
Meditacuento: El Regreso de Nala
¡Hola! bienvenido a otro capítulo de los meditacuentos,El día de hoy te traigo un cuento escrito basado en una historia que me compartio una de ustedes. Una invitación a pensar en el cudiado de nuestras mascotas y en la esperanza. Espero que lo disfrutes, ¡gracias por meditar conmigo! No olvides comentarme que te pareció y si te gustaría escuchar un meditacuento de algún tema en especial Un abrazo
Transcripción
Este meditacuento va especialmente para Fausto y su mamá Ana que nos escuchan desde Buenos Aires,
Argentina.
Hola a todos y bienvenidos a un nuevo capítulo de Los Meditacuentos.
Yo soy Cindy y estoy muy feliz de encontrarme nuevamente contigo y que sigamos aquí juntos construyendo el hábito de la meditación.
Ahora sí,
Sin más preámbulos,
Vamos a comenzar.
Prepararemos primero todo nuestro cuerpo para poder meditar.
Para ello les pido que tomen una postura que les resulte cómoda,
De preferencia que sea sentado,
Porque eso nos permite tener la espalda recta y empezar a imaginar que de nuestra coronilla crecemos hacia el cielo.
Vamos a dejar que los hombros caigan hacia atrás,
Hacia abajo,
Que esté despejado todo nuestro cuello y que podamos cerrar suavemente los ojos.
Las manos pueden estar sobre las rodillas,
Boca arriba o boca abajo,
Como te resulte más cómodo.
Y despacito vamos a comenzar a observar cómo está nuestro cuerpo.
Vamos a imaginar que sin movernos,
Solamente a través de la imaginación,
Damos un paso atrás,
Como si nos estuviéramos saliendo del cuerpo y ahora nos observamos a nosotros mismos ahí sentados,
Con la espalda recta,
Firme pero suave,
Sin tensión,
Y observas todo tu cuerpo perfecto,
Sano,
Vivo,
Un cuerpo que puede respirar.
Y comienzas a respirar despacio.
Imagina cómo todo tu cuerpo se mueve al inhalar y se mueve al exhalar.
Puede que sea un movimiento muy sutil o puede que sean movimientos grandes.
Tú sigue observando ahí,
Observándote a ti mismo,
Respirar en esa postura y observa también cómo todo tu cuerpo se va a ir relajando,
Relajando desde la cabeza,
Relaja el cuello,
Relaja los hombros,
Toda la espalda,
Relaja tu pecho,
Los brazos,
Bajando hasta cada uno de los dedos de las manos,
Todo relajado,
Relaja todo el tronco,
Todo el abdomen,
Toda la espalda,
Relaja el vientre,
Las caderas,
Relaja las piernas,
Las rodillas,
Relaja todo tu cuerpo,
Incluyendo también todos los pies y los deditos de los pies.
Y ahora que estás completamente relajado,
Imagina que vuelves a sentarte ahí donde estás,
Como si te volvieras a unir con tu cuerpo que mantuvo siempre esa posición.
Y es una posición que me permite respirar profundo,
Relajarme,
Pero mantenerme firme en una posición adecuada para meditar.
Y sientes la paz,
La paz que te da estar en un cuerpo tan perfecto,
Lleno de vida,
Que te cuida,
Te protege y te permite vivir toda esta experiencia.
Vamos a hacer una respiración profunda,
Permitiendo que todo el aire entre por la nariz,
Detenemos un momentito el aire dentro de nuestro nariz y luego lo dejamos salir despacito por la boca como en un suspiro.
Vamos juntos,
Inhala,
Reten el aire,
Déjalo salir.
Una vez más,
Inhala,
Reten el aire,
Déjalo salir.
Continúa con esta sensación de calma y tranquilidad,
Mantén los ojos cerrados o si quieres abren los muy poquitito.
Activa bien los oídos y deja que vuele tu imaginación.
Este meditacuento se llama El regreso de Nal.
En una ciudad junto a la playa,
Rodeada de grandes montañas y rocas,
Vivía una familia que acababa de mudarse a una casa de ensueño.
La nueva vivienda tenía enormes ventanas por donde entraba el sol,
Un patio inmenso y una vista al mar que era un verdadero regalo para la vista.
Además,
Contaba con un portón eléctrico que les facilitaba la entrada y la salida.
La familia estaba encantada con su nuevo hogar y además tenían dos adorables gatitas,
Nala y Mila,
Que eran una parte muy especial de su alegría.
Nala y Mila habían pasado por un cambio enorme al mudarse a esta ciudad.
El movimiento constante y los ruidos les asustaban.
No comprendían por qué todo era diferente y tenían miedo que los humanos las fueran a abandonar.
Aunque la familia le ofrecía mucho cariño y trataba de asegurar su bienestar,
Las gatitas seguían un poco inquietas.
Un día,
El portón automático de la casa dejó de funcionar y cuando la familia regresó,
Se dieron cuenta que las gatitas ya no estaban.
La preocupación se apoderó de ellas.
Las niñas lloraban y buscaban por todas partes.
