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Cap 16 - El Libro Tibetano de la Vida y la Muerte

by Ciencia del Saber

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Dedico este libro a Jamyang Khyentse Chókyi Lodró, a Dudjom Rimpoché, a Dilgo Khyentse Rimpoché, a Khyentse Sangyum Khandro Tsering Chódrón y a todos mis queridos maestros, que han sido la inspiración de mi vida. Que este libro sirva de guía para la liberación, que sea útil para los vivos, los moribundos y los muertos. Capítulo 16: La Base Audiolibro: El libro tibetano de la vida y de la muerte. Narrador: Juan José Palanca.

Transcripción

Audiolibro,

El libro tibetano de la vida y de la muerte,

Sogyal Rinpoche,

Capítulo 16,

La base,

Narrador Juan José Palanca,

Ciencia del saber.

A menudo oímos afirmaciones como la muerte es el momento de la verdad o la muerte es el momento en que por fin nos vemos cara a cara con nosotros mismos y ya hemos visto que quienes pasan por una experiencia de casi muerte a veces declaran que mientras ven desfilar ante ellos toda su vida,

Se les formulan preguntas como ¿qué has hecho de tu vida?

¿qué has hecho por los demás?

Todo esto apunta a una misma realidad que en la muerte uno no puede escapar de lo que realmente es ni de quién realmente es.

Nos guste o no se revela nuestra verdadera naturaleza pero es importante saber que hay dos aspectos de nuestro ser que se revelan en el momento de la muerte,

Nuestra naturaleza absoluta y nuestra naturaleza relativa.

¿Cómo somos y cómo hemos sido en esta vida?

Según he explicado,

En la muerte somos despojados de todos los componentes de nuestro cuerpo y mente,

Los cuales se desintegran.

Cuando muere el cuerpo los elementos sutiles y los sentidos se disuelven y esto viene seguido por la muerte del aspecto ordinario de nuestra mente con sus emociones negativas de ira,

Deseo e ignorancia.

Al final no queda nada que oscurezca nuestra verdadera naturaleza pues todo lo que en vida nublaba la mente iluminada se ha desprendido y lo que entonces se revela en la base primordial de nuestra naturaleza absoluta que es como un cielo puro y despejado.

Esto se llama el amanecer de la luminosidad base o luz clara donde la propia conciencia se disuelve en el espacio de la verdad que todo lo abarca.

El libro tibetano de los muertos dice a propósito de este momento la naturaleza de todo es abierta vacía y desnuda como el cielo vacuidad luminosa sin centro ni circunferencia amanece la pura y desnuda Rigpa.

Padmasambhava describe así la luminosidad.

Esta luz clara originada por sí misma que desde un principio no ha nacido jamás es hija de Rigpa a su vez carente de padres.

¡Qué pasmoso!

Esta sabiduría originada por sí misma no ha sido creada por nadie.

¡Qué pasmoso!

Nunca ha nacido ni hay nada en ella que pueda causarle la muerte.

¡Qué pasmoso!

Aunque es visible no hay nadie que la vea.

¡Qué pasmoso!

Aunque ha vagado por el sámsara no ha sufrido ningún daño.

¡Qué pasmoso!

Aunque ha visto la budeidad no le ha venido ningún bien.

¡Qué pasmoso!

Aunque existen todos en todo lugar no ha sido reconocida.

¡Qué pasmoso!

Y tú todavía esperas alcanzar algún fruto distinto en otra parte.

¡Qué pasmoso!

Aunque es lo más esencialmente tuyo la buscas en otra parte.

¡Qué pasmoso!

¿Por qué ese estado recibe el nombre de luminosidad o luz clara?

Los maestros tienen distintas maneras de explicarlo.

Algunos dicen que expresa la radiante claridad de la naturaleza de la mente,

Su absoluta libertad de tinieblas y escrucimientos,

Libre de las tinieblas de la ignorancia y dotada de la capacidad de conocer.

Otro maestro describe la luminosidad o luz clara como un estado de distracción mínima,

Porque todos los elementos,

Sentidos y objetos de los sentidos se han disuelto.

Lo que importa aquí es no confundirla con la luz física que conocemos,

Ni con las experiencias luminosas que se desplegarán acto seguido en el próximo bardo.

La luminosidad que se presenta en la muerte es el resplandor natural de la sabiduría de nuestra propia Rigpa,

La naturaleza no compuesta presente durante todo el sámsara y el nirvana.

El amanecer de la luminosidad base o luz clara en el momento de la muerte es la gran oportunidad de liberación.

Pero es esencial comprender en qué condiciones se da esta oportunidad.

Algunos investigadores y autores modernos que escriben sobre la muerte han subestimado la profundidad de este momento.

Como han leído e interpretado el libro tibetano de los muertos,

Sin el beneficio de las instrucciones orales y el adiestramiento que explican plenamente su sentido sagrado,

Lo han simplificado en demasía y se han apresurado a sacar conclusiones precipitadas.

De este modo dan por sentado que el amanecer de la luminosidad base es la iluminación.

