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Un Cuento Espiritual

by Bel Amaru

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4.5
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Este es un cuento del maestro Sri Mooji, que nos invita a reflexionar acerca de la verdadera libertad y el cautiverio mental. Super interesante todo lo que puede despertar. Es un cuento que puede ser escuchado a cualquier edad.

Transcripción

La ardilla cautiva.

Un grupo de ardillas vivía en las copas de unos árboles y se dedicaban a corretear,

A jugar unas con otras y a hurgar aquí y allá en busca de frutos secos,

Cosas que les encantaba hacer a las ardillas.

Una de ellas comenzó a dejar que la gente se le acercase tanto como para poder lanzarle nueces y otros frutos que ella recogía y a veces incluso les dejaba que le diesen de comer directamente de la mano.

Una mañana un hombre se acercó al parque temprano y comenzó a lanzar algunos frutos aquí y allá.

Confiada,

La dócil ardilla bajó de su árbol para comérselos y se acercó más y más hasta comer de la mano del hombre.

De repente el astuto hombre agarró a la desprevenida ardilla por el pescuezo.

Aterrorizada,

La ardilla se sacudió y luchó con todas sus fuerzas por liberarse pero no lo consiguió.

El hombre metió a la ardilla en un pequeño saco de lona y se la llevó a su casa en la que había un pequeño jardín y algunos árboles.

Una vez allí,

Abrió el saco y rápidamente le ató una cuerda al cuello.

La cuerda tenía unos pocos metros de largo y el otro extremo estaba atado a un ladrillo.

La ardilla luchó y luchó para liberarse pero no pudo escapar.

El tiempo fue pasando,

Cambiaron las estaciones y la ardilla seguía prisionera en el patio trasero de la casa de aquel hombre.

Llegó a identificar el chirrido de la puerta trasera como la señal de que su captor había regresado del trabajo y pronto le daría su ración de frutos secos.

El hombre también le traía agua y le acariciaba el lomo.

De algún modo se acostumbró a esta nueva vida.

Pasados unos meses,

Cuando se abría la puerta y aparecía el hombre,

Lo único que pensaba la ardilla era,

Oh,

Aquí está el que me da de comer.

La ardilla se iba adaptando a la vida en cautiverio pero en la casa de al lado vivía un perro y tan solo lo separaba un frágil vallado.

Se trataba de un Doberman,

No precisamente la raza más amigable.

Y solía cargar contra la valla,

La cual cada vez estaba más deteriorada a causa de los golpes.

No había duda de que él,

A propósito del perro,

Era zamparse a la ardilla.

Y cada vez que hacía un nuevo intento por derribar la valla,

La ardilla corría aterrada hasta el otro lado del patio,

Arrastrando el ladrillo tras ella.

A veces llegaba incluso a trepar un poco por un árbol,

Pero el peso al ladrillo que le colgaba del cuello no tardaba en hacerla caer al suelo.

Así es que esta era la vida que vivía la ardilla,

Un mes tras otro,

A través del cambio de estaciones.

No era una vida fácil,

Pero al menos aquel hombre la alimentaba regularmente.

Un buen día de primavera,

La ardilla estaba ahí,

Tranquila,

Comiendo sus nueces,

Cuando oyó cómo se zarandeaban las copas de los árboles.

Cuando alzó la vista,

Vio a toda una familia de ardillas correteando por las ramas,

Subiendo y bajando de los troncos,

Tal y como les encanta hacer a las ardillas cuando están rebosantes de alegría primaveral.

La ardilla cautiva contempló el bailoteo de sus congéneres a plena luz del sol,

Y en ese momento una tristeza muy profunda inundó su corazón,

Pues lo que estaba viendo sobre su cabeza en las copas de los árboles era una verdadera vida de libertad.

Se quedó mirando la cuerda que tenía atada al cuello,

El ladrillo y los frutos secos que le daba el hombre,

Y se lamentó.

Esta no es mi vida.

La sola visión de las ardillas libres estimuló en ella un profundo anhelo de libertad,

Y al mismo tiempo una profunda tristeza,

Pues no podía saltar,

Correr y divertirse como lo hacían las demás.

En aquel grupo había una ardilla que era especialmente sabia,

Y que un buen día miró hacia abajo y vio a nuestra pobre ardilla atada en el patio.

Se dio cuenta enseguida de su aspecto cansado,

Enfermizo y triste,

Así es que le pareció que tenían que hacer algo para salvar a su hermana.

Al verla llegar a la ardilla cautiva,

Le entró miedo.

Antes,

En los viejos tiempos,

Nunca habría sentido miedo de otras ardillas,

Pero ahora,

Al ver que la rodeaban y comenzaban a roer la cuerda que mantenía su cuello atado al ladrillo para liberarla,

Estaba asustada por lo que podían hacer.

