
Meditación para Regresar a Ti Respirando
Una meditación para profundizar en la respiración como ancla al momento presente. A través de este espacio, podrás soltar el control, reconectar con tu cuerpo y recordar que siempre puedes regresar a ti, una y otra vez. Gracias por estar aquí. Con cariño, Fanny Música: Víctor Alonso
Transcripción
Hoy vamos a hacer algo que tu cuerpo hace miles de veces al día,
Pero de forma consciente.
Respirar.
Y si hoy eliges no empezar el día corriendo.
Y si antes de mirar el reloj,
Miramos hacia adentro.
Tu respiración es una maestra silenciosa.
Siempre presente.
Siempre disponible.
Y cuando aprendes a habitarla,
Algo en ti cambia.
Hoy vamos a hacer esa pausa.
Y desde ahí,
Todo podrá comenzar.
Respirar parece algo tan simple y,
Sin embargo,
Cuando lo haces con conciencia,
Te transformas.
La respiración no solo te oxigena.
Te regula.
Te calma.
Te devuelve a tu centro.
Es el primer acto que hiciste al nacer.
Y será el último al partir.
Todo lo que eres ocurre entre esas dos respiraciones.
Habitar tu respiración no es controlarla.
Es permitirte sentirla.
Observarla sin querer cambiarla.
Y dejar que te guíe hacia adentro.
Hoy no necesitas entender nada más.
Sólo respirar.
Y estar presente en cada inhalación y en cada exhalación.
Busca una postura cómoda.
Si estás sentado o sentada,
Que tu espalda esté erguida,
Pero sin tensión.
Si estás acostado.
Que todo tu cuerpo esté apoyado y relajado.
Cierra los ojos lentamente.
Y haz una respiración profunda.
Inhala con suavidad.
Y exhala.
Soltando todo el peso de la mañana.
Hazlo dos veces más.
Y nada.
Y exhala,
Dejando que todo se asiente.
Lleva tu atención a tu respiración.
No la cambies.
Sólo observala.
Nota dónde sientes más claramente tu respiración.
En la nariz.
En el pecho.
En el abdomen.
Deja que tu atención repose ahí.
Como si la mente se recostara sobre la respiración.
Y nada.
Y exhala.
Permite que se vuelva tu ancla.
Tu hogar interior.
Si tu mente se distrae.
Está bien.
Vuelve con amabilidad a la respiración.
Y nada.
Y exhala.
Ahora lleva tu mano al pecho o al abdomen si lo deseas.
Siente cómo tu cuerpo se mueve con cada respiración.
Y en cada inhalación,
Repite internamente.
Estoy aquí.
Y en cada exhalación,
Todo está bien.
Hazlo varias veces.
Deja que las palabras acompañen a la respiración.
Ahora cambia la intención.
Al inhalar recibo calma.
Al exhalar,
Suelto tensión.
Permítete soltar con cada exhalación.
Como si dejaras caer capas de prisa.
Capas de preocupación.
De ruido.
Siente como la respiración ha creado espacio dentro de ti.
Como algo en ti se ha suavizado.
Ahora imagina que con cada respiración te expandes.
Como si la calma se derramara por todo tu cuerpo.
Desde el pecho.
Hacia los brazos.
Desde el abdomen.
Hacia las piernas.
Y luego hacia afuera.
Hacia tu entorno.
Hacia las personas con las que compartirás este día.
Eres un centro de presencia.
Que respira.
Y calma.
Lleva a tu atención nuevamente al cuerpo.
Sienten los puntos de apoyo.
Escucha los sonidos del lugar donde estás.
Respira una vez más.
Y nada.
Y exhala suave.
Y cuando estés listo o lista,
Abre los ojos lentamente.
Y recibe el día con una nueva conciencia.
Hoy recordaste algo muy valioso,
Que tu respiración puede ser tu refugio,
Tu raíz,
Tu forma de volver a ti.
No necesitas grandes técnicas ni largas horas,
Solo unos segundos para habitar tu respiración con amor.
Durante el día,
Haz pausas conscientes para respirar con intención.
Una frase que puede ayudarte es,
Estoy aquí,
Todo está bien.
Hazlo cuando sientas tensión.
O simplemente porque sí.
Y al terminar el día,
Cuéntame,
¿cómo te ayudó la respiración hoy?
¿En qué momento te reconectaste con ella?
Gracias por estar aquí.
Gracias por respirar conmigo este momento.
Seguimos caminando,
Una mañana a la vez.
Conoce a tu maestro
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