Buscaron debajo de la cama,
En los armarios,
En el jardín y hasta en los cestos de basura.
Salieron por el brisindario,
Preguntaron a los vecinos,
Pero nadie había visto ni a Mila ni a Nala.
La familia pasó una noche angustiosa,
Sin poder dormir,
Preguntándose si las gatitas estaban bien,
Si estarían hambrientas o si simplemente era que ya no querían estar con ellos.
Mientras tanto,
Nala y Mila,
Al ver el portón abierto,
Se habían salido a explorar.
Pero llegó la oscuridad con la noche y Nala,
Que le tenía mucho miedo a la oscuridad,
Se desorientó,
Entró en pánico y se alejó de Mila.
Y así fue que terminaron perdidas en las calles.
Nala vagó por las ciudades hasta que llegó a una zona habitada por gatos callejeros.
Allí conoció a Rufus,
Un gato sabio que vivía en un supermercado y cantaba melodías nocturnas.
Al ver el miedo en los ojos de Nala,
Rufus le preguntó sobre su historia.
Nala le contó todo lo que había pasado,
Cómo había llegado hasta ahí,
Y pidió ayuda desesperadamente.
Rufus comprendió que el primer paso para regresar a casa era enfrentar el miedo a la oscuridad,
Así que decidió ayudar a Nala para que pudiera hacer todo ese camino de regreso.
Durante varios días,
Rufus enseñó a Nala a respirar profundo y a darse suaves golpecitos en el pecho con las garritas para calmarse cuando llegara la oscuridad.
Así Nala iba a comenzar a ver que la oscuridad no era algo tan aterrador.
Poco a poco,
Haciendo esos ejercicios,
Nala empezaba a sentirse mejor.
Mientras tanto,
Mila,
Que se había separado,
Había estado vagando sola.
Se encontraba desorientada y también un poquito asustada,
Pero había llegado a un vecindario de muchas casas.
Resulta que,
Al mismo tiempo,
La familia no había dejado de buscarlos ni un solo día.
Ponían letreros,
Salían en las calles y todo el tiempo estaba observando si encontraban las gatitas.
Pues pasó el tiempo,
Y 50 días después,
Gracias al esfuerzo y la práctica de Nala,
Con sus ejercicios de respiración y sus golpecitos,
Finalmente estaba lista para enfrentar el camino de regreso a casa.
Aunque era un trayecto largo,
Nala se sentía preparada,
Y gracias a esas nuevas habilidades,
Podía entonces enfrentarse a todo lo que la esperaba,
Y luego así encontrar el camino a casa.
Cuando llegó a casa,
La familia estaba abrumada de felicidad.
Las niñas corrieron a abrazarla,
Todos se alegraron mucho de tenerla de nuevo.
La familia prometió ser más cuidadosa,
Con él por todo,
Y también comprarle un collar con identificación para que en caso de que se perdieran nuevamente,
La encontraran más fácil.
En cuanto a Mila,
Se supo que llegó a una casa en donde la adoptaron.
No se supo nada más de ella,
Pero se sospecha que era un lugar donde se sintió muy feliz y segura,
Y por eso no regresó.
Así la familia aprendió a ser más atenta,
Y Nala y Mila descubrieron que,
Aunque el mundo pueda padecer grande y aterrador,
Siempre hay una forma de encontrar el camino de regreso a casa,
Y todavía hoy se cree que la casa que adoptó a Mila necesitaba más de ese gatito que la casa de ella originalmente.
Y hasta aquí el Medita Cuento de hoy.
Sé que es una historia un poco diferente porque es un tema del que a veces no nos gustaría hablar,
Y es de la posibilidad de que en algún momento se pierdan nuestras mascotas.
Me encantaría saber si tú alguna vez has tenido que pasar por esta penosa y a veces miedosa situación y cómo lo han resuelto.
Que sirva esta historia para recordarnos que siempre hay que tener cuidado sobre nuestras mascotas,
Y de preferencia tenerlas con collar,
Con placa de identificación,
O en algunos países tienen un microchip que ayuda a que se encuentren más fácilmente,
Y además también constantemente estar vigilándolas de que no se vayan a escapar.
Esta historia está inspirada en una historia que le pasó a uno de ustedes,
Y afortunadamente 50 días después logró regresar la gatita a casa.
Además también es una oportunidad para que reflexionemos sobre esas veces en las que nos sentimos un poco perdidos.
No a nuestra casa,
Sino de manera simbólica sobre las cosas que queremos hacer,
O quizás un problema que no encontramos solución.
A confiar que siempre encontramos ese camino para regresar a donde queremos estar,
O donde necesitamos estar,
Como es el caso de Mila que cambió a un nuevo hogar que la necesitaba más.
Espero que este meditat cuento les haya gustado tanto como a mí,
Y que me sigan mandando sus ideas porque de verdad me inspiran mucho,
Y me encanta que esto lo podamos construir entre todos.
Finalmente este es un espacio para construir juntos el hábito de la meditación.
Espero que nos veamos en un próximo capítulo.
¡Adiós!
Conoce a tu maestro
4.8 (19)