Seguramente a todos nos gustaría identificar la muerte con el cielo o la iluminación,

Pero más importante que nuestros deseos es saber que el momento de la muerte solo ofrece una auténtica oportunidad de liberación si realmente hemos sido introducidos en la naturaleza de nuestra mente,

En nuestra Rigpa,

Y solo si la hemos establecido y estabilizado por medio de la meditación y la hemos integrado en nuestra vida.

Aunque la luminosidad base se nos presenta naturalmente de por sí a todos nosotros,

La mayoría no estamos en absoluto preparados para su pura inmensidad,

Para la profundidad vasta y sutil de su desnuda sencillez.

La mayoría no tenemos medio de reconocerla porque no nos hemos familiarizado durante la vida con las maneras de reconocerla.

Lo que ocurre entonces es que tendemos a reaccionar instintivamente con nuestros temores,

Hábitos y condicionamientos del pasado,

Con nuestros antiguos reflejos.

Aunque hayan muerto las emociones negativas para que aparezca la luminosidad,

Los hábitos de muchas vidas aún se conservan ocultos en el telón de nuestra mente ordinaria.

Aunque al morir muere toda nuestra confusión,

En vez de entregarnos y abrirnos a la luminosidad,

En nuestro miedo e ignorancia nos retiramos y mantenemos instintivamente nuestro aferramiento.

Esto es lo que nos impide utilizar verdaderamente ese poderoso momento como una oportunidad de liberación.

Padmasambhava dice «Todos los seres han vivido y muerto y vuelto a nacer un número incontable de veces.

Una y otra vez han experimentado la luz clara indescriptible.

Pero como están oscurecidos por las tinieblas de la ignorancia,

Vagan interminablemente en un sámsara sin límites».

La base de la mente ordinaria.

Todas estas tendencias habituales resultado de nuestro karma negativo que han surgido de las tinieblas de la ignorancia se almacenan en la base de la mente ordinaria.

Muchas veces he intentado encontrar un buen ejemplo que me sirviera para describir la base de la mente ordinaria.

Se la podría comparar con una burbuja de vidrio transparente,

Con una finísima película elástica,

Un velo o una barrera casi invisible que oscurece la totalidad de nuestra mente.

Pero acaso el símil más apropiado que se me ocurre es el de una puerta de vidrio.

Imagínese que está sentado ante una puerta de vidrio que da al jardín,

Mirando a través de ella,

Contemplando el espacio.

Parece que no haya nada entre usted y el cielo,

Porque no puede ver la superficie del vidrio.

Incluso podría darse usted un golpe en la cara si se levantara y tratara de cruzarla sin darse cuenta de su presencia.

Pero si la toca verá de inmediato que hay algo que opone a resistencia a los dedos,

Algo que se interpone entre usted y el espacio de fuera.

Del mismo modo,

La base de la mente ordinaria nos impide penetrar en la naturaleza de nuestra mente,

Comparable al firmamento,

Aunque podamos tener alguna vislumbre de ella.

Como ya he dicho,

Los maestros advierten que existe el peligro de que los practicantes de meditación puedan confundir la experiencia de la base de la mente ordinaria con la verdadera naturaleza de la mente en sí.

Cuando reposan en un estado de gran calma y quietud,

Es posible que sólo estén reposando en la base de la mente ordinaria.

Es la diferencia que hay entre mirar al cielo desde el interior de una cúpula de cristal y mirarlo desde fuera,

Al aire libre.

Tenemos que salir por completo del terreno de la mente ordinaria para descubrir y dejar entrar el aire fresco de Rigpa.

Así pues,

El propósito de toda nuestra práctica espiritual y la auténtica preparación para el momento de la muerte consiste en purificar ese obstáculo sutil e irlo debilitando y rompiendo gradualmente.

Cuando lo ha roto por completo,

Nada se interpone entre usted y el estado de omnisciencia.

La introducción en la naturaleza de la mente por parte del maestro atraviesa por completo la base de la mente ordinaria,

Pues es mediante esa disolución de la mente conceptual cómo se revela explícitamente la mente iluminada.

A partir de ahí,

Cada vez que reposamos en la naturaleza de la mente,

La base de la mente ordinaria se debilita.

Pero,

Como comprobaremos,

El lapso de tiempo que podemos permanecer en el estado de la naturaleza de la mente depende enteramente de la estabilidad de la práctica.

Por desgracia,

Es difícil deshacerse de los viejos hábitos y la base de la mente ordinaria regresa otra vez.

Nuestra mente es como un alcohólico que puede dejar el hábito por una temporada,

Pero vuelve a recaer cuando se siente tentado o deprimido.

Tal como la puerta de vidrio recoge los restos de suciedad de nuestros dedos y manos,

La base de la mente ordinaria recoge y almacena todo nuestro karma y nuestros hábitos.

Y tal como hemos de limpiar una y otra vez el cristal,

Hemos de seguir purificando una y otra vez la base de la mente ordinaria.

Es como si el vidrio fuera desgastándose y adelgazándose hasta que empiecen a aparecer agujeros y el vidrio se disuelve.

Por medio de nuestra práctica estabilizamos cada vez más la naturaleza de la mente,

De manera que no sólo se mantiene como nuestra naturaleza absoluta,

Sino que se convierte en nuestra realidad cotidiana.