En ese preciso instante las ardillas oyeron los ladridos y los lloriqueos del Doberman,

Al que ya se le hacía agua la boca completamente loco ante la perspectiva de conseguir atravesar el vallado y darse un buen banquete con todas aquellas ardillas.

No paraba de dar golpes a la valla,

Pero las ardillas,

Aunque estaban aterrorizadas,

No cejaron en su empeño de romper la cuerda.

Y entonces,

Justo en el momento en el que el Doberman consiguió romper la valla,

La última fibra se dio y todas las ardillas,

Incluida la cautiva,

Se escabulleron entre los árboles.

No es posible sentirse más feliz de lo que se sintió nuestra ardilla en ese momento.

La sensación de estar ahí arriba mirando hacia abajo.

Estaba tan contenta de ser libre de nuevo que no podía parar de saltar de un lado para el otro en las copas de los árboles.

Desde ese día nuestra ardilla vivió felizmente con sus nuevos amigos,

Disfrutando plenamente de su recobrada libertad.

Las estaciones cambiaron,

Las hojas comenzaron a caer de los árboles y la nieve del cielo gris.

Y entonces,

Un buen día,

Ya no había frutos que comer.

Una mañana de invierno,

La ardilla estaba sentada en el extremo de una rama con un aspecto muy triste y decaído.

La ardilla,

Sabia,

Se puso tras ella y le dio un mordisco en la cola.

—¿Pero qué hacés?

—dijo nuestra ardilla dando un respingo.

—Sé lo que te pasa por la cabeza.

¿Recuerdas con nostalgia tus días de cautiverio?

—respondió la ardilla,

Sabia.

—Tu mente ha creado una imagen muy clara de alguien que te alimenta todos los días y quieres volver a esa situación.

Pero fue precisamente esta forma de pensar lo que hizo que te atrapasen.

Abandoná ese hábito inaceptable.

Somos ardillas y eso significa que somos libres y que buscamos nuestro propio alimento.

Entonces la ardilla,

Que anhelaba con todas sus fuerzas la libertad,

Aunque también la temiese,

Recordó su verdadera naturaleza y se sacudió para siempre ese miedo a la escasez,

Mientras volvía a corretear de nuevo por las ramas y se perdía en la espesura.

Hay algo en nuestras vidas que también es así.

Somos libres por naturaleza,

Pero de algún modo la mano que nos da de comer nos ha atraído con engaños hacia el cautiverio.

Entonces empezamos a fantasear,

Pensando que ese cautiverio es en realidad alguna clase de libertad.

Pero un día te encontrás con el ser inmortal y algo en tu interior te toca tan profundamente que te sentís vigorizado y rebosante de energía.

Ahora ya sabés que una libertad así es tu verdadera naturaleza y también querés ser libre.

En este mismo anhelo de libertad el que abre la oportunidad para tu liberación.

Pero a medida que pasa el tiempo se presentarán algunos residuos de la mente y puede que empieces a proyectar y a fantasear con lo que sea que tu mente haya escogido para volver a captar tu atención.

Una vez más mediante el satsang se te recuerda que has de regresar a tu estado sagrado.

Así es que cuando te mueres por volver al cautiverio alguien se cruza en tu camino y te lo hace notar y si es absolutamente necesario ese alguien está dispuesto incluso a morderte la cola.

De este modo ayudado de forma tan valiosa para encontrar la libertad que habita en tu ser te llenas de alegría.

Olvídate de ese cautiverio cómodo y acogedor.

Recuerda al ladrillo,

Recuerda al Doberman.

No vuelvas a comer de la mano de tu captor.

Así es como comenzaste a tener un sentido de no ser libre.

En lo que a mí respecta sólo siendo discípulo de Papaji fui capaz de comprender lo auspicioso que fue haber descubierto a un maestro espiritual verdadero.

Tanto es así que hoy en día no es extraño oírme decir que vivir con la cabeza a los pies del maestro es vivir en la cima del mundo.

Maestro Mushi.

4.5 (56)

Reseñas Recientes

Milena

May 7, 2024

Muy cierto 🙏🏻. Muchas gracias

Majo

May 2, 2022

Muy bueno.. Creo que este cuento me vino a mostrar mi realidad.. Muchas gracias ❤️

Vanessa

May 2, 2022

Hermoso cuento, espero ya no volver a estar en cautiverio

May 26, 2021

Gracias por recordarme el valor de la libertad plena, a veces nosotros somos nuestros propios captores

Elizabeth

October 18, 2020

Muy bueno y me dio mucho que reflexionar, digamos que fue la ardilla que me mordió

cristina

October 11, 2020

Hermoso!!!

Olga

July 4, 2020

Muy lindo mil gracias

Juan

July 1, 2020

Que buena experiencia de vida Gracias 🙏

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