
Calma Tu Sistema Nervioso | Regresa a tu Seguridad Interna
by Raquel Sanz
El cuerpo puede mantener tensión acumulada incluso cuando ya no existe una causa presente. A veces no es algo evidente, sino una forma de estar en alerta que se ha ido sosteniendo con el tiempo en el sistema nervioso. Esta meditación te invita a cambiar la relación con esa experiencia, no desde la intervención ni el esfuerzo, sino desde la presencia y la observación. A través de la respiración y el contacto con el cuerpo, se abre un espacio donde puedes empezar a soltar la necesidad de controlar o reaccionar, permitiendo que el cuerpo encuentre su propio ritmo de regulación. Con la práctica, experimentarás una mayor sensación de calma interna, más conexión con el cuerpo, reducción de la tensión física y una sensación progresiva de seguridad y estabilidad desde dentro. Una práctica para volver al cuerpo y habitarte con más presencia.
Transcripción
Hay momentos en los que el cuerpo se siente demasiado cargado,
Como si hubiera capas internas que siguen sosteniendo cosas que ya no están ocurriendo,
Pero que aún no han sido soltadas del todo.
Y a veces no es tanto lo que aparece en la superficie,
Sino la forma en la que el cuerpo ha aprendido a mantenerse en alerta,
Como si la vigilancia interna se hubiera vuelto algo habitual sin que lo hayas decidido.
Hoy vamos a permitir al cuerpo una experiencia distinta.
Dentro de tu cuerpo hay un lugar al que casi nunca vuelves del todo,
Un espacio que no necesita que lo entiendas ni que lo cambies,
Solo que lo habites,
Aunque sea por unos minutos.
Ese espacio está en el tejido que te sostiene,
En la fascia que envuelve cada músculo,
Cada órgano y que ha ido registrando poco a poco la forma en la que has vivido,
En la que te has adaptado,
En la que has aprendido a seguir adelante,
Incluso cuando algo dentro de ti se tensaba.
Cuando el sistema ha estado demasiado tiempo en modo protección,
No necesita más análisis ni más comprensión mental,
Necesita una experiencia diferente.
Así que antes de comenzar,
Ponte por unos momentos de pie y observa cómo llegas hasta aquí,
Sin intentar cambiar nada,
Solo reconociendo si hay peso,
Tensión o incluso la sensación de estar sosteniendo más de lo necesario sin haberte dado cuenta.
No tienes que hacer nada con esto ahora,
Solo permitir que esté presente sin intervenir.
Irá apareciendo un movimiento muy suave,
Casi imperceptible,
Como si el cuerpo recordara que no todo tiene que estar fijo,
Que no todo tiene que mantenerse exactamente igual,
Que hay una posibilidad de micro libertad,
Incluso dentro de la rigidez.
Tal vez un balanceo pequeño,
Natural,
Que no busca liberar nada,
Que no busca corregir nada.
Solo devolver un poco de espacio a lo que estaba demasiado contenido.
Y es curioso porque cuando dejas de intervenir,
El cuerpo empieza a reorganizarse por sí mismo de una forma más honesta,
Más simple,
Más orgánica.
El cuerpo empieza a experimentar que no necesita sostenerlo todo con la misma intensidad.
Los hombros pueden aflojarse un poquito,
Sin esfuerzo,
La mandíbula puede soltar tensión que ni siquiera habías notado.
La respiración puede empezar a hacerse más amplia,
Sin que la fuerces.
El sistema nervioso empieza a recibir,
Una señal distinta.
No todo lo que sientes requiere respuesta inmediata,
No todo necesita ser interpretado o resuelto.
Ahora desciende hacia el suelo,
Túmbate sobre la espalda,
Acomódate como necesites y permite que el cuerpo caiga un poco más de lo habitual,
Como si por unos momentos pudiera dejar de sostenerse activamente.
Aquí está el punto más importante de esta práctica,
No se trata de eliminar nada de lo que aparece en el cuerpo,
Ni de forzar ningún estado diferente al que ya está presente.
Se trata de aprender a estar con ello,
Sin que tenga que generar reacción inmediata.
Siente el contacto del cuerpo con el suelo,
Sin intentar relajarte,
Sin intentar llegar a ningún estado concreto,
Solo dejando que la experiencia esté aquí,
Sin interferencia,
Sin corrección,
Sin dirección forzada.
Y en este espacio puede aparecer alguna zona más presente,
Más cargada o más intensa,
Como si el cuerpo mismo decidiera dónde quiere ser escuchado.
No necesitas buscarla,
Solo permitir que aparezca si quiere y cuando aparezca no hagas nada,
No la nombres,
No la cambies,
No la interpretes,
No la resuelvas.
Aquí la transformación no ocurre por intervención,
Ocurre por presencia sostenida.
Quédate ahí,
Sin escapar,
Sin corregir,
Solo acompañando y seguro que por sí sola la respiración empieza a llegar a esa zona de forma natural.
No porque la diriges sino porque el cuerpo empieza a reorganizarse cuando deja de ser interrumpido,
Cuando deja de estar en modo defensa constante.
A veces la sensación se suaviza a veces se expande,
A veces permanece igual y en cualquiera de esas formas algo dentro de ti deja de luchar contra la experiencia y ahí es donde empieza a aparecer una sensación distinta,
Más verdadera,
Más real.
No necesitas que todo desaparezca para poder estar en calma,
No necesitas estar completamente bien para poder habitarte,
No es la ausencia de sensaciones lo que cambia la experiencia,
Es la capacidad de permanecer contigo sin perderte en lo que sientes.
Ahí es donde el sistema nervioso empieza a reconocer algo nuevo,
Que puede aflojar sin colapsar,
Que puede sentir sin desbordarse,
Que puede estar sin defenderse,
Todo el tiempo.
Quédate unos momentos más aquí,
Donde ya no hay nada que resolver,
Solo una forma distinta de estar contigo mismo,
Más amplia,
Más estable,
Más presente.
Y ya,
A tu ritmo,
Empiezas a volver al movimiento,
Primero en los dedos de las manos,
Luego en los dedos de los pies,
Dejando que el regreso sea suave,
Sin romper lo que se ha creado,
Como si pudieras volver sin salirte del todo de este estado.
Y cuando abras los dedos,
Cerrar los ojos,
No es salir de ti,
Es volver con una experiencia distinta,
Incluso con lo que sientes,
Puedes seguir estando en calma dentro del cuerpo.
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