Y a medida que sucede así,

Más se disuelven nuestros hábitos y menos diferencia hay entre las meditaciones y la vida cotidiana.

Poco a poco se convierte usted en una persona capaz de cruzar la puerta de vidrio y salir al jardín sin obstáculos.

Y la señal de que la base de la mente ordinaria se está debilitando es que podemos reposar en la naturaleza de la mente cada vez con menos esfuerzo.

Cuando aparece la luminosidad base,

Lo fundamental será cuánto hemos podido reposar en la naturaleza de la mente,

Cuánto hemos podido unir nuestra naturaleza absoluta y nuestra vida cotidiana,

Cuánto hemos podido purificar nuestra condición ordinaria y dar paso al estado de pureza primordial.

El encuentro de madre e hija.

Hay una manera de prepararse completamente para reconocer la aparición de la luminosidad base en el momento de la muerte y es mediante el grado de meditación más elevado,

Como he explicado en el capítulo 10,

La esencia íntima.

La realización o consecución final de la práctica de Doktsen se llama unión de las dos luminosidades y también fusión de las luminosidades madre e hija.

La luminosidad madre es el nombre que damos a la luminosidad base.

Es la naturaleza fundamental e inherente de todo que subyace a toda nuestra experiencia y que se manifiesta en la plenitud de su gloria en el momento de la muerte.

La luminosidad hija,

También llamada luminosidad camino,

Es la naturaleza de nuestra mente que cuando no es presentada por el maestro y reconocida por nosotros,

Podemos empezar a estabilizar gradualmente por medio de la meditación e integrar cada vez más completamente nuestros actos.

Cuando la integración es completa,

El reconocimiento es completo y se produce la realización.

Aunque la luminosidad base es nuestra naturaleza inherente y la naturaleza de todo,

No la reconocemos y permanece como si estuviese oculta.

Yo suelo concebir la luminosidad hija como una llave que nos da el maestro para ayudarnos a abrir la puerta al reconocimiento de la luminosidad base cuando se presenta la oportunidad.

Imagínese que ha de ir a expirar a una mujer que llega en avión.

Si no sabe qué aspecto tiene,

Puede ir al aeropuerto y cruzarse con ella sin darse cuenta de que es ella.

Si tiene una fotografía con un buen parecido y se ha grabado usted su imagen en la mente,

La reconocerá en cuanto la vea.

Una vez le ha sido presentada la naturaleza de la mente y usted la ha reconocido,

Ya tiene la llave para volverla a reconocer.

Pero tal como debe llevar la fotografía encima e irla mirando de vez en cuando para estar seguro de reconocer a la persona que va a buscar al aeropuerto,

También ha de profundizar y estabilizar constantemente su reconocimiento de la naturaleza de la mente por medio de la práctica habitual.

Y entonces el reconocimiento llega a estar tan arraigado en usted,

A ser tan parte de usted,

Que ya no necesita ninguna fotografía.

Cuando vea a la persona,

El reconocimiento es inmediato y espontáneo.

Así,

Tras una práctica sostenida del reconocimiento de la naturaleza de la mente,

Cuando amanezca la luminosidad base en el momento de la muerte,

Podrá reconocerla y fusionarse con ella.

De manera tan instintiva,

Dicen los maestros del pasado,

Como el niño que corre con ansias hacia el regazo de su madre,

Como el reencuentro de dos viejos amigos o como un río que desagua en el mar.

Pero esto es muy difícil.

La única manera de asegurar este reconocimiento es estabilizando y perfeccionando la práctica de fusionar las dos luminosidades desde ahora mismo,

Cuando aún vivimos.

Y esto sólo es posible mediante toda una vida de entrenamiento y empeño.

Como decía mi maestro Dudjom Rinpoche,

Si no practicamos la fusión de las dos luminosidades ahora,

Y de ahora en adelante,

No podemos confiar en que el reconocimiento se produzca espontáneamente al morir.

¿Cómo exactamente se fusionan las luminosidades?

Se trata de una práctica muy profunda y avanzada,

Y no es este el lugar adecuado para comentarla.

Pero esto sí podemos decir.

Cuando el maestro nos presenta la naturaleza de la mente,

Es como si nos devolvieran la vista,

Porque hemos estado ciegos a la luminosidad base que está en todas las cosas.

La introducción del maestro despierta en nosotros un ojo de sabiduría con el que llegamos a ver claramente la verdadera naturaleza de todo lo que surge,

La naturaleza de la luminosidad,

Luz clara,

De todos nuestros pensamientos y emociones.

Imagínense que tras estabilizar y perfeccionar la práctica,

Nuestro reconocimiento de la naturaleza de la mente llega a ser como un sol que arde de modo constante.

Siguen surgiendo pensamientos y emociones,

Son como oleadas de oscuridad.

Pero cada vez que estas olas se despliegan y se encuentran con la luz,

Se disuelven inmediatamente.

Según vamos desarrollando cada vez más esta capacidad de reconocer,

Llega a formar parte de nuestra visión diaria.

