
Un Cuento Zen: Tu Verdadero Valor
by Toti Salemi
En algunos períodos de nuestras vidas creemos que no valemos nada, siempre caemos en los mismos errores, a menudo vivimos en el pasado alimentando sentimientos de culpa y nos sentimos dependientes de las opiniones de otras personas. Esta breve y agradable historia Zen nos ayudará a comprender cómo cambiar la actitud y el punto de vista ¡Gracias!
Transcripción
Hola,
Ponte cómodo.
Quiero contarte una historia.
Un joven acudió a un sabio en busca de ayuda.
Vengo,
Maestro,
Porque me siento tan poca cosa que no tengo fuerzas para hacer nada.
Me dice que no sirvo,
Que no hago nada bien,
Que soy torpe y bastante tonto.
¿Cómo puedo mejorar,
Maestro?
¿Qué puedo hacer para que me valoren más?
El maestro,
Sin mirarlo,
Le dijo,
Cuanto lo siento,
Muchacho,
No puedo ayudarte.
Debo resolver primero mis propios problemas.
Quizás después,
Si quisieras ayudarme tú a mí,
Yo podría resolver este tema con más rapidez y después,
Tal vez,
Te pueda ayudar.
Encantado,
Maestro,
Dijo el joven,
Pero sintió que otra vez era desvalorizado y sus necesidades postergadas.
Bien,
Asistió el maestro.
Se quitó un anillo que llevaba en el dedo pequeño de la mano izquierda y dándoselo al muchacho agregó,
Toma el caballo que está ahí afuera y cabalga hasta el mercado.
Debo vender este anillo para pagar una deuda.
Es necesario que obtenga por él la mayor suma posible,
Pero no acepte menos de una moneda de oro.
Vete y regresa con esa moneda lo más rápido que puedas.
El joven tomó el anillo y partió.
Apenas llegó,
Empezó a ofrecer el anillo a todo el mundo.
Las personas lo miraban con algún interés hasta que el joven decía lo que pretendía por el anillo.
Cuando el joven mencionaba la moneda de oro,
Algunos reían,
Otros le daban vuelta la cara y sólo un viejito fue tan amable como para tomarse la molestia de explicarle que una moneda de oro era muy valiosa para entregarla a cambio de un anillo.
En afán de ayudar,
Alguien le ofreció una moneda de plata y un cacharro de cobre,
Pero el joven tenía instrucciones de no aceptar menos de una moneda de oro,
Así que rechazó la oferta.
Después de haberlo intentado y abatido por su fracaso,
Montó su caballo y regresó.
¿Cuánto hubiese deseado el joven tener él mismo esa moneda de oro?
Podría habersela entregado al maestro para liberarlo de su preocupación y recibir entonces su consejo y su ayuda.
Maestro dijo,
Lo siento,
No es posible conseguir lo que me pediste.
Quizás pudiera conseguir dos o tres monedas de plata,
Pero no creo que yo pueda engañar a nadie respecto al verdadero valor del anillo.
¡Qué importante lo que dijiste,
Joven amigo!
Contestó sonriente el maestro.
Debemos saber primero el verdadero valor del anillo.
Vuelve a montar y vete al joyero.
¿Quién mejor que él para saberlo?
Dile que quisiera vender el anillo y pregúntale cuánto da por él,
Pero no importa lo que ofrezca,
No se lo vendas.
Vuelve aquí con mi anillo.
El joven volvió a cabalgar.
El joyero examinó el anillo a la luz del candil.
Lo miró con su lupa,
Lo pesó y luego le dijo,
Dile al maestro,
Muchacho,
Que si lo quiere vender ya,
No puedo darle más que cincuenta y ocho monedas de oro por su anillo.
¡Cincuenta y ocho monedas!
Exclamó el joven.
¡Sí!
Replicó el joyero.
Yo sé que con tiempo podríamos obtener por él cerca de setenta monedas,
Pero no sé,
Si la venta es urgente.
El joven corrió emocionado a casa del maestro a contarle lo sucedido.
Siéntate,
Dijo el maestro después de escucharlo y volviéndose a poner el anillo en el dedo pequeño de su mano izquierda.
Tú eres como este anillo,
Una joya única y valiosa,
Y como tal,
Sólo puede evaluarte verdaderamente un experto.
¿Qué haces por la vida pretendiendo que cualquiera descubra tu verdadero valor?
Siempre y cuando permanezca con amigos y personas que disminuyen tu valor,
Eso nunca podrá manifestarse por completo.
Procura estar en un entorno y con personas que mejoren tu potencial,
Que lo exalten.
¿Ves?
Con este cuento tenemos una buena lección que aprender.
Nuestro entorno a menudo no nos ayuda y no nos valora,
Y eso pasa aún más si le damos nuestra energía.
Cada vez que vamos a trabajar,
Por ejemplo,
¿con qué actitud voy?
¡Oh,
Mi madre,
No puedo soportarlo más!
¡Me sentía tan a gusto en casa!
Pero si vamos a trabajar con esta actitud,
Si vivimos con esta actitud,
Le damos fuerza a la ilusión,
Le damos fuerza a esta energía que nos derriba.
Si queremos quitar la oscuridad de una habitación,
Por ejemplo,
No podemos ir con un palo e intentar golpear la oscuridad.
No funciona.
Hay simplemente que encender la luz.
Lo mismo sucede cuando vamos a trabajar o simplemente cuando vamos enfrentando los acontecimientos de cada día.
Si vamos ahí,
Si nos enfrentamos con actitudes negativas,
Eso no funcionará.
Debemos llevar toda la luz,
Toda la alegría y todo el amor que tenemos en el corazón.
Tenemos que andar por el mundo con alegría,
Llenos de fuerza,
Llenos de entusiasmo.
No pienses ni por un momento,
¡oh,
Qué pena!
Siempre tenemos algo que aprender,
Incluso en un lugar que no nos guste.
Ni siquiera el esfuerzo de quejarse vale la pena.
La única forma es estar llenos de alegría,
En el trabajo,
En nuestro hogar,
En todas las circunstancias,
Porque esa alegría,
Ese amor,
Es algo que tenemos dentro,
Que nos pertenece por derecho de nacimiento.
Y entonces algo cambiaremos lentamente,
Poquito a poquito,
Si usamos nuestra luz para vencer a la oscuridad.
Mil gracias.
Bendiciones.
Conoce a tu maestro
4.8 (220)
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