
Cuando dejas de sostenerlo todo
Hay personas que viven con la sensación de que, si ellas no están pendientes de todo, algo puede salir mal. Organizan, anticipan, resuelven, cuidan, ayudan y sostienen… hasta que llega un momento en el que el cuerpo y la mente empiezan a pedir una pausa. Esta meditación nace para acompañarte precisamente ahí: en ese lugar donde el exceso de control, la necesidad de hacerlo todo y la dificultad para delegar pueden convertirse en agotamiento, ansiedad, tensión y desconexión de uno mismo.
Transcripción
Meditación guiada para soltar el exceso de control.
Busca una posición cómoda.
Una posición en la que por unos minutos no tengas que hacer nada.
Y cuando estés preparado,
Preparada.
Puedes cerrar suavemente los ojos.
Y simplemente.
Comienza a notar tu respiración.
Sin cambiarla.
Sin intentar respirar mejor.
Solo observando como el aire entra.
Y cómo sale.
Eso es.
Y mientras respiras.
Permite que tu atención recorra lentamente tu cuerpo.
Observa tu frente.
Y deja que se suavice.
Relaja la mandíbula.
Los hombros.
Y quizá puedas imaginar que con cada exhalación una pequeña parte del peso que has estado cargando.
Abandona tu cuerpo.
Siente tus brazos.
Tus manos.
Y date permiso para dejarlos descansar.
Observa tu espalda.
Tu abdomen tu pecho.
Y quizá puedas descubrir algún lugar.
Donde todavía.
.
.
Estás haciendo fuerza.
No necesitas cambiarlo,
Solo reconocerlo.
Porque durante mucho tiempo,
Quizá,
Has aprendido a estar pendiente de todo.
Lo que falta.
De lo que necesitan los demás.
De lo que podría salir mal.
De aquello que todavía tienes que resolver.
Como si tuvieras dentro de ti una pequeña torre de control.
Vigilándolo todo.
Y quizá esa torre de control alguna vez fue útil.
Quizá nació para protegerte.
Para demostrarte que podías,
Que eras capaz.
Que podrías hacerte cargo.
Porque si tú estabas pendiente de todo.
Todo estaría bien.
Pero una torre de control que nunca apaga sus luces.
También necesita descanso.
Y quizá hoy puedas comenzar a preguntarte.
Que pasaríase durante unos minutos.
No tuviera que controlar nada.
No tienes que encontrar una respuesta.
Solo dejar que la pregunta exista.
Imagina ahora que llevas una mochila.
Una mochila que ha sido llenando poco a poco.
Dentro de ella están las responsabilidades.
Las expectativas.
Los tengo que.
.
.
Los debería.
Las cosas que haces por los demás.
Y también todas esas pequeñas preocupaciones.
Que has decidido llevar tú para que otros no tengan que hacerlo.
Quizá durante mucho tiempo pensaste que amar era cargar.
Que cuidar.
Era anticiparte a todo.
Que ser necesario significaba estar siempre disponible.
Que cuanto más vieras.
Más demostrarías tu amor.
Y quizá hoy puedas descubrir una idea diferente.
Y es que el amor no necesita que te abandones para demostrarlo.
¿Me puedes cuidar?
Sin dejar de cuidarte.
Puedes ayudar sin hacerte responsable de todo.
¿Puedes decir sí?
Y también puedes decir ahora no.
Puedes pedir ayuda.
Y pedir ayuda no significa que no puedas.
Significa que eres humana.
Humano.
Imagina ahora que estás junto a un río.
Durante años has intentado controlar el curso del agua.
Has colocado piedras.
Has construido pequeñas barreras ¿Has intentado decidir por dónde debería pasar cada gota?
Y sin embargo,
El río nunca necesitó que lo controlaras.
Solo necesitaba seguir su curso.
Y quizá tú también puedas aprender algo del agua.
El agua no lucha contra cada piedra.
La rodea.
No necesita saber exactamente dónde estará mañana.
Avanza.
Así que,
Durante unos instantes.
.
.
Permite que tu mente imagine.
Que sueltas una de esas piedras.
Una responsabilidad que no te corresponde.
Una expectativa.
Una necesidad de que algo salga exactamente como tú quieres.
Y suéltala.
Quizá puedas imaginar cómo el río se lleva esa piedra.
Sin esfuerzo.
Y ahora.
.
.
Otra.
Algo que has estado intentando hacer por alguien.
Que también puede hacerlo por sí mismo,
Por sí misma.
Suéltalo.
Muy bien.
Y otra más,
La necesidad de que todo esté perfectamente atado antes de poder descansar.
Déjala ir.
Porque la vida no necesita estar completamente controlada para estar bien.
Y tú tampoco necesitas estar agotado o agotada para merecer ese descanso.
Tal vez tu cuerpo lleva tiempo intentando decirte algo.
Quizá a través de una tensión en los hombros.
De un nudo en el estómago.
De una espalda cansada.
De una respiración que se vuelve más corta cuando intentas abarcar demasiado.
No hace falta luchar contra esas sensaciones.
Puedes escucharlas.
Y quizá puedas decirle ahora a tu cuerpo.
Ya no necesito sostenerlo todo.
Puedo descansar.
Puedo recibir.
Puedo dejar que otros también hagan su parte.
Y mientras repites mentalmente esas palabras.
Observa qué sucede dentro de ti.
De ferronada.
Quizá algo.
No necesitas forzar ninguna experiencia.
Tu mente inconsciente puede comenzar a encontrar,
A su propio ritmo,
Nuevas maneras de relacionarse con la vida.
Porque a partir de ahora.
Cada vez que aparezca esa necesidad de hacerlo todo.
Quizá puedas detenerte un instante.
Respirar.
Y preguntarte.
¿Esto realmente me corresponde?
Y si las respuestas,
No.
Puedes dejarlo donde pertenece.
Y quizá cuando alguien te ofrezca ayuda.
En lugar de responder automáticamente,
No hace falta.
Puedas permitirte decir gracias.
Porque también existe una forma de amor que consiste en permitir que otros puedan darte.
Y ahora imagina que esa mochila que llevabas al principio.
Se hace más ligera.
No porque hayas terminado todas tus tareas.
No porque haya solucionado la vida de nadie.
Simplemente porque has decidido no cargar con aquello que no necesitas llevar.
Y quizá… puedas sentir.
Que cuando tú estás bien.
También puedes estar para los demás de una manera diferente.
No desde el agotamiento.
No desde el sacrificio.
Sino desde la presencia.
Así que quédate unos instantes aquí.
Respirando.
Sin controlar nada.
Eso es.
Y deja que una última frase encuentre su lugar dentro de ti.
No tengo que hacerlo todo para merecer amor.
No tengo que controlarlo todo para estar a salvo.
Y no tengo que olvidarme de mí para cuidar de los demás.
Respira profundamente.
Y nada.
Y exhala lentamente.
Y siente tu cuerpo aquí.
Tu espalda,
Tus manos,
Tus pies.
El lugar que ocupa tu cuerpo en este momento.
Y cuando estés preparado,
Preparada.
Puedes comenzar a mover suavemente los dedos de las manos.
Los dedos de tus pies.
Los hombros y quizá hacer una respiración un poco más profunda.
A tu propio ritmo.
Abrir los ojos.
Llevándote contigo algo muy sencillo.
No tienes que sostener el mundo entero.
También puedes dejarlo.
Que la vida te sostenga a ti.
Que tengas una feliz vida.
Namasté
Conoce a tu maestro
4.9 (9)