Cuando somos capaces de llevar el conocimiento de nuestra naturaleza absoluta a nuestra experiencia cotidiana,

Más probabilidad tenemos de reconocer la luminosidad base en el momento de la muerte.

La demostración de si tenemos o no esta llave está en cómo contemplamos nuestros pensamientos y emociones cuando surgen.

En sí,

Somos capaces de penetrarlos directamente con la visión y reconocer su naturaleza de luminosidad inherente,

O si por el contrario,

La oscurecemos con nuestras reacciones instintivas acostumbradas.

Si la base de nuestra mente ordinaria está completamente purificada,

Es como si hubiéramos demolido el almacén de nuestro karma y vaciado así el suministro kármico para futuros renacimientos.

Si en pero no hemos podido purificar por completo la mente,

Ésta seguirá conservando restos de hábitos anteriores y tendencias kármicas que reposan en ese almacén de karma.

Cuando se materialicen las condiciones adecuadas,

Se manifestarán y nos impulsarán a nuevos renacimientos.

La duración de la luminosidad base.

Amanece la luminosidad base.

Para un practicante dura tanto tiempo como pueda reposar sin distracción en el estado de la naturaleza de la mente.

Para la mayoría de las personas,

No obstante,

No dura más que un chasquido con los dedos.

Y para algunos,

Dicen los maestros,

El tiempo que se tarda en tomar una comida.

La gran mayoría de las personas no reconocen en absoluto la luminosidad base y se sumen en un estado de inconsciencia que puede durar hasta tres días y medio.

Es entonces cuando la conciencia deja por fin el cuerpo.

De ahí surgió la costumbre tibetana de procurar no mover ni perturbar el cadáver en modo alguno durante los tres días siguientes a la muerte.

Precaución especialmente importante en el caso de un practicante que tal vez se haya fusionado con la luminosidad base y esté reposando en ese estado de la naturaleza de la mente.

Recuerdo que en Tíbet todo el mundo tomaba grandes precauciones para mantener un ambiente sereno y silencioso en torno al cadáver y no causar la menor perturbación,

Sobre todo si se trataba de un gran maestro o practicante.

Pero incluso el cuerpo de una persona corriente suele dejarse sin moverlo hasta que han pasado tres días.

Porque nunca se sabe si una persona ha logrado o no el conocimiento y porque es dudoso el momento en que la conciencia se separa del cuerpo.

Se cree que si alguien toca el cuerpo en determinado lugar,

Si se le pone una inyección por ejemplo,

La conciencia puede verse atraída hacia ese punto y entonces la conciencia del fallecido puede abandonar el cuerpo por la abertura más cercana en lugar de la coronilla y tener un renacimiento desdichado.

Algunos maestros insisten más que otros en dejar de hacer el cuerpo durante tres días.

Chadral Rinpoche,

Maestro tibetano que vivió en India y Nepal y que por su actitud parecía a veces un monje zen,

Les replicó a unas personas que se quejaban por el olor que podía despedir el cadáver si lo dejaban tres días sin moverlo en aquel clima caluroso.

Tampoco es que tengáis que comeroslo o intentar venderlo.

En sentido estricto,

Entonces lo mejor sería aplazar la autopsia o la cremación hasta transcurrido ese intervalo de tres días.

Hoy en día,

No obstante,

Puede resultar complicado e imposible dejar el cuerpo sin mover durante tanto tiempo,

Pero al menos habría que realizar la práctica de Powa antes de que nadie mueva el cadáver ni lo toque.

La muerte de un maestro.

Un practicante realizado sigue morando en el reconocimiento de la naturaleza de la mente en el momento de la muerte y despierta en la luminosidad base cuando ésta se manifiesta.

Incluso es posible que permanezca en ese estado durante varios días.

Algunos practicantes y maestros mueren en la postura de meditación sentados con la espalda recta y otros en la postura del león dormido.

Además de su perfecta serenidad,

Habrá otros signos que demuestran que están reposando en el estado de la luminosidad base.

Todavía les quedan cierto brillo y color en la cara.

La nariz no se vuelve afilada.

La piel se conserva blanda y flexible.

El cuerpo no se pone rígido.

Se dice que los ojos mantienen un brillo suave y compasivo y aún queda algún calor en el corazón.

Quienes lo rodean ponen gran cuidado en no tocar el cuerpo del maestro y guardan silencio hasta que haya salido de ese estado de meditación.

Hjalwang Karmapa,

Gran maestro y superior de una de las cuatro escuelas principales del budismo tibetano,

Murió en 1981 en un hospital de Estados Unidos.

Fue una extraordinaria fuente de inspiración para todos los que lo rodeaban debido a su compasión y animación constantes.

El doctor Ranulfo Sánchez,

Jefe de cirugía,

Declaró.

Personalmente quedé con la sensación de que su santidad no era un simple hombre corriente.

Cuando te miraba era como si estuviera examinando tu interior,

Como si fueras transparente.

Me sorprendió mucho la forma en que me miraba y parecía comprender lo que estaba pasando.

Su santidad conmovió a prácticamente todas las personas del hospital que tuvieron comunicación con él.

