbido y un lamento.
Son los señores cuervos,
Anunció el enano.
Llegaron los siete cuervos pidiendo comida y bebida.
Cuando se sentaron a la mesa,
Vieron que alguien había comido de sus platos y que alguien había bebido de sus vasos,
Y todos dijeron a la vez.
¡Huele a carne humana!
¡La carne humana huele!
¿Quién ha venido hasta la montaña de cristal?
Seis de los cuervos se pusieron a buscar por todo el comedor,
Y cuando encontraron a la niña detrás de la cortina,
Chillaron con voz amenazante.
¿Quién eres?
¿Quién eres?
Pero el hermano mayor había llegado con mucha sed,
Y en lugar de buscar siguió bebiendo el vino de su vaso,
Y justo en ese instante vio en el fondo el anillo de su madre.
¡Silencio!
Ordenó.
No la amenacen,
Es nuestra hermana que ha venido a buscarnos.
Sí,
Soy yo,
Dijo la niña,
Y he venido a desencantarlos.
No será tan fácil,
Anunció el enano.
Para romper el hechizo,
Es necesario que tejas siete camisas,
Y mientras tejas,
No deberás hablar con nadie.
¿Cuando estén listas las siete camisas y los señores cuervos se las hayan puesto?
Sólo entonces se deshará el hechizo y tú podrás volver a hablar.
La niña se puso inmediatamente a tejer.
Se sentaba todos los días en el jardín y tejía y tejía sin hablar con nadie,
Ni con el enano,
Ni con los siete cuervos que volaban a su alrededor.
Una mañana pasó por allí el hijo del rey que había salido de casa y se acercó a la niña.
Le preguntó qué hacía allí y quién era,
Pero la niña no abrió la boca.
Al verla tan hermosa,
El hijo del rey quiso llevársela a su palacio y le preguntó si se vendría con él,
Y la niña le contestó por señas que sí,
Que sí se iría con él.
Entonces el príncipe mandó a buscar un carruaje donde se sentó la niña sin parar de tejer.
Partieron seguidos del séquito,
Del enano y con los siete cuervos volando atrás.
Todos los días iba el príncipe a visitar a la niña a su habitación para ver si lograba hacerla hablar,
Pero nada.
La niña no hacía más que tejer,
Tejer y tejer.
Y aunque no hablaba y sólo tejía,
El príncipe se fue enamorando de ella.
Una prima del príncipe se dio cuenta del amor del hijo del rey por la extraña niña y se puso muy,
Muy celosa.
Ella quería casarse con él y no soportaba que estuviese pendiente de la niña todo el día.
Entonces fue a hablar con los reyes y les dijo que la niña tejedora era una bruja que se burlaba del príncipe,
Que tenía tratos con un enano y que desde su llegada siete cuervos siniestros volaban alrededor del castillo día y noche.
Los reyes se asustaron y mandaron a preparar una hoguera para quemarla viva.
La niña nada decía y sólo tejía y tejía,
Cada vez más rápido.
Ya tenía listas seis camisas y estaba tejiendo la última cuando la llevaron hasta la pira.
Mientras se encendía en el fuego ella seguía tejiendo y los cuervos volaban graznando a su alrededor.
Sólo le faltaba una manga cuando las llamas se levantaron.
De un salto el enano le arrancó las siete camisas y se las puso a los siete cuervos que inmediatamente se transformaron en siete jóvenes apuestos.
Pero el más pequeño,
Que tenía la camisa sin una manga,
Quedó con un ala de cuervo en lugar de brazo.
El rey,
La reina,
El príncipe y todos los que estaban mirando no podían creer lo que veían.
El rey ordenó detener la ejecución y sólo entonces la niña habló y contó su historia.
Todos se escucharon emocionados y el rey dio su consentimiento para que su hijo se casara con la valiente niña.
Al día siguiente se realizó la boda y el príncipe y la niña fueron muy felices.
Los siete hermanos fueron nombrados ministros y dicen las gentes que recuerdan esta historia que el más justo y sabio de todos ellos fue el ministro ala de cuervo.
Y colorín colorado esta historia ha terminado.
Y la hora de soñar ha comenzado.
Conoce a tu maestro
4.3 (65)
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