
Meditación Del Niño/a Interior
by Iñaki García
Meditación del niño/niña interior que nos lleva a nuestro interior y que va sanando la reación que tuvimos con ese niño/a y que quizá quedó olvidada. Muy interesante realizarla cada cierto tiempo. Sabemos que desde pequeños nos acompañaron las heridas del rechazo y del abandono que gracias a este tipod e meditaciones podemos ir relacionándonos con ellas de otro modo.
Transcripción
Meditación del niño de la niña interior.
Nos vamos a acercar al niño.
Como el niño de carne y hueso necesita que se le acerquen.
A través de la mirada.
A través de su risa.
A través de la palabra.
A través del contacto.
Y sobre todo a través de la presencia.
Esos son los cauces por los que al niño pequeño llega la respuesta a su necesidad de sentirse reconocido.
Cuando se le toca.
Se le acaricia.
Se le abraza.
Cuando se le mira.
Se le sonríe.
Cuando se le dedica tiempo de calidad y cuando se le habla.
Eso vamos a hacer con nuestro niño,
Con nuestra niña interior también.
Lo único que hacemos es vivir ese encuentro cercano con él o con ella.
Vivirlo.
Y os invito a que os atreváis a hacer un gesto amoroso hacia nuestro niño o niña.
El gesto va a nuestro cuerpo de adultos hoy.
Pero sabiendo que lo dirigimos hacia aquel niño.
Puede ser un gesto de un abrazo.
De una caricia.
De un contacto.
Del gesto que os brote.
El contacto físico también aplicado a uno mismo es muy muy poderoso.
Así que os invito a probarlo.
Comencemos.
Puedes empezar trayendo ante ti una imagen del niño o de la niña que fuiste.
A partir de los recuerdos.
De los recuerdos de una fotografía de tu infancia.
Elige una imagen.
Y poco a poco vas poniendo toda tu atención en ella.
Como en cualquier otra práctica.
Cada vez que la mente se distrae.
Con mucho cariño y firmeza.
Vuelves a poner la atención en esa imagen.
Y puedes empezar llamándola o llamándolo por su nombre.
Puedes repetir interiormente su nombre.
Tantas veces como desees.
Y observando cómo te sientes tú cuando lo llamas.
Y cómo se siente el niño o la niña.
Al escuchar su nombre.
A la vez que estás pronunciando su nombre.
Favorece que brote de ti una mirada.
Hacia aquel niño o aquella niña.
Una mirada bondadosa.
Comprensiva.
Amorosa.
Hasta donde te sea posible.
También aquí puedes observar.
Cómo es la mirada que nace de ti.
Y también.
Si del lado del niño o de la niña.
Se deja mirar.
Junto con esa mirada.
Ábrete a generar también un sentimiento de amor.
Hacia aquel niño o aquella niña.
Conecta con tu capacidad de amar.
Y dirige todo el amor que te sea posible.
Hacia él.
O hacia ella.
También aquí puedes observar.
Si te resulta fácil.
Sentir ese amor.
Y si el niño o la niña consiente.
Ser amado.
O amada.
Para sostener ese sentimiento de amor.
Puedes también hablarle interiormente.
Puedes decirle.
A ese niño.
A esa niña.
Lo que está necesitando escuchar.
Puedes decirle.
Por ejemplo.
Con toda la convicción que puedas.
Eres bueno.
Eres buena.
Eres valioso.
Valiosa.
Eres completamente inocente.
Tú no tenías ninguna culpa de lo que allí ocurrió.
Eres completamente inocente.
Hoy estoy contigo.
Y quiero que seas feliz.
Estoy contigo.
Y quiero que seas feliz.
Vamos a quedarnos unos minutos en silencio.
Viviendo este encuentro.
Y puedes hacer aquello que más te lo facilite.
Mantener la mirada.
Sentimiento amoroso.
Hablarle interiormente.
Llamarle por su nombre.
Y quizá también acompañarlo de un gesto de contacto.
De un abrazo.
Sintiendo que lo diriges a él o a ella.
Y ahí mantenemos el encuentro.
Con toda la calidad que podamos vivir en él.
Y nos vamos despidiendo del niño.
De la niña.
Asegurándole sin embargo.
Que continuamos con él o con ella.
Que puede contar con nosotros.
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4.8 (186)
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