Muchas veces,

Cuando nos parecía a punto de morir,

Él sonreía y nos decía que estábamos equivocados y poco después mejoraba.

Su santidad no tomó ninguna medicación contra el dolor.

Los médicos lo veíamos y nos dábamos cuenta de que tenía que estar sufriendo mucho.

Así que le preguntábamos ¿Tienes muchos dolores hoy?

Él siempre contestaba no.

Hacia el final éramos conscientes de que él percibía nuestra inquietud y la cosa llegó a convertirse en una broma.

Le preguntábamos ¿Le duele mucho?

Y él nos dirigía esa sonrisa suya tan amable y decía no.

Tenía muy bajas todas las constantes vitales.

Le di una inyección para que pudiera comunicarse en sus últimos minutos.

Salí un rato del cuarto mientras él conversaba con los tulkus,

A los que aseguró que no tenía intención de morir ese día.

Cuando regresé al cabo de cinco minutos lo encontré incorporado,

Con los ojos completamente abiertos y me saludó con claridad.

Hola ¿Cómo está usted?

Todas las constantes vitales se habían invertido y en cuestión de media hora su santidad estaba sentado en la cama hablando y riendo.

Desde el punto de vista médico eso es inaudito.

Las enfermeras se quedaron blancas.

Una de ellas se levantó la manga y me enseñó el brazo con toda la piel de gallina.

El personal del hospital observó que el cuerpo del karmapa no seguía el curso habitual de rigidez cadavérica y descomposición,

Sino que parecía mantenerse como estaba en el momento de la muerte.

Al cabo de algún tiempo se dieron cuenta de que la región del corazón aún estaba caliente.

El doctor Sánchez añade.

Me llevaron a su habitación unas 36 horas después de la muerte.

Le palpé el pecho y la región del corazón estaba más caliente que la zona circundante.

Eso es algo que carece de explicación médica.

Algunos maestros mueren sentados en meditación,

Mientras el cuerpo se sostiene por sí mismo.

Kalú Rinpoche murió en 1989 en su monasterio del Himalaya,

Acompañado por varios maestros,

Un médico y una enfermera.

Su discípulo más próximo escribió.

Rinpoche intentó sentarse sin ayuda,

Pero le resultaba difícil.

Lama Gyaltsen,

Considerando que quizás había llegado el momento y que el hecho de no sentarse podía crearle un obstáculo a Rinpoche,

Le sostuvo la espalda mientras se incorporaba.

Rinpoche me tendió la mano y también le ayudé a sentarse.

Rinpoche quería sentarse absolutamente erguido y así lo dijo de palabra y con un gesto de la mano.

Esto incomodó al médico y a la enfermera,

De modo que Rinpoche relajó ligeramente la posición.

No obstante,

Adoptó una postura de meditación.

Colocó las manos en posición de meditación,

Dirigió la vista al frente con la mirada de meditación y empezó a mover suavemente los labios.

Una profunda sensación de paz y felicidad descendió sobre todos nosotros y se extendió por nuestra mente.

Todos los presentes sentimos que aquella felicidad indescriptible que nos llenaba no era sino un pálido reflejo de lo que impregnaba la mente de Rinpoche.

Poco a poco bajó la mirada y los párpados y dejó de respirar.

No olvidaré nunca la muerte de mi querido maestro Yamyam Kiyanché Choquí Lodró en el verano de 1959.

Durante la última parte de su vida procuraba salir del monasterio lo menos posible.

Maestros de todas las tradiciones acudían a él para recibir sus enseñanzas y representantes de todos los linajes iban a pedirle instrucciones,

Pues era la fuente de su transmisión.

El monasterio en que vivía,

Doktsán,

Se convirtió en uno de los más vibrantes centros de actividad espiritual de Tibet,

Pues constantemente iban y venían todos los grandes lamas.

En la región su palabra era ley.

Era un maestro tan grande que casi todo el mundo era discípulo suyo,

Hasta tal punto que tenía poder para evitar guerras civiles amenazando a los combatientes de ambos bandos con retirarle su protección espiritual.

Por desgracia,

Cuando los invasores chinos estrecharon su cerco,

Las condiciones de vida en Kham se deterioraron rápidamente,

Y aunque sólo era un adolescente,

Hasta yo podía percibir la amenaza inminente de lo que estaba por venir.

En 1955 mi maestro tuvo ciertos signos que le mostraban que debía marcharse.

Primero fue en peregrinación a los lugares sagrados del centro y sur de Tibet,

Y después,

Para cumplir un profundo deseo de su maestro,

Peregrinó a los lugares sagrados de India,

Y yo fui con él.

Todos teníamos la esperanza de que la situación mejorase durante nuestra ausencia.

Resultó,

Como luego llegué a saber,

Que la decisión de mi maestro de abandonar Tibet fue interpretada por muchos otros lamas y personas corrientes como un signo de que Tibet no tenía salvación,

Y eso les permitió escapar con tiempo.

Mi maestro estaba invitado desde hacía muchos años a visitar Sikkim,

Pequeño país del Himalaya,

Que es una de las tierras sagradas de Padma Sambhava.

Yam-Yam Khyentse era la encarnación del santo más reverenciado de Sikkim,

Y el rey de Sikkim le había pedido que fuera a enseñar allí y bendijera el país con su presencia.

Cuando se supo que se había instalado allí,

Empezaron a llegar muchos maestros de Tibet para recibir enseñanzas,

Y trajeron consigo escrituras y textos valiosos que quizá,

De otro modo,

No se habrían salvado.

Yam-Yam Khyentse era un maestro de maestros,

Y el templo palacio donde residía volvió a convertirse en un gran centro espiritual.

A medida que la situación de Tibet iba volviéndose cada vez más desastrosa,

Cada vez era mayor el número de lamas que se congregaba en torno a él.

Se dice que a veces los grandes maestros que enseñan mucho no tienen una vida muy larga.

Es casi como si atrajeran hacia sí los obstáculos que se oponen a las enseñanzas espirituales.

Había profecías que aseguraban que si mi maestro hubiera renunciado a enseñar,

Para viajar como ermitaño anónimo a los rincones más remotos del país,

Habría vivido muchos años más.

Y de hecho,

Es lo que intentó hacer en un principio,

Cuando iniciamos nuestro último viaje desde Kham,

Dejó atrás todas sus pertenencias y marchó en el mayor secreto,

Sin intención de enseñar,

Sino sólo de peregrinar.

Pero cuando la gente se enteraba de quién era,

Todos le pedían que diera enseñanzas e iniciaciones.

Tan vasta era la compasión de mi maestro,

Que sabiendo el riesgo que corría,

Sacrificó la vida por seguir enseñando.

Fue en Sikkim,

Pues,

Donde Yamyang Khyentse cayó enfermo.

Al mismo tiempo,

Llegó la terrible noticia de que Tíbet había caído finalmente.

Todos los lamas principales,

Los representantes de los linajes,

Fueron a visitarlo uno tras otro,

Y las oraciones y los rituales de larga vida se sucedían día y noche sin interrupción.

Todo el mundo participaba.

Todos le rogábamos que siguiera viviendo,

Porque un maestro de su categoría tiene el poder de decidir cuándo es hora de abandonar el cuerpo.

Él permanecía en la cama,

Aceptaba nuestras ofrendas,

Se reía y respondía con una sonrisa traviesa.

Muy bien,

Sólo para ser auspicioso,

Diré que voy a vivir.

La primera indicación que tuvimos de que mi maestro iba a morir nos llegó por mediación de Hyalwang Karmapa.

Según le dijo a Karmapa,

Había concluido el trabajo que venía a hacer en esta vida y había decidido abandonar este mundo.

Uno de los asistentes más cercanos de Kiyensé se echó a llorar cuando el Karmapa se lo dijo y así nos enteramos.

Acababa de llegarnos la noticia de que los chinos habían ocupado los tres grandes monasterios de Tíbet,

Sera,

Drepung y Ganden,

Cuando se produjo su fallecimiento.

A todos nos pareció de un simbolismo trágico que aquel gran ser,

La encarnación del budismo tibetano,

Llegara al fin de su vida justo cuando Tíbet caía.

Yam Yan Kiyensé murió a las tres de la madrugada del sexto día del quinto mes tibetano.

Diez días antes,

Mientras realizábamos una práctica de larga vida que duraba la noche entera,

Un tremendo e inesperado sismo había hecho temblar la tierra.

Según los sutras budistas,

Eso es una señal que anuncia el fallecimiento inminente de un ser iluminado.

Durante los tres días que siguieron a su muerte se mantuvo en silencio absoluto y no se le hizo saber a nadie que Kiyensé había muerto.

A mí solo me dijeron que su salud había empeorado y me pidieron que en lugar de dormir en su habitación,

Como era mi costumbre,

Me fuera a dormir a otra.

Lama Chokden era el asistente más próximo de Yam Yan Kiyensé y su maestro de ceremonias.

Había permanecido a su lado más tiempo que nadie.

Era un hombre callado,

Serio y ascético,

De mirada penetrante y mejillas hundidas,

Con un porte digno y elegante,

Pero humilde.

Chokden era conocido por su integridad fundamental,

Su modestia profunda y humana,

Su cortesía de corazón y su extraordinaria memoria.

Parecía recordar hasta la última palabra que había dicho mi maestro.

Así como todos los relatos,

Conocía hasta los menores detalles de los más intrincados rituales y sabía qué significaban.

También era un practicante ejemplar y un maestro por derecho propio.

Así pues,

Todos observábamos a Lama Chokden mientras seguía llevándole las comidas al cuarto,

Como si aún estuviera vivo,

Pero con expresión sombría.

No cesábamos de preguntarle cómo estaba Kiyensé,

Y Chokden se limitaba a contestar.

Está igual.

En ciertas tradiciones,

Cuando muere un maestro,

Es importante mantener el secreto durante todo el tiempo que permanece en meditación después de la muerte.

Hubieron de pasar tres días,

Como ya he dicho,

Antes de que se nos anunciara su muerte.

El gobierno de India envió entonces un telegrama a Pekín y de ahí se transmitió el mensaje al monasterio de mi maestro,

Doktsar,

Donde muchos de los monjes ya estaban llorando porque habían sabido de algún modo que se estaba muriendo.

Justo antes de partir,

Kiyensé había hecho el misterioso voto de regresar una vez más al monasterio antes de morir.

Y así fue.

El día de Año Nuevo,

Unos seis meses antes de que se produjera su muerte,

Durante la celebración de una danza ritual,

Muchos de los monjes más ancianos lo vieron aparecer en el cielo con su aspecto de costumbre.

Mi maestro había fundado en el monasterio un centro de estudios,

Que hoy es famoso por haber producido algunos de los académicos más destacados de los últimos tiempos.

En el templo principal había una estatua enorme del Buda venidero,

Maitreya.

Una mañana a primera hora,

Pocos días después de aquella celebración de Año Nuevo en la que se había aparecido la visión de mi maestro en el cielo,

El cuidador abrió las puertas del templo y encontró a Kiyensé sentado en el regazo del Buda Maitreya.

Mi maestro murió en la postura del león dormido.

Todos los signos visibles mostraban que aún se hallaba en estado de meditación y nadie tocó el cuerpo hasta pasados tres días.

El momento en que salió de la meditación lo llevó grabado para toda la vida.

La nariz se le desinfló de pronto,

La cara perdió su color y a continuación la cabeza le cayó ligeramente hacia un lado.

Hasta aquel momento su cuerpo había guardado cierto aplomo,

Fuerza y vida.

Anochecía cuando terminamos de lavar y vestir el cadáver y lo condujimos de su dormitorio al templo principal del palacio.

Allí lo esperaba una multitud,

Desfilando alrededor del templo en señal de respeto.

Entonces ocurrió algo extraordinario.

Empezó a aparecer una luz lechosa e incandescente que parecía una fina bruma luminosa y a extenderse por todas partes.

En la fachada del templo,

Palacio había cuatro grandes lámparas eléctricas que aquellas horas normalmente brillaban con gran intensidad,

Puesto que a las siete ya estaba oscuro.

Sin embargo,

Aquella luz misteriosa las hacía palidecer.

Apapand,

Que por entonces era delegado político en Sikkim,

Fue el primero en llamar para preguntar qué podía ser aquello,

Pero enseguida empezaron a sucederse las llamadas.

Aquella extraña luz ultraterrena fue vista por cientos de personas.

Uno de los maestros nos explicó entonces que en los tantras se dice que tales manifestaciones de luz son señal de que alguien ha alcanzado el estado de Buda.

En un principio se pensó en conservar el cuerpo de Jamyang Khyentse en el monasterio durante una semana,

Pero muy pronto comenzamos a recibir telegramas de sus discípulos.

Era el año 1959.

Muchos de ellos,

Como Dilgo Khyentse Rinpoche,

Acababan de emprender el camino del exilio tras una larga y peligrosa huida de Tíbet.

Todos suplicaban que se conservara el cuerpo para tener ocasión de verlo,

Así que lo conservamos otras dos semanas.

Cada día se celebraban cuatro sesiones distintas de oración con centenares de monjes,

Dirigidos por lamas de todas las escuelas y a menudo bajo la presidencia de los representantes de los linajes,

Y se ofrendaban miles de lámparas de manteca.

El cadáver no olía ni empezaba a descomponerse,

De modo que lo conservamos otra semana.

Los veranos en la India son de un calor abrasador.

Pero aunque fueron pasando las semanas,

El cuerpo seguía sin dar muestras de descomposición.

Al final,

Conservamos el cuerpo de Jamyang Khyentse durante seis meses.

Bajo su santa presencia se creó todo un ambiente de enseñanza y práctica.

Los discípulos más antiguos terminaron las enseñanzas que estaba dando,

Y que habían quedado interrumpidas por su muerte,

Y se ordenaron muchísimos monjes.

Finalmente,

Llevamos el cuerpo al lugar que él mismo había elegido para la cremación,

Tashiding,

En lo alto de una colina.

Es uno de los lugares más sagrados de Sikkim.

Todos los discípulos acudimos allí,

Y nosotros mismos construimos la estupa para las reliquias,

Aunque en India todo el trabajo manual pesado suelen hacerlo peones contratados.

Jóvenes y viejos,

Desde un maestro como Dilgo Khyentse Rinpoche hasta la persona más corriente,

Todos acarreamos piedras cuesta arriba y levantamos la construcción con las manos desnudas.

Fue el mayor testimonio que podía darse de la devoción que inspiraba.

No hay palabras que puedan transmitir el sentimiento de pérdida que dejó la muerte de Jamyang Khyentse.

Al salir de Tíbet,

Mi familia y yo perdimos todos nuestros bienes y tierras,

Pero yo era demasiado joven para haberme formado ningún apego a ellos.

Perder a Jamyang Khyentse fue una pérdida tan enorme que aun pasados tantos años todavía me aflige.

Viví toda la infancia bajo la luz solar de su presencia.

Yo dormía en una camita instalada al pie de su lecho,

Y durante muchos años me despertó a diario el susurro de sus oraciones y el chasquido de las cuentas de su mala,

Su rosario budista.

Sus palabras,

Sus enseñanzas,

El gran resplandor pacífico de su presencia,

Su sonrisa,

Son para mí recuerdos indelebles.

Es la inspiración de mi vida,

Y son su presencia y la de Padma Sambhava las que invoco siempre que estoy en dificultades o cuando enseño.

Su muerte constituyó una pérdida incalculable para el mundo y una pérdida incalculable para Tibet.

Muchas veces había pensado de Jamyang Khyentse como también lo pensaba de Dilgo Khyentse Rinpoche,

Que si el budismo era destruido y solo quedaba él,

El budismo aún seguiría vivo,

Pues él era la completa encarnación de lo que significa el budismo.

Con el fallecimiento de Jamyang Khyentse se cerró toda una época.

A veces pienso que incluso toda una dimensión de poder y conocimiento espiritual.

Cuando murió solo tenía 67 años,

Y muchas veces me pregunto cómo habría afectado el futuro del budismo tibetano que Jamyang Khyentse hubiera seguido viviendo para inspirar su crecimiento en el exilio y en Occidente con la misma autoridad y respeto infinito hacia todas las tradiciones y linajes que tan querido lo hicieron en Tibet.

Como era el maestro de los maestros,

Y puesto que los representantes de los linajes de todas las tradiciones habían recibido de él enseñanzas e iniciaciones,

Y por ello lo reverenciaban como su maestro fundamental,

Podía reunirlos espontáneamente en un espíritu dedicado a armonía y cooperación.

Y con todo,

Un gran maestro no muere nunca.

Jamyang Khyentse está aquí,

Inspirándome mientras escribo estas palabras.

Él es la fuerza que hay este libro,

Y en todo lo que enseño,

Él es el fundamento y base del espíritu que hay en todo lo que hago.

Es él quien no deja de darme la orientación interior.

Su bendición y la confianza que su bendición me da han estado siempre conmigo,

Guiándome por entre las dificultades que supone el intento de exponer,

De la mejor manera que pueda,

La tradición de la que él fue tan sublime representante.

Sus nobles facciones están ahora más vivas para mí que las de ningún ser vivo,

Y en sus ojos veo siempre esa luz de sabiduría y compasión trascendentes que ningún poder del cielo ni de la tierra puede apagar.

Que todos,

Cuantos lean este libro,

Puedan llegar a conocerlo un poco como lo conozco yo.

Que todos puedan sentirse tan inspirados como yo por la dedicación de su vida y el esplendor de su muerte.

Que todos puedan obtener de su ejemplo de dedicación total al bienestar de todos los seres conscientes el valor y la sabiduría que les harán falta para trabajar por la verdad en este tiempo.

Fin del capítulo 16.

Siguiente capítulo,

Capítulo 17.

El resplandor intrínseco.

Gracias.

4.9 (29)

Reseñas Recientes

Beatriz

July 21, 2024

Me regocijo por el mérito de tan grandes maestros y por la luz que han dejado para el beneficio de todos los seres sintientes 🙏🪷

Boro

February 11, 2023

Transmite mucha paz y serenidad

RosaMaria

December 19, 2021

Valor y Sabiduría muy necesarias ambas cualidades para encontrar la VERDAD en estos tiempos. Un capítulo sublime de gran belleza espiritual y total profundidad. Yam Yamqu Yantse (no se como se escribe), este Gran maestro budista, es quien inspira a su discípulo amado la redacción de este libro. Fallece en 1959 y al fallecer su cuerpo a los 67 años de edad, nos dice su discípulo que piensa que finaliza la tradición espiritual budista de miles de años. Espera que este libro que escribe con tanta dedicación y detalle de la religión busista, por la inspiración recibida de su Gran Maestro Yam Yanqui Yantse, pueda servirnos para comprender las enseñanzas de la religión de Buda. Su significado, su profundidad y podamos realizar las prácticas que nos relata con todo detalle. Me parecen prácticas dificiles. Aunque yo intento comprenderlas como puedo. Lo importante entiendo que es, estar en el momento de la muerte del cuerpo material con toda nuestra conciencia para en el momento de ver la luz de Ritpa quedarse en esa luz y así alcanzar la liberación y dejar de bagar en un samsara sin fin. Ello requiere a lo largo de toda nuestra vida de meditación para apartar la mente ordinaria de la natural y también hay que hacer meditación en la vida diaria. Todo el tiempo. Apartarse siempre de la ira, el deseo y la ignorancia. Hacer obras buenas, puras, tratar muy bien a todas las personas y seres vivos y pensar siempre bien, sin juicios ni interpretaciones. No volver al pasado, ni tener expectativas en el futuro. Vivir en el presente y sonreír y ser felices, así no generamos karma. En el momento de la muerte pedir a nuestro maestro espiritual que nos ayude a alcanzar Ritpa y mantenernos ahí para así alcanzar la liberación. Juan José, tu o Usted: Sabes hacer estas prácticas dotse etc? (Por favor disculpa las faltas de puntuación estoy escribiendo desde mi smartphone). Muchas gracias. Gracias